Cine

Paul Virilio: Pensar la velocidad (Stéphane Paoli, 2009)

El progreso y la catástrofe son el anverso y el reverso de la misma medalla. Construir el Airbus 380 son 1000 asientos y son 1000 muertos. No es triste decirlo, en absoluto, es una realidad. Es cierto en cuanto a cualquier invento, sea el que sea. Inventar el tren es inventar el descarrilamiento, inventar el avión es inventar el accidente, acabamos de decirlo, y el Titanic es inventar el naufragio del Titanic. No hay ningún pesimismo en esto, ninguna desesperanza. Es un fenómeno racional. Es un fenómeno ocultado por la propaganda del progreso.

Según Virilio, el progreso, nuestro culto a la velocidad, tiene un reverso oscuro, catastrófico: el arsenal nuclear, la bomba informática, la desaparición de lo político en manos de los mercados, la posibilidad de un agujero negro en el acelarador de partículas del CERN o la globalización de los afectos (por ejemplo, el caso de Omaya Sánchez que murió en directo ante las cámaras de todo el mundo en 1985)

Cabría, por tanto, dice Virilio en tono irónico, crear una Universidad del Desastre o del Apocalipsis donde cualquiera pudiese obtener un Grado en Fin del Mundo por Especulación Financiera o Fin del Mundo por Cambio Climático. Habría también, por qué no, la posibilidad de los Dobles Grados, Fin del Mundo por Muerte del Arte y de la Novela.

La aceleración de la historia es un producto del dogma del tiempo real, de la obsesión por la información instantánea, la estética CNN. Los acontecimientos se acumulan y  desaparecen sin dejar rastro. El directo televisivo, habilitado globalmente, ha conseguido que el mundo real se desvanezca.

En cualquier caso, el curso del río de la historia que todos compartimos está señalado por tres imágenes esenciales: la bomba atómica, la masacre de Tiananmen o la China que pudo ser y no fue, y el vacío dejado por las Torres Gemelas del World Trade Center.

Estas son las ideas principales del documental Pensar la velocidad dedicado al urbanista y filósofo Paul Virilio y dirigido por Stéphane Paoli para el Canal Arte en 2009. Está disponible en Youtube y subitulado al castellano gracias al web A parte rei.

Algunos libros de Paul Virilio que te pueden interesar:

  1. Estética de la desaparición. Barcelona: Anagrama, 2003.
  2. El cibermundo: la política de lo peor. Madrid: Cátedra, 1997.
  3. La bomba informática. Madrid: Cátedra, 1999.

3 replies »

  1. Una amiga mía lleva el nombre de Omayra por aquella pobre muchacha, en realidad ocurrió en 1985. Creo que es una forma más de los humanos y su ilusión de vida: honrar una pérdida como la suya conservando su nombre en otros que nacen en esas fechas.
    Lo más sorprendente es que la generación de jóvenes que vivió la caída del Worl Trade Center no lo valora como un cambio tan enorme en su existencia, parecían estar vacunados de antemano.
    Como las mutaciones de la gripe cada año, parece que el cine y los videojuegos varían su estrategia para frenar, en su caso, una posible enfermedad: la de sentir que algo va muy mal, algo huele a podrido en todo el planeta.
    Saludos.

    Pero sí, la velocidad es una caída al vacío que propicia.

  2. Gracias por la fecha correcta de la muerte de Omayra. Su muerte convirtió los telediarios de todo el mundo en una snuff movie para la que no estábamos preparados. Es cierto que hoy estamos ya más anestesiados. ¿Cuántas imágenes de matanzas de niños en Siria llevamos? Se superponen unas a otras y se desvanecen. Eso no es información. Es otra cosa. Es un “crimen perfecto”.

    Un abrazo.

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