Diario de lecturas

Carlos Marzal: Metales pesados.

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Carlos Marzal: Metales pesados. Barcelona: Tusquets, 2001.

Tuve noticia de Carlos Marzal (Valencia, 1961) porque a él está dedicada esa espléndida e hilarante novela de Felipe Benítez Reyes que lleva por título El novio del mundo. “Para Carlos Marzal, fundador y socio único del Club Walterista”, decía el epígrafe. Algo decepcionado por la novela de Marzal Los reinos de la casualidad (Tusquets, 2005) opté por su libro de poemas más emblemático, Metales pesados, Premio de la Crítica en 2001. En su poesía sí he encontrado al alma gemela de Benítez Reyes. Metales pesados está a la altura del mejor libro de poemas de Benítez Reyes, Escaparate de venenos (Tusquets, 2000). Ambos reelaboran intuiciones filosóficas mediante un lenguaje original y barroco. Cito a continuación algunos ejemplos:

1. Pascal: el peso abrumador de las distancias inconmensurables del Universo.

Cálculos infinitesimales

Todo lo que refulge es luz marchita.
Ser es un fui que un no soy yo contempla
desconcertado desde un planeta ajeno.

2. Nietzsche: La reivindicación del instante como lo Absoluto.

El combate por la luz

Hay una ingratitud consustancial
al hecho de estar vivos, un intrínseco
poder de desmemoria, y nos impiden
brindar a cada instante el homenaje
que cada instante de verdad merece,
por su absoluta magia de estar siendo,
en vez de no haber sido en absoluto.

Ciencia de la alegría

Contra cualquier dictado de prudencia,
cada instante reclama, irreflexivo,
una conjura unánime de ti.

3. Nietzsche: desconfianza hacia el eterno retorno, la carga más pesada.

Consuelo y desconsuelo

No sería infundado hallar consuelo
en la rueda del ser, que no descansa…
(…)
… todo es irrepetible en su infortunio,
no hay nada que no tenga intimidad,
no hay nada que merezca su destino,
ni nada que nos libre de este peso:
saber que somos los inconsolables.

4. Nietzsche: Las alegrías de la crueldad en la naturaleza humana.
 
Una subasta en julio

Pero en el rito aquel de aquel verano
lo más curioso fue nuestra alegría,
la turbia conmoción que la belleza
de todo lo que acaba nos infunde.
Daba miedo gozar del sacrificio,
apropiarnos la furia de unos dioses
que sólo con la sangre se contentan.

Qué eufórica la muerte en cuanto hacemos.
Qué satisfecha está la muerte infame.

Los alimentos corporales

Llamar amor a lo que tú y yo hacemos
es cometer una sensiblería…
Lo que mejor explica, sin agotarla nunca,
la bárbara pureza del deseo recíproco
es una cacería de animales
y el hartazgo feliz en que se sacían…

5. Platón: pesimismo sobre el resultado final de nuestra salida de la caverna.
 
La caverna

… hay un talento de habitar las sombras,
un saber desvalido salvaguarda
la paz inconsistente en que vivimos.

Demos gracias
por no alcanzar la luz que vive fuera
y estar a puro sol con nuestra imagen.

6. Platón: La Idea de Belleza en El Banquete. “que existe siempre y ni nace ni perece, ni crece ni decrece; en segundo lugar, no es bello en un aspecto y feo en otro, ni unas veces bello y otras no, ni bello respecto a una cosa y feo respecto a otra, ni aquí bello y allí feo, como si fuera para unos bello y para otros feo. Ni tampoco se le aparecerá esta belleza bajo la forma de un rostro ni de unas manos ni de cualquier otra cosa de las que participa un cuerpo,(…), sino la belleza en sí, que es siempre consigo misma específicamente única, mientras que todas las otras cosas bellas participan de ella de una manera tal que el nacimiento y muerte de éstas no le causa ni aumento ni disminución…”

El sol de la pereza

Todo cuanto se explica, en la belleza,
ni explica la belleza, ni es lo bello;
(…)
Lo bello es lo intangible que sostiene
incólume en su cielo a la belleza.

Los nuestros

El vínculo solemne en la belleza
se da cuando un carácter se sorprende
latiendo inmemorial en un carácter
cuya ocasión terrestre ha sucedido
ya mucho tiempo atrás.

