Diario de lecturas

Don DeLillo: White Noise (Ruido de fondo, 1985)

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Don DeLillo: Ruido de fondo. Gian Castelli (tr.) Barcelona: Seix-Barral, 2006.

Ruido de fondo obtuvo el National Book Award en 1985. Toda la novela gira en torno al miedo a la muerte y los modos tan variados y poco efectivos que el ser humano ha desarrollado para contenerlo. Jack Gladney, alias J. A. K. Gladney, es “presidente del departamento de investigaciones acerca de Hitler” en el College-on-the-Hill, un centro educativo para familias con ingresos tan altos que resulta difícil imaginar su muerte. El Departamento acerca de Hitler comparte instalaciones con el Departamento de cultura popular, también conocido como “ambientalismo norteamericano“. Está compuesto en su mayoría por neoyorquinos obesos dedicados a desarrollar un “un aristotelismo de envolturas de chicle y cancioncitas de anuncio de detergente”. Entre ellos destaca Murray Jay Siskind, un filósofo socrático de corte posmoderno cuyos análisis de la cultura popular recuerdan mucho a los de Baudrillard.

La expresión “ruido de fondo” es afín a la “radiación de fondo” que descubrieron Penzias y Wilson en 1965, la onda expansiva de la explosión que dio origen al Universo, el “Big Bang“. De acuerdo a la segunda ley de la termodinámica la energía del origen se disipa irreversiblemente en forma de calor de modo que el enfriamiento progresivo del Universo conducirá a su fin, el “Big Crunch“. Esta muerte térmica es algo palpable en las grandes metrópolis. Así lo explica Murray:

Me gusta estar aquí. Me he enamorado por completo de este lugar. De su entorno rústico. Quiero verme libre de metrópolis y de vínculos sexuales. El calor. Eso es lo que las ciudades representan para mí. Uno baja del tren, sale de la estación y recibe su azote en pleno rostro. El calor del aire, del tráfico, de las personas. El calor de la comida y del sexo. El calor de los rascacielos. El calor que sale flotando de los subterráneos y los túneles. En las ciudades siempre hay cinco grados más de temperatura. El calor se eleva de las aceras y desciende desde el cielo envenenado. Los autobuses exhalan calor. Las multitudes que forman los compradores y los oficinistas emanan calor. Toda su infraestructura está basada en el calor, y consume y regenera calor desesperadamente. Esa muerte térmica final del universo de la que tanto les gusta hablar a los científicos se encuentra ya considerablemente avanzada, y podemos advertir su grado de desarrollo a nuestro alrededor en cualquier ciudad de tamaño medio o grande. Calor y humedad. (pp. 19-21)

Esa radiación de fondo que nos atraviesa y no percibimos es la prueba empírica de la sentencia de muerte del Universo. Lo mismo ocurre con el “ruido de fondo” que da título a la novela. Babette, esposa de Gladney y madre abnegada, experimenta un irreprimible miedo a la muerte. Ella es quien idea la metáfora adecuada para describirla: es un ruido eléctrico, eterno, omnipresente, uniforme, de fondo.

“Always and Never”, also known as “Death and the Maiden”, 19th century, Pierre-Eugène-Emile Hébert.

“Always and Never”, also known as “Death and the Maiden”, 19th century, Pierre-Eugène-Emile Hébert.

Para controlar esta angustia primitiva la novela sugiere varias opciones: la tecnología, la religión, el consumo, la inocencia infantil, la identificación con una figura poderosa, el miedo y la violencia.

La perspectiva de DeLillo sobre el progreso tecnológico respecto a la curación del miedo a morir es bastante pesimista. La tecnología pone en peligro la vida del planeta y, al mismo tiempo, parece incapaz de ofrecer soluciones viables. 

