Cine

Cronenberg: Cosmopolis (2012)

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Rothko, detalle

Brillante adaptación de David Cronenberg de la extraordinaria novela homónima de Don DeLillo. Cronenberg realiza un trabajo magnífico en el guión y en la dirección. Selecciona el material más adecuado al medio e inventa un final propio. Además recrea esa capacidad única de DeLillo para moldear el tiempo: ralentizarlo, detenerlo, acelerarlo…

El aspecto filosófico más relevante de la novela, también presente en la película, incluye la versión resumida de las teorías de Baudrillard acerca del cibercapital. En el interior de una limusina blanca que parece ingrávida e inmutable como una Idea platónica conversan el protagonista, un tiburón de las finanzas, y su asesora filosófica. El diálogo recuerda algunos párrafos inolvidables de La transparencia del mal.

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Decía Baudrillard:

No hay duda de que si el capital se hubiera desarrollado de acuerdo con su propia lógica contradictoria, habría sido derrotado por el proletariado. El análisis de Marx sigue siendo idealmente irreprochable, sólo que no había previsto la posibilidad para el capital —ante esta amenaza inminente— de, en cierto modo, transpolitizarse, de ponerse en órbita más allá de las relaciones de producción y de las contradicciones políticas, de autonomizarse en una forma flotante, extática y aleatoria, y de totalizar así el mundo a su imagen. El capital (pero ¿podemos seguir llamándole así?) establece el estancamiento de la economía política y de la ley del valor: así es como consiguió escapar a su propio fin. A partir de ese momento, funciona más allá de sus propias finalidades y de una manera completamente desprovista de referencias. El acontecimiento inaugural de esta mutación es, sin duda, la crisis de 1929.

Baudrillard: La transparencia del mal, p. 16.

Claro que hubo una crisis en 1929, y la explosión de Hiroshima, y por tanto un momento de verdad del crac y del clash, pero ni el capital ha ido de crisis en crisis cada vez más graves (como pretendía Marx), ni la guerra ha ido de clash en clash. El acontecimiento se ha producido una sola vez, y basta. El resto es otra cosa: la hiperrealización del gran capital financiero, la hiperrealización de los medios de destrucción, ambas orbitalizadas por encima de nuestras cabezas en unos vectores que se nos escapan, pero que al mismo tiempo escapan a la propia realidad: hiperrealizada la guerra, hiperrealizada la moneda, ambas circulan en un espacio inaccesible, pero que al mismo tiempo deja al mundo tal cual es. Al fin y al cabo, las economías siguen produciendo, cuando la menor consecuencia lógica de las fluctuaciones de la economía ficticia tendría que haber bastado para aniquilarlas (no olvidemos que el volumen de los intercambios comerciales es hoy cuarenta y cinco veces menos importantes que el del movimiento de capitales). El mundo sigue existiendo, cuando la milésima parte de la potencia nuclear disponible tendría que haber bastado para abolirlo. El Tercer Mundo y el otro sobreviven, cuando la menor veleidad de intervenir la deuda bastaría para detener todos los intercambios. Por otra parte, también la deuda comienza a su vez a situarse en órbita, comienza a circular de un banco a otro, de un país a otro, revendiéndose; así es como se acabará por olvidarla, poniéndola en órbita como los detritus atómicos y tantas cosas más. Maravillosa esta deuda que gira, estos capitales ausentes que circulan, esta riqueza negativa que, sin duda, algún día cotizará también en Bolsa.

ibid, pp. 32-33

Baudrillard tiene razón en que pretendimos olvidar la deuda pasándola de banco en banco hasta colocarla en órbita, pero ocurrió un imprevisto, la bancarrota total y el consiguiente rescate financiero que ha empobrecido a millones y enriquecido a unos pocos, siguiendo la lógica más elemental de las crisis tal y como Marx las analizó.

El caso es que tanto DeLillo como Cronenberg adaptan la primera frase del Manifiesto Comunista a los tiempos que corren. Más que temer al fantasma del comunismo debemos cuidarnos del espectro del capitalismo.

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Pero cuál es la amenaza que DeLillo observa tras el espectro del capital, cuál es el peligro ante el que la mayoría reacciona con inútiles manifestaciones y protestas que forman parte de la dialéctica propia de  la sociedad del mercado. El peligro, según DeLillo, es que el futuro se está comiendo vivo al presente como si la escena fuese la antítesis del Saturno devorando a sus hijos de Goya. En la Bolsa, en el Mercado, todo está dominado por el futuro. El dinero ha creado una forma del tiempo que excluye la vida del presente. No hay otra solución para este problema que una catástrofe total.

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Desgraciadamente, a pesar del ansia obscena con que deseamos esa catástrofe (véase el imaginario cinematográfico estilo 2012, The Road y etc.) la realidad es que el cibercapital corre ya como la sangre por nuestras venas. En el futuro seremos meras corrientes de información interconectadas. Parece, sin embargo, que los efectos políticos de esta, nuestra nueva naturaleza, están aún por llegar.

Otro de los temas en los que las teorías de Baudrillard están presentes en la novela y la película es la relación entre arte y cibercapital. Un ejemplo maravilloso de ello es Rothko. El místico que quiso  pintar a Dios y se convirtió sin quererlo en un becerro de oro. Quizás Rothko guste tanto a los especuladores porque no existe diferencia alguna entre Dios y el capital, ambos son mera abstracción sin referente.

Por tanto, actualmente existen dos mercados del arte. Uno de ellos sigue regulándose a partir de una jerarquía de valores, aunque éstos sean ya especulativos. El otro está hecho a imagen de los capitales flotantes e incontrolables del mercado financiero; es una especulación pura, una movilidad total que, diríase, no tiene otra justificación que la de desafiar precisamente la ley del valor. Este mercado del arte tiene mucho de poker o de potlatch, de space-opera en el hiperespacio del valor. ¿Debemos escandalizarnos? No tiene nada de inmoral. De la misma manera que el arte actual está más allá de lo bello y de lo feo, también el mercado está más allá del bien y del mal.

ibid, p. 24.

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Rothko, detalle

Aquí tienes la escena completa de la conversación de la conversación entre Eric y Vija Kinski que he comentado en esta entrada.

– We want to think about the art of money-making. The greeks have a word for it. Chrimatistikos. But we have to give the word a little leeway. Adapt it to the current situation. Because money has taken a turn. All wealth has become wealth for its own sake. There’s no other kind of enormous wealth. Money has lost its narrative quality, the way painting did once upon a time. Money is talking to itself. I want this car, which I love. The glow of the screens. I love the screens. The glow of cyber-capital. So radiant and seductive.I understand none of this. Does it ever stop? Does it slow down? Of course not. Why should it? It’s fantastic. But you know how shameless I am in the presence of anything that calls itself an idea. The idea is time. Living in the future. Look at those numbers running. Money makes time. It used to be the other way around. Clock time accelerated the rise of the capitalism. People stopped thinking about eternity and began to concentrate on hours. Measurable hours, man hours, using labor more efficiently. It’s cyber-capital that created the future. What is the measurement called a nanosecond?
– Ten to the minus nine power
– What?
– One billionth of a second.
– I understand none of it. But it tells me how rigorous we need to be in order to take adequate measure of the world around us.
– There are zeptoseconds.
– Good, I’m glad.
– Yoctoseconds. One septilionth of a second.
– Because time is a corporate asset now. It belongs to the free market system. The present is harder to find.It is being sucked out of the world to make way for the future of uncontrolled markets and huge investment potentials.The future becomes insistent.This is why something will happen soon. Maybe today.To correct the acceleration of time and bring nature back to normal, more or less. You have to understand.The more visionary the idea, the more people it leaves behind. This is what the protest is all about. Visions of technology and wealth, the force of the cyber-capital that will send people to the gutter to retch and die. What is the flaw of human rationality?
– What?
– It pretends not to see the horror and death at the end of the scheme it builds. This is a protest against the future. They want to hold off the future. They want to normalize it, keep it from overwhelming the present. The future is always a wholeness, a sameness, we’re all tall and happy there. This is why the future fails. It can never be the cruel happy place we want to make it. What would happen if they’d knew the head of Packer Capital was in the car? We know what the anarchist have always said.
– Yes.
– Tell me.
– The urge to destroy is a creative urge.
– This is also a hallmark of capitalist thought. Enforced destruction. Old industries have to be harshly eliminated. New markets have to be forcibly claimed and old markets have to be re-exploited. Destroy the past. Make the future. This is the thing about genius. Genius alters the terms of its habitat. Technology is crucial the civilization, why? Because it helps us to make our fate. We don’t need God, or miracles or flight of the bumblebee but it is also crouched and undecidable. It can go either way.
– You’ve been talking about the future being impatient, pressing upon us.
– That was theory. I am your chief of theory, I deal in theory.

Ficha técnica.

Cartel de Cosmópolis.

Cartel de Cosmópolis.

Dirección: David Cronenberg

Producción: Paulo Branco, Renee Tab, David Cronenberg, Martin Katz,

Guión: David Cronenberg (Basada en Cosmopolis, novela de Don DeLillo)

Intérpretes: Robert Pattinson (Eric Packer), Jay Baruchel (Shiner, asesor informático), Paul Giamatti (Benno Levin, asesino), Kevin Durand (Torval, guardaespaldas), Juliette Binoche (Didi Fancher, asesora artística), Samantha Morton (Vija Kinsky, Chief of Theory), Sarah Gadon (Elise Shifrin, la esposa de Erick), Mathieu Amalric (André Petrescu, The Pastry Assassin), K’naan (Brutha Fez, rapero), Emily Hampshire (Jane Melman, asesora financiera), Patricia McKenzie (Kendra Hays, esposa de Torval y amante de Eric)

Música: Howard Shore

Estudios: Alfama Films, Kinology, Prospero Pictures, Toronto Antenna

Distribución: eOne Films

Fechas de estreno: 25 de mayo de 2012 (Cannes), 8 de junio de 2012 (Canada), 7 de agosto de 2012 (Estados Unidos)

Duración: 109 minutos

Países: Francia, Canadá, Portugal, Italia

Idioma: Inglés

3 replies »

  1. Estupendo. A mí me gustó este largo y le dediqué un articulito cuando lo visioné. Tardé tiempo en digerir las ideas; anunciar este efecto (que sacaremos ideas después de verla, incluso un mes más tarde) es un deber, algo fantástico que anima a seguir adelante con esto de las ideas en esta carga que es la vida. Un tiempo después de hacer mi crítica me di cuenta del necio que es el crítico amargado en algunas ocasiones, pero esto es vivir, todo tiene que ser destruido para que todo se vuelva a construir, incluso nuestras opiniones. La primera vez me resultó pesada la monotonía del coche, hoy acepto la propuesta y no valdría de otra forma para mí.
    Saludos.

  2. Por cierto, Samantha Morton es la misma chica de las premoniciones en Minority Report (2002). El ángulo especial que toma la cámara hace que todas las líneas converjan en el centro; también las ideas salen de ella, en el medio del encuadre.

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