Leyes

Platón: Las leyes, libro XI

Platón azota a su criado

Platón azota a su criado Cod. Poet 2º 2, fol. 162 Schachzabelbuch des Konrad von Ammenhausen, 1467 Württembergische Landesbibliothek, Stuttgart. (http://ficus.pntic.mec.es/~wque0012/filantigua/platon/05_imagenes.htm)

Tras haber expuesto en los libros IX y X el código penal, Platón dedica el libro XI al código civil, encargado de regular las relaciones entre los habitantes de la ciudad. Destacan especialmente las normas relativas a la herencia y los matrimonios. En primer lugar, el ciudadano no tiene derecho a dejar sus bienes según sus preferencias y afectos. Serán las leyes las que establezcan quién debe heredar y por qué. Y, en segundo lugar, el destino de las huérfanas es ser entregadas en matrimonio a algún tío, primo, tío-abuelo… La elección libre de pareja es la última y menos razonable de las opciones. Hay que beneficiar siempre al conjunto de la sociedad y no a los intereses individuales. Y lo mejor para el todo social es que las 5040 parcelas de tierra en que se divide la ciudad permanezcan fijas dentro de la misma familia. También es especialmente severo Platón con los esclavos. Y roza el ridículo cuando prohíbe los insultos y las burlas. Prohibido maldecir y prohibido reír en la ciudad ideal.

En cuanto al derecho de propiedad Platón insiste en uno de sus argumentos habituales: tomar lo que no me pertenece podrá aumentar mi riqueza pero arruinará la virtud y la justicia en el alma. Los casos relacionados con la propiedad que Platón analiza son los siguientes:

  • Si alguien violase la norma de no tomar lo que no le pertenece a él o a sus antepasados deberá ser denunciado inmediatamente a los guardias de la ciudad. Se dará parte a Delfos y la ciudad impondrá el castigo que el Oráculo sugiera. Si el denunciante es un hombre libre ganará reputación de virtud y si es un esclavo será liberado.
  • Si alguien se apropia de alguna cosa que encontrase por casualidad pueden ocurrir varias cosas: si es un esclavo y lo que toma es de poco valor cualquiera mayor de treinta años que lo vea tiene derecho a darle unos buenos azotes. Si es un hombre libre adquirirá reputación de “miserable e irrespetuoso de las leyes” además de pagar a su dueño diez veces el valor de lo que se llevó.
  • Cualquiera puede hacer con sus esclavos lo que desee siempre que no sea impío. Al esclavo liberado se le denomina liberto.  El liberto será detenido en caso de no cuidar  suficientemente de los que lo emanciparon. Tendrá que acudir tres veces al mes a casa de su antiguo dueño para hacer lo que le ordene. No podrá ser más rico que aquel que le concedió la libertad. Todo el dinero que obtenga más allá de eso pasará a propiedad de su antiguo amo. Al igual que el extranjero, el liberto no podrá permanecer en el país más de veinte años.
  • Si alguien reclama como suyo un animal u otra cosa, el supuesto ladrón deberá convocar a aquel que le vendió o regaló tal propiedad en un plazo de treinta días. Si fuese algo comprado a un extranjero el plazo es de cinco meses.

El derecho comercial y gremial revela la poca simpatía que despertaban en Platón comerciantes y artesanos, un mal necesario que debe ser estrictamente controlado. Todo el comercio deberá realizarse dentro del mercado, nunca fuera de él, y siempre en efectivo, nunca a crédito. Si la compra se hiciera fuera del mercado no existe legislación para poder presentar quejas o reclamaciones. Si alguien realiza una venta superior a cincuenta dracmas deberá permanecer al menos diez días en la ciudad y estar localizable por si el comprador reclamase. El derecho a devolución se da en los siguientes casos:

  • Si alguien vende un esclavo con cálculos o epilepsia o alguna otra enfermedad no visible para el hombre común no será posible devolverlo si quien vende no es experto en la materia.
  • Pero si el vendedor es un profesional de la salud quien compró podrá devolverlo dentro de los primeros seis meses, excepto en el caso de la epilepsia que da derecho de devolución durante el primer año.
  • Si se vende a un homicida habrá derecho de devolución si el comprador ignora el hecho.

Queda terminantemente prohibida la adulteración de los productos, el fraude o la falsedad en las transacciones comerciales. El comerciante que, por ejemplo, adultere sus productos, sea el más odiado por los dioses. Los productos deben tener durante veinticuatro horas siempre el mismo precio. Queda prohibido el regateo y los juramentos en los puestos del mercado. Si alguien es descubierto vendiendo mercancía adulterada le será sustraída y deberá recibir un azote por cada dracma del precio en que hubiese valorado lo vendido.

