Aula de Filosofía de Eugenio Sánchez Bravo

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Platón: República, libro II

El libro II comienza con la retirada de Trasímaco de la discusión pues no soporta verse humillado en público por los juegos dialécticos de Sócrates. A continuación Glaucón pide a Sócrates que haga un análisis serio de si la vida del justo es más o menos feliz que la del injusto. También le exige que deje a un lado las trampas sofistas para irritar a jóvenes soberbios como Trasímaco. Glaucón le plantea dos objeciones a la idea de que lo justo es mejor en todo sentido que lo injusto:

a) En primer lugar, hace una distinción que Aristóteles repetirá tal cual en la Ética a Nicómaco. Existen tres tipos de bienes o fines, los que deseamos por sí mismos como la alegría o la felicidad, los que deseamos por sí mismos y por lo que de ellos se genera como la comprensión, la vista y la salud, y los que siendo penosos los deseamos por los beneficios que procuran como la gimnasia, el trabajo o el tratamiento médico. La justicia habría de pertenecer a la mejor clase de fines, aquellos que sólo se quieren por sí mismos pero la mayoría opina lo contrario: considera que la justicia pertenece al tercer tipo, es algo penoso que deseamos con vistas a obtener un salario y una buena reputación.

b) La mayoría no cultiva la justicia voluntariamente sino por “impotencia para cometer injusticias”. Para ilustrar esta tesis Glaucón cuenta el mito del anillo de Giges, un anillo que vuelve invisibles a las personas. ¿Qué haría la mayoría si tuviese ese anillo en su poder? ¿Respetar las normas o lo contrario? El hombre justo en nada es diferente del injusto: simplemente el justo está forzado a respetar las normas. Si tuviese el anillo y no lo utilizase para echar mano a bienes ajenos sería el hombre más desdichado y tonto del mundo.

Por último afirma Glaucón que al justo que quiera realmente serlo y no sólo parecerlo le ocurrirán todo tipo de desgracias. En cambio, el injusto, que se esfuerce en parecer justo, podrá conseguir todo lo que quiera.

Adimanto, hermano de Glaucón, argumenta que cuando los padres alaban la justicia, no lo hacen por sí misma sino porque el parecer justo otorga buena reputación. También los poetas afirman que la injusticia es preferible y más ventajosa. Vergonzosa sólo para la opinión y la convención. Para colmo de males a los hombres buenos los dioses les deparan todo tipo de infortunios. En cambio los injustos pueden hacerse perdonar sus pecados mediante ofrendas.

Para responder a los argumentos de Glaucón y Adimanto, Sócrates elabora un plan que ha de determinar el resto del diálogo: para distinguir si la vida justa es mejor o no que la injusta no debemos leer en la letra pequeña de los individuos sino investigarlo en algo mucho mayor como el Estado. Una vez que sepamos cómo es la justicia en el Estado aplicaremos lo aprendido a los individuos.

Comienza, por tanto, Sócrates su larga exposición sobre el Estado. Éste tiene su origen en que cada uno de nosotros es incapaz de autoabastecerse. La función del Estado es unir las capacidades de muchos para satisfacer las necesidades de todos: comida, vestido, vivienda… Además harán falta comerciantes, ganaderos, artesanos, asalariados… Este Estado podría ofrecer a los individuos un tipo de vida muy austero pero habría justicia entre los hombres. Sin embargo, el ser humano aspira a más: no quiere un “Estado de cerdos” o un “Estado sano” sino un Estado lujoso, con músicos, poetas, actores, empresarios, cosmética, pedagogos, modistas, peluqueros, pasteleros, porquerizos, médicos…

Desgraciadamente un Estado de este tipo quedaría pronto corto de recursos  así que tendría que hacer la guerra a otras ciudades para expandir su territorio. Para hacer la guerra se necesitaría una clase especial de ciudadanos: los guardianes. Estos deben poseer agudeza en la percepción, fuerza, valentía y fogosidad en el alma. Pero, siendo fieros con el enemigo, habrían de ser mansos con sus vecinos. ¿Qué tipo de hombre posee ambas cualidades a la vez? Sólo aquel que a la fogosidad añade el ser filósofo por naturaleza, es decir, amante de aprender. Sócrates compara a los guardianes con los perros: estos también son filósofos, amantes de aprender, porque sólo atacan al que antes les ha hecho daño y respetan a quien encuentran por primera vez. Aman, por tanto, el conocimiento.

¿Qué educación se requiere para criar seres de esa naturaleza, los guardianes, guerreros y filósofos?. Empezaríamos con la gimnasia y la música. Primero, la música, los mitos. Pero habría que ser cuidadoso con el tipo de mitos que se cuenta a los niños. No se les deben contar mitos, aunque pertenezcan a Homero y Hesíodo, donde los dioses supremos (Urano y Cronos) se comporten como auténticos salvajes parricidas. La educación de los niños deberá realizarse con mitos que cumplan dos pautas básicas:

a) presentar a Dios como dispensador sólo de los bienes y no de los males que afectan a la humanidad. “…el dios no es causa de todas las cosas sino sólo de las buenas”

b) terminar con esa costumbre de los dioses griegos de metamorfosearse y mentir continuamente. Al Dios le corresponde la perfección, la inmutabilidad y la verdad.

Cuestionario

  1. ¿Cómo te comportarías tú si tuvieses el anillo de Giges? Razona tu respuesta
  2. ¿Por qué crees que los seres humanos no se conformarían con el “Estado de cerdos” o “Estado sano” donde reinaría la justicia y necesitan un “Estado lujoso” donde prolifera la injusticia? ¿Existen unas necesidades básicas universales para todo ser humano?
  3. ¿Estás de acuerdo con la hipótesis de Platón acerca del origen de la guerra? ¿Crees que podría evitarse?
  4. ¿Qué crímenes cometieron Urano y Cronos?
  5. Si Dios existe y es bueno, el mal no debería existir, pero el mal existe así que o bien Dios no existe o no lo ha creado todo. ¿Qué opinas de este razonamiento también llamado el problema del mal? ¿Cómo lo evita Platón?
  6. ¿Crees que es misión del Estado poner reglas o pautas al arte para una mejor educación del pueblo? Busca ejemplos históricos en los que el arte haya sido utilizado como un medio de propaganda por el Estado. Haz un mural con ejemplos de ese tipo de arte.

Textos para comentar

1. Tipos de fines: justicia.

—En tal caso —insistió Glaucón—, no haces lo que quieres. Dime, pues: ¿no crees que hay una clase de bienes que no deseamos poseer por lo que de ellos resulta, sino que nos agradan por sí mismos, tales como el regocijo y aquellos placeres inocentes, por medio de los cuales nada se produce en un momento posterior, sino sólo el disfrute de poseerlos?
—Creo que sí —respondí.
—Pero hay bienes que anhelamos tanto por sí mismos como por lo que de ellos se genera, tales como la comprensión, la vista y la salud. Esas cosas, en efecto, nos agradan por ambos motivos.
—Así es.
—¿Adviertes una tercera clase de bienes, en la cual se encuentran la práctica de la gimnasia, el tratamiento médico que recibe un enfermo, el ejercicio de la medicina y cualquier otro modo de ganar dinero? Pues de estas cosas diríamos que son penosas pero que nos benefician, y que no las deseamos poseer por sí mismas,  sino por los salarios y demás beneficios que se generan de ellas.
—Es cierto —repuse—, es una tercera clase de bienes. Pero ¿y después qué?
—¿En cuál de esas tres clases —preguntó— colocas a la justicia?
—Pienso —respondí— que habría que colocarla en  la clase más bella, la de los bienes que anhelamos tanto por sí mismos como por lo que de ellos se genera, al menos para quien se proponga ser feliz.
—Pues la mayoría no opina así —dijo—, sino que la coloca en la clase de bienes penosos, que hay que cultivar con miras a obtener salarios y a ganarse una buena reputación, pero que, si fuera por sí mismos, habría que evitarlos, por ser desagradables. 357c-358a

2. Mito de Giges

El poder del que hablo sería efectivo al máximo si aquellos hombres adquirieran una fuerza tal como la que se dice que cierta vez tuvo Giges, el antepasado del lidio. Giges era un pastor que d servía al entonces rey de Lidia. Un día sobrevino una gran tormenta y un terremoto que rasgó la tierra y produjo un abismo en el lugar en que Giges llevaba el ganado a pastorear. Asombrado al ver esto; descendió al abismo y halló, entre otras maravillas que narran los mitos, un caballo de bronce, hueco y con ventanillas, a través de las cuales divisó adentro un cadáver de tamaño más grande que el de un hombre, según parecía, y que no tenía nada excepto un anillo de oro en la e mano. Giges le quitó el anillo y salió del abismo: Ahora bien, los pastores hacían su reunión habitual para dar al rey el informe mensual concerniente a la hacienda, cuando llegó Giges llevando el anillo. Tras sentarse entre los demás, casualmente volvió el engaste del anillo hacia el interior de su mano. Al suceder esto se tornó 360a invisible para los que estaban sentados allí, quienes se pusieron a hablar de él como si se hubiera ido. Giges se asombró, y luego, examinando el anillo, dio vuelta el engaste hacia afuera y tornó a hacerse visible. Al advertirlo, experimentó con el anillo para ver si tenía tal propiedad, y comprobó que así era: cuando giraba el engaste hacia adentro, su dueño se hacía invisible, y, cuando lo giraba hacia afuera, se hacía visible. En cuanto se hubo cerciorado de ello, maquinó el modo de formar parte de los que fueron a la residencia del rey como b informantes; y una vez allí sedujo a la reina, y con ayuda de ella mató al rey y se apoderó del gobierno.

3. Vida del justo según Glaucón

Ellos dirán que el justo, tal como lo hemos presentado, será azotado y torturado, puesto en prisión, se le quemarán los ojos y, tras padecer toda clase de castigos, será empalado, y reconocerá que no hay que querer ser justo, sino parecerlo. 362a

4. Argumento de Adimanto

Ciertamente, si somos justos no sufriremos  castigos de los dioses, pero rechazaremos las ganancias de la injusticia. Si somos injustos, en cambio, obtendremos esas ganancias y, cuando cometamos transgresiones o faltas, implorando persuadiremos a los dioses para evitar ser castigados. 366a

5. Sócrates: el plan de la República

—La investigación que intentaremos no es sencilla, sino que, según me parece, requiere una mirada penetrante. d  Ahora bien, puesto que nosotros, creo, no somos suficientemente hábiles para ello —dije—, dicha investigación debe realizarse de este modo: si se prescribiera leer desde lejos letras pequeñas a quienes no tienen una vista muy aguda, y alguien se percatara de que las mismas letras se hallan en un tamaño mayor en otro lugar más grande, parecería un regalo del cielo el reconocer primeramente las letras más grandes, para observar después si las pequeñas son las mismas que aquéllas.
— Muy bien, Sócrates —dijo Adimanto—, pero ¿qué hay de similar entre eso y la indagación de la justicia? e
— Te lo diré —contesté—. Hay una justicia propia del individuo; ¿y no hay también una justicia propia del Estado?
— Claro que sí —respondió.
— ¿Y no es el Estado más grande que un individuo? —Por cierto que más grande.
—Quizás entonces en lo más grande haya más justicia y más fácil de aprehender. Si queréis, indagaremos primeramente cómo es ella en los Estados; y después, 369a del mismo modo, inspeccionaremos también en cada individuo, prestando atención a la similitud de lo más grande en la figura de lo más pequeño.
—Me parece que hablas correctamente —expresó Adimanto. (368d y ss)

6. Estado de cerdos

—Es verdad —respondí—; me olvidaba que también tendrán condimentos. Pero es obvio que cocinarán con sal, oliva y queso, y hervirán con cebolla y legumbres como las que se hierven en el campo. Y a manera de postre les serviremos higos, garbanzos y habas, así como bayas de mirto y bellotas que tostarán al fuego, d bebiendo moderadamente. De este modo, pasarán la vida en paz y con salud, y será natural que lleguen a la vejez y transmitan a su descendencia una manera de vivir semejante.
Y él replicó:
—Si organizaras un Estado de cerdos Sócrates, ¿les darías de comer otras cosas que ésas?
—Pero entonces, ¿qué es necesario hacer Glaucón? —inquirí.
—Lo que se acostumbra —respondió—: que la gente se recueste en camas, pienso, para no sufrir molestias, y coman sobre mesas manjares y postres como los que e se dispone actualmente.
—Ah, ya comprendo —dije—. No se trata meramente de examinar cómo nace un Estado, sino también cómo nace un Estado lujoso (372d y ss)

7. Origen de la guerra

—En tal caso deberemos amputar el territorio vecino, si queremos contar con tierra suficiente para pastorear y cultivar; así como nuestros vecinos deberán hacerlo con la nuestra, en cuanto se abandonen a un afán ilimitado de posesión de riquezas, sobrepasando el límite de sus necesidades. e
—Parece forzoso, Sócrates —respondió Glaucón.
—Después de esto, Glaucón, ¿haremos la guerra? ¿O puede ser de otro modo?
—No, así.
—Por ahora no diremos —añadí— si la guerra produce perjuicios o beneficios, sino sólo que hemos descubierto el origen de la guerra (373e)

8. Problema del mal

— Por consiguiente -proseguí-, dado que Dios es bueno, no podría ser causa de todo, como dice la mayoría de la gente; sería solo causante de unas pocas cosas que acontecen a los hombres, pero inocente de la mayor parte de ellas. En efecto, las cosas buenas que nos suceden son muchas menos que las malas, y si de las buenas no debe haber otra causa que el dios, de las malas debe buscarse otra causa. (379c)

Bibliografía.

Platón: Diálogos IV. República. Eggers Lan, C. (trad.)  Madrid: Editorial Gredos, 1986.

19 comentarios el “Platón: República, libro II

  1. Pingback: Lecturas recomendadas Historia de la Filosofía « Aula de Filosofía de Eugenio Sánchez Bravo

  2. chucho
    18 febrero, 2011

    este es un agradable espacio para quienes nos interesa la filosofia. Gracias.

  3. Anónimo
    28 enero, 2012

    muy buen blog profesor, lo felicito y espero siga compartiendo con nosotros estos apuntes importantes

  4. Anónimo
    15 mayo, 2012

    ME HA SIDO DE MUCHA AYUDA, GRACIAS POR COMPARTIR ESTOS RESUMENES.

  5. ente
    16 julio, 2012

    Entre un buen profesor de filosofía y su alumno con suerte se da especie de comunicación mística que puede durar años. Es increíble.

    Imaginaba que esto podía ocurrir con la profesora de literatura.

    • Eugenio Sánchez Bravo
      17 julio, 2012

      También las ciencias despiertan relaciones que duran años. es sólo el amor al conocimiento. Siento lo del fuego.

  6. ente
    17 julio, 2012

    Pero nos gusta Phillip K. Dick, un filósofo en un mundo donde la ciencia releva o aparta a la filosofía, esto ocurre en la realidad y en la ficción, o en la única: la “resfictio”.
    Antes de muchas cosas, el filósofo parecía la unión entre ciencia y pensamiento.
    Dejo estas ideas para cuando tenga cobertura.

  7. ente
    25 julio, 2012

    ¿Está interesado en la ciencia? ¿Buscamos significados por ahí?
    Saludos.

  8. Anónimo
    7 noviembre, 2012

    Me ayudo demasiado, muchas gracias

  9. itma
    21 enero, 2013

    Que problema plantea de entrada el libro II?

    • Eugenio Sánchez Bravo
      21 enero, 2013

      Lo más importante del libro II es que, dada imposibilidad de llegar a un acuerdo sobre si el hombre justo es más o menos feliz que el injusto, Sócrates toma la decisión sigiuente: para distinguir si la vida justa es mejor o no que la injusta no debemos leer en la letra pequeña de los individuos sino investigarlo en algo mucho mayor como el Estado. Una vez que sepamos cómo es la justicia en el Estado aplicaremos lo aprendido a los individuos.

  10. Anónimo
    2 diciembre, 2013

    Señor Eugenio hasta antes de leer este resumen del libro ii no tenia una idea muy bien enfocada hacia el contenido pero ahora ya se de lo que trata. Gracias seguro con esto apruebo el examen.

  11. Lucho
    23 febrero, 2014

    Me dolió que al pedagogo se le incluya en la lista de los que aparecen en el Estado lujoso.

  12. Ignacio
    4 abril, 2014

    Muy bueno su sitio, Profesor. Es un gran aporte para todos los amamos la filosofía.

    Muchas gracias y saludos.

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Esta entrada fue publicada en 30 noviembre, 2009 por en Platón, República, Textos clásicos de Filosofía y etiquetada con , , , , , , .

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