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Platón: Sofista o el arte de la simulación

Demasiado retorcido, en efecto -asintió Lantano-. Una máquina que mata y que esparce también pruebas falsas; sólo que en este caso las pruebas falsas son auténticas. Tenemos aquí, Adams, el no va más de la falsificación, la última etapa en la evolución de una empresa creada con el único y exclusivo propósito de fabricar fraudes que resulten convincentes.

Philip K. Dick.: La penúltima verdad. Barcelona: Minotauro, 2004, p. 206.


Platón define la sofística como la técnica de hacer pasar el discurso o las imágenes aparentes como reales. Decir que una imagen simula o falsea la realidad implica la existencia de una realidad verdadera, de un verdadero ser, que la contradice. Esta es la opción platónica. El sofista, en cambio, defiende la verdad de la simulación. Para él no existe un afuera real capaz de invalidar el discurso o la imagen simulada. Toda imagen es una simulación y no existe una simulación falsa. La victoria de Platón sobre la sofística tiene como principal argumento a favor la connotación peyorativa asociada al término. Sin embargo, es la metafísica del sofista la que mejor describe nuestro mundo. Eso que Platón llamaba verdad y ser ha quedado totalmente anulado en esta cultura nuestra adoradora de imágenes. Lo real se ha evaporado. Vivimos bajo la tiranía del simulacro.

Intentaré resumir el argumento de Sofista en unas pocas líneas. Sofista significa para Platón mentiroso. El que hace pasar las apariencias por realidad. Para el sofista si eres capaz de convencer a todos de algo, ese algo se transforma en real y verdadero. No hay ser más allá del discurso. El ser un producto. Del más fuerte o del más hábil. Pongamos un ejemplo: aunque sea evidente que ningún avión se estrelló contra el Pentágono el 11/S la realidad continúa siendo la que es. Esa imagen de arriba es verdadera y falsa a un tiempo. Es la victoria del simulacro (Baudrillard dixit). El objetivo de Platón es refutar la impunidad del sofista. Demostrar que existe la verdad y la falsedad y que no todo se resuelve mediante la fuerza o la persuasión. En términos filosóficos, el apoyo del sofista es Parménides: el error no es posible, ni en la percepción ni en el discurso, pues el no-ser no es. Una vez dada, la palabra o la imagen, es.

El uso perverso de la tesis de Parménides es obvio en las tres tesis de Gorgias. Gorgiasse hizo rico preparando a oradores para los tribunales atenienses. Renunció a la verdad en favor de la seducción y la persuasión. Comprenderás mejor sus tesis si imaginas que sus tres famosas afirmaciones están dirigidas a sus “clientes” y significan más o menos:

1. Nada existe. Tú no has cometido el crimen que te imputan. Eres inocente, dice el abogado a su cliente.

2. Si existiera algo, no podría ser conocido. Pero es que soy culpable, yo lo hice, afirma el cliente. Aunque fueses culpable, aunque lo hubieses hecho, para poder acusarte alguien tiene que haberte visto, alguien tiene que saberlo, necesitan testigos. En caso contrario, sigues siendo inocente.

3. Si pudiera ser conocido, no podría ser comunicado ni explicado a los demás. Pero es que hay un testigo, dice el cliente. No importa, hay que lograr que el testigo no sea capaz de contarlo: podemos sobornarlo o desacreditarlo o liquidarlo. Si no puede contarlo sigues sin ser culpable.

Para poder refutar este cinismo escéptico de Gorgias Platón necesita demostrar que existe el ser y también el no ser, que existe la verdad y también la falsedad, y que podemos distinguir entre ambas. El problema metafísico grave es cómo demostrar que existe el no-ser y, por tanto, el discurso falso, pues esto supone ir contra el venerable y tremendo Parménides.