Tras un accidente de ferrocarril en la localidad, una nube tóxica de Niodeno D cubre la región. Gladney se expone a esta plaga aérea, compuesta de los restos de la fabricación de insecticidas, durante un par de minutos. El responsable de la evacuación le da un plazo de vida que oscila entre algunos días y quince años. A pesar de lo ambiguo del pronóstico no puede evitar un sentimiento de rechazo ante semejante “injusticia“. Gladney se dice a sí mismo que este es el tipo de desgracia que le ocurre a la gente pobre pero no a él, que es catedrático de Universidad. Por ello se pone en manos de los últimos avances médicos. Sin embargo, la altanería, el hermetismo y la ambigüedad de la clase médica provocan que su fe en el descubrimiento de una cura se desvanezca pronto. Da la sensación, además, de que cuanto más espiamos los modos de la muerte (tomografías computerizadas, resonancias magnéticas, modelos 3D…) esta se las arregla para mutar y mostrarse bajo nuevas e inesperadas formas:

—Así es la naturaleza de la muerte moderna —dijo Murray—. Posee una vida propia independiente de la nuestra. Crece continuamente en prestigio y dimensión. Posee un alcance que nunca tuvo antes. La estudiamos desde un punto de vista objetivo. Podemos predecir su aparición, perseguir el rastro que va dejando en nuestro cuerpo. Podemos obtener imágenes en sección del aspecto que muestra, registrar el sonido de sus rumores y sus ondas. Nunca habíamos estado tan cercanos a ella, nunca nos habían resultado tan familiares sus hábitos y sus actitudes. La conocemos de un modo íntimo. Sin embargo, continúa creciendo, incrementando su ámbito y su capacidad, buscando nuevas vías de salida, nuevas rutas y nuevos medios. Cuanto más aprendemos, mayor es su desarrollo. ¿Se deberá quizá a alguna ley física? Todo avance en el conocimiento y en la técnica se ve correspondido por un nuevo tipo de muerte, por una nueva cepa. La muerte sabe adaptarse del mismo modo que lo hacen los agentes víricos. (p. 201)

Anteriormente Babette se había ofrecido voluntaria para experimentar con Dylar, un nuevo fármaco capaz de inhibir las sinapsis en el área específica del cerebro donde se gesta el miedo a morir. El fármaco, además de ineficaz, tampoco parece ser  la solución más inteligente si se desea mantener íntegra lo que habitualmente entendemos por “condición humana“. 

Death Strangling a Victim of the Plague (Detail). Stiny Codex, 14th century. University Library, Prague, Czech Republic.

Death Strangling a Victim of the Plague (Detail). Stiny Codex, 14th century. University Library, Prague, Czech Republic.

Las creencias alrededor de una vida posterior a la muerte son algo común en todas las civilizaciones: reencarnación, resurrección… La religión ha sido siempre un excelente negocio que aprovecha un miedo eterno y universal para financiar sus gastos. Sin embargo, para nuestra cultura queda ya muy lejano en el tiempo el crepúsculo de los ídolos. La sociedad postmoderna se caracteriza principalmente por el cuestionamiento de todos los relatos e incluso de sí misma. El nihilismo es, por tanto, una presencia constante en nuestro modo de vida y nos inhabilita para la fe religiosa.

Zdzislaw Beksinski (1929-2005)

Zdzislaw Beksinski (1929-2005)

En realidad, para fortalecer el “yo” frente a la muerte hemos sustituido la creencia en otro mundo por el consumo compulsivo. La multitud que satisface su ansia en los centros comerciales encuentra una efímera plenitud existencial. En sus disertaciones sobre Hitler Gladney afirma que las manifestaciones fascistas atraían a las masas para formar un escudo frente a la muerte.

Se me antojaba que Babette y yo, entre la masa y variedad de nuestras compras, (…) habíamos alcanzado una plenitud existencial desconocida para otras personas que necesitan menos, que esperan menos, que planean sus vidas en torno a solitarios paseos al atardecer. (p. 32)

Ondas y radiación. Observa qué bien iluminado está todo. Este lugar está aislado, contenido en sí mismo. Intemporal. Aquí no morimos: compramos. Pero la diferencia es menos señalada de lo que podrías pensar. (p. 57)

Por la mañana, fui andando al banco. Me dirigí al cajero automático para verificar mi saldo. Inserté la tarjeta, tecleé mi código secreto y mecanografié la solicitud. (…) Me sentí inundado por una oleada de alivio y gratitud. El sistema había concedido su bendición a mi existencia.  (p. 67)

