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María Alcón Paniagua y Beatriz Ruano Romero: Calicles, el tirano es el hombre más feliz

– Título: Calicles, el tirano es el hombre más feliz

– Trabajo de María Alcón Paniagua y Beatriz Ruano Romero.

-Profesor: Eugenio Sánchez Bravo.

– I.E.S. Valle del Jerte, Plasencia, Cáceres. Clase: 2º B. Curso 2011-2012.

– Del post Calicles

CALICLES – Por los dioses, estoy deseando hacerlo. Dime, Sócrates, ¿debemos pensar que hablas en serio o que bromeas? Pues si hablas en serio y es realmente verdadero lo que dices, ¿no es cierto que nuestra vida, la de los humanos, estaría trastrocada y que, según parece, hacemos todo lo contrario de lo que debemos? (…)

En efecto, por naturaleza es más feo todo lo que es más desventajoso, por ejemplo, sufrir injusticia; pero por ley es más feo cometerla. Pues ni siquiera esta desgracia, sufrir la injusticia, es propia de un hombre, sino de algún esclavo para quien es preferible morir a seguir viviendo y quien, aunque reciba un daño y sea ultrajado, no es capaz de defenderse a sí mismo ni a otro por el que se interese. Pero, según mi parecer, los que establecen las leyes son los débiles y la multitud. En efecto, mirando a sí mismos y a su propia utilidad establecen las leyes, disponen las alabanzas y determinan las censuras. Tratando de atemorizar a los hombres más fuertes y a los capaces de poseer mucho, para que no tengan más que ellos, dicen que adquirir mucho es feo e injusto, y que eso es cometer injusticia: tratar de poseer más que los otros. En efecto, se sienten satisfechos, según creo, con poseer lo mismo siendo inferiores.

Por esta razón, con arreglo a la ley se dice que es injusto y vergonzoso tratar de poseer más que la mayoría y a esto llaman cometer injusticia. Pero, según yo creo, la naturaleza misma demuestra que es justo que el fuerte tenga más que el débil y el poderoso más que el que no lo es. Y lo demuestra que es así en todas partes, tanto en los animales como en todas las ciudades y razas humanas, el hecho de que de este modo se juzga lo justo: que el fuerte domine al débil y posea más. En efecto, ¿en qué clase de justicia se fundó Jerjes para hacer la guerra a Grecia, o su padre a los escitas, e igualmente, otros infinitos casos que se podrían citar? Sin embargo, a mi juicio, estos obran con arreglo a la naturaleza de lo justo, y también, por Zeus, con arreglo a la ley de la naturaleza. Sin duda, no con arreglo a esta ley que nosotros establecemos, por la que modelamos a los mejores y más fuertes de nosotros, tomándolos desde pequeños, como a leones, y por medio de encantos y hechizos los esclavizamos, diciéndoles que es preciso poseer lo mismo que los demás y que esto es lo bello y lo justo. (…)

Así pues, ésta es la verdad y lo reconocerás si te diriges a cosas de mayor importancia, dejando ya la filosofía. Ciertamente, Sócrates, la filosofía tiene su encanto si se toma moderadamente en la juventud; pero si se insiste en ella más de lo conveniente es la perdición de los hombres. Por bien dotada que esté una persona, si sigue filosofando después de la juventud, necesariamente se hace inexperta de todo lo que es preciso que conozca el que tiene el propósito de ser un hombre esclarecido y bien considerado. En efecto, llegan a desconocer las leyes que rigen la ciudad, las palabras que se deben usar para tratar con los hombres en las relaciones privadas y públicas y los placeres y pasiones humanos; en una palabra, ignoran totalmente las costumbres. Así pues, cuando se encuentran en un negocio privado o público, resultan ridículos (…)

Pero, amigo, hazme caso: cesa de argumentar, cultiva el buen concierto de los negocios y cultívalo en lo que te dé reputación de hombre sensato; deja a otros esas ingeniosidades, que, más bien, es preciso llamar insulseces o charlatanerías, por las que habitarás en una casa vacía; imita, no a los que discuten esas pequeñeces, sino a los que tienen riqueza, estimación y otros muchos bienes.

