Diario de lecturas

Foster Wallace: La broma infinita (1996), VI

Strange Days (Cameron, Bigelow, 1995)

Strange Days (Bigelow, 1995)

David Foster Wallace: The Infinite Jest. Little, Brown & Co. Boston: 1996. [Versión en castellano, La broma infinita, Marcelo Covián (tr.) y Javier Calvo (rev.). Barcelona: Mondadori, 2002].

Hacia la página ochocientos cuarenta y cuatro de la versión electrónica de La broma infinita Foster Wallace empieza a desvelar, por fin, algunas claves sobre el “Entretenimiento”, el “Samizdat”, la unidad de memoria capaz de matar de placer a quien vea su contenido. La protagonista es Joelle Van Dyne, alias “Madame Psicosis” y “Prettiest Girl Of All Times”. Posee la belleza mítica de Afrodita y Helena. Es tan hermosa que lleva siempre un velo que la identifica como miembro de la Unión de los Horrible e Inverosímilmente Deformes (UHID).

… yo soy perfecta. Soy tan hermosa que los vuelvo a todos locos, a sus cabezas de mierda. Una vez que me han visto, no pueden pensar en otra cosa ni quieren ver a nadie más y dejan de atender a sus responsabilidades cotidianas y creen que si me pueden tener a su lado todo el tiempo todo estará bien. Todo. Soy la solución a su profunda y esclavizadora necesidad de bailar mejilla con mejilla con la perfección. Soy tan hermosa que soy deforme.

A este don maldito se une la magia cinematográfica, holográfica y óptica de James O. Incadenza, cuyo alias teológico “Himself”, “Él mismo”, lo sitúa al nivel de los dioses. Demiurgo malogrado, obsesivo, perfeccionista, alcohólico, se suicida derritiendo su cerebro en un microondas. La unión de ambos genera ese “cartucho InterLace” por el que luchan terroristas y agentes del gobierno.

Evidentemente, al no poder ser visto sin morir al mismo tiempo, no se revela mucho sobre el contenido. Al parecer  “la cosa empieza con una toma fascinante y de alta calidad cinematográfica de una mujer velada que pasa por las puertas giratorias de un gran edificio y echa una mirada a alguien en dichas puertas”.

Esta historia de Foster Wallace me ha traído a la memoria Strange Days (1995), dirigida por Kathryn Bigelow con guión y producción de su ex-pareja James Cameron.  Fue un estrepitoso fracaso de taquilla del que Cameron se recuperó gracias a Titanic. Strange Days se sitúa en 1999, fecha milenarista en la que supuestamente se ha desarrollado una tecnología virtual que permite revivir la experiencia íntegra, la actividad cerebral completa, de otro que llevase puesta la red neural de grabación mientras mantuviese relaciones sexuales, se tirase desde un puente o robase un banco. Las posibilidades del dispositivo sirven al protagonista para recordar momentos felices junto a su amada y al psicópata de turno para disfrutar en primera persona del dolor de sus víctimas. En cualquier caso, hay ciertos fotogramas que convienen a la hipótesis planteada en La broma infinita.

 

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