Diario de lecturas

Foster Wallace: La broma infinita (1996), II

David Foster Wallace: The Infinite Jest. Little, Brown & Co. Boston: 1996. [Versión en castellano, La broma infinita, Marcelo Covián (tr.) y Javier Calvo (rev.). Barcelona: Mondadori, 2002].

Segundo acercamiento a La broma infinita, esta vez acompañado de un curioso falso tráiler de una imaginaria película a realizar sobre la novela de Foster Wallace.

Hay mucho material autobiográfico desperdigado por las páginas de La broma infinita. Los problemas del autor con la adicción a sustancias varias  le dan solidez y verosimilitud a la recopilación de cosas interesantes que puedes aprender si tienes la mala suerte de caer en una clínica de desintoxicación.

Si en virtud de la caridad o de una circunstancia desesperada, alguno de vosotros pasa una breve temporada en una institución para la rehabilitación de las Sustancias como puede ser la Ennet House, patrocinada institucionalmente por la ciudad de Enfield, Massachusetts, se enterará de muchas cosas exóticas y nuevas.

Que la gente mala nunca piensa que es mala, sino más bien que todos los demás son malos.

Que es posible aprender cosas valiosas de una persona estúpida.

Que estadísticamente es más fácil para gente de bajo cociente de inteligencia dejar la adicción que para la gente de un mayor poderío neuronal.

Que la mayoría de la gente adicta a una Sustancia también es adicta a pensar, lo cual significa que mantienen una relación compulsiva y enfermiza con su propio pensamiento.

Que no hay que pegarle a nadie aunque se tengan muchas ganas de hacerlo.

Que ningún instante individual y concreto es en sí mismo insoportable.

Que, perversamente, a menudo es más divertido querer algo que poseerlo.

Que hacer el amor con alguien que no te importa luego te hace sentir más solo que no haberlo hecho.

Que todo el mundo es idéntico en su secreta y callada creencia de que en el fondo es distinto de todos los demás. Que eso no es necesariamente perverso.

Que Dios tiene el problema de si tú crees o no que existe Dios en un puesto bastante bajo de la lista de cosas que a Él/Ella/Ello le interesan con respecto a ti.

Que una persona –una con el DesOrden– bajo la influencia de Sustancias hace cosas que no haría sobrio y que algunas consecuencias de estas cosas no se pueden olvidar ni enmendar. Los delitos son un buen ejemplo. Como los tatuajes.

Lo que es triste en el hermoso y violeta corazón atravesado por una flecha con PAMELA escrito en un círculo alrededor del muslo derecho de Randy Lenz es que Lenz no recuerda el impulso de tatuarse ni el procedimiento ni a nadie llamada Pamela.

La opinión personal de Ewell es que los tatuajes carcelarios son más grotescos que fascinantes, que no parece que hayan sido motivados por una decoración impulsiva o una autopresentación, sino más bien por una automutilación hija del aburrimiento y de un general desprecio por el propio cuerpo y por la estética de la decoración.

infinite jest

 

5 replies »

  1. Hola Eugeni:
    Eso mismo pensé yo cuando en el personaje de Kate Gompert diferencia <>

    <>PAG 786

    Qué duda cabe que la reflexión que hace sobre kate , sobre el suicidio en general es autobiográfico como dices.

    Que el azar nos libre de semejante Depresión…de leer al Foster uno se hace más comprensivo con las depresiones.

    Y que no venga su estúpida novia , a decirnos que se suicidó para eternizarse como escritor.A juzgar por su capacidad y talento me temo que la medicación no pudo con el Gran Tiburón Blanco que lo devoró.

    Saludos.

    Me gusta

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