Diario de lecturas

Foster Wallace: La broma infinita (1996), I

David Foster Wallace: The Infinite Jest. Little, Brown & Co. Boston: 1996. [Versión en castellano, La broma infinita, Marcelo Covián (tr.) y Javier Calvo (rev.). Barcelona: Mondadori, 2002].

La broma infinita es una novela demasiado compleja como para despacharla en una sola entrada así que iré dedicándole una serie de acercamientos. La idea es recorrer algunos de los caminos más sugerentes que abre esta obra laberíntica de más de mil páginas.

En adelante, las notas tachadas y entre corchetes son correcciones a la traducción cuando ésta es errónea o insuficiente.

Kate Gompert es un personaje relativamente aislado y marginal dentro del caótico embrujo de La broma infinita.

Diagrama de La broma infinita

Diagrama de La broma infinita

Kate llama la atención por las similitudes que presenta su caso clínico con el del propio autor. Foster Wallace, como se ha sabido después de su suicidio a los cuarenta y seis años, padecía de un trastorno depresivo que llevaba tratando con un IMAO desde hacía más de dos décadas. Tuvo que abandonar la medicación porque agravaba sus problemas de tensión arterial. Los síntomas de la depresión retornaron con tal fuerza que decidió volver al medicamento pero los resultados ya no fueron los mismos e, incapaz de soportar más esa “sensación”, decidió colgarse.

Gompert, Katherine A., veintiún años, de Newton, Massachusetts. Administrativa en una agencia inmobiliaria de Wellesley Hills. Cuarta hospitalización en tres años, todas por depresión clínica, unipolar. Una serie de tratamientos electroconvulsivos hace dos años en el hospital Newton-Wellesley Primero tomó Prozac durante un corto período, luego Zoloft, más recientemente Parnate con un estimulante a base de litio. Dos intentos de suicidio previos, el último el pasado verano. Ingesta discontinua de Bi-Valium durante dos años; Xanac discontinuo durante un año, un historial probado de abuso de medicamentos. Depresión unipolar bastante clásica caracterizada por una disforia aguda, ansiedad con pánico, apatía diurna/síntomas de perturbación, Ideación con y sin Intento. Primer intento, episodio de monóxido de carbono: coche en garaje, el motor se paró antes de lograr una hemotoxicidad letal. El intento del año pasado: ahora no se le veían las cicatrices porque los nódulos vasculares de sus muñecas estaban ocultos bajo la parte posterior de las rodillas. Ella seguía mirando fijamente la puerta por donde él había entrado. El último intento, hacía tres noches, había sido una simple sobredosis de medicamentos por vía oral. Admitida en Urgencias hace tres noches. Dos días de ventilación tras el Bombeo y la Purga. Crisis de hipertensión al segundo día debido a reintoxicación metabólica. Debió de haberse tomado un montón de píldoras; la enfermera de guardia había llamado al capellán, por tanto, la crisis debió de haber sido aguda. Esta vez casi se muere en dos ocasiones, esta Katherine Ann Gompert. Tercer día pasado en sala 2-0 este para observación; se le administra librium para combatir un BP generalizado [tensión arterial caótica]. Ahora en habitación 5, su escenario actual. El BP ha permanecido estable en las últimas cuatro lecturas. Próxima medición de constantes vitales a las 13.00 h.(…)

-Me tragué ciento diez Parnates, unas treinta cápsulas de Litonate, unas pocas Zolofts viejas. Tomé todo lo que tenía a mano. (…) Abajo me dijeron que el Parnate hizo que me desvaneciese. Me subió mucho la presión arterial. Mi madre oyó ruidos y dijo que me encontró echada de lado mascando la alfombra de mi dormitorio. Es de las de pelo largo. Dijo que estaba en el suelo, roja como un tomate y mojada como cuando nací; dijo que al principio alucinó creyendo encontrarse con una recién nacida. Echada de lado, roja y mojada.

-Eso lo produce una crisis hipertensa. Significa que la presión arterial podría haberla matado. La sertralina en combinación con un IMAO puede matar si se ingiere en cantidades suficientes. Y además, con la toxicidad añadida de tanto litio, yo diría que tiene bastante suerte de estar aquí.

