Platón

Platón: República, libro IV

Alcibíades llega borracho al banquete. Pietro Testa, 1648. Musée du Louvre, París (http://ficus.pntic.mec.es/~wque0012/filantigua/platon/05_imagenes.htm)

El tema más conocido del libro IV es la división que hace Platón de las partes del alma. Además, Sócrates termina de proponer las normas que deben regir la vida de los guardianes en la ciudad ideal.

El libro IV comienza con una objeción de Adimanto que se repetirá en términos parecidos en el libro VII: al obligar a los gobernantes a prescindir de cualquier tipo de propiedad privada parece que queramos hacer de ellos los más infelices. Sócrates le responde que el objetivo de fundar el Estado no es que una sola clase sea feliz sino que lo sea el conjunto de la sociedad. Cada clase social tiene su función y la de los gobernantes es la principal. Es necesario evitar por todos los medios que se corrompan pues si eso sucede en el Estado reinará la peor de las injusticias. Por eso hay que alejarlos de las riquezas.

Sobre la riqueza y la pobreza el razonamiento de Sócrates es el siguiente: no debe haber en el Estado sano ni ciudadanos muy ricos, pues dejarán de trabajar, ni muy pobres, pues no podrán fabricar o producir adecuadamente. La riqueza y la pobreza han de mantenerse fuera del Estado. Adimanto le pregunta a Sócrates si un Estado que no ha acumulado riquezas será capaz de defenderse de los ataques de otros Estados. Sócrates responde que sus guardianes son los mejor preparados para la guerra. Además, a los demás Estados ni siquiera se les puede dar ese nombre pues les falta unidad. Son dos: el Estado de los pobres y el de los ricos. Siempre se puede pactar con los pobres para que despojen a los ricos pues en el Estado sano no se necesita oro ni plata. “Piensas que quienes escucharan esto elegirían combatir contra perros firmes y flacos antes que junto a los perros contra corderos tiernos y gordos?” 422e  Los guardianes deben procurar siempre que el Estado sano no crezca más allá de sus límites para que sea siempre uno y autosuficiente.

Otra de las tareas que tienen los guardianes es que si uno de sus hijos no resulta capaz para la clase en que ha nacido debe ser relegado a una clase inferior. Y si de otros nace uno superior será entregado a los guardianes. Pero aun siendo esta una tarea dura no será tan difícil como su educación y esto significa mantener intactas la gimnasia y la música ya previstas. Si estas se mantienen, el orden se instalará en las almas de los niños y las pequeñas cosas saldrán con naturalidad: callar frente a los ancianos, cederles el asiento, el cuidado de su cuerpo…

¿Deben los guardianes legislar sobre los asuntos que se tratan en el ágora, cuestiones judiciales tales como asaltos, injurias, derechos de compra, vigilancia de las calles…? No en un Estado sano: la gente bien formada descubrirá con naturalidad la solución a tales asuntos. Sin embargo, hay Estados enfermos que creen que van a alcanzar la perfección legislándolo todo. Son como esos enfermos que toman más y más medicamentos pero no son capaces de renunciar al tipo de vida que está en el origen de su enfermedad. Legislando sobre minucias no se consigue un mejor Estado pues es como intentar cortar las cabezas de la Hidra.

Por último se plantea qué tipo de religión tendrá este nuevo Estado. Sócrates, en este caso, asume el criterio del “exégeta de Atenas” que es lo mismo que admitir a Apolo como divinidad suprema.

