Diario de lecturas

H. D. Thoreau: El paraíso -que merece ser- recobrado (1843)

Diseño de la colección: Miguel Sánchez Lindo.

H. D. Thoreau: El paraíso -que merece ser- recobrado. Javier Rodríguez Hidalgo (tr.). Madrid, Ediciones El Salmón, 2016.

Anarquismo, ecologismo y desobediencia civil se entrelazan en el pensamiento de Thoreau. En 1845 el autor de Walden buscó refugio del delirio capitalista y la revolución industrial en una cabaña solitaria junto al lago Walden, cerca de su ciudad natal, Concord. Thoreau cree que la reconciliación con la Naturaleza es el único modo de devolver al individuo la libertad que ha perdido entre el humo de las fábricas. Este es el argumento principal de su libro más conocido, Waldenpublicado en 1854. En 1846 se negó a pagar impuestos en protesta por la esclavitud y la guerra con México por lo que ingresó en prisión. La desobediencia civil es la conferencia en la que explica los principios que legitiman al individuo para rebelarse contra la autoridad de un Estado injusto. Este texto de perenne actualidad y lectura siempre provechosa fue publicado en 1848.

La masa de hombres sirve pues al Estado, no como hombres sino como máquinas, con sus cuerpos…

El paraíso -que merece ser- recobrado es una simple reseña de 1843 en la que Thoreau se encara con la clásica utopía positivista que cifra el bienestar futuro de la humanidad en el progreso científico-tecnológico. A petición de Emerson, Thoreau refuta las ensoñaciones sci-fi que el ingeniero alemán Etzler expone en su libro El paraíso al alcance de todos los Hombres, sin Trabajo, mediante la Energía de la Naturaleza y la Máquina. Según éste la humanidad se liberará muy pronto del trabajo pues tiene a su alcance dominar la energía del viento, las mareas y la luz solar. Thoreau le rebate poniendo el foco sobre dos hechos que el progreso técnico no ha hecho más que agravar con el tiempo. En primer lugar, la era técnica vive tan volcada hacia el futuro que no duda en dejar en la cuneta a generaciones enteras para lograr sus objetivos. En segundo lugar, una vez alcanzadas las comodidades que proporciona la Máquina, la auténtica tarea humana, la reforma interior, la perfección moral, el crecimiento espiritual, no habría siquiera comenzado. El aspecto más triste de una civilización entregada a la técnica es la facilidad con que olvida la superioridad absoluta de la conciencia luminosa del individuo frente a ese paraíso superficial de comodidades y placeres que ofrece la Máquina.

Esta respuesta de Thoreau a la confianza ingenua del positivismo en la solución técnica a todos los problemas de la humanidad influirá en la mística de la Conferencia sobre ética de Wittgenstein y en la figura del emboscado de Jünger.

El collage de la portada de este libro es un ejemplo de cómo cuida Ediciones El Salmón los textos que publica. De todos modos, aunque el contenido es interesante, está muy lejos de la claridad y contundencia de los textos más conocidos de Thoreau que he citado arriba.

8 replies »

  1. No conozco este texto. Le leeré. Por fortuna abundan las nuevas traducciones y ediciones de este autor como la que muestras o las de Errata Naturae. Sobre el mismo tema hay una memorable cita de Walden: “Tenemos prisa en construir un telégrafo magnético entre Maine y Texas; pero puede que Maine y Texas no tengan nada importante que comunicarse o que se encuentren en predicamento semejante al de aquel hombre que, ansioso de ser presentado a una distinguida señora sorda, cuando satisfizo por fin su deseo y le fue puesta en la mano la trompetilla que debió facilitar la comunicación, no supo que decir. Como si lo importante fuera hablar con rapidez y no con sentido común. Deseamos construir un túnel debajo del atlántico para acortar el algunas semanas lo que nos separa del viejo mundo. Pero bien puede ocurrir que la primera noticia que llegue entonces a oídos americanos sea que la princesa Adelaida tiene la tos ferina. Después de todo, el hombre cuyo caballo corre una milla por minuto no siempre es portador del mensaje más importante.” Gracias por tu reseña, Eugenio.

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  2. De “El paraíso perdido” de John Milton me gustó imaginar lo que describía. El “diablo” dando saltos de planeta en planeta, el tamaño del maligno era el del Teide (dice en una ocasión), el cielo rodeado de gigantescas cadenas de oro, las hordas enemigas… El hombre tenía una fantasía “religiosa” increíble (o aquellas eran las ideas populares en su época).

    No sé si este comentario pega mucho aquí, pero ahí lo dejo, aunque desentone.

    :/

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  3. Imagina que a Schopenhauer (1788-1860) y a un campesino de aquella época les mostraran un cuadro cubista (el cubismo apareció en 1907). Sin estar influidos por lo que dictan los libros de arte modernos, ¿qué dirían del cuadro? Es una idea simple, pero creo que la llegada de la fotografía cambió la forma de ganarse el dinero pintando cuadros, sencillo como una amapola.

    🙂 Hasta me hace reír.

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