Crítica literaria

Cristóbal Serra: Pequeño diccionario de William Blake

Cristóbal Serra: Pequeño diccionario de William Blake. (Caracteres simbólicos). Palma de Mallorca: José J. de Olañeta, 2000.

Cristóbal Serra es un erudito mallorquín que ha traducido, además de a William Blake, a otros “iluminados” como Leon Bloy o Henri Michaux. Aún teniendo la apariencia de un “pequeño diccionario” el texto de Serra es, en realidad, un ameno ensayo que se lee de un tirón. Aunque a veces resulte demasiado esotérico o incluso disparatado, Serra es un experto en la materia y da a menudo en el clavo. Así, por ejemplo, estoy completamente de acuerdo cuando afirma que “Blake es más un precursor de Nietzsche que un seguidor de Boehme“. La edición, muy cuidada como suele ser habitual en el caso de José J. de Olañeta, viene acompañada de excelentes ilustraciones anotadas de algunos de los grabados más conocidos de Blake.

Cuando antes he calificado de esotérico el discurso de Serra me refería a fragmentos como estos que, como mínimo, le dejan a uno boquiabierto:

Milosz asegura, en su iluminado estudio, que, a pesar de que han transcurrido diez o doce milenios desde la separación de las dos naciones judía y vasca, varios centeneras de palabras de ambas lenguas permiten que les encontremos una fuente común (p. 17)

Richard Brothers, un visionario que, durante treinta años, luchó por imponer la idea de que el pueblo inglés procede de las 10 Tribús de Israel (p. 26)

El Jardín del Edén se traducía en griego por paradeisos, de donde viene la denominación de Paraíso. Eso es lo que se cree comúnmente, pero la autoridad de Milosz aclara que Pardes, el paraíso andaluz, viene de SPARAD que es el nombre hebreo de España.

Sin embargo, si dejamos a un lado estas hipótesis tan lejanas, podremos leer aclaraciones muy útiles sobre el trasfondo filosófico de la obra de Blake. En primer lugar, fue iniciado en el catarismo. Esta variante del cristianismo, muy popular en Europa entre los siglos XII y XIV hasta que fue exterminada por el Vaticano, consideraba, al modo de Marción, que el Dios del Antiguo Testamento era un vulgar demiurgo, un ser malvado, embustero, ladrón y asesino… La serpiente del Génesis, en cambio, era enviada al hombre para recordarle su origen espiritual, la semilla del espíritu verdadero que lleva dentro y que tiene que liberar mediante la gnosis. El dualismo cátaro se había conservado bien entre las clases populares de Londres así que no es extraño que forme parte del universo de Blake, hijo de un comerciante de tejidos.

Existe en la obra del místico británico un carácter profundamente anti-ilustrado. Frente a la ciencia o la religión natural, Blake defiende en ocasiones ideas propias de la mística medieval, de la alquimia y también algunos viejos prejuicios como el desprecio por el comercio y una posición ambigua respecto al judaísmo. Así, por ejemplo, identifica el deísmo o la religión natural de Voltaire y Rousseau con el fariseísmo hipócrita de los asesinos de Jesús.

Sin embargo, en otros aspectos, resulta muy avanzado para la época. El cuestionamiento de las normas morales y la búsqueda de un principio más allá del Bien y del Mal en su obra más conocida, El Matrimonio del Cielo y del Infierno, remiten directamente a Nietzsche.

El enemigo de Blake lleva por nombre el Espectro. Es el nombre que el poeta daba a la Razón no iluminada, al Dios trascendente que domina sobre mentes serviles. También le llamó Dios, Papinemo o Satanás. Es Urizen, “el dios malo que creó este mundo, el dios del razonamiento abstracto, de la ciencia, de la balanza y el compás, el de las prohibiciones morales y religiosas”. Este es su aspecto:
La naturaleza gnóstica del pensamiento de Blake puede comprobarse en su explicación del problema del mal. No es la libertad del hombre la culpable del pecado original sino que el mundo consiste en la sucesión de una serie necesaria de “Estados”, entre los cuales se halla la ceguera espiritual, hasta llegar a la iluminación. El hombre, por tanto, no es ni libre, ni responsable, ni culpable, como argumentará con tanta vehemencia Nietzsche en El crepúsculo de los ídolos:

La vida mundana es toda una serie de estados a través de los cuales pasa el hombre, para surgir en fin, por misericordia divina, a la luz espiritual. Blake ha ilustrado esta idea con la relación sucinta de su experiencia personal: un período de ceguera espiritual, seguido de una inesperada iluminación. En los últimos escritos de Blake, el mal es admitido sólo en cuanto es inherente al «estado» a través del cual el hombre está pasando: él no tiene responsabilidad directa. Por esto, el más grave de los males morales, es imputar el pecado «a los individuos y no a los estados». Un fin de la Encarnación es propiamente la «Creación de los Estados y la liberación en lo eterno de los individuos».

