Arte

Paul Virilio: Unknown Quantity (2003)

Cubierta del catálogo de la exposición 'Unknown Quantity': reconstrucción del Boeing 747 que se estrelló misteriosamente tras despegar el 17 de julio de 1996 causando 230 víctimas mortales.

Cubierta del catálogo de la exposición Unknown Quantity: reconstrucción del Boeing 747 que se estrelló misteriosamente tras despegar el 17 de julio de 1996 causando 230 víctimas mortales.

Paul Virilio: Unknown Quantity. Thames & Hudson: London, 2003.

Unknown Quantity fue una exposición organizada por la Fundación Cartier en la que ejerció como comisario el filósofo Paul Virilio. Tuvo lugar en París de noviembre de 2002 a marzo de 2003. En esta nota de prensa oficial puedes encontrar información detallada sobre el evento.

El catálogo de la misma consiste en un ensayo de Virilio, profusamente ilustrado, en el que se reflexiona sobre el modo en que hemos sido sobrepasados por el progreso técnico. Además, se añaden imágenes de las aportaciones de los artistas seleccionados para la muestra: Dominic Angerame, Tony Oursler, Jem Cohen, Wolfgang Staehle, Cai Guo-Quiang, Bruce Conner, Peter Hutton, Moira Tierney, Cinq colonnes à la une, Aernout Mik, Jonas Mekas, Artavazd A. Pelechian, Andrei Ujica.

En general, es material audiovisual relativamente conocido de pruebas nucleares, terremotos, atentados terroristas, incendios y colapsos económicos. Llaman la atención los montajes A Movie de Bruce Conner (1958), la instalación Middlemen (2001) de Aernout Mik, Nine-Eleven (2001) de Tony Oursler y el tríptico inesperado 2001 de Wolfgang Staehle.

Las tesis de Virilio no son complicadas, aunque en ocasiones el modo de expresarlas pudiera parecerlo. Es una obviedad que a lo largo del siglo XX se consolidaron las expectativas respecto a las posibilidades del progreso científico-tecnológico que habíamos heredado de la Ilustración. Sin embargo, desde finales del s. XX y principios del tercer milenio hemos caído en la cuenta de que el progreso va intrínsecamente unido a la catástrofe. Cuanto mayor es el descubrimiento, mayores los peligros que a los que nos enfrentamos.

La acumulación de tragedias y desastres en los últimos tiempos es de tal calibre que la asociación de “accidente” y “casualidad” ha dejado de ser válida. El accidente ha pasado a convertirse en la sustancia de nuestro modo de vida occidental: una cotidianeidad histérica pero paradójicamente silenciosa. Considérese la naturalidad con la que escuchamos cada fin de semana la cifra de muertos en las carreteras o asumimos la necesidad de una guerra sin fin contra el Terror.

Una tragedia de dimensiones globales se cierne sobre nuestra civilización. El orden y el saber acumulados durante siglos pueden  quedar reducidos a locura y barbarie en un instante. Y, sin embargo, seguimos corriendo como pollos sin cabeza.

How can we not realize to what extent the drama has been taken out of the political game today, abased as it is by this “new idea” of a so-called happiness conveyed by the shadow cast by the Revolution of the Enlightenment, but also by Terror? How can we not be aware of our incapacity to take on board the major risks, the prospective great breakdowns, before which our hedonistic culture is basically disarmed?

Geopolitical ecology would also be this: to confront the unforeseeable, that Medusa of a technical progress which is literally exterminating the whole world. (p. 111)

Es necesaria, por tanto, una ciencia del accidente capaz de enfrentarse a la exterminación global.

Aunque, quizás, lo más inquietante permanece oculto a lo largo de todo el discurso del autor: la fascinación y la belleza del accidente. ¿Qué naturaleza perversa en el ser humano es capaz de contemplar una y otra vez, ininterrumpidamente, el derrumbe del WTC? ¿Será la vieja “pulsión de muerte” revitalizada como pulsión espectacular :)?

Bibliografía

3 replies »

    • Acabo de añadir un par de líneas al final de la entrada. Voy redactando mientras corrijo la tarea de mis hijos.

      Aunque Virilio no lo diga y su discurso sea bastante bienintencionado, la exposición gusta, fascina, porque la catástrofe nos parece bella. ¿De dónde esta perversión? Es extraño. Es esa pulsión de muerte de la que hablaba Freud. Y también Baudrillard en “El intercambio imposible” cuando dice que esa pulsión se expresa en cómo nos obsesiona la clonación, lo digital frente al cambio, el devenir, la vida.

      De todos modos, comprendo lo que dices y, viniendo de ti, que entiendes de arte como nadie que conozca, significa mucho.

      Saludos.

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