Historia de la Filosofía (PAU Extremadura 2014)

Breve resumen de las ideas filosóficas en “El árbol de la ciencia” de Pío Baroja

Pío Baroja (1872-1956)

Las discusiones del protagonista de El árbol de la ciencia (1911), Andrés Hurtado, y su tío Iturrioz, constituyen la parte central de la novela. A través de ambos personajes, Pío Baroja enfrenta las dos corrientes filosóficas más pujantes a finales del s. XIX: el positivismo y el vitalismo. Ambas son respuestas al pesimismo intelectual que se había extendido por Europa tras las críticas de Kant y Schopenhauer a las dos principales Ideas de la Razón: Dios y la libertad.

En la Crítica de la Razón Pura (1781), Kant había negado la posibilidad de conocer las Ideas de la Razón (Mundo, Alma y Dios) de modo que los mitos religiosos heredados de las culturas griega y judeocristiana quedaban cuestionados para siempre. Tras la primera Crítica ya no era posible hablar de volver a confiar ciegamente en las ideas religiosas que sostenían nuestra civilización. La Crítica de la Razón Pura, introdujo incluso serias dudas respecto a la existencia del mundo externo.  Así que Kant, en un gesto de debilidad según Nietzsche, recuperó los objetos de la Metafísica en la Crítica de la Razón Práctica (1788). La libertad, la inmortalidad y Dios se convirtieron en postulados, es decir, ideas que es necesario poder pensar si no queremos caer en una existencia vacía, contradictoria, sin sentido.

Schopenhauer no hizo más que llevar al extremo la tarea destructiva que Kant había iniciado en la Crítica de la Razón Pura. En El Mundo como Voluntad y Representación (1819) Schopenhauer describe la verdad del mundo si uno renuncia a los postulados kantianos. En tanto fenómeno o representación, el mundo es puro determinismo sometido a las rígidas leyes de la naturaleza, en tanto noúmeno o cosa en sí, voluntad ciega, irracional y amoral. En las reuniones en la azotea de su tío, Andrés se hace eco del nihilismo del autor de Parerga y Paralipómena (1851) al afirmar que “la vida es estúpida, sin emociones, sin accidentes… el mundo es ciego; ya no puede haber ni libertad ni justicia, sino fuerzas que obran por un principio de causalidad en los dominios del espacio y del tiempo… la vida cruel, canalla, infame, la vida sin finalidad, sin objeto, sin principios y sin moral…”. La única solución ética posible según Schopenhauer es matar la voluntad en cada individuo, lo cual puede hacerse mediante la contemplación estética o la verdad científica.

Ante este panorama se abren dos posibilidades a finales del s. XIX:

  • Andrés representa el positivismo, la confianza en que el progreso de la ciencia terminará resolviendo también los problemas más profundos de la vida humana. La unión de razón y experiencia son armas suficientes para resolver el problema del mundo externo y alcanzar la verdad. Con el tiempo, la ciencia no sólo nos revelará las leyes matemáticas de la naturaleza sino también cuál puede ser el mejor orden social posible. Sin embargo, el problema insoluble del positivismo, presente en toda la obra de Pío Baroja y heredado directamente de Schopenhauer, es la contradiccion entre ciencia y vida. El conocimiento y las ideas son puro reflejo del mundo y antítesis de la vida y, por tanto, de la acción. La ciencia no servirá nunca para dar sentido a la vida del hombre u organizar un sistema político perfecto. La ciencia mata la vida. El raciovitalismo de Ortega y Gasset sería también una respuesta a esta dicotomía.
  • Iturrioz, su tío, opta por el vitalismo en su vertiente nietzscheana: la abolición de los valores judeocristianos traerán consigo un nuevo tipo de hombre que frente al sinsentido de la vida no caiga en la desesperación sino, al contrario, se arme de valor, serenidad, y reposo, que arranque de sí “toda tendencia a la humildad, a la renunciación, a la tristeza, al engaño, a la rapacidad, al sentimentalismo…” Este nuevo hombre guarda cierto parecido con el superhombre de Nietzsche, especialmente en su crítica al nihilismo cristiano. Los cambios en España pasaban, según Baroja, por dejar atrás el cristianismo, la mediocridad y el caciquismo. En este sentido, las críticas de Nietzsche a la religión cristiana y sus teorías del superhombre le servirán a Baroja de inspiración en la tarea regeneracionista del 98.