Una vez establecidas todas las normas para la fundación del Estado, Sócrates recuerda a Glaucón y Adimanto, el plan original esbozado en el libro II, ahora “columbremos dónde existe la justicia y dónde la injusticia, y en qué se diferencia una de otra, y cuál de las dos debe adquirir el que haya de ser feliz” (427d) El Estado sano es por completo bueno y esto significa que es sabio, valiente, moderado y justo. Si queremos averiguar lo que es la justicia debemos aclarar primero que significan las otras tres virtudes. El Estado posee sabiduría gracias al conocimiento de la élite de los guardianes perfectos. Habrá valentía en el Estado si una parte de él es capaz de conservar la opinión correcta acerca de qué cosas son temibles y cuáles no, independientemente de los placeres, los dolores o el paso del tiempo, cosas todas que puedan afectar a esas creencias. Es decir, el guerrero habrá de mantener siempre, sean cuales sean las circunstancias, la convicción de que la muerte no entra dentro de las cosas temibles. Y, por último, se dirá que hay moderación en el Estado del mismo modo en que se habla del individuo: si alguien moderado es aquel en el que lo racional domina lo apetitivo entonces un Estado moderado es aquel en el que la parte racional, la élite de los guardianes, se impone sobre los apetitos que habitan en la multitud de gente mediocre. Obsérvese que la sabiduría y la valentía pertenecen a una clase del Estado mientras que la moderación se extiende sobre todo el cuerpo social, es una armonía entre lo peor y lo mejor en cuanto a quién debe gobernar. Aclaradas la sabiduría, la valentía y la moderación ¿qué es la justicia? Y Sócrates dice que no la han visto porque la han tenido todo el tiempo justo delante. Justicia es que cada uno dentro del Estado cumpla su función lo mejor posible. Injusticia es la dispersión y el intercambio de tareas dentro del Estado.

Apliquemos ahora al individuo lo dicho sobre el Estado. En primer lugar, Sócrates demuestra que existen tres partes del alma: la racional, la fogosa y la apetitiva. La demostración es simple: una sola cosa (el alma) no puede querer cosas contradictorias. La lujuria corresponde a la parte apetitiva y la sed de violencia a la parte fogosa pero la renuncia a ellas no puede atribuirse a la misma parte del alma sino a otra, la racional. Así, la justicia en el individuo consistirá en que cada parte del alma haga lo suyo. “Al raciocionio corresponde mandar y a la fogosidad ser servidor y aliado de aquel.” (421e) Y estas dos partes del alma gobernarán sobre lo apetitivo, siempre ávido de placeres y riquezas. Funcionando de este modo el alma desprenderá una armonía musical. La injusticia, al contrario, consistirá  en la sublevación de una de las partes contra el conjunto del alma, reinando la violencia o inmoderación.

La salud y la belleza son consecuencia de obrar con justicia. La enfermedad y la fealdad, fruto de la injusticia. Es, por tanto, más ventajoso obrar con justicia pues sería absurdo decir que lo mejor para el cuerpo es corromperlo con todo tipo de placeres.

Una vez llegados a este punto Sócrates propone investigar cuántos tipos de corrupción del Estado pueden darse. Sólo uno, el descrito hasta ahora, es el gobierno perfecto. Puede llamarse “monarquía” o “aristocracia”. Hay además otros cuatro modos corruptos de gobierno y de funcionamiento del alma.

Cuestionario.

  1. ¿Crees que la armonía en el alma surge del dominio de la parte racional?
  2. La obediencia de la parte fogosa se asienta en la ignorancia del miedo a la muerte. ¿Qué te parece que el equilibrio del alma tenga su fundamento en la mentira?
  3. La asimilación de justicia y armonía musical es una bella metáfora de inspiración pitagórica. ¿Qué opinas de ella? ¿Qué diría Platón si escuchase algo de música contemporánea?

Textos para comentar.

1. La riqueza y la pobreza

Pues la riqueza y la pobreza, ya que una produce el libertinaje, la pereza y el afán de novedades, mientras la otra genera el servilismo y la vileza, además del afán de cambios. (422a)

2. Es absurdo querer legislar sobre todos los asuntos…

Pues entonces no te enojes con tal tipo de gente, ya que es la más encantadora de toda, en cuanto legislan sobre minucias como las que hemos descrito hace un momento y las corrigen continuamente, en la creencia de que puede hallarse un límite a los fraudes que se cometen en los contratos y en las demás cosas que he mencionado; sin advertir que, de hecho, es como si se cortaran las cabezas de la Hidra (426e)

3. El camino del guerrero.

— Suponte entonces que algo semejante hacemos en lo posible también nosotros, cuando hemos seleccionado a los militares y los hemos educado por medio de 430a la música y de la gimnasia. Piensa que no tenemos otro propósito que el de que adquieran lo mejor posible, al seguir nuestras leyes, una especie de tintura que sea para ellos —gracias a haber recibido la naturaleza y crianza apropiadas— una opinión indeleble acerca de lo que hay que temer y de las demás cosas; de manera tal que esa tintura resista a aquellas lejías que podrían borrarla: por ejemplo, el placer, que es más poderoso b para lograrlo que cualquier soda calestrana; o bien el dolor, el miedo y el deseo, que pueden más que cualquier otro jabón Pues bien, al poder de conservación —en toda circunstancia— de la opinión correcta y legítima lo considero ‘valentía’, y así lo denomino, si no lo objetas.

4. Justicia e injusticia.

— En tal caso, la dispersión de las tres clases existentes en múltiples tareas y el intercambio de una por la otra es la mayor injuria contra el Estado y lo más correcto sería considerarlo como la mayor villanía.
—Así es.
—Y la peor villanía contra el propio Estado, ¿no dirás que es ‘injusticia’?
— Claro.
—Por consiguiente, la injusticia es eso. A la inversa, convengamos en que la realización de la propia labor por parte de la clase de los negociantes, de los auxiliares y de los guardianes, de modo tal que cada uno haga lo suyo en el Estado —al contrario de lo antes descrito—, es la justicia, que convierte en justo al Estado.

5. Justicia: armonía musical.

—Y al raciocinio corresponde mandar, por ser sabio y tener a su cuidado el alma entera, y a la fogosidad le corresponde ser servidor y aliado de aquél.
—Ciertamente.
—¿Y no será, como decíamos, una combinación de música y gimnasia lo que las hará concordar, poniendo a una en tensión y alimentándola con palabras y enseñanzas bellas, y, en cambio, relajando y apaciguando 442a  la otra, aquietándola por medio de la armonía y del ritmo?
—Claro que sí.
— Y estas dos especies, criadas de ese modo y tras haber aprendido lo suyo y haber sido educadas verdaderamente, gobernarán sobre lo apetitivo, que es lo que más abunda en cada alma y que es, por su naturaleza, insaciablemente ávido de riquezas. Y debe vigilarse esta especie apetitiva, para que no suceda que, por colmarse de los denominados placeres relativos al cuerpo, crezca y se fortalezca, dejando de hacer lo suyo e intentando, antes bien, esclavizar y gobernar aquellas cosas que no corresponden a su clase y trastorne por completo la vida de todos. (442a)

Tal hombre ha de disponer bien lo que es suyo propio, en sentido estricto, y se autogobernará, poniéndose en orden a sí mismo con amor y armonizando sus tres especies simplemente como los tres términos de la escala musical: el más bajo, el más alto y el medio. e Y si llega a haber otros términos intermedios, los unirá a todos; y se generará así, a partir de la multiplicidad, la unidad absoluta, moderada y armónica. Quien obre en tales condiciones, ya sea en la adquisición de riquezas o en el cuidado del cuerpo, ya en los asuntos del Estado o en las transacciones privadas, en todos estos casos tendrá por justa y bella —y así la denominará—la acción que preserve este estado de alma y coadyuve a su producción, y por sabia la ciencia que supervise dicha acción. Por el contrario, considerará injusta la acción 444a  que disuelva dicho estado anímico y llamará ‘ignorante’ a la opinión que la haya presidido. (444a)

Bibliografía

Platón: Diálogos IV. República. Eggers Lan, C. (trad.)  Madrid: Editorial Gredos, 1986.

11 replies »

  1. Ha sido un placer leer las reseñas de todos los libros pertenecientes a “La república” de Platón.
    Gracias.
    Un saludo

  2. gracias hombre , me remito a libros y me remito a sus interpretaciones.MUY BIEN POR ENSEÑAR SU CONOCIMIENTO , Y MANTENER OCUPADO EN SU SABIDURIA.

    ( A través de las ocupaciones se pasa la vida. )

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