Diario de lecturas

Slavoj Žižek: Visión de paralaje

Slavoj Žižek: Visión de paralaje. Marcos Mayer (tr.) Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2006.

Paralaje es un un concepto que pertenece al dominio de la Astronomía. Proviene del término griego παράλλαξις que significa cambio o diferencia. Cuando hablamos de paralaje nos referimos al desplazamiento aparente de un objeto en el cielo dependiendo del punto de vista del espectador. La siguiente ilustración muestra que el objeto (O) aparecerá a la derecha o a la izquierda de la estrella según la posición que ocupe el observador (A o B).

Esta diferencia no es, según Žižek, una simple cuestión de punto de vista o perspectiva porque la ambigüedad está inscrita en la realidad misma.

En la introducción, Žižek expone un sencillo ejemplo para ilustrar qué sentido tiene trasladar el término paralaje al discurso filosófico. En 2003 se divulgó la historia de cómo el anarquista Alphonse Laurencic había utilizado el arte de vanguardia (Kandinsky, Klee, Buñuel, Dalí) como inspiración para diseñar “celdas de tortura“. El mismo fenómeno, la obra de arte, sirve de soporte a dos niveles de discurso intraducibles, inconmensurables: la estética y la tortura política. Žižek considera que esta brecha de paralaje, esta fractura, se halla presente en todos los órdenes de la realidad.

El espíritu con el que Žižek se enfrenta a la diferencia es el de las antinomias kantianas y no el de la síntesis hegeliana. Su propósito es, por tanto, mostrar la tensión entre los opuestos y la imposibilidad de resolver la inconmensurabilidad de los mismos. Así, en el orden del ser, Žižek ataca duramente el inmovilismo proto-fascista de la armonía de contrarios típica del gnosticismo New Age. En la estela de Schelling, Žižek encuentra abismo donde debería haber fundamento, vacío en el lugar de ser: el Uno desgarrado de sí mismo. Sin embargo, en lugar de una totalizadora aproximación idealista, Žižek prefiere el poder explicativo limitado del materialismo dialéctico.

La filosofía misma es una manifestación del paralaje, sólo es posible en los huecos entre los espacios sociales. Spinoza es, a este respecto, el paradigma del filósofo: ni judío, ni cristiano, ni ateo.

Las brechas de paralaje son múltiples. En este volumen, Žižek las organiza en tres grandes grupos que conforman las tres partes del libro:

  1. La diferencia ontológica, el ser y los entes, lo uno y lo múltiple.
  2. La paralaje científica: la brecha entre la explicación científica de la realidad y la experiencia cotidiana de la misma. Esta fractura es especialmente relevante en el caso de las ciencias cognitivas.
  3. La eterna fractura política que en otro tiempo se conocía como “lucha de clases”.

Haré en primer lugar una breve aproximación a la primera parte, dedicada a la diferencia ontológica.¿Qué define al ser humano? ¿Cuál es su naturaleza? Según Žižek, un vacío ontológico, una brecha insalvable. El siguiente texto es bastante ilusrativo de su tesis:

No existe una determinación positiva-sustancial del hombre en el animal que se reconoce a sí mismo como hombre; lo que lo convierte en humano es el gesto formal de reconocerse como tal, no el contenido reconocido. El hombre es una carencia que, para poder llenarla, se reconoce como algo. (p. 71)

Lo Real, ya sea cuando hablamos del hombre o del ser, sólo admite ser representado mediante el disfraz de la ficción o la apariencia. Por ejemplo, Kieslowski dirigió en 1976 un documental titulado Hospital en el que la cámara persigue a cirujanos ortopédicos durante una jornada 32 horas. Todos pensaron que era tan realista que tenía que ser ficción. Kieslowski afirma que “me di cuenta al hacer documentales que cuanto más quería acercarme a un individuo más se cerraba sobre sí mismo. Probablemente es por esto que me pasé a la ficción”.