El final trágico de la novela representa, evidentemente, el triunfo de Schopenhauer, del veneno nihilista que marca la personalidad de Andrés Hurtado y también de España, el tema de fondo en los autores de la generación del 98. Desde un punto de vista individual, Andrés Hurtado, idealista hasta la médula, ve en la muerte algo de consuelo: espacio y tiempo no están afuera, por tanto, el mundo no continuará tras su muerte. La muerte del individuo es también la muerte del Universo.

Así lo resume Gonzalo Sobejano en su libro clásico sobre la influencia de Nietzsche en España.

Si César Moneada es, pues, el más animoso hombre de acción del repertorio barojiano, Andrés Hurtado, protagonista de El árbol de la ciencia (1911), es su más exacto reverso: el hombre contemplativo por excelencia, el abúlico, el nihilista sin remedio. César es un personaje nietzscheano. Andrés, un complejo precipitado del materialismo y de la filosofía de Schopenhauer. En esta novela que, con la anterior, marca la cima del Baroja novelista, el conflicto entre la vida y el conocimiento, la acción y la contemplación, se plantea en su más áspera desnudez y aboca al desenlace más trágico: el suicidio. Educado en el materialismo médico y marcado para siempre por el criticismo kantiano, la moral cristiana y la seducción del neobudismo de Schopenhauer, Hurtado no acierta a corregir su elemental desgana de hacer y vivir. Frente a él, su tío Iturrioz sostiene principios de raíz nietzscheana: la lucha, la acción en un círculo siquiera reducido, la utilidad y engrandecimiento de la vida como norma ante lo aún no explicado por la ciencia e incluso a riesgo de injusticia o mentira, etc. El ideal ignaciano laico sustentado por César Moneada lo sustenta aquí discursivamente Iturrioz, en diálogo con Andrés Hurtado:
“Para llegar a dar a los hombres una regla común, una disciplina, una organización, se necesita una fe, una ilusión, algo que, aunque sea mentira salida de nosotros mismos, parezca una verdad llegada de fuera. Si yo me sintiera con energía, ¿sabes lo que haría?
—¿Qué?
—Una milicia como la que inventó Loyola, con un carácter puramente humano. La Compañía del Hombre.
—Esta Compañía tendría la misión de enseñar el valor, la serenidad, el reposo; de arrancar toda tendencia a la humildad, a la renunciación, a la tristeza, al engaño, a la rapacidad, al sentimentalismo…
—La escuela de los hidalgos.
—Eso es, la escuela de los hidalgos.
—De los hidalgos ibéricos, naturalmente. Nada de semitismo.
—Nada; un hidalgo limpio de semitismo, es decir, de espíritu cristiano, me parecería un tipo completo” (II, 519).
La norma del individualismo extrarreligioso, de la milicia puramente humana, la compañía del hombre o escuela de los hidalgos sin cristianismo, no es sino una derivación de la moral aristocrática de Nietzsche cimentada en el valor y la distinción. Se dibuja así el hidalgo laico al modo de una pálida sombra del superhombre. Pero entre este ensueño y la realidad occidental, cristiana y civilizada, media una distancia imprevisiblemente larga… Andrés Hurtado sucumbe al tóxico cristiano-europeo más que a sus deficiencias de temperamento o a la “aconitina” con que se quita la vida:
“—La religión y la moral vieja gravitan todavía sobre uno —se decía—; no puede uno echar fuera completamente el hombre supersticioso que lleva en la sangre la idea del pecado.” (II, 568).