Kate explica al interno de psiquiatría que hay dos tipos de suicidas. Aquellos que intentan hacerse daño por autocompasión, por haber sido rechazados o haber fracasado en algún examen, y aquellos otros que, simplemente, quieren dejar de existir, abandonar la partida, el juego. Lo hacen porque ya no soportan más la sensación. La mayoría de la gente piensa que la depresión es un estado del alma que, embargada por la melancolía, suspira junto a una ventana o se echa sobre la cama. Sin embargo, la sensación a la que se refiere Kate no tiene nada que ver con ese abandono o paz espiritual. En primer lugar, es una sensación física: está en todo el cuerpo, en los brazos y en las piernas, en la cabeza, la garganta y el culo. Se experimenta el horror, la idea de que algo horrible está a punto de suceder y no es posible evitarlo. A su vez, el mundo parece hecho de aristas cortantes como un espejo roto, es “espeluznate” (lurid), y cada sonido que se escucha es como si tuviera dientes. Hay que sumar los olores desagradables, incluido el propio olor corporal aun después de una ducha. La sensación que Kate describe es como si experimentase la náusea (Sartre) en cada célula, átomo o neurona y no pudiera vomitar y supiese que tendría que pasar el resto de su vida conviviendo con ese horror.

En el caso de Kate la sensación está asociada a la retirada del consumo de marihuana.

-Es que me gusta mucho. A veces es como el centro de mi vida. Sé que me hace algo que no es bueno y me han dicho que no debo fumar cuando tomo Parnate porque el doctor Garton afirma que nadie sabe a ciencia cierta qué efectos puede tener y que es una ruleta. Pero al cabo de un rato siempre me digo que ya ha pasado tiempo suficiente y que las cosas serán diferentes esta vez, incluso si estoy tomando Parnate, y lo hago de nuevo, vuelvo a empezar. Empiezo dando un par de caladas después del trabajo para prepararme para la cena, porque la cena con mi madre es… pues nada, pero luego estoy en mi dormitorio con el ventilador apuntando a la ventana toda la noche preparándome pipas y echando el humo hacia el ventilador para eliminar el olor. Y le digo que diga que no estoy si alguien llama y miento sobre lo que hago allí toda la noche aunque ella no me lo pregunte, a veces lo hace y a veces no. Y al poco tiempo ya fumo en el trabajo, en los descansos, me voy al lavabo, me pongo de pie sobre el retrete y fumo echando el humo por la ventana; hay una ventanita en lo alto con el vidrio roñoso y telarañas y detesto acercar la cara allí, pero si la limpio temo que la señora Diggs o cualquier otro se dé cuenta de que alguien ha estado allí limpiando la ventanita de pie sobre el borde del váter; y me lavo los dientes bien cepillados y uso frascos enteros de Collyrium pongo la consola en solo audio y siempre necesito tomar más agua para contestar a la consola porque tengo la boca demasiado seca para hablar, sobre todo si tomo Parnate; el Parnate siempre me reseca la boca. Y pronto me coge la paranoia de que todos saben que estoy colocadísima allí en el trabajo, sentada en la oficina colocada y apestando a marihuana, y que soy la única que no se da cuenta de que apesto y me obsesiono con que Ellos Lo Saben, Ellos Se Dan Cuenta, y poco tiempo después hago que mi madre llame para decir que estoy enferma y poder quedarme en casa después de que ella se marcha al trabajo sin tener que preocuparme de que Nadie Se Entere y fumo en el ventilador y echo Lysol por toda la habitación y rocío la casa con ambientador Ginger hasta que todo huele a Ginger y fumo y fumo y veo los horribles programas diurnos en el teleordenador porque no quiero que mi madre vea cartuchos de películas alquiladas cuando se supone que estoy enferma en la cama y empiezo a obsesionarme con que Ella Lo Sabe. Me siento cada vez peor y harta de mí misma por fumar tanto, esto sucede al cabo de unas dos semanas, y empiezo a drogarme y a pensar solo en dejar de fumar todo este Bob para poder volver al trabajo y empezar a decir Aquí estoy cuando la gente me llama, para poder recomenzar a vivir de una puñetera vez en vez de quedarme sentada en pijama simulando una enfermedad como una colegiala y fumando y enganchada al teleordenador, y después de haberme fumado todo lo que tenía, digo Se Acabó, es la Última Vez, y tiro a la basura el papeí de liar y la pipa; es posible que haya tirado unas cincuenta pipas en contenedores de basura, incluyendo algunas bonitas de bronce y de madera, incluso un par de Brasil; los tipos del camión de la basura deben de pasar cada día por el basurero de nuestro sector a ver si encuentran alguna nueva pipa de calidad. Y dejo de fumar. Lo dejo. Me siento harta; no me gusta lo que me hace. Y vuelvo al trabajo y trabajo como una mula para suplir las dos semanas perdidas y recupero fuerzas para volver a empezar de cero. (…) Así que lo dejo -dijo-. Y al cabo de un par de semanas después de haber fumado un montón y finalmente de haberlo dejado y vuelto a vivir de verdad, al cabo de dos semanas, esta sensación empieza a hacer acto de presencia, al principio muy levemente, como a primera hora de la mañana cuando me levanto, por ejemplo, o al esperar el autobús para volver a casa a cenar. Y trato de negar esa sensación y no hacerle caso, porque la temo más que a nada. (…) Y entonces, haga lo que haga empeora y empeora, el filtro se rompe y la sensación empeora aún más el miedo, y a las dos semanas está ahí todo el tiempo; y yo estoy dentro de ella por entero; estoy dentro y todo tiene que pasar por ella para entrar y yo no quiero fumar más Bob ni ir al trabajo ni salir, leer, engancharme al teleordenador o quedarme en casa ni hacer algo ni no hacer nada. No quiero nada salvo que se marche la sensación. Pero no lo hace. Parte de la sensación es como estar dispuesta a hacer lo que sea para que se vaya. Compréndalo. Lo que sea. ¿Lo entiende? No es querer hacerme daño, sino querer que deje de hacerme daño.(…)