Veamos ahora las etapas del tortuoso camino que sigue Platón para intentar desenmascar al sofista:

Empieza el Sofista con una tediosa búsqueda de la definición de la pesca con caña. Ejemplo menor que pronto se revela útil pues existe cierto parecido entre el sofista y el pescador de caña: ambos son cazadores. La primera definición de sofista lo deja bastante mal parado: Del mismo modo que el amante busca cazar al amado haciéndole regalos, el sofista busca cazar a ricos incautos con discursos sobre la virtud. La segunda definición de sofista no es menos irónica: el que comercia con consejos para vivir bien, lo que hoy se correspondería más o menos con esos escritores de libros de auto-ayuda tipo Bucay. En tercer lugar, será sofista tanto si toma sus conocimientos prestados de otros como si los elabora él mismo. El propio Bucay, acusado en varias ocasiones de plagio, es un buen ejemplo de sofista a jornada completa. En cuarto lugar, el sofista es un discutidor profesional sobre asuntos relacionados con la justicia que obtiene un buen rendimiento económico de sus combates dialécticos. En este caso, al sofista se le compara con un vulgar picapleitos. Su opuesto es, según Platón, el charlatán, que hace lo mismo, pero para divertir al público. Si quieres ejemplos de charlatanes no tienes más que ver alguna tertulia política en televisión.

Resulta triste constatar que el sistema educativo en el que funcionamos hoy día trabaja al cien por cien dentro del paradigma sofístico. Buscamos niños incautos a los que vender ideología a cambio de una paga mensual.

Opuesto al mercadeo sofista del saber, que ha convertido el conocimiento en mera mercancía, está el método socrático. Según este la peor ignorancia es la del que cree que sabe. La peor estupidez, la del incapaz de reconocer su propia ignorancia. El método socrático, la refutación, es la auténtica medicina del alma. Saber que no se sabe es el primer paso para alcanzar la salud del intelecto.

Lo peor de los dogmas, culpables de la estupidez de la mayoría, es la profundidad de sus raíces en el alma colectiva. Tan adentro están que pasan casi inadvertidas. Pienso en el dogma ultraliberal, la mano invisible de Adam Smith, o en la convicción unánime acerca de las bondades intrínsecas de nuestras democracias occidentales. En realidad, estas están tan oscurecidas por la falta de información veraz y el exceso de marketing publicitario que, lejos de los ideales de libertad, se han transformado en un mecanismo ultradesarrollado de control social.

Cuando Platón se extiende sobre la sofística diciendo que es la técnica capaz de producirlo todo, de imitarlo todo, mediante imágenes y sonidos, para hacer creer a los incautos que realmente saben, uno no puede menos que pensar en la televisión. El parecido entre la sofística y el mundo de la caverna son evidentes. La televisión es ese productor inagotable de imágenes y discursos capaz de trasformar la mera apariencia en realidad y la ignorancia en sabiduría. Hoy día, además, con alta definición y dolby surround.

Aunque la mayoría cree que la publicidad en televisión sirve para llenar los huecos entre los programas habituales, sean seriales o informativos, en realidad, son los seriales y los informativos los que llenan los huecos entre anuncio y anuncio. La televisión es esencialmente publicidad, es decir, hacer pasar lo que es por lo que no es y lo que no es por lo que es. La televisión es la extensión de la sofística a un nivel planetario.

Ahora bien cuando alguien emite un juicio falso o produce una imagen falsa está refiriéndose a lo que no es. Pero esto, según Parménides, es imposible ya que que el no ser no puede siquiera ser pensado. Hoy día la imposibilidad del no-ser se ha traspasado al ser. Una lectura contemporánea del trabalenguas parmenídeo podría ser, por ejemplo, que la publicidad, modelo de falsedad y simulación, produce, en realidad, el único y verdadero ser. Hoy día, la industria de la mentira y la apariencia, acapara el ser de un modo exclusivo, de modo que lo no aparece en televisión no existe, no es real, no es verdad. El publicista, metido a novelista, Frederic Beigbeder, desarrolla esta idea en 13,99€ y Socorro, perdón.

Platón llama a los materialistas gente terrible y los compara con los amables defensores de las Formas inteligibles. Esa inquina de Platón por lo material le pareció muy sospechosa a Nietzsche, y con razón. En la actualidad es Michel Onfray quien insiste en que este rechazo del materialismo por parte de Platón es el culpable de la pérdida insustituible de los libros de Demócrito.