El comercio al por menor no debe ser tenido como algo malo en sí mismo. Al contrario, cumple una importante función en la ciudad, distribuyendo simétricamente las mercancías entre los ciudadanos. Sin embargo, los comerciantes se dejan llevar por el afán de lucro y se aprovechan para obtener ganancias desmesuradas lo cual ha traído el descrédito a su profesión. Para evitar que la desvergüenza de algunos comerciantes perjudique a la ciudad se imponen las siguientes normas:

  • Utilizar el menor número de comerciantes que sea posible“. Por tanto, ningún hombre libre podrá ser comerciante. Si alguno rompiese esta norma podrá ser encarcelado durante un año y tendría que abandonar la actividad.
  • Sólo pueden dedicarse al comercio hombres cuya corrupción no pueda causar gran daño a la ciudad. Los comerciantes habrá de ser metecos o extranjeros.
  • Establecer un mecanismo que impida que las almas de los comerciantes estén siempre dominadas por la codicia. Los guardianes de la ley estarán más pendientes de aquellos en los que puede aflorar la corrupción, es decir, extranjeros dedicados al comercio, que de los hombre libres que han recibido la educación adecuada.

A continuación regula Platón la actividad artesanal, de importancia vital para la ciudad cuando se trata de la fabricación de armas. El artesano que no cumpla con el plazo de fabricación “ha de adeudar el valor de las obras por las que eventualmente mintió al comprador y debe hacerlas nuevamente gratis en el tiempo fijado.” El artesano no debe en ningún caso poner un precio mayor a sus productos aprovechándose del desconocimiento del comprador. Quien no pague al artesano su trabajo estará obligado a pagarle el doble y, si pasa un año sin pagar, se aplicarán intereses a la deuda.

Respecto al derecho familiar son varios los temas de los que se ocupa Platón . En primer lugar,  las herencias. La mayoría, en los momentos previos a la muerte, se encuentra en un “estado de insensatez y con el ánimo quebrantado“. Esto le incapacita para tomar buenas decisiones sobre quién ha de heredar sus posesiones. Así que será la ley quien lo establezca de modo que prevalezca la justicia y  lo mejor para el conjunto. En el testamento escrito habrá de disponer qué hijo hereda el lote de tierras de la familia. Otro será dado en adopción a alguna familia sin hijos para que herede su lote de tierras. Si existiera otro, se le enviará a las colonias y el padre podrá darle cuanto quisiera del resto de sus bienes. Si no tuviese hijos, sino hijas, el lote de tierras corresponderá al marido de la hija favorita. No podrá darle bienes al hijo que tenga casa ni a la hija que esté prometida a un futuro esposo. La familia sin hijos está obligada a dar su lote de tierras al hijo adoptado aunque podrá tomar una décima parte de sus bienes y darlo a quien quisieran.

Cuando muera alguien cuyos hijos sean todavía pequeños y necesiten tutores, estos habrán de ser los parientes más cercanos del padre y la madre y un amigo del difunto. En general, se encargarán de elegir a tutores de los huérfanos los quince guardianes de la ley más ancianos. Estos cuidarán de que los huérfanos sean tutelados como si fuesen hijos verdaderos. Si alguno considerase que ha sido mal tutelado podrá denunciar a sus tutores al cumplir la mayoría de edad.

Si alguien muere y sólo deja hijas, el hermano por parte de madre o padre que carezca de tierras se quedará con una hija como esposa y las tierras correspondientes. En el caso de que no exista ningún tío disponible para entregar a la hija se buscará a un primo y, de no hallarse, a un tío abuelo, y así sucesivamente hasta agotar a los parientes varones. Platón reconoce la brutalidad de una ley que obliga a las mujeres a casarse con individuos en los que “se dan enfermedades o mutilaciones del cuerpo o padecimientos o deficiencias de la mente” (925e) En caso de que el matrimonio sea visto por una de las partes como una imposición catastrófica podrá pedir auxilio a los guardianes de la ley.

En el caso de que algún padre quisiera repudiar a un hijo tendrá que reunir a todos los parientes consanguíneos del hijo por parte de padre y madre. Ambos explicarán sus razones y el repudio ser decidirá por votación y mayoría simple.

Platón contempla la posibilidad del divorcio. “Cuando un hombre y una mujer no se soporten en absoluto por sus temperamentos calamitosos” diez guardianes de la ley y diez mujeres encargadas de los matrimonios intentarán reconciliarlas y, si no fuese posible, lo separarán y buscarán otras personas que les convengan mejor. El objetivo de los guardianes será garantizar la descendencia y encontrar parejas adecuadas para el cuidado mutuo en la vejez.