En terminología kantiana lo que define al ser humano, su libertad, sólo es posible al ocupar “un espacio Entre lo fenoménico y lo nouménico”. Lo fenoménico es necesariamente determinista pues cae bajo la categoría causa-efecto. La libertad sólo puede estar del lado de lo nouménico, de la fantasmática cosa en sí. Sin embargo, para poder ser “realmente libres” no debemos tener conocimiento del dominio nouménico pues esto afectaría a nuestras decisiones. ¿Quién elegiría el mal sabiendo que existe un Dios que reparte premios y castigos? Pero, yendo más allá de Kant, ¿no sería este el verdadero acto libre: elegir el mal conociendo todas sus inexorables consecuencias? En cualquier caso, el ser humano se revela como el espacio Entre lo fenoménico y lo nouménico, una fractura en el orden del ser.Hegel es otro autor que resulta útil para reconocer las contradicciones internas del ser, siempre y cuando dejemos de lado al Hegel de las síntesis y superaciones, y atendamos al Hegel que pone de relieve las incoherencias de la realidad. El ejemplo que ofrece Žižek para mostrar la fuerza del pensamiento hegeliano es muy ilustrativo: el verdadero Muhammad Alí no fue el campeón del mundo de los pesos pesados en sus momentos de gloria ni el enfermo vencido por el Parkinson sino el que se prestó, con su mano temblorosa, a encender el fuego olímpico de Atlanta 96 ante millones de espectadores. Ahí fue realmente “el más grande” y un buen ejemplo de negación de la negación.

Es esta versión de Hegel la que influye en la teología de Kierkegaard. El propósito de Žižek es poner los ladrillos de una teología materialista y esta sólo es posible si se admite que lo divino “está presente tan pronto como se piensa infinitamente la incertidumbre de las cosas“. Dios es la contingencia absoluta de la realidad. Por ello Kierkegaard insiste en la “desustancialización” de Dios situándolo más allá del orden del Ser. Dios no es nada sino el modo en que nos relacionamos con él, “él es este relacionarse“. Un relacionarse muy particular: la infalibilidad de Dios es incuestionable lo que significa que “el hombre siempre está equivocado”. En la relación con Dios sólo es válida una infinita resignación al devenir caótico del mundo. En sus dos últimas películas, Nostalgia y Sacrificio, Tarkovski pone en escena las ideas de Kierkegaard. En ambos casos, el protagonista realiza un sacrificio que es, a todas luces, inútil e irracional y, al mismo tiempo, liberador y sagrado. Sirva una inversión heideggeriana para resumir la idea de Tarkovski: “El Sentido definitivo del sacrificio es el sacrificio del propio Sentido“.

Una perversión de lo sagrado en Kierkegaard es la objetivación de lo divino en el Estado a la que da pie el pensamiento de Hegel. Abandonados por los dioses, fue Kafka quien encontró a Dios en la burocracia estatal. Pero esta existencia terrenal suya es definitivamente obscena. Para mostrar las ideas de Kafka, Žižek pone como ejemplo una escena memorable de Brazil (Terry Gilliam, 1985).

Luego de que la plomería del protagonista se rompe y deja un mensaje al funcionario del servicio de reparaciones pidiendo ayuda urgente, entra a su departamento Robert De Niro, un mítico y misterioso criminal cuya actividad subversiva consiste en escuchar las llamadas de emergencia y presentarse inmediatamente al cliente para reparar gratuitamente su plomería, pasando por alto la papelería del ineficiente servicio de reparaciones estatal. En realidad, en una burocracia atrapada en su círculo vicioso de goce, el crimen definitivo es cumplir simple y directamente con el trabajo que se supone que uno debe hacer -si un servicio de reparaciones estatal realiza efectivamente su trabajo, esto es considerado (al nivel de su economía libidinal inconsciente) un desafortunado malentendido, dado que lo central de su energía se dedica a inventar complicados procedimientos administrativos que le permitan inventar siempre nuevos obstáculos y de ese modo posponer indefinidamente el trabajo-. (p. 172)

