Denis Dutton: El instinto del arte (2014)

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Imagen de portada: Pere Borrell del Caso: Huyendo de la crítica, 1874, Madrid, Colección del Banco de España.

Denis Dutton: El instinto del arte. Belleza, placer y evolución humana. Carme Font (tr.). Barcelona: Paidós, 2014.

Hay un problema con el arte contemporáneo. Es evidente para cualquier espectador que desde Fountain de Duchamp hasta las Brillo Boxes de Warhol estamos ante una forma de «anti-arte» que ha invadido los museos y los crítica académica. La misma enfermedad terminal que afecta al arte contemporáneo se extiende a obras maestras de la ficción literaria como Finnegans Wake o la música atonal de Schoenberg.

Denis Dutton, catedrático de Filosofía del Arte en la Universidad de Canterbury en Nueva Zelanda y creador del web Arts and Letters Daily, argumenta en este libro que es posible  llevar a cabo una reflexión normativa que establezca una serie de criterios que determinen qué es arte y qué no lo es. Los pilares fundamentales en los que se apoya este ambicioso proyecto son las teorías de la selección natural y de la selección sexual de Darwin. A la estética filosófica, alejada del sentido común, Dutton contrapone una estética evolutiva donde se fusionan filosofía y teoría de la evolución.

Melamid & Komar realizaron una encuesta de ámbito mundial para averiguar las preferencias artísticas de personas de diez países distintos. La imagen ganadora en Estados Unidos es este paisaje de calendario que incorpora, cómo no, la figura de George Washington.

America's most wanted
America’s most wanted

Según Arthur C. Danto, el pensador analítico más relevante en temas de estética, este resultado se debía a la nefasta influencia que generaciones y generaciones de estadounidenses habían recibido de la pintura decorativa, kitsch o de salón, como se prefiera.

Dutton, por el contrario, encuentra otra explicación. El punto de partida es una sencilla anécdota. Para expulsar a las palomas del alféizar de su despacho, Dutton colocó una serpiente de juguete. A pesar de no existir ese peligro en Nueva Zelanda, las palomas huían presas de terror al percibir una forma semejante. Esta es una conducta instintiva, inscrita en su ADN, fundamental para su supervivencia.

Durante los millones de años en los que el género Homo evolucionó hasta convertirse en Homo Sapiens el ser humano incorporó a su acervo genético una serie de patrones de conducta adaptativos que mejoraron sus posibilidades de sobrevivir.  Uno de estos instintos es la preferencia por paisajes en los que haya agua, caza, árboles a los que trepar si se acercan los depredadores, etc. Esa es la razón por la que los paisajes elegidos en los distintos países en la encuesta de Melamid & Komar son tan semejantes entre sí.

Evidentemente no todas nuestras conductas son adaptativas en términos de la evolución. Usar palillos o tenedor es un subproducto no funcional de la cultura. Pero ¿podría ser el arte un producto genuinamente adaptativo?. Muchos teóricos, como el biólogo Stephen Jay Gould o el psicólogo evolutivo Steven Pinker, opinan que no, que el arte es el residuo tóxico que implica el tener un cerebro demasiado grande.

Dutton, sin embargo, está convencido de que la creación artística fue esencial para la supervivencia de la especie. Uno de los atributos más relevantes del ser humano es el lenguaje. Necesitamos historias para aprender del pasado, explorar el futuro e interpretar el presente. A través del arte acumulábamos información y reforzábamos la cohesión del grupo. La ficción literaria, que tuvo su origen en los mitos, cumplía de una función genuinamente adaptativa.

Por eso, todas las narraciones de la historia comparten una serie de temas comunes cuyas raíces se remontan a los tiempos de las cavernas: «vencer al monstruo», «de la pobreza a la riqueza», «viajes», «comedias», «tragedias», «renacimiento» y «rebelión». La literatura contemporánea, al alejarse de estos arquetipos que recorren la literatura de Homero a Dostoievski pasando por Shakespeare, ha cometido el mismo error que el arte contemporáneo.

Los videojuegos, por su parte, no son, como algunos pretenden, un avance sin precedentes en el ámbito de la ficción, sino una recuperación por otros medios de estos arquetipos inmemoriales.

En definitiva, según Dutton, no todo vale en el campo del arte. Existen una serie de aspectos sancionados por la evolución que no pueden obviarse. En la obra de arte han de estar involucrados placer, habilidad, estilo, novedad, imitación de la realidad, individualidad expresiva, desafío intelectual, experiencia imaginativa, shock emocional y, por último, belleza.

¿Qué puede aportar la teoría de la evolución al significado de la belleza? Si nos remontamos a la teoría de la selección sexual de Darwin los machos de la especie detectan que una hembra puede ser una buena pareja reproductora si posee una proporción entre cintura y cadera semejante a una botella de Coca Cola. Si fe fijas bien, los criterios fijados por Dutton se cumplen en este Desnudo rojo de Modigliani.

Cabe mencionar que ocurre aquí exactamente lo contrario de lo que proponía Kant en su teoría estética. Según el autor de La crítica del juicio arte es solamente aquello que podamos contemplar desinteresadamente y este no es el caso.

Red Nude ~ Amedeo Modigliani (1917)
Red Nude ~ Amedeo Modigliani (1917)

Cierro la reseña con una cita que creo resume bastante bien las ideas de Dutton:

«…si bien es cierto que la cultura sanciona y se habitúa a una amplia variedad de gustos estéticos, eso no significa que la cultura pueda darnos la capacidad de apreciar o de que nos guste cualquier cosa. Y a la inversa, eso no significa que si en el futuro ningún cartero se dedica a silbar una de las escalas atonales de Schoenberg, la razón tiene que ser que la cultura del cartero le haya impedido disfrutar de la oportunidad de apreciar las bellezas de la atonalidad. La naturaleza humana, según insiste la estética evolutiva, plantea límites a lo que la cultura y las artes pueden acometer dentro de la personalidad humana y sus gustos. Los hechos contingentes relacionados con la naturaleza humana no sólo nos aseguran que ciertos aspectos de las artes serán difíciles de apreciar, sino también que apreciarlos puede resultar imposible.» (p. 282)

Existe, pues, el Santo Grial, una forma universal de arte que comparten todos los pueblos de la tierra, una Idea platónica que no se encuentra en el mundo de las Ideas sino inscrita en nuestro código genético por obra y gracia de la selección natural.

Me parece una conclusión maximalista que no comparto en absoluto. Las ideas de Dutton son el fruto de aplicar la Sociobiología más rancia a un terreno sutil, delicado y en medio de una transformación radical como es la Estética. El discurso de Dutton es posible que sirva para confundir a adolescentes o entretener la sobremesa pero está bastante lejos de descubrir las claves de lo que entiendo por arte y belleza. Así que, o Dutton yerra el tiro o yo soy alienígena, lo cual, por otra parte, bien podría ser cierto 🙂

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