Ya he pasado antes por el shock, y me libró de esto. Ligaduras. Enfermeras con las zapatillas envueltas en pequeñas bolsas verdes. Inyecciones antisaliva. Una cosa de goma en la boca. Un shock general. Solo tuve que aguantar unos dolores de cabeza. No me importó nada. Sé que todos piensan que es algo horrible. Como ese viejo cartucho con Jack Nichols y el indio inmenso. Una distorsión. Te dan un shock general, ¿verdad? Es un tratamiento, ¿no es así? No está tan mal. Lo haré de buena gana.

El doctor anotó en la página del historial su elección de tratamiento, algo a lo que la paciente tenía derecho. Tenía muy buena letra para ser médico. Escribió entrecomillado «Sáqueme de esto». Añadió su propio comentario posvalorativo, «Y luego, ¿qué?», cuando Kate Gompert empezó a llorar de verdad.

Curiosamente, existía una Kate Gompert en el circuito juvenil de tenis en el que también competía David Foster Wallace. Sintiéndose aludida cuando la novela fue publicada, denunció al autor y a la editorial por difamación. El juez hizo caso omiso de las acusaciones y ahí quedó el asunto.

Más adelante en la novela y, también al hilo del caso de Kate Gompert,  Foster Wallace describe la diferencia entre “anhedonía” o melancolía simple y depresión crónica. La primera es un vaciamiento del sentido de las cosas que suele tener lugar después de abandonar alguna Sustancia de la que se ha dependido durante un tiempo. La segunda es un infierno que no deja otra salida que el suicidio. Es la muerte del alma, el Gran Tiburón Blanco del Dolor.

Algunos pacientes psiquiátricos –además de un buen porcentaje de personas que dependen tanto de productos químicos para sentir bienestar que cuando tienen que abandonar la química pasan por un trauma de pérdida que les llega a los sistemas más profundos del alma– conocen de primera mano que hay más de un tipo de la llamada «depresión». Uno es de grado inferior y a veces se denomina «anhedonía» o «melancolía simple». Es una especie de sopor espiritual por el cual se pierde la capacidad de sentir placer o cariño por cosas que antaño eran importantes. El ávido jugador de bolera abandona la liga y se queda en casa viendo cartuchos de kick-boxing. El gourmand renuncia a comer. El sensual de repente descubre que su amada Unidad no es más que un apéndice insensible que cuelga allí. La amante esposa y madre encuentra de improviso que su idea de la familia es tan conmovedora como el teorema de Euclides. Esta forma de depresión es una especie de novocaína emocional y, si bien no es abiertamente dolorosa, desconcierta y… bueno, deprime. Kate Gompert siempre ha pensado en este estado anhedónico como una especie de abstracción radical de todo, un vaciamiento […]

El Gran Tiburón Blanco del dolor. Las autoridades denominan esta condición «depresión clínica» o «depresión involutiva» o «disforia unipolar». En realidad, se trata de una simple incapacidad para los sentimientos, una muerte del alma; Kate Gompert vive esta depresión de nivel depredador cuando se abstiene de la marihuana secreta como si fuera un sentimiento por sí misma. Tiene muchos nombres –«angustia», «desesperación», «tormento», o citando a Burton, «melancolía», o la más autorizada «depresión psicótica» de Yevtuschenko–, pero para Kate Gompert, metida en las trincheras y en su compañía, es simplemente Ello.

Ello es un grado de dolor psíquico totalmente incompatible con la vida humana tal como la conocemos. Ello es una sensación de mal radical y consumado no solo como una característica más, sino como la esencia misma de la existencia consciente. Ello es una sensación de envenenamiento que invade al ser en sus niveles más elementales. Ello es una náusea de las células y del espíritu. Ello es la preclara intuición de que el mundo es totalmente rico y animado y unitario y asimismo totalmente doloroso y maligno y contrario al ser, al que no solo deprime, sino que también lo infla y coagula y lo envuelve con sus negros pliegues y lo absorbe en su interior de modo que se alcanza una unidad casi mística con un mundo cuyos constituyentes significan daños dolorosos.