SÓCRATES – Pero ¿llamas tú a la misma persona indistintamente mejor y más poderosa? Pues tampoco antes pude entender qué decías realmente. ¿Acaso llamas más poderosos a los más fuertes, y es preciso que los débiles obedezcan al más fuerte, según me parece que manifestabas al decir que las grandes ciudades atacan a las pequeñas con arreglo a la ley de la naturaleza, porque son más poderosas y más fuertes, convencido de que son la misma cosa más poderoso, más fuerte y mejor, o bien es posible ser mejor y, al mismo tiempo, menos poderoso y más débil, o, por otra parte, ser más poderoso, pero ser peor, o bien es la misma definición la de mejor y más poderoso? Explícame con claridad esto. ¿Es una misma cosa, o son cosas distintas más poderoso, mejor y más fuerte?

CALICLES – Pues bien, te digo claramente que son la misma cosa.

SÓCRATES – ¿No es cierto que la multitud es, por naturaleza, más poderosa que un solo hombre? Sin duda ella le impone las leyes, como tú decías ahora.

CALICLES – ¿Cómo no?

SÓCRATES – Entonces las leyes de la multitud son las de los más poderosos.

CALICLES -Sin duda.

SÓCRATES – ¿No son también las de los mejores? Pues los más poderosos son, en cierto modo, los mejores, según tú dices.

CALICLES – Sí.

SÓCRATES – ¿No son las leyes de éstos bellas por naturaleza, puesto que son ellos más poderosos?

CALICLES – Sí.

SÓCRATES – Así pues, ¿no cree la multitud, como tú decías ahora, que lo justo es conservar la igualdad y que es más vergonzoso cometer injusticia que recibirla? ¿Es así o no? Y procura no ser atrapado aquí tú también por vergüenza. ¿Cree o no cree la multitud que lo justo es conservar la igualdad y no poseer uno más que los demás, y que es más vergonzoso cometer injusticia que recibirla? No te niegues a contestarme a esto, Calicles, a fin de que, si estás de acuerdo conmigo, mi opinión quede respaldada ya por ti, puesto que la comparte un hombre capaz de discernir.

CALICLES – Pues bien, la multitud piensa así.

SÓCRATES – Luego no sólo por ley es más vergonzoso cometer injusticia que recibirla y se estima justo conservar la igualdad, sino también por naturaleza. Por consiguiente, es muy posible que no dijeras la verdad en tus anteriores palabras, ni que me acusaras con razón, al decir que son cosas contrarias la ley y la naturaleza y que, al conocer yo esta oposición, obro de mala fe en las conversaciones y si alguien habla con arreglo a la naturaleza lo refiero a la ley, y si habla con arreglo a la ley lo refiero a la naturaleza.

CALICLES – Este hombre no dejará de decir tonterías. Dime, Sócrates, ¿no te avergüenzas a tu edad de andar a la caza de palabras y de considerar como un hallazgo el que alguien se equivoque en un vocablo?

Platón: Gorgias, 481 b – 485 d, pp.77-82.

Diálogos II. Gorgias, Menéxeno, Eutidemo, Menón, Crátilo. Calonge, J. (tr. Gorgias). Madrid: Gredos, 1983.

Comentario de texto de María Alcón Paniagua:

Calicles empieza el diálogo preguntándole retóricamente a Sócrates si es que los humanos hacemos justo lo contrario a lo que debemos hacer. A su vez, le expone su teoría, la cuál también fue proclamada por otros sofistas, como Trasímaco, y que tanta resonancia tuvo en el mundo moderno. Según él, hay que distinguir entre naturaleza y ley; por naturaleza es más feo sufrir injusticia; por ley en cambio, cometerla. Las leyes están establecidas por los débiles a fin de contener y atemorizar a los más fuertes de tal manera que hacen que no sean superiores, porque, a su parecer, tener mucho o más que el prójimo, es injusto para la ley. Sin embargo Calicles opina que es justo que el fuerte tenga más que el débil y que eso se demuestra tanto en los animales, como en la raza humana, como en las ciudades. Pone varios ejemplos para sustentar esa opinión, Jerjes para hacerle la guerra a Grecia no tuvo en cuenta esta justicia( todos debemos poseer lo mismo) que hemos hecho creer a los niños desde pequeños. Las ciudades grandes atacan a las pequeñas de acuerdo a la ley de la naturaleza, porque son más poderosas y más fuertes y aún así quieren tener más poder. Calicles defiende aún más su postura diciéndole a Sócrates que debe dejar, por un momento de lado, la filosofía, ya que la verdad se encuentra en asuntos que tienen mayor importancia. La filosofía está bien para experimentarla durante la juventud, pero una vez adulto, si se sigue insistiendo en ella, lo único que llegará a proporcionar será la perdición, ya que por ella se olvidarán todas las costumbres y tradiciones aprendidas hasta el momento, de tal manera que cuando un filósofo se encuentre en un negocio, lo único que conseguirá será ponerse en ridículo. Finalmente, le aconseja a Sócrates, que se concentre en lo que verdaderamente importa que son los negocios y las riquezas. A partir de aquí, comienza el método Socrático de preguntas y respuestas. Primero, Sócrates le responde que si para él, “ser más poderoso” implica “ser mejor”. Si es que no es posible “ser mejor” y al mismo tiempo “menos poderoso” y más “débil” o por la parte contrario ser “más poderoso” pero ser “peor”. Calicles le responde afirmativamente: Mejor, poderoso y más fuerte implican la misma persona. Sócrates sigue bombardeándole con sus argumentos, diciéndole que si eso es cierto, la multitud por naturaleza sería más poderosa que un único hombre y que sería ella quien impusiera las leyes y que además esas leyes serían bellas por naturaleza. Calicles continua afirmándole y Sócrates continúa diciéndole que por lo tanto, y que él mismo lo acaba de afirmar, ya no solo por ley es más vergonzoso cometer injusticia que recibirla, ni tampoco que lo justo sea que todos tuvieran las mismas posesiones, sino también por naturaleza, ya que la multitud es, por naturaleza, más poderosa y es quién pone las leyes. Concluye Sócrates que por consiguiente, la distinción de Calicles entre ley y naturaleza no es para nada acertada.

Calicles no es capaz de darle la razón a Sócrates a pesar de todo y sigue creyendo que lo único que dice son disparates. Sin embargo, Sócrates ha sabido muy bien como llevarle a su terreno, a través de sus preguntas.

Comentario de texto de Beatriz Ruano Romero:

Calicles expone un argumento en el que él mismo es el pez que se muerde la cola. Comienza hablando de que es peor cometer que sufrir una injusticia, pero la ley no la rijen los hombres fuertes, que pueden cometer las injusticias, sino los débiles, para que el fuerte no quiera poseer más de lo que posee, y así contentarse con lo que tienen teniendo menos, al igual que ahora en nuestra sociedad la gente que protesta porque tiene un sueldo bajo, cuando se pasa el día tumbado en su sofá.

Por ello, al ser injusto el poseer más que los demás es feo, aunque la naturaleza demuestra lo contrario; que poseer mucho da fuerza y que quien posee dirije a los débiles y los somete a su parecer, al igual que las grandes cadenas comerciales someten a las pequeñas empresas acaparando el mercado, ya que pueden vender mejor su producto. Pero así no funciona la justicia. La justicia la deforman los débiles a su gusto contra los fuertes para manejarlos a su gusto y conseguir lo que quieran de ellos. La coherencia de Calicles es prácticamente nula, y por ello le dice a Sócrates que se deje de tanta filosofía y que comience a cultivarse en temas de interés, negocios y demás, que le harán mayor bien que la filosofía, y no quedará en ridículo delante de las demás personas.

Pero Sócrates, como buen partero de ideas, le hace ver a Calicles su propia falta, diciendo que la unión hace la fuerza, y que el poderoso para él, el que más posee, no es ni el fuerte ni el poderoso, puesto que uno no es la unión ni tampoco se puede hacer escuchar ante el gentío por muchos bienes que posea. Y si las leyes las han hecho estas multitudes poderosas, y estas son bellas, en la que todos tienen la misma condición y poseen lo mismo, lo justo es la igualdad, y lo injusto ser diferente, (lo justo es que el Status Quo se mantenga), y dejar de pensar en la filosofía, que busca cambios en la sociedad y que, al fin y al cabo estos cambios son un atentado contra el Status Quo que defiende Calicles con tan malos argumentos, y que se riñen entre sí, habiéndolo pillado Sócrates en falta ante su estúpido argumento, al igual que Tarismarco hablando de los provechoso que es ser injusto, la injusticia de Calicles también salta a la vista, y sabiendo que no podría seguir defendiendo necedades, busca el fin de la filosofía, diciendo a Sócrates que pare ya de decir tonterías y se excusa con que había confundido un voclablo, siendo esta la excusa predilecta del terco, que aún pillado en falta, sigue luchando por su castillo en el aire.

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