Este pacto mefistofélico entre el individuo y el sistema capitalista tiene algunas peculiaridades reseñables. Por un lado, la publicidad, a través de los mass media, ha invadido todos los ámbitos de nuestra vida. Es necesario, opina Murray, dejar de asimilarla a la basura por correo. Publicidad y televisión nos bombardean con mantras tibetanos que nos protegen de la muerte. Mientras permanecen evacuados en un recinto de la Cruz Roja una de las hijas de Gladney, Steffie, ajena a toda sensación de peligro, susurra mientras duerme: “Toyota Célica, Toyota Célica”.

… llevo más de dos meses sentado en esta habitación, plantado frente al televisor hasta altas horas de la madrugada, escuchando atentamente y tomando notas. Es como una experiencia grandiosa, como una lección de humildad, te lo digo en serio. Es algo próximo al misticismo. (…) Fijaos en la riqueza de información que encierran su red, su llamativo envoltorio, sus anuncios extraídos de la vida cotidiana, esos productos que salen despedidos de las tinieblas, esos mensajes codificados y esas repeticiones interminables que son como cánticos, como mantras. “Pide una Coca, pide una Coca, pide una Coca.”» Se trata de un medio prácticamente desbordado de fórmulas sagradas para aquellos que sabemos reaccionar con inocencia y superar la irritación, el cansancio y la repugnancia. (p. 91)

Otro aspecto menos noble del pacto señalado es la alienación inevitable a que conduce la incorporación absoluta del individuo al sistema de objetos. Como decía Baudrillard en sus primeras obras, se consumen mercancías no por su valor de uso sino para obtener un sentimiento de pertenencia al sistema. Este sentimiento nos protege pero, al mismo tiempo, nos convierte a su vez en mercancías. Estamos constituidos por la suma total de nuestros datos, especialmente el de la cuenta bancaria.

Warhol, 1962

Warhol, 1962

Babette está convencida de que mientras sus hijos sean pequeños serán inmunes a la muerte. Hay resonancias de los postulados de la razón práctica kantiana en la argumentación de Gladney al respecto. La inocencia que se percibe en el sueño de los más pequeños debe tener su fundamento en algo vasto y grandioso. A esta idea le ocurre lo que a los postulados kantianos: no resisten la constatación del caos y el azar que rigen el mundo. El peso de las pruebas kantianas es nulo después de Nietzsche.

Acerqué una silla de campaña al camastro en el que dormían los más pequeños y me senté en ella, inclinándome hacia delante para verlos dormir. Un confuso remolino de cabezas y extremidades colgantes. Aquellos rostros suaves y cálidos poseían una confianza tan pura y absoluta que me negué a pensar que pudiera ser casual. Debe de haber algo en algún lugar, algo lo bastante vasto, grandioso y temible como para justificar esta resplandeciente confianza, esta fe implícita.

Otro de los modos para aislarnos de la amenaza de la muerte mencionado en la novela es la identificación con una figura histórica poderosa e incontestable. Cuando Gladney se dispone a enfrentarse a un individuo sospechoso sentado en la entrada de su casa lleva pegado al vientre su pequeño volumen de Mein Kampf. La imagen resulta patética, lo mismo que sus fantasías con la muerte heroica de Atila.

Hitler: Mein Kampf

Hitler: Mein Kampf

Una ex-esposa de Gladney le recomienda recurrir al miedo para fortalecer el yo y dominar su miedo a morir. Cuando nos exponemos a una situación límite experimentamos un miedo atávico que refuerza increíblemente la autoconciencia, el yo. Sustituir el miedo a la muerte por explosiones de adrenalina es un comportamiento habitual. Uno de los personajes de la novela extrae toda su fuerza de un reto imposible: encerrarse durante meses con las serpientes más venenosas del mundo en una habitación minúscula. Entrena con un maestro tibetano que le explica técnicas para convertirse en serpiente y no delatarse. El resultado final es patético.

