Leyes

Platón: Las leyes, libro III

Platón: Las leyes, libro III, Aldo Manucio, Venecia, 1513 (http://interclassica.um.es/biblioteca_digital_seneca/siglo_xvi/omnia_platonis_opera)

Platón: Las leyes, libro III, Aldo Manucio, Venecia, 1513 (http://interclassica.um.es/biblioteca_digital_seneca/siglo_xvi/omnia_platonis_opera)

Platón dedica el comienzo del libro III de Las Leyes a examinar las causas del cambio social y, principalmente, de la decadencia de los sistemas políticos. El tiempo que ha transcurrido desde que hay “ciudadades y hombres” es inconmensurable, infinito. Durante ese tiempo miles de ciudades se han creado y también miles han desaparecido. Una de las causas habituales de su aniquilación son los cataclismos como terremotos, diluvios o volcanes. Tras un desastre natural lo normal es que algunos sobrevivan y reinicien el camino de la civilización. Este principio tiene para Platón las características de una sociedad ideal ya que la sociabilidad natural del hombre y la abundancia de recursos favorecen la armonía y la paz. El tono del discurso platónico es, en este caso, rousseaniano: el hombre en estado de naturaleza es bueno y es la sociedad la que lo pervierte, especialmente, la medicina, los procesos judiciales y las artes de la guerra, característicos de lo que llamamos progreso social. En ese tiempo la forma de organización política es la que Platón llama señorío, propia de los cíclopes, y que Homero describe así:

No tienen asambleas para tomar decisiones ni leyes

sino que viven en las cumbres de altas montañas

en huecas grutas, cada uno da las leyes

a sus hijos y mujeres y no se preocupan unos de otros. 680b

Poco a poco esta forma social caracterizada por el aislamiento y fundada en la familia evoluciona hacia formas más complejas hasta surgir la más justa de las monarquías, aquella regida por los ancianos. Sin embargo, es propio de los órdenes políticos corromperse, pues los legisladores tienen como virtudes principales la valentía y la pericia en el arte de la guerra y no la inteligencia y la templanza.

Platón realiza un repaso de las guerras médicas para investigar cuáles fueron en cada caso las causas de las derrotas de persas y griegos y poder evitar los errores de ambos en la propuesta de un Estado ideal. Existen, afirma el Ateniense, dos madres de todos los sistemas políticos: la monarquía, típica de los persas, y la democracia, característica de Atenas. Cualquier orden político correcto participa equilibradamente de ambas. Así, el cretense y el lacedemonio. Sin embargo, atenienses y persas caen con frecuencia hacia los extremos: los persas hacia la tiranía y los atenienses hacia la demagogia populista.

El emperador persa en 300

El examen de la evolución de la monarquía persa da ocasión a Platón para introducir una reflexión sobre en qué consiste una mala educación de los futuros gobernantes. Ciro, por ejemplo, fue un gran general pero dejó la educación de sus herederos en manos de mujeres, lo que supuso su perdición. Un toque, por tanto, de misoginia griega:

At.- Parece que se pasó la vida en campaña desde joven y dejó a las mujeres la educación de los niños. Estas los criaron como si hubieran obtenido la felicidad directamente desde la infancia y ya hubieran sido bienaventurados a los que no les hacía falta nada para llegar a ese estado. Como prohibían que nadie se les opusiera como si fueran personas que contaban suficientemente con el favor de los dioses y obligaban a que todos alabaran lo que decían o hacían, los educaron de tal calaña.

Cl.- Has mencionado, así parece, una bella crianza.

At.- Femenina más bien, de mujeres reinas que se hanhecho ricas hace poco y que, faltas de hombres porque estaban ocupados por los muchos peligros de las guerras, crían a los niños. 694d-e

El heredero de Ciro, Cambises, echó a perder el imperio pues al someter al pueblo a una esclavitud total ya no tuvo el apoyo fiel de sus ejércitos. Fue Darío quien lo restauró y pudo hacerlo porque no era hijo de rey y, por tanto, no había recibido la mala educación de los herederos.

La causa de la corrupción de la monarquía es la vida corrupta y licenciosa que llevan los hijos de los excesivamente ricos y los tiranos. Este es uno de los motivos por los que los legisladores deben premiar siempre y, ante todo, la templanza. Se deben otorgar honores y premios con mucha más razón a los bienes del alma que a los del cuerpo o a las riquezas.

La causa de la corrupción de la democracia es el exceso de libertad. El pueblo ateniense, en su origen, no fue amo y señor sino esclavo de las leyes por su propia voluntad. Un ejemplo de esta obediencia ideal del pueblo fue la regulación de la música. La decadencia de Atenas comenzó cuando la multitud ignorante se creyó con el derecho de legislar sobre aquello que no entendía. Un buen ejemplo es la música:

La multitud de los ciudadanos quería que se la gobernara en estos asuntos con ese orden y no osaba juzgar por medio del tumulto. Más tarde, cuando pasó el tiempo los poetas, aunque naturalmente dotados para la poesía, se convirtieron en los iniciadores de la ilegalidad contra el arte. Ignorantes de la justicia y la legalidad de la Musa, en éxtasis y presas del placer más de lo debido, mezclaron trenos con himnos, peanes con ditirambos e imitaron las canciones para flautas con las que eran para cítara, uniendo todo con todo, porque sin querer, por necedad musical, pretendieron falsamente que la música no tiene ningún tipo de corrección, sino que la forma más correcta de juzgar es el placer del que la goza sea éste alguien mejor o peor. Al hacer composiciones de este jaez y proclamar al mismo tiempo teorías por el estilo, instauraron en la plebe la ilegalidad respecto de la música y la osadía de creerse capaces de juzgar. De donde los teatros de silenciosos se volvieron clamorosos, como si conocieran lo bello y lo que no lo es en las artes y una teatrocracia malvada suplantó en la música a la aristocracia. 700d-e

Este libertinaje o desvergüenza respecto de la música se extendió después a la autoridad de magistrados, padres, ancianos, juramentos, rituales religiosos… y la democracia terminó por corromperse totalmente.

La propuesta de Platón es la mesura o término medio (concepto que no es original de Aristóteles, sino de Platón) entre el principio monárquico y el democrático.

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