Un atributo general de los Estados es el ser permanentes. El mismo Blake ha dado de este atributo la más clara definición en un pasaje de los Aditamentos al Catálogo de Pinturas de 1810: «Estos Estados existen ahora. El Hombre los atraviesa, pero los Estados permanecen en lo Eterno; él pasa a través de ellos como un viajero, que puede imaginar que los lugares por él recorridos no existen más, del mismo modo que un Hombre puede suponer que no existen más los Estados que ha atravesado. Cada cosa es eterna». (p. 33)

El problema del mal es, por tanto, el tema esencial en el gnosticismo. También lo es en el Libro de Job, no hebreo sino de inspiración oriental y, por tanto, gnóstica. Aquí vemos a Job en el momento más intenso de su desesperación.

Por último, quiero señalar cuál es a mi entender el gran logro del poeta. Su misticismo no es el de las ridículas visiones de Swedenborg sino el desarrollo de la capacidad para entrever “un mundo en un grano de arena”. Abrir las puertas de la percepción para percibir lo Eterno en el hombre y en el mundo, los Arquetipos, ese lenguaje platónico universal que subyace a todo pensamiento y religión auténticos.

A modo de conclusión, el texto de Cristóbal Serra es, con todos sus defectos, un ensayo muy útil para iniciarse en la cosmovisión de un poeta imprescindible.

5 replies »

  1. Ayer me compré el poemario LA AVENTURA de JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN. La verdad es que no es un poemario, sino una antología de la obra del poeta desde 1972 hasta ahora mismo.

    JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN no es solo Poeta, sino gran Crítico y antólogo conocedor de toda la última Poesía española.

    Soy seguidora suya, es poeta amargo, sin embargo esta Antología, seleccionada por Rosa Navarro Durán ha sabido expurgar los poemas tristes, plomizos, impenitentes con la tristeza y deja solo los luminosos, los indagadores, sanadores; Poemas curtidos en la vivencia, en la memoria, en la andadura de calles, en la observación en los cafés, en el gozo a pesar de las pérdidas.

    Yo te recomiendo este poemario. Gracias por tu recomendación de serra

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  2. Un joven de los 60 compró un disco de música pop de una popular banda. Durante semanas lo usó para alegrar un poco su vida. Aquellos músicos llegaron a ser muy famosos, tanto que uno de sus componentes declaró a la prensa: “Somos más populares que Jesucristo. El Rock and Roll es ahora más importante que el Cristianismo”. El muchacho se extrañó al leer esto en la prensa, ese día no encendió su tocadiscos, en su lugar, se puso a ver la televisión. En ella, un líder espiritual de la religión que él profesaba, exasperado y ocupando toda la pantalla, mandó a gritos quemar los discos de aquel grupo demoníaco. El joven no se lo pensó, salió a la calle y allí se reunió con otro montón de siervos de su religión, que apilaban ya en plena calzada una montaña de discos de vinillo para rociarlos con gasolina y prenderles fuego. ¿Qué había pasado para que un espíritu libre decidiera librarse de un trozo que pertenecía a su cultura juvenil? ¿Por qué no fue libre para decidir qué opción tomar?
    Aprendo y nacen de nuevo muchas preguntas. Además, quiero saber más de William Blake. Gracias.

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  3. Gracias por la interesante reseña sobre el libro de Serra y el pensamiento de Blake, al que he vuelto recientemente.
    Hace años leí, por sugerencia de este escritor, el libro de Milosz que sostiene el origen hebraico del pueblo vasco. Admito que no entendí gran cosa. Milosz es, sin embargo, un buen poeta lituano (en francés), a quien no hay que confundir con el premio novel Milosz (polaco y de origen lituano).
    Saludos,
    Rafael Carreras
    http://rcarreras.com

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