¿A quién pertenecen los hijos de los esclavos? El rostro más feo de la sociedad ateniense vuelve a mostrarse en la respuesta a esta pregunta. Si una esclava tuviese relaciones sexuales con un libre, un manumiso o un esclavo el hijo pertenecerá siempre al amo de la esclava. Si una mujer libre tuviera relaciones sexuales con un esclavo el hijo será propiedad del amo del esclavo.

“y si ha nacido de un dueño y su esclava o de una dueña y su esclavo, y el hecho es evidente, que las mujeres envíen a otro país junto con el padre al nacido de la dueña, y que hagan lo mismo los guardianes de la ley con la madre y con el nacido del dueño.” 930e

Si alguien fuese encontrado culpable de maltratar a sus padres será castigado con golpes y cárcel para los hombres hasta los treinta y hasta los cuarenta para las mujeres. Si los hijos fuesen de más edad será un tribunal de ciento un ciudadanos el que decida la pena que debe sufrir.

En cuanto a los daños y ofensas a terceros Platón estipula lo siguiente:

  • Cuando alguien practique ritos mágicos para perjudicar a otros existirán dos tipos de penas. Si se descubre que es un experto, un adivino o augur, sufrirá pena de muerte. Si, por el contrario, fuese un lego en la materia, un tribunal evaluará lo que debe sufrir o pagar.
  • Los locos furiosos deben permanecer en sus casas. Si aparecieran por la ciudad y ofendieran a alguien la familia tendría que pagar una multa.
  • Prohibido terminantemente el insulto. Quien los emplea deja llevar su alma por las bajas pasiones de la ira y la cólera. Pero ¿se puede hacer burla de alguien sin cólera? Tampoco. Si un autor de comedia hiciera burla de algún ciudadano, con saña o sin saña, será expulsado del país o pagará una multa. Sólo estará permitida la burla cuando esté dirigida a aquellos que han hecho un mal papel en los juegos.
  • Que no haya mendigos. Quien “intente recolectar sus medios de vida con ruegos sin fin” que sea expulsado de la región para que nadie tenga que soportar a una criatura semejante.
  • Si un esclavo daña alguna propiedad, su amo tendrá que hacerse cargo, resarciendo el daño o entregando al esclavo. Pero si esto fuera una maquinación del esclavo  para cambiar de señor este debe obtener el doble del valor del esclavo.

Las normas sobre derecho procesal que Platón legisla son:

  • Una mujer libre podrá testificar en un juicio si es mayor de cuarenta años. Si no tiene marido podrá abrir una causa, pero en caso de que lo tenga tendrá que ser su esposo quien lo haga. Los esclavos y los niños sólo podrán testificar en caso de asesinato.
  • Todas estas normas buscan ante todo la justicia. Pero aunque los hombres se empeñen en buscar la belleza es inevitable que aparezcan manchas. En el caso de la justicia la mancha son los retóricos, los abogados, cuyo objetivo no es la verdad sino vencer a cualquier precio. Los que practiquen este vicio habrán de abandonar el país.

Cuestionario

  1. Busca aspectos positivos y aspectos negativos en el código civil propuesto por Platón.
  2. El trato a los esclavos y a las mujeres es especialmente severo. Esto ha llevado a algunos a cuestionar el ideal de la democracia griega. ¿Qué opinas al respecto?
  3. Para el marxismo, al igual que para Platón, las cuestiones de herencia no son decisión individual porque afectan al todo social. ¿Qué te parece?

Textos para comentar

1. ¿Y si la pareja impuesta por los guardianes es un indeseable?

No se nos debe ocultar el peso de leyes de este tipo, qué penoso es cuando una ley ordena con brutalidad al familiar consanguíneo del difunto casarse con una pariente, pero parece no considerar los innumerables obstáculos que se dan entre los hombres para que alguien quiera obedecer prescripciones semejantes; prefieren, por el contrario, sufrir cualquier cosa antes, cuando, en algunos de los hombres o mujeres a los que se ha ordenado contraer matrimonio, se dan enfermedades o mutilaciones del cuerpo o padecimientos o deficiencias de la mente. Quizás a algunos podría parecerles que el legislador no se preocupa en absoluto de tales cosas. No tienen una opinión correcta. Bien, debemos decir como una especie de preámbulo común en nombre del que da y de los que reciben las leyes, que pida que los que reciben sus órdenes disculpen al legislador, porque, al ocuparse de los asuntos comunes, nunca podría regular al mismo tiempo las condiciones particulares que tiene cada uno, pero que también solicite comprensión para los que reciben las leyes, porque, probablemente, a veces no podrán cumplir las órdenes que dio el legislador sin conocer la situación. (926a)