De todos modos, hay en este diálogo ciertas concesiones a los partidarios de la sensibilidad y el devenir como Heráclito o Protágoras que no hallamos en diálogos previos. Si puede hablarse de un primer y segundo Wittgenstein, las argumentaciones del Sofista serían suficientes para distinguir entre un primer y un segundo Platón. Casi parece aquejado de esquizofrenia cuando el Extranjero se dirige de manera condescendiente a los amigos de las Formas para recriminarles que el suyo es un camino sin salida que sólo conduce a paradojas. Hay que reformar la dialéctica, dice el Extranjero, de modo que pueda hacerse cargo de la mezcla entre ser y devenir que propone el Sofista. Platón, antaño enemigo acérrimo de Heráclito coloca ahora al cambio entre los géneros (Ideas) mayores. De acuerdo con alguno de los infinitos intérpretes del Sofista podría decirse que la metafísica platónica abandona la ontología y queda reducida a mero análisis del lenguaje, a una superficial lógica de términos.

También podemos encontrar en el Sofista otro momento clásico del triste modo de proceder de los filósofos. Cuando Platón se enfrenta a Parménides para hacer un hueco al no-ser en su metafísica emplea la técnica, poco filosófica, más bien sofística, de cambiar de significado a la expresión no-ser. Este no significa ya lo opuesto al ser, lo cual, como sabemos desde tiempos del terrible Parménides, no puede ser ni ser conocido. Platón vacía la definición de no-ser para que su presencia no constituya una aberración ontológica. Así, para Platón en el Sofista, no-ser significa diferente de. Cada Forma es diferente de muchas otras con lo cual el no-ser se ha instalado en el mundo del ser. Pero, evidentemente, una cosa es la existencia de la misteriosa nada absoluta de Parménides y otra muy distinta es esa verdad de perogrullo de que si una cosa es, al mismo tiempo no es otras muchas. Al final, Parménides sigue intacto y la argumentación del Sofista se queda en una mera maniobra de distracción.

De todos modos, Platón sigue adelante. Una vez consigue demostrar que existe diferencia entre un discurso falso y uno verdadero cree tener acorralado al sofista. Termina definiéndolo como un productor de imágenes, de ilusiones, de simulaciones. Nada más actual. Sofista es esta nuestra civilización de imágenes.

A continuación añado un cuestionario sobre Sofista, algunos textos para comentar y algo de bibliografía:

Cuestionario

  1. Resume la definición de pesca con caña. 221b
  2. Primera definición de sofista. 223b
  3. Segunda y ¿tercera? definición de sofista 224c-d
  4. Cuarta definición de sofista 224e
  5. Quinta definición de sofista 226a
  6. ¿Cómo define Platón la fealdad? 228a ¿Qué relación tiene con el carácter matemático de las Ideas?
  7. ¿En qué consiste la perversión del alma en la gente mediocre? 228b Da algún ejemplo propio.
  8. ¿Cuál es la peor forma de ignorancia? 229c ¿Se te ocurre algún ejemplo?
  9. El método que el Extranjero propone en 230b para corregir la ignorancia es muy semejante al que utiliza Sócrates. Resúmelo.
  10. Explica la frase: “la refutación es la más grande y la más poderosa de las purificaciones, y a su vez debe admitirse que quien no es refutado, así se trate del Gran Rey será un gran impuro e , y dejará inculto y afeado aquello que tendría que ser lo más puro y lo mejor para quien aspire a ser realmente feliz.”
  11. Sexta definición de sofista 231c. ¿Por que la llama el Extranjero sofística de noble estirpe?
  12. ¿A qué objetos se orienta la técnica del contradecir propia del sofista? 232a-e
  13. Platón define al sofista asociándolo a la imitación y a la magia. Explica esta idea. 234c-235a
  14. Distingue técnica figurativa y técnica simulativa 236a-c
  15. ¿Cuál es el problema de las falsas imágenes? ¿Qué tiene que ver con Parménides? 236e-237a
  16. ¿Qué problema es el propio del no-ser? 238c-d
  17. ¿Cómo demuestra el Extranjero que la imagen no existe? 240b
  18. ¿Qué parricidio comete el Extranjero? 241d
  19. Resume la pequeña historia de la filosofía que Platón relata en 242d-243b
  20. ¿Qué método propone el Extranjero para estudiar el ser? 243d
  21. ¿Cuál es la crítica de Platón a los pluralistas? 243e-244a
  22. ¿Cuál es la crítica de Platón a Parménides en 244e?
  23. ¿Por qué afirma el Extranjero que si el ser es único no podrá nunca llegar a ser? 245d
  24. ¿Por qué crees que Teeteto califica de gente terrible a los materialistas? 246a-b
  25. ¿Quiénes se oponen a los materialistas? 246b
  26. Platón hace una distinción entre materialistas radicales y filosofías un poco más sutiles como la de Demócrito. ¿En qué consiste? 247b
  27. ¿Cómo definen el ser los materialistas? 247e ¿Y los amigos de las Formas?
  28. Resume la crítica de Platón a la visión del ser de los amigos de las Formas. 248e-249a
  29. A partir de esta sentencia “Debe aceptarse que tanto lo que cambia como el cambio existen”comenta la actitud en este diálogo de Platón hacia Parménides. 249b
  30. ¿Cuál es la solución salomónica que el Extranjero propone al conflicto entre materialistas e idealistas? 249d
  31. ¿Qué tipo de nueva ciencia propone Platón para estudiar el mundo de los géneros, formas o ideas? 253d-e
  32. ¿Por qué es difícil captar mediante definiciones tanto al filósofo como al sofista? 254a-b
  33. ¿Cuáles son los tres géneros mayores y cómo se relacionan entre sí? 254d
  34. ¿Qué otras dos Formas se añaden a los tres géneros mayores? 255c-d
  35. ¿Cuáles son las propiedades del Género cambio? ¿Cómo se relaciona con los demás géneros? 255e-256d
  36. Explica la frase: “Respecto de cada forma, entonces, hay mucho de ser, pero también una cantidad infinita de no-ser.” 256e
  37. Una muy difícil. Platón eleva el no-ser a la categoría de Forma en 258-259. ¿Te parece una conclusión correcta?
  38. Otra muy difícil. ¿Por qué afirma Platón una y otra vez que el no-ser que ha tratado no tiene nada que ver con el de Parménides? 259a
  39. ¿Qué significa la siguiente sentencia del Extranjero:El no-ser se nos mostró como cierto género —uno entre otros— que está disperso por sobre todas las cosas.? 260b
  40. ¿En qué consiste el juicio o el discurso falsos? 260c
  41. ¿Cuáles son los elementos de cualquier discurso? 262a
  42. Define discurso falso y discurso verdadero 263b
  43. ¿Cuál es la función del dios artesano en la cosmogonía de Platón? 265c
  44. ¿Cuáles son las formas de producción? 266d

Textos para comentar

1. El método dialéctico: división de géneros.

La sofística pertenece a la técnica [apropiativa] adquisitiva, y viene a ser una especie de caza que se ocupa de seres vivos, que caminan, terrestres, domésticos, humanos, en forma privada, por un salario, con intercambio de dinero, con apariencia de enseñanza, y que se ejerce sobre jóvenes adinerados y distinguidos. 223b

2. Mayéutica.

Interrogan primero sobre aquello que alguien cree que dice, cuando en realidad no dice nada. Luego cuestionan fácilmente las opiniones de los así desorientados, y después de sistematizar los argumentos, los confrontan unos con otros y muestran que, respecto de las mismas cosas, y al mismo tiempo, sostienen afirmaciones contrarias. Al ver esto, los cuestionados se encolerizan contra sí mismos y se calman frente a los otros. Gracias a este procedimiento, se liberan de todas las grandes y sólidas c opiniones que tienen sobre sí mismos, liberación ésta que es placentera para quien escucha y base firme para quien la experimenta. En efecto, estimado joven, quienes así purifican piensan, al igual que los médicos, que el cuerpo no podrá beneficiarse del alimento que recibe hasta que no haya expulsado de sí aquello que lo indispone; y lo mismo ocurre respecto del alma: ella no podrá aprovechar los conocimientos recibidos hasta que el refutador consiga que quien ha sido refutado se avergüence, eliminando así las opiniones que impiden los conocimientos, y muestre que ella está purificada, consciente de que conoce sólo aquello que sabe, y nada más. 230d