7. Parménides: la paradoja del ser

Nasciturus

Has negado la nada, aun siendo nadie,
has abrazado el ser, sin ser tú mismo

8. Heráclito: la necesidad de los contrarios.
 
Los centinelas

(…)
no hay nada que no encuentre su reverso,
no hay nada improcedente, no hay un átomo
que pueda suprimirse de este mundo.

Los desvelados son un faro en nuestra noche.
Los desvelados pagan por nuestra travesía.
Centinelas alerta para que los ingenuos
naveguen por los mares de la felicidad.

9. Schopenhauer: las trampas del deseo.
 
Amor diablo

En las inextricables selvas hechizadas
de nuestro arcano mapa celular
debió tener cabida la mano del diablo.
(…)
la locura, las ansias migratorias,
el apetito de aniquilación, el hurto,
el hambre codiciosa de lo ajeno,
la sed inexplicable de aventura,
la mentira, la avidez de intemperie,
la pócima salvaje de la guerra,
la revancha en el tiempo, contra el tiempo,
para querer ser otros más felicies
sin que nos baste nunca cualquier felicidad.

10. Schopenhauer: la descripción de la santidad.

Misericordia

Dolernos con el mundo, y afligirnos
con todo lo que sufre, porque somos
exactamente todo lo que sufre,
es cuanto deberíamos llegar a merecer.
Esa misericordia significa
la variedad sublime de nuestra inteligencia.

11. Heráclito: el fuego, el primer elemento.

Un mismo fuego

El fuego se define por el fuego.
Nos indica que todo se renueva,
que no hay otra manera de afirmarse
que no esté sustentada sobre el cambio.
No hay mucho que decir. Todo está en llamas.
Ceniza a las cenizas. Polvo al polvo.

12. Pico della Mirandola: la condición humana está a medio camino entre las bestias y los dioses.

La estatura interior

La estatura interior nos circunscribe
a una especie difícil que sólo se alimenta
de mezquindad y sueños. Es un lastre
y el modo en que se extienden nuestras alas.
La estatura interior nos cataloga
en el álbum severo de la zoología:
la bestia equidistante,
entre el reino animal
y el reino de los dioses.

13. A Felipe Benítez Reyes.
 
El origen del mundo

El cuerpo no supone un artefacto
de simple ingeniería corporal;
también es la tarea del espíritu
que se despliega sabio sobre el tiempo.
El arca que contiene, memoriosa,
la alquimia milenaria de la especie.
(…)
La pretérita flor
Húmeda flor atávica.
El origen del mundo.

14. Kant: ilusión trascendental.

La vela hermana

… No estamos solos gracias al conjuro
del fuego auxiliador. No envejecemos,
aunque nos derritamos en la carne.
Somos la humanidad que se repite
en los distintos hombres.
No cambiamos.
Esta absoluta sed de lo absoluto
en nuestra finitud no disminuye.
Vivimos en el ser, siempre encendidos.

4 replies »

  1. Eugenio, entiendo que usted leyó los poemas y luego realizó el ejercicio de relacionar las intuiciones de los filósofos con los versos. ¿O, leyendo los poemas, le venían las imágenes conteniendo las ideas de distintos filósofos?

    Yo visito periódicamente su web, puede contestar cuando tenga tiempo.

    Me gusta

  2. Hola Ente, creo que primero disfruto del poema, del lenguaje. Siento como los versos rebotan en mi cabeza y finalmente ocupan su sitio en mi memoria. Pasan a formar parte de mí porque no soy otra cosa que mis recuerdos. Y mis recuerdos son, en su mayor parte, los libros que he leído.

    Luego pienso en cómo ayudar al lector a comprender mejor los versos de Carlos Marzal. Naturalmente, pienso en los alumnos y me doy cuenta de que si ilumino los poemas con algo que ya conocen, las ideas filosóficas que hemos visto en clase, es posible que les resulten menos oscuros. Hay que reconocer que para un lector de diecisiete años el lenguaje de Benítez Reyes o Marzal es barroco. Probé a comentar así La caverna en clase y funcionó. Les gustó. Fue mi última clase del curso.

    Por eso la reseña no es en realidad una reseña sino una especie de ayuda para facilitar la lectura de los poemas.

    Pero lo importante, lo primero, es disfrutar, sentir, las palabras. Si esto no se da es mejor cerrar el libro.

    Un saludo.

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  3. Gracias por la explicación. Tengo un gran interés por su método de enseñanza. Siempre es un placer dialogar con usted.
    Seguro que los alumnos le recordarán cada vez que lean un poema o tengan un pensamiento filosófico.
    Gracias una vez más.

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