2. Divorcio.

Cuando un hombre y una mujer no se soporten en absoluto por sus temperamentos calamitosos, diez varones guardianes de la ley de edad intermedia deben hacerse cargo siempre de tales conflictos y asimismo diez de las mujeres encargadas de los matrimonios. En caso de que puedan reconciliarlos, sea válida la reconciliación; pero si sus almas estuvieren demasiado encendidas por sus pasiones, quede legalmente establecido que deben buscar en lo posible a personas que les convengan a cada uno de ellos. Pero es probable que sean de una índole tal que no tengan caracteres dulces. Por tanto, hay que intentar armonizarlos en matrimonios con temperamentos más constantes y suaves. Y todos los que se peleen cuando no tienen hijos o con pocos hijos deben procurar convivir con otra persona para tenerlos. Pero en el caso de los que tengan suficientes hijos, hay que separarlos y unirlos a otros para que envejezcan acompañados y se cuiden unos a otros. (930a)

3. Maltrato a los padres.

Si alguien en esta ciudad tuviere a uno de sus padres más descuidado de lo debido y no concediere ni satisficiere en todo su voluntad más que la de sus hijos, la de todos sus descendientes y la suya propia, denúncielo el que sufra tal cosa, ya sea él mismo o enviando una persona a los tres guardianes de la ley más ancianos y también a tres de las mujeres encargadas de los matrimonios. Éstos deben hacerse cargo del asunto y han de castigar a los que cometen el delito, si son jóvenes, con golpes y cárcel, los hombres hasta que tengan treinta años, mientras que las mujeres deben ser penadas con los mismos castigos hasta que tengan diez años más. Pero en caso de que sean mayores y no dejen de ser negligentes con sus padres y maltraten a algunos, eleven una acusación ante un tribunal de ciento un ciudadanos, aquellos que sean los más ancianos de todos. Si alguien fuere encontrado culpable, estime el tribunal lo que debe pagar o sufrir, sin prohibir nada de lo que un hombre pueda sufrir o pagar. (932 a)

4. ¡Prohibido insultar, maldecir y reír!

En efecto, del desear el mal, maldiciéndose unos a otros, y del regañarse a la manera de las  mujeres con malas palabras —primero de las palabras, pues, una cosa leve— nacen en la realidad el odio intenso y las enemistades profundas. Pues el que habla, al ser grato a una cosa sin gracia, la cólera, y atiborrar la ira de manjares nocivos, volviendo a hacer salvaje toda esa parte del alma que una vez la educación había amansado, se convierte en una bestia y se pasa la vida de mal humor, por recibir las gracias amargas de la cólera. (935 a)

Al autor de una comedia o de un cierto tipo de yambos o de una canción lírica no le está permitido en absoluto hacer mofa de ningún ciudadano ni en el texto ni en la mímica y el aspecto, ni con saña ni sin saña. En caso de que alguien desobedezca, el mismo día los jueces de los certámenes deben expulsarlo del país o sean penados con tres minas que se han de consagrar al dios del que fuere la competencia. (936c)

5. Solución a la mendicidad.

Que no haya ningún mendigo en nuestra ciudad, pero si alguien intentare recolectar sus medios de vida con ruegos sin fin, los guardias del mercado deben expulsarlo del mercado, mientras que del casco urbano lo debe excluir la magistratura de los guardias urbanos y los guardias rurales han de expulsarlo del resto del país, arrojándolo más allá de la frontera, para que la región quede completamente limpia de una criatura semejante. (937 c)

6. Los abogados convertidos en una plaga.

Aunque hay muchas cosas bellas en la vida de los hombres, a la mayoría de ellos le salen naturalmente como máculas que las manchan y ensucian. Y sobre todo en el caso de la justicia entre los hombres, ¿cómo no ha de ser un bien que amansa todo lo humano?. Y si esto es bueno, ¿cómo no habría de ser un bien para nosotros también el actuar como abogado?. Aunque estas cosas son en sí buenas, las desacredita un vicio, que se pone por delante un bello nombre, arte, que dice, primero, que hay una cierta técnica fraudulenta de llevar los juicios —que él mismo es esa técnica de pleitear y actuar como abogado de otro— que puede vencer, no importa si se ha actuado justamente o no en los asuntos que se tratan en cada proceso. Luego, sostiene que es una prestación precisamente de ese arte y de los discursos que él produce, siempre y cuando uno, a su vez, haga la contraprestación de dinero. Es absolutamente imprescindible que ese vicio ni siquiera nazca en nuestra ciudad, ya sea que se trate de un arte o una actividad empírica sin arte. (937 e)

Bibliografía.

  1. Platón: Las leyes. Francisco Lisi (tr.) Madrid: Gredos, 1999.
  2. Platón: Las leyes. José Manuel Pabón y Manuel Fernández Galiano (tr.). Madrid: Alianza, 2002.

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