3. Parménides

Pues afirmar que realmente se pueden decir y pensar falsedades y pronunciar esto sin incurrir necesariamente en una contradicción, es, Teeteto, enormemente difícil.
Teet. — ¿Por qué?
Extr. — Un argumento semejante se atreve a sostener que existe lo que no es, pues, de otro modo, lo falso no podría llegar a ser. Pero el gran Parménides, hijo mío, cuando nosotros éramos jóvenes, desde el principio hasta el fin testimoniaba lo siguiente, tanto en prosa como en verso:
Que esto nunca se imponga —dice— que haya cosas que no son.
Tú, al investigar, aparta el pensamiento de este camino. 237a

4. Los materialistas.

Extr. — Unos arrastran todo desde el cielo y lo invisible hacia la tierra, abrazando toscamente con las manos piedras y árboles. Aferrándose a estas cosas, sostienen que sólo existe lo que ofrece resistencia y cierto contacto; definen como idénticos la realidad y el cuerpo, y si alguien b afirma que algo que no tiene cuerpo, existe, ellos lo desprecian por completo y no quieren escuchar ninguna otra cosa.
Teet. — Has hablado de gente terrible; también yo, en efecto, los he podido encontrar. 246b

5. No-ser

Es, entonces, necesario que exista el no-ser en lo que respecta al cambio, y también en el caso de todos los géneros. Pues, en cada género, la naturaleza de lo diferente, al hacerlo diferente del ser, lo convierte en algo que no es, y, según este aspecto, es correcto decir que todos ellos son algo que no es, pero, al mismo tiempo, en tanto participan del ser, existen y son algo que es. 256e

Bibliografía

  1. Platón: Diálogos V. Parménides, Teeteto, Sofista, Político. Santa Cruz, Mª I. (trad. Parménides, Político), Vallejo Campos, A. (trad. Teeteto) y Cordero N. L. (trad. y prol. Sofista) Madrid: Editorial Gredos, 1988.
  2. Francis M. Cornford: La teoría platónica del conocimiento. Barcelona: Paidós, 2007

9 replies »

  1. Al leer el “Sofista” de Platón, cambió mi perspectiva sobre este filósofo. Ese Platón tan odioso de “República” que le valió, a mí parecer de manera muy justa, el calificativo de “pseudorracional” por parte de Karl Popper (en “La sociedad abierta a sus enemigos”) es desplazado por ese Platón que, en un magistral gesto de madurez intelectual, tuvo la osadía de criticar su propio sistema en el “Sofista” y otros diálogos tardíos como “Filebo” y “Político”. En efecto, lo que Popper llama “pseudorracional” es esa actitud autoritaria, casi dictatorial, por parte de Platón que casi declara que “Yo he alcanzado la Forma del Bien, sólo lo que yo digo es verdad y quien cree algo diferente se equivoca”; mientras que, para ese autor, lo propiamente “racional” sería esa actitud socrática en la que se parte del hecho de aceptar que el otro puede tener razón y hace falta escucharlo, por lo que la mejor manera de proceder es el diálogo para construir conjuntamente del conocimiento. Haciendo un pequeño paréntesis, creo que, en el ámbito pedagógico, podría compararse estas actitudes de “racionalidad” y “pseudorracionalidad” con el contraste que hay entre el modelo educativo concebido desde la teoría crítica (defendida por autores como Peter Mc Laren, Paulo Freire y Henry Giroux) y los modelos positivistas de la educación (como es el caso de Durkheim): mientras que los positivistas creen que “educarse es adaptarse a la sociedad” y por tanto son los maestros quienes tienen siempre la razón y los estudiantes deben callar y obedecer, los pedágogos críticos no sólo consideran que el proceso de aprendizaje es bidireccional, sino que también brindan herramientas para poder develar el manto ideológico que cubre las relaciones de dominación en el positivismo. (Sobre este tema recomiendo ampliamente “La vida en las escuelas” de Peter McLaren).

