Diario de lecturas

Don DeLillo: Cosmópolis (2003)

Don DeLillo: Cosmópolis. Miguel Martínez-Lage (tr.) Barcelona: Seix-Barral, 2003. 

Esta es la novela de Don DeLillo que inspiró la película homónima de Cronenberg estrenada en 2012. Ambas son fascinantes en el modo en que analizan cómo el viejo capital industrial se ha transformado en el impredecible cibercapital. Este disuelve lo real en un mundo virtual de ceros y unos, convierte lo más sagrado del arte en vulgar mercancía, sustituye el presente por un futuro que nos anula.

Eric, tiburón de las finanzas, se desplaza por las calles de Nueva York en su limusina blanca, “una réplica platónica,” ingrávida a pesar de su tamaño. Su viaje es una alegoría de la naturaleza autodestructiva del cibercapital. DeLillo invierte el sentido de la primera frase del Manifiesto Comunista. Donde Marx amenazaba con el fantasma del comunismo salvador, en Cosmópolis se lee que “un espectro recorre el mundo… el espectro del capitalismo”

A lo largo del trayecto Eric conversa con sus diferentes asesores ofreciendo una perspectiva múltiple del triunfo del cibercapital. Con Didi Fancher, consultora artística, deja claro que no quiere un Rothko sino la capilla Rothko completa. Rothko, el pintor de lo sagrado por antonomasia, no es más que mercancía. Tal y como dice Marx en el Manifiesto, “todo lo santo es profanado”.

 
Exterior de la capilla Rothko en Houston, Texas. Espacio
octogonal decorado con catorce de sus pinturas.

Esta es la sugerente conversación que ambos mantienen:

— Hay un Rothko, propiedad privada, del que tengo conocimiento privilegiado. Está a punto de resultar disponible.
―Y tú lo has visto.
— Hace tres o cuatro años, sí. Es luminoso.
—¿Y la capilla?
—¿Qué pasa con la capilla?
— He estado pensando en la capilla.
—No puedes comprar la maldita capilla.
—¿Cómo lo sabes? Contacta con los directores.
— Creí que te iba a entusiasmar lo del cuadro. Y que cuadro. Tú no tienes un Rothko importante. Siempre habías querido uno. Es algo de lo que hemos hablado.
—¿Cuántos cuadros hay en su capilla?
—No lo sé. Catorce o quince.
— Si me venden la capilla, la mantendré intacta. Díselo.
—¿Intacta? ¿Dónde?
— En mi vivienda. Hay espacio suficiente. Puedo disponer de más espacio.
— Pero tendrá que estar abierta a las visitas.
— Para eso tendrán que comprarla. A ver si mejoran mi oferta.
— Perdona que te lo diga de un modo bien jodido, pero la Capilla de Rothko es propiedad del mundo entero.
— Si la compro yo, es de mi propiedad. (p. 23)

Vija Kinski es su asesora de ideas, su asesora filosófica. En su conversación con Eric, la más extensa y profunda, Kinski se hace eco de las teorías de Baudrillard acerca del capital. Lo resume con pocas palabras: “El dinero ha perdido sus cualidades narrativas, tal como le sucediera a la pintura hace ya tiempo. El dinero habla sólo para sí mismo.”

El flujo interminable de datos financieros se ha distanciado por completo de la vida diaria. El cibercapital exige una continua destrucción del presente en favor de un futuro que trata a sus víctimas como detritus. El defecto de la racionalidad humana es que “finge no ver el horror y la muerte” que implican los planes que idea.

La gente común vive sometida a un futuro incierto. Les han robado el presente. Y, por desgracia, sus protestas y manifestaciones no son sino una “una fantasía generada por el mercado. No existen fuera del mercado. A ningún sitio podrían ir si se empeñaran en quedar fuera. No existe ese afuera.”

Una última cuestión de la conversación con Kinski: los ordenadores o computadoras ya son objetos del pasado, la información termina fundiéndose en la “textura de la vida cotidiana”. Es nuestra época de smartphones, tablets

Eric, tras haber perdido todo su capital en una inversión segura, llega al final de su viaje, Benno Levin, alguien tan insignificante como la próstata asimétrica del protagonista o los caprichos del mercado financiero. La lección de DeLillo es que, a pesar de toda la sádica precisión de los números, estos son insuficientes para controlar el mundo. El caos y la locura abren grietas invisibles en la realidad. Benno Levin, el desequilibrado asesino, le dice a Eric:

Tienes que morir por cómo piensas, por cómo actúas. Por tu vivienda, por lo que has pagado por ella. Por tus chequeos médicos diarios. Bastaría con eso. Chequeos médicos diarios. Por lo mucho que tenías y lo mucho que has perdido, tanto da. Tanto por perderlo como por amasarlo. Por la limusina que desplaza el aire que la gente necesita para respirar en Bangladesh. Bastaría con eso. (pp. 154 y ss.)

Una lectura obligada.

4 replies »

  1. Siempre aprendo contigo. Gracias.
    Animo a cualquiera a ver la película con calma y atención.
    Este es uno de los libros que quiero leer en inglés el próximo año. ¿La película te pareció fiel al libro?
    Gracias.

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