Ello también es solitario de un modo que no se puede expresar. No hay manera de que Kate Gompert pueda ni siquiera intentar que alguien entienda lo que es una depresión clínica, ni siquiera otra persona que también esté clínicamente deprimida, porque una persona en ese estado es incapaz de empatizar con ningún otro ser viviente. Esta Incapacidad anhedónica para Identificarse forma parte integral de Ello. Si a una persona con dolor físico le resulta difícil prestar atención a algo que no sea el dolor, una persona clínicamente deprimida no puede ni siquiera percibir ninguna otra persona o cosa como independiente del dolor universal que la digiere célula a célula. Todo es parte del problema y no hay solución. Es un infierno.

 

7 replies »

  1. Saludos Eugenio:
    Una aproximación a ” una dimensión más amplia que el dolor “. Describir estas sensaciones, desarrollando un sentido de la existencia lleno de angustia, no debe sorprendernos en una sociedad que ha fragilizado sus defensas “filosóficas” frente al ímpetu del ·deseo”. Estos cuadros literarios también son formas de expresión plástica que aumentan. Desde el grito hasta cualquier percepcion de un rostro que es borrado por el propio artista. Lo lamentable es no poder ahondar en las razones, ya sean químicas o emocionales y comenzar a estabilizarse en lo existencial. Siempre he sentido que ese “infierno de lo humano en la angustia” es la forma más intensa de avanzar hacia la autodestrucción. Nos hemos quedado sin esperanza, e incluso el discurso terapéutico es menos creible…Nuestro siglo es la gran novela de la enfermedad mental. Un saludo.

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    • Hola Francisco, La broma infinita, por lo que he leído hasta ahora, gira en torno a las adicciones, las obsesiones y la depresión. La idea es que la vida de cada individuo se compone de una combinación de esas tres piedras de Sísifo. Es decir, para alejar la depresión desarrollas obsesiones y estas te llevan al límite de tus fuerzas así que recurres a ciertas adicciones para seguir huyendo de la depresión y mantener tus obsesiones. Es como un tren que acelera en una curva. Termina descarrilando. Al final, la depresión te alcanza y vuelta a empezar. El paraíso perdido es poder volver a empezar de cero pero lo cierto es que cada ciclo culmina en una situación irreversible que poco a poco nos conduce a la muerte.

      Todo este juego depresión-obsesión-adicción es una broma infinita. Una broma en un sentido sarcástico. No hay escapatoria.

      La novela de Wallace gira en torno a una película que, una vez vista, atrapa al espectador para siempre. Es la adicción perfecta. Es la muerte también.

      Saludos.

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  2. Hola. Me gustaría compartir una información con los amigos de Aula:
    Para los que queremos acreditar nuestro nivel de inglés por razones académicas, profesionales o personales, ahora existe en España una forma rápida y no muy cara de hacerlo. Ya existían los exámenes de Cambridge (carísimos, son un gran negocio) y la Escuela Oficial de Idiomas (en la que el asunto va más lento), por eso, creo que esta otra forma es bastante recomendable:
    A través de ACLES (Asociación de Centros de Lenguas en la Enseñanza Superior). Sobre ésta, aporto una serie de enlaces:
    http://www.acles.es/acreditacion/ (qué es ACLES);
    http://www.acles.es/multimedia/enlaces/20/files/fichero_110.pdf (centros asociados);
    https://sede.fg.ull.es/es/idioma (sede en Tenerife, servicio de idiomas ULL).
    Nos podemos inscribir por Internet al centro asociado que nos convenga y luego acudir los dos días de los exámenes (el primero es eliminatorio). Existen pruebas para distintos idiomas, no solamente de inglés.

    Bueno, me salió un comentario un poco propagandístico, pero mi intención es compartir esta información. Estudiar otro idioma es una buena excusa para seguir tirando para adelante.

    Un abrazo.

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  3. En 2014, los precios de los exámenes de ACLES van desde 50 a 85 euros (la mayoría). No son baratos pero los de Cambridge cuestan: 162 euros (FCE, que sería B2) y 165 (CAE, que sería C1).

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  4. Una canción de reivindicación de mi época de niño, canta Alberto Cortez:

    Hasta cuándo seguiremos esperando. Nos podemos ir todos a la …

    Saludos.

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  5. Ese es el miedo que siempre he tenido yo, que toda protesta sea castigada. Es como volver atrás, todo se repite. Poco a poco.

    Vamos a intentar animarnos, necesitamos tiempo y algo de amistad.

    Un abrazo.

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