La segunda parte del libro está dedicada a la paralaje científica y, especialmente, a la fractura entre la percepción cotidiana del yo y la perspectiva de las ciencias cognitivas. Žižek intenta llevar a cabo una síntesis de la filosofía continental y la filosofía de la mente anglosajona. La confrontación de Lacan y Heidegger con Chalmers, Dennet o Damasio, es, en ocasiones confusa. En cualquier caso Žižek abre esta segunda parte con tres versiones posmodernas del mito de la caverna que merece la pena reseñar:

  1. En la línea de Schopenhauer, el Sol del mito de la caverna no es la Idea del Bien sino una Cosa Demoníaca aterradora y monstruosa.
  2. Siguiendo los planteamientos de Sloterdijk en Esferas, Platón se equivocaba al renunciar a la caverna pues en la superficie, en el exterior, hay frío, vientos y peligros. La caverna es el verdadero hogar.
  3. La variante posmoderna convencional pone en duda que exista una realidad verdadera fuera del teatro de sombras. “Todo lo que hay son diferentes teatros de sombras y su interminable interacción“. Este es un argumento habitual de la reciente ciencia-ficción.

El giro lacaniano de estas interpretaciones del mito de la caverna sugiere que no existe un sujeto que observe la caverna. El sujeto observador es él mismo una sombra. Buscamos el yo y nos damos de bruces con la nada. Es la paralaje definitiva de la mente humana.

La última parte, dedicada a la paralaje política, concluye con un breve capítulo titulado “La sonrisa de Bartleby“. En él se plantea Žižek la posibilidad de una violencia emancipatoria.

La violencia es necesaria. Pero, ¿qué violencia? Hay violencias y violencias: existen violentos pasajes que simplemente demuestran la impotencia del agente; existe una violencia cuya verdadera intención es evitar que algo efectivamente cambie; en una demostración fascista de violencia, debe ocurrir todo el tiempo algo espectacular de modo que precisamente nada cambie; y existe el acto de violencia que cambia efectivamente las coordenadas básicas de una constelación. Para que esta última violencia tenga lugar, su mismo lugar debe ser abierto por medio de un gesto… Y esto nos lleva al Bartleby de Melville. Su “preferiría no hacerlo” debe ser tomado literalmente: (…) De este modo, pasamos de la política de la “resistencia” o de “protesta” que se alimenta de aquello que niega a una política que abre un nuevo espacio por fuera de la posición hegemónica y de su negación. Podemos imaginar las variaciones de ese gesto en el espacio público actual: no sólo el obvio “Existen grandes posibilidades de una nueva carrera. Únasenos” -“Preferiría no hacerlo”-, sino también “Descubra las profundidades de su verdadero ser, encuentre la paz interior” -“Preferiría no hacerlo”-, o “¿Está consciente de que su medio ambiente está en peligro? Haga algo por la ecología” -“Preferiría no hacerlo”-, o “¿Qué actitud tomar ante todas las injusticias raciales y sexuales que vemos todos a nuestro alrededor? ¿No es tiempo de hacer algo más?” -“Preferiría no hacerlo” (p. 465-466)

Visión de paralaje es, junto a El sujeto espinoso, una de las obras más ambiciosas, extensas y abarcadoras de Žižek. El propio Žižek la reconoce una de sus obras fundamentales. Para mi gusto, sus densas líneas argumentales con múltiples ramificaciones convierten la lectura de Visión de paralaje en una tarea excesivamente ardua. Sin embargo, cuando arrima a un lado a Heidegger y Lacan para hablar de cine, música o literatura es siempre ameno y brillante.

6 replies »

  1. buenos,Me Disfruta su website,muy informativo, Te falta sólo un botón de traducción el resto tudo ok!
    Adios
    excusa mi horrible espanol!

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  2. Antes de enfrascarme en la lectura de esta entrada, escribo para agradecer tu esfuerzo con este libro. El único de Zizek que no pude seguir…¡me superan sus planteamientos, profano como soy!

    Ahora estoy con “Defensa de causas perdidas”. Muy recomendable, creo.

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