    Sobre el diálogo “Sofista” hay muchas cosas que decir. Desde mi opinión:

    1) Platón no está interesado en mostrar con fidelidad en qué consiste el pensamiento de Parménides, su finalidad es más bien un esfuerzo teórico para deshacer la apropiación sofística del legado del Eleata (esta es la tesis que defiende John Palmer en “Plato’s reception of Parmenides”); en ese sentido, es una necesidad adentrarse en la significación de las nociones de “ser” y “no ser”, pues el sofista se valdría de la confusión que tales nociones entrañan para hacerse pasar por sabios. Este es el motivo por el cual Platón desarrolla ese largo merodeo histórico sobre las distintas concepciones del “Ser”: al revisar las aporías en torno al “Ser” que no son capaces de resolver los pensadores presocráticos, Platón se percata, adelantándose a Aristóteles, que el fundamento de las aporías viene dado porque no han sido capaces de ver que el “Ser” se dice de muchas maneras (materia, forma, movimiento, reposo, etc.).

    2) Aunque las viejas interpretaciones de Parménides sostenían que el “ser” tenía un valor existencial, en la actualidad es posible mostrar que Parménides no necesariamente entendió el verbo “ser” como “existencia”, tal como defiende Alexander Mourelatos (“The route od Parmenides”). Esto significa que, en mi opinión, muy acertadamente, cuando se habla de “lo que no es” Parménides no nos está diciendo “lo que no existe”, es decir, “la nada”, pues como ha mostrado Charles Kahn (“Essays on Being”), el sentido originario del verbo “ser” es expresar cómo son las cosas realmente, por esta razón Mourelatos afirmará que la vía del “es” más bien indica aquello que provee la identidad más profunda de la realidad, así como su naturaleza última porque es precisamente esto lo que nos conduce a la verdad y un conocimiento sólido. Por ello, “lo que no es” podría ser, muy cercano a lo que dice Platón, lo que es distinto de la esencia, es decir, algo bastante cercano a la noción de “accidente”, lo que no pertenece propiamente a la esencia de un objeto.

    3) Aunque admiro muy sinceramente la analogía que usted emplea para explicar las tesis de Gorgias de su “Tratado Sobre el No-ser”, no estoy de acuerdo con este retrato de Gorgias porque se trata nada más y nada menos de la imagen desfigurada que hemos recibido Platón, alguien que, como muestra Bruce McComiskey (“Gorgias and the New Sophistic Rhetoric”) no tenía la más mínima intención de comprender en profundidad lo que realmente querían decir los sofistas sino que, más bien, considerándolos sus enemigos políticos, busca sobre todo ridiculizarlos y disminuir su influencia. De hecho, creo que Pierre Aubenque (“El Problema del Ser en Aristóteles”) es muy acertado cuando afirma que Aristóteles desarrolla con mayor rigor una teoría sobre la lógica y sobre el lenguaje porque le interesa refutar verdaderamente a los sofistas y no simplemente ridiculizarlos como Platón. Sin embargo, para ser justos, considero que en el diálogo “Sofista” la situación es diferente porque el ataque platónico contra los sofistas consiste en la construcción de una teoría del lenguaje con la cual hacerles frente.

    4) Siguiendo los pasos de Barbara Cassin (“El efecto sofístico”), puede verse en qué consiste la distorsión platónica de los sofistas: Platón está pensando en un uso del lenguaje en el que la palabra se refiere a la cosa, y es más, la palabra debe describir y representar lo que es el objeto, en ese sentido, es absolutamente absurdo sostener, como un supuesto Protágoras, que no hay criterio de verdad y que es posible afirmar que una brisa es fría así como también es posible afirmar sobre la misma brisa que es caliente, porque, al recibir el soplido del viento, sólo podremos afirmar con adecuación uno de los dos enunciados. En cambio, lo que está pensando Gorgias es en un uso del lenguaje donde no hay objeto real, un uso del lenguaje donde las palabras crean el objeto, para colocar un ejemplo trivial: si un grupo de personas afirman cosas diferentes, incluso contradictorias, sobre las características de los duendes, nadie se equivocará porque sencillamente no hay error cuando no es posible la adecuación palabra-cosa. Ahora, esta reflexión los sofistas la llevan a un campo sumamente importante, a la ética: a diferencia de lo que cree Platón, para los sofistas no existe lo “bueno en sí mismo” ni lo “justo en sí mismo”, es decir, no es posible equivocarse al hacer juicios sobre lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo, etc. simplemente porque, al no haber un objeto que sea “lo bueno en sí mismo” