Diario de lecturas

Éditions Ivrea y Éditions de L’Encyclopédie des Nuisances: George Orwell ante sus calumniadores (1997)

Éditions Ivrea y Éditions de L’Encyclopédie des Nuisances: George Orwell devant ses calumniateurs. [George Orwell ante sus calumniadores. Javier Rodríguez Hidalgo (prol. y tr.). Madrid: Ediciones El Salmón & DDT Banaketak, 2014.]

La cuestión es sencilla. La izquierda más ortodoxa ha dado siempre muestras de un especial resentimiento hacia la figura de George Orwell por sus críticas devastadoras al totalitarismo estalinista en Rebelión en la granja y 1984. Para defender la causa justa del proletariado o, simplemente por rencor y afán de revancha, la propaganda de izquierda no ha dudado en recurrir a una estrategia política algo rastrera como es el argumento ad hominemLa figura de Orwell ha sido sometida a un escrutinio infame que nos ha dejado perlas como que le gustaban gordas, que era homófobo, masoquista y quizás incluso antisemita.

Sin embargo, en julio de 1996 The Guardian publicó en su portada la noticia de que Orwell había facilitado a los servicios de inteligencia británicos una lista con nombres de intelectuales “criptocomunistas”. Estalinistas de nueva hornada vieron por fin la oportunidad de enturbiar definitivamente la reputación del escritor. A partir del artículo de The Guardian surgieron editoriales y libros en los que se dibujaba a Orwell como un vulgar soplón al servicio de su majestad.

Los editores franceses de Orwell intentaron en 1997 restituir la dignidad del autor desmontando las falsedades del artículo de The Guardian. El titular, afirmaban, era puro sensacionalismo. Orwell no era un delator. En realidad, simplemente le había dado una lista de 38 nombres a una amiga íntima que trabajaba para una rama secreta del Foreign Office. Su intención no era iniciar una caza de brujas, sino señalar a aquellos intelectuales o activistas que simpatizaban con el comunismo y no iban a luchar contra él.

Este tipo de defensa intenta recurrir a los hechos, a lo obvio, a la verdad, para separar el bien del mal, a los justos de los injustos. Dicen los autores que, a pesar de que vivamos en la época de la falsificación y la simulación, es un deber heroico poner de manifiesto las veces que haga falta la verdad y los hechos. Así es como debe lucharse, por ejemplo, contra los revisionistas que niegan la existencia del Holocausto aprovechando la devaluación de la verdad propia de nuestra tiempo.

Sin embargo, en mi opinión, es el camino equivocado para rescatar a Orwell. No existen los hechos. A partir del artículo de The Guardian seguirán surgiendo rumores, habladurías, tesis doctorales o libros de texto. Así es nuestra época: es imposible detener la proliferación de la nada. Evidentemente, si dejamos a un lado la reputación de Orwell y sacamos a relucir la cuestión del revisionismo histórico y el Holocausto judío parece que tendré que admitir que sí, que existen los hechos y la verdad y que separan a las víctimas de los verdugos. Pero la realidad es que no, que sabemos del genocidio judío porque es pieza clave del relato de los vencedores. Si los aliados no hubiesen ganado la guerra, el Holocausto se habría olvidado como tantas otras matanzas y barbaries a lo largo de la Historia.

No entiendo mi tarea como filósofo el desenterrar hechos puros como pepitas de oro que sientan cátedra sobre la inocencia de unos y la culpabilidad de otros. Al contrario, mi labor es favorecer la multiplicidad y diversidad de relatos. Porque estamos hechos de palabras y cuanta más variedad en los relatos, más diversidad, más vida. No hay más que palabras y el olvido.

Creo que la mejor forma de defender a Orwell es remitir al lector a su obra: a sus novelas y ensayos. Fue un analista político de primer orden. Creo que sólo se equivocó en un detalle: pensó que las sociedades de vigilancia extrema tenían que ir unidas a sistemas totalitarios de corte estalinista. La historia lo ha desmentido. La vigilancia extrema acompaña mucho mejor al totalitarismo blando de las sociedades de consumo. Las sociedades disciplinarias han dado paso a las sociedades de control y estas funcionan mucho mejor con una población a la que se ofrece la ilusión de poder elegir, una libertad simulada y “en diferido”. 🙂

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Gracias a Ediciones El Salmón por reeditar este texto tan interesante y gracias a Álvaro y Cristina, libreros en la espléndida “La Puerta de Tannhäuser“, por haberles traído a Plasencia.

9 replies »

  1. Buena reflexión final: “pensó que las sociedades de vigilancia extrema tenían que ir unidas a sistemas totalitarios de corte estalinista. La historia lo ha desmentido. La vigilancia extrema acompaña mucho mejor al totalitarismo blando de las sociedades de consumo. Las sociedades disciplinarias han dado paso a las sociedades de control y estas funcionan mucho mejor con una población a la que se ofrece la ilusión de poder elegir”.

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    • Hola José Andrés, nada nuevo. Es un post muy foucaultiano en todos los temas que toco. Sobre todo me parece importante no obsesionarse con si Orwell hizo esto o aquello. A un lector serio eso le da igual. Y si se le da una oportunidad a Orwell (Homenaje a Cataluña, por ejemplo) estas pequeñeces de The Guardian dejan de importar.

      Saludos.

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  2. Particularmente, me he llevado alguna pedrada de conocidos de la derecha y de la izquierda. No creo en esas ideologías políticas, creo en las personas. Y Orwell era un autor excelente, con una gran idea (su obra, hoy en día, sigue siendo estupenda).

    Recuerdo que Jack London huyó del comunismo porque es totalitario.

    Uno es muy poca cosa y todo el mundo le quiere gobernar.

    :/

    Ánimo.

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    • Hola ente,

      creo que el “comunismo teórico” tiene intenciones más solidarias que el liberalismo económico pero al llevarlo a la práctica se convierte siempre en totalitarismo.

      Por eso, creo que es gente de izquierda que vive en su burbuja comunista con sus buenas intenciones la que menos comprende a Orwell, la que más resentemiento le tiene.

      Es una pena.

      Un abrazo.

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  3. Buenos días.

    He leído la obra de Orwell, Chesterton y Auden y ahora querría leer sus ensayos. Los ha leído?
    Si es así, qué impresión le han causado y cuál me recomienda?

    Un saludo.

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    • Hola Anónimo, sólo he leído los ensayos de Orwell. Me gustan sus ideas pero en temas políticos cada vez sé menos y menos… Los de Auden y Chesterton parecen más orientados a la teoría literaria. El de Chesterton sobre W. Blake es bastante bueno.

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