En cualquier caso, ya que los deportes de riesgo son sólo para unos pocos, la mayoría acudimos al cine para contemplar brillantes persecuciones y accidentes automovilísticos. No buscamos con ello, afirma Murray, una cercanía mórbida a la muerte sino que el espectáculo de la catástrofe puede asimilarse a instantes eufóricos como los fuegos artificiales del 4 de julio.

De todos modos aquí es posible conectar el discurso de DeLillo con la adaptación cinematográfica de la novela de J. G. Ballard Crash. Vida y muerte entre los hierros retorcidos y humeantes del accidente. Magnífica adaptación de David Cronenberg al cine.

David Cronenberg, Crash (1996)

David Cronenberg, Crash (1996)

El libro finaliza con un diálogo socrático entre Murray y Gladney en el que el primero le desvela una forma inmemorial y efectiva de triunfar sobre la muerte: el asesinato. La vida que pierde la víctima pasa automáticamente al agresor.

—Opino, Jack, que en este mundo hay dos clases de personas. Los que matan y los que mueren. La mayoría de nosotros pertenecemos al último grupo. Carecemos de la disposición, la rabia o lo que sea que configura la condición del que mata. Dejamos que la muerte tenga lugar. Nos tendemos y morimos. Pero piensa en lo que debe de ser pertenecer al grupo de los que matan. Piensa cuan excitante resulta —en teoría— matar a una persona enfrentándose directamente a ella. Si ella muere, tú vives. Matar equivale a prolongar nuevamente tu vida. Cuantas más personas matas, más crédito vital acumulas. Ello explicaría todas las masacres, guerras y ejecuciones.
—¿Me estás diciendo que a lo largo de la historia los hombres han intentado curarse a sí mismos de la muerte a base de matar a otros? «
—Resulta evidente.
—¿Y consideras eso emocionante?
—Hablo en teoría. Teóricamente, la violencia no es sino una forma de renacimiento. El que muere, sucumbe pasivamente. El que le da muerte, continúa viviendo. Qué ecuación tan maravillosa. (p. 381)

Maria Lassnig

Maria Lassnig

Me gustaría terminar la entrada con un poco de humor. Mientras están en el centro de evacuación Babette lee folletos para entretener a las víctimas. Uno de ellos trata sobre profecías realizadas por los principales videntes del país para el año siguiente. Son disparates inolvidables: 

Bigfoot realizará una espectacular aparición en un campamento situado en las agrestes y pintorescas zonas del noroeste, junto a la costa del Pacífico. El peludo y bípedo ser de dos metros y medio de estatura, considerado como el posible eslabón perdido de la evolución, invitará amablemente a los turistas a que se reúnan en torno a él, revelándose así como un apóstol de la paz.

Los ovnis reflotarán la Atlántida de su sepultura acuática del Caribe por medios telequinéticos y con la ayuda de potentes cables dotados de propiedades desconocidas en los materiales terrestres. El resultado será una “ciudad de la paz” en la que se desconocerán el dinero y los pasaportes.

Mark David Chapman, el asesino del beatle John Lennon, cambiará legalmente de nombre para rebautizarse con el de su víctima e iniciará una nueva carrera como escritor de letras de rock desde su celda de la galería de condenados a muerte.

Un grupo de miembros pertenecientes a una secta que venera las catástrofes aéreas secuestrará un Jumbo y lo estrellará contra la Casa Blanca en un acto de devoción ciega hacia su misterioso y siempre oculto líder, conocido únicamente como Tío Bob. Según amigos cercanos de la pareja, el Presidente y la Primera Dama sobrevivirán milagrosamente sufriendo apenas unos arañazos.

Nuevas drogas milagrosas fabricadas en cantidades masivas a bordo de los laboratorios farmacéuticos de los ovnis y sometidas al entorno ingrávido del espacio conducirán al desarrollo de medicamentos para curar la ansiedad, la obesidad y los cambios de humor.

El desaparecido John Wayne, convertido ya en leyenda viva, se comunicará telepáticamente desde la tumba con el presidente Reagan para colaborar en la estructuración de la política exterior norteamericana. Apaciguado por la muerte, el fornido actor recomendará la aplicación de una política esperanzadora basada en la paz y el amor. (pp. 194-196)

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