Gonzalo Sobejano: Nietzsche en España, 1890-1970, Madrid: Gredos, 2004, pp. 377-378.

Sobre ese antisemitismo de Baroja, heredado de Nietzsche, y que le relaciona con lo peor del s. XX, da una interesante explicación Max Aub en La gallina ciega, diario español. Para Baroja el comunismo, invento de Karl Marx, un judío, era epítome de la mediocridad. Frente al comunismo, y su pariente cercano el cristianismo pues están unidos por el dogma “todos somos iguales”, Baroja, inspirado por Nietzsche, ensalzaba al individuo y la genialidad. Ese anticomunismo terminó por convertirse en antisemitismo.

-Con Baroja sucede una cosa curiosa. Ahora pasa por revolucionario. Fue anarquista en su juventud, no tanto como Azorín, pero lo fue; pero ya en su madurez fue muy anticomunista, antisemita por anticomunista, con lo que se demuestra que no fue lince, él, que se parecía físicamente a Lenin. Es curioso ese antisemitismo de Baroja porque, por lo menos por parte de madre, por su rama italiana, parece que debió de tener antecedentes… Los falangistas intentaron apropiárselo, pero él les hizo los mismos feos que a los republicanos que —ésos sí— eran amigos suyos. Se portó muy mal con ellos. Como con la mayoría de la gente. Era un hombre malhumorado y genial. Un onanista de pro, como no hay muchos en la literatura española. A base de pesimismo acertó en bastantes pronósticos -y se equivocó en muchos otros-. Hubo un momento, antes de la guerra, en que, tal vez como consecuencia de su germanofilia del año 14, fue partidario de Hitler (no de Mussolini). Luego, no.

Max Aub: La gallina ciega. Diario español. Madrid: Visor, 2009, pp. 293-294.

Gracias al compañero J. M. Camacho por la recomendación del espléndido libro de Sobejano.

27 replies »

    • Hola Stan, la bibliografía secundaria sobre Kant es inabarcable. Cuando se empieza a entender a Kant se da uno cuenta de que no hay nada más fácil para comprender a Kant que leer al propio Kant. Kant es cristalino. Bernhard lo decía en alguna de sus novelas.

      De todos modos, el libro con el que me inicié en Kant es de un filósofo analítico, Stephan Körner. Se titula Kant y está publicado en Alianza Universidad. Luego he leído muchos pero hay uno por el que siento especial debilidad. Gilles Deleuze: La filosofía crítica de Kant, editorial Cátedra. También es recomendable el manual de Cassirer sobre teoría del conocimiento, editorial FCE.

      Un saludo.

  1. Hola profesor. Este está entre mis libros maestros, me alegra saber que tiene un importante papel en la enseñanza, en Bachillerato y en la entrada a la universidad.
    Me gustaría compartir algunos párrafos de ciertas obras:

    “…para sufrir el acoso de la ancianidad quejumbrosa y defraudada por la vida…
    La Sabiduría oculta y temible que distribuye los destinos de los hombres se complace así en humillar y derribar por el suelo a los dulces, los buenos, los prudentes; mientras que levanta en alto a los egoístas, los insensatos y los malvados. ¡Oh, hermano lector, consérvate humilde en medio de la prosperidad! Sé gentil con quienes son menos afortunados, y quizá más merecedores que tú de la fortuna. ¿Qué derecho tienes para burlarte, si tu virtud no es otra cosa que una ausencia de tentaciones, si tu éxito se debe quizá a una casualidad, si tu categoría social se originó posiblemente en un lance casual de un antecesor tuyo, si tu prosperidad es posiblemente una burla?”

    LaFeria de las Vanidades (1847). W. M. Thackeray, propio del realismo literario.

    “¿Reparastéis alguna vez en un perro que encuentra un hueso con tuétano? Como dice Platón (Libro II De la República), el perro es el animal más filósofo del mundo. Si lo habéis visto, habréis podido observar con qué devoción lo mira, con qué cuidado lo considera, con qué fervor lo coge, con qué prudencia empieza a succionarlo, con qué afecto lo parte, con qué diligencia lo lame. ¿Quién le ha inducido a hacer eso? ¿Qué espera conseguir? ¿Qué bien pretende? Nada más que un poco de tuétano. Verdad es que ese poco es más delicioso que cualquier otro alimento, ya que es una sustancia nutritiva que Natura elabora con perfección…
    Según este ejemplo, os conviene ser mesurados para gustar, sentir y estimar estos bellos libros, graciosos por fuera, ligeros en la persecución y osados en el encuentro; luego, leyendo con curiosidad y meditando frecuentemente, quebrad el hueso y chupad la sustancia medula…”

    Gargantúa y Pantagruel (1532). Francois Rabelais, humanista de genio satírico.

    Bueno, leemos hermosos libros, de autores bien distintos, cada uno de nosotros goza de distintas maneras de ellos porque somos diferentes. Lo enriquecedor es leerlos.

    Gracias por hablar de estas cosas en su Aula de Filosofía. Estoy aprendiendo mucho.

    • Hola ente, sabía que El árbol de la ciencia era de tus lecturas preferidas. Me alegra que el post te haya gustado. Las citas de Thackeray y Rabelais me parecen una buena manera de animar a la lectura de esos clásicos. Personalmente, empezaría por Rabelais.

      Un saludo.

  2. Eugenio, quisiera ver en un libro este y otros artículos que ha escrito. Esa futura obra no la imagino como una historia de la filosofía más, sino más bien como una ayuda para separar bien las ideas; una manera ejemplar -a seguir y que usted hace muy bien- de mostrar las corrientes filosóficas.

    La tristeza en los ojos de Baroja siempre me ha conmovido.

    PD. Yo sí que me alegré hoy cuando vi el post. Un regalo muy bonito.

    • Hola ente, es tan difícil encontrar alguien que, como tú, ame los clásicos de la literatura. Lo habitual es que, por desgracia, la obligatoriedad de su lectura en la enseñanza secundaria provoque en los alumnos cierto rechazo. A mí me ocurrió y me sigue ocurriendo. Me hubiese gustado leer más a Baroja, por ejemplo. Como dices, parece tener una mirada sabia, desencantada.
      Un saludo.
      P.D.: Me gustaría tener tiempo para preparar algo para publicar pero tengo tanto que leer y aprender…

  3. Sin embargo, desde tiempo inmemorial, a los humanos nos ha gustado reunirnos para escuchar historias, o ver sus representaciones. Creo que son las academias modernas, que llevan varios siglos ya con las mismas reglas, las que hacen que muchas personas rechacen el teatro y los libros.
    Me gustaría compartir con usted esta historia de la obra Hamlet:
    “(En pasados siglos) No era rara la publicación pirata de dramas: alguien dotado de una memoria especialmente buena, dentro de de que en aquella época todo el mundo tenía mejor retentiva verbal que hoy día, asistía unas pocas veces a la representación de un drama y luego se iba a su casa y allí lo transcribía de memoria, no sin errores y malentendidos. En 1604 se publica otro in-quarto del texto bastante decente, que sirve de base a otras tres ediciones sueltas que hay hasta 1637…”
    Este escrito pertenece a José María Valverde. RBA Editores. Shakespeare. Tragedias.
    Bien, había un Hamlet, hoy en día perdido, antes del que se recuerda de Shakespeare. Las obras, cuando gozaban de éxito, se retocaban, se seleccionaban. El público admiraba en ellas las pasiones que representaban, los celos de Ohtello, el amor de Romeo y Julieta, el deseo de hacer justicia de Hamlet… La pregunta es la siguiente: ¿Por qué los videojuegos han conseguido desplazar a las películas, a los libros, al teatro? Desde un principio, los videojuegos han convertido al jugador en un soldado. Primero, uno que rechazaba la invasión marciana; luego, un comebolas que había de cumplir misiones de forma cada vez más rápida; hoy en día, en Warcraft es un soldado que lleva la bandera a un sitio, subiendo de ese modo de niveles; cumple así su deseo de superar a los demás, bien, ya en Rojo y Negro, de Stendhal, eran esas las aspiraciones de Julian. Lo que se pierde el jugador de estos modernos entretenimientos son todas las pasiones de un personaje como Julien, todo su mundo interior, que en mucho coincide con el de cualquier joven de nuestro siglo y los venideros. Las descripciones de las almas de aquellas mujeres de Rojo y Negro son tan válidas hoy como en 1830. Los hombres no hemos cambiado desde los tiempos de El príncipe (1513), de Maquiavelo.
    La recomendación de un lector creo que será siempre la de: conoce tu alma a través de la de los demás, esas están en los libros.
    Gracias.
    Lo de su libro lo deseo con mucha fuerza.

    • Hola ente, no creo que los videojuegos hayan desplazado a los libros. Simplemente se leía poco antes y se lee poco ahora. Quiero decir “leer” en el sentido en que lo defines arriba: conocerse a sí mismo a través del alma de los demás.

      Leer para evadirse se leía más antes pero la industria del ocio ha producido artefactos mejores que el libro para matar el rato. Un libro no puede competir con la PS3. Y también es verdad que hay videojuegos más interesantes que algunos libros.

      Pero, para quien quiera leer o ver cine o escuchar música, las posibilidades se han incrementado exponencialmente. Internet pone al alcance de la mano todas las películas de Kiarostami o la poesía completa y anotada de Keats o las sinfonías de Brahms interpretadas por tantos directores como quieras para que encuentres el que mejor se adapte a tu sensibilidad.

      En ese sentido, creo que Internet o “lo digital” no roba sitio a la cultura. Al contrario, la multiplica al infinito. Aunque eso no significa que no haya gente (mucha) que no sepa qué hacer con el invento y otra gente (poderosa) que quiera cerrarlo cuanto antes.

      Un saludo.

  4. Eugenio, creo que usted lleva razón. Se leía más para evadirse, y eso lo hacen hoy muchas otras cosas.
    Aún así, defiendo mi pensamiento: el videojuego sólo satisface una pasión: la de conquistar, la de ser mejor que los demás, la de subir de nivel, todo esto viene a ser lo mismo. Y para satisfacer las otras pasiones hay que recurrir al cine, al teatro, a los libros, y, como usted ha dicho, a la música.
    Ah, puede que alguno se llene con sólo eso, con ganar una partida en un videojuego, también eso es verdad.
    Lo que usted dice de Internet es cierto. En cualquier forma, su respuesta de arriba lleva mucha razón. Los diálogos son siempre productivos con usted. Gracias de corazón.

  5. Hay un largometraje titulado: Las aventuras de Tom Sawyer (1938). A un muchacho le pidió su profesor que leyese el libro de Twain porque luego le haría un examen de lectura. El joven no leyó el libro, vio la película, se presentó al examen y lo aprobó con buena nota. El filme describe muy bien cada episodio del libro, es una versión perfecta. Llamémoslo: esencia transmitida.
    Yo leí La Divina Comedia, de Dante. En una ocasión, hablé con un jugador de videojuegos que había pasado gran parte de su tiempo libre cumpliendo los niveles de Dante’s Inferno, un juego basado en el gran poema. El chico conocía El bosque de los suicidas, descrito en uno de los pasajes, mucho mejor que yo. Conocía las quimeras, como las harpías, perfectamente. Digamos: un poco de esencia transmitida.
    Creo que un buen profesor puede hacer que personas que nunca han leído a Platón se queden para siempre con una idea de aquel pensador. Otros profesores, por el contrario, sólo consiguen que ciertos alumnos odien la filosofía. Esencia estropeada.
    Yo, que nunca tengo los pies en la Tierra, continuaré por aquí y por allá contando las bondades de la literatura, del cine, del teatro, de la música…, y buscando artimañas para que alguien se sienta con ganas de dejar su videojuego un rato y se ponga a leer un libro interesante. ¿Por qué? Porque leer cura, por vida de… que leer sana. Y aseguraría que en una BIblioteca más incluso, porque hay niños, hay vida.

  6. El libro “El Árbol de la Ciencia” de Pío Baroja, ha sido durante años, sigue siendo aún, lectura obligatoria en PREU, COU, 2º de bachillerato. A los alumnos más o menos les guata, lo que no les gusta es, precisamente, esa parte central de las discusiones filosóficas de Andrés con su tío Iturrioz.

    yo he tratado durante años, de desmenuzárselo, de aclarárselo en mi modesto entendimiento. Luego dejé de hacerlo; todas las aclaraciones que hacéis aquí, aclaran bastante- por no decir todo- al estudiante. sin embargo son vuestras buenas lecturas, las de Sobejano, etc las que explican eso. baroja es malo al exponerlo en su novela, no sabe hacerlo y yo por eso dejé de insistir con los chicos. Hace años que dejé de hacerlo, que lo lean por libre. Para otros cursos les remitiré a este blog que se lo aclarará mejor que yo.

    Baroja es malo, no creo que hubiera leído exhaustivamente a Shopenhauer, ni a Kant, ni a Nietzsche, si no lo hubiera transmitido mejor.
    Para mi Baroja gana mucho más en sus novelas cuando describe, me repatea cuando se mete a filósofo, me encanta en sus ambientes, en sus personajillos perdidos.

    La novela “El Árbol de la Ciencia” después de muchas lecturas y trabajos en el aula con los chicos, la quitaría de lectura obligatoria. Ni si quiera les inquieta, les cuestiona, para mi es paparrucha.

    • Es cierto que Baroja no está a la altura de Unamuno o, especialmente, Ortega a la hora divulgar temas filosóficos. Nunca lo había pensado. pero sí es verdad que le falta claridad, definición. ¿Qué propone Iturrioz, el nietzscheano, concretamente? Quizás es que hay que leer entre líneas o quizás no era lo suyo divulgar ideas o quizás simple desconocimiento, como dices. Sin embargo, Baroja se las arregla para plantear a través de la acción las preguntas esenciales de la filosofía y despertar en el lector la curiosidad por Kant o Schopenhauer. A lo mejor a los chicos de hoy no, pero a mí en su día sí me hizo pensar.

      Si me diesen a elegir yo cambiaría la lectura obligatoria de 2º de Bachillerato (El árbol de la ciencia) por El pensamiento de los monstruos de Benítez Reyes. Creo que saldrían ganando profesores y alumnos.

      Saludos.

      • Hombre ¡claro! yo también lo cambiaría, inmediatamente, lo propondré para la programación del próximo curso.

        Pero tú ya sabes que somos “esclavos” de la programación, ¿a quién leeremos del 98, seguimos con “San Manuel, bueno mártir”, tampoco me disgusta, este como es tan breve además, siempre les sorprendía, en mi experiencia siempre ha resultado mejor este de Unamuno que el de Baroja, pero chico desde que empezó la reivindicación barojiana, ahí seguimos; y eso que deberíamos mandarlo al País Vasco, y ya sabes que ellos nos lo devolverían, nunca le sintieron suyo, sino traidor, y a nosotros nos pasa un poco más de lo mismo.

  7. “Sobre ese antisemitismo de Baroja, heredado de Nietzsche….”
    Error; Nietzsche no era antisemita. Solo condenaba a los judíos el hecho de haber creado la figura del sacerdote,el poder pastoral que fomenta la deuda infinita imposible de pagar.Spinoza ya se había referido al tema.

    • Hola Inés, estoy de acuerdo. El antisemitismo y el nacionalismo fueron las razones políticas que apartaron a Nietzsche de Wagner o de su cuñado. Pero en su filosofía son continuas las alusiones a la degeneración que supuso la moral judía y la moral cristiana frente al pueblo griego. “¿Qué es la moral judía? ¿Qué es la moral cristiana? El azar desprovisto de inocencia; la desdicha manchada con el concepto “pecado”, el bienestar como peligro, como “tentación”, el malestar fisiológico envenenado con el gusano de la conciencia moral…”

      Es decir, Nietzsche no sería un antisemita al uso en la época. Esa corriente que infectaba a Alemania, Francia, Rusia… Esa marea que llevó al holocausto.

      Creo que matizando bien la cuestión podríamos llegar a un acuerdo.

      Saludos.

  8. Hola. Hace muchos años escuché a Francisco Umbral diciendo que Baroja era un mal escritor, ya me sentó mal. A uno le duele que vengan a decirle que algo que le gusta es malo, pero es malo a sus ojos, hay que entenderlo (entender al otro que no piensa como uno, aunque, a veces, él no nos entienda a nosotros).
    Si Baroja no gusta a los chicos, pues lo siento, sin embargo, yo recuerdo que, en mi niñez, a mi profesora de lengua le encantaba; yo me sentía identificado con sus desventuras, tal vez sea eso lo que le aleja de las personas más vehementes, las que tiran para adelante haga viento o marea.
    Si lo quitan de los estudios de bachillerato, pues allá ellos, cualquier propuesta literaria suele ser buena si habla del ser humano sin engaños (y no tiene demasiados fallos gramaticales).
    Como escribas en la Red un resumen de un libro que está en las escuelas, te visitan cientos buscando encontrar ideas para sus trabajos escolares; ésta es la literatura que toca a muchos, la de “ir escapando”.

    Mirad este vídeo, a partir del minuto 18, Umbral empieza a hablar mal de Baroja:

    Un abrazo.

    • Hola ente, el s. XX no es ni mucho menos el siglo de oro de la prosa española. Hay que mirar a latinoamérica. Personalmente, sustituiría a Baroja por Cortázar, Borges, García Márquez, Bryce Echenique, Rulfo, Denevi, Vargas Llosa… Umbral criticando a Baroja no es más que una triste escena costumbrista y no le daría mayor impotancia.

      Un abrazo.

  9. Estoy de acuerdo con que la critica de Umbral a Baroja es una de sus poses para desprestigiar a uno de los mejores del 98. Imperfecciones gramaticales, achacables a su naturaleza vasca, no le restan el enorme valor literario de su magnífica obra que tan acertadamente comentas. Lleva décadas como cabecera de la enseñanza en nuestro país, soy del con e ignoraba que tambien fuera de antes. Envidia sana o insana y que conste que lo admiro como novelista por su lirismo interno y colecciono muchas de sus columnas el Diario El Mundo. Mi dirección de correo es benaventemacias7@gmail.com. Enhorabuena por tu trabajo de exégesis de Baroja.

    • Hola Mariano,

      para mí Umbral es Mortal y rosa y nada más. No digo que sea mal escritor. Al contrario, sé que era un virtuoso del lenguaje pero ni sus temas ni la función que otorga a la literatura o el periodismo me resultan afines.

      Me alegra que la reseña sobre Baroja te haya gustado.

      Saludos.
      Eugenio.

      • Coincido plenamente en la elección de esa novela. Soy profesor en Málaga de literatura, especializado en Cernuda, aunque llevo intentando presentar un trabajito transversal que siempre se quedó en utopía, porque poner de acuerdo a los tres departamentos, filosofía, historia y del arte y el mío no es tan fácil ,sólo a un compañero de filosofía le atrajo mi proyecto. Encantado de conocerte aunque tan fríamente como así. Al menos disfrutaremos de la magia de las palabras como enlace. Publiqué varios estudios e una revista on línea del entorno de la Universidad de Granada donde estudié, se denomina profesionalismo por si te interesa asomarte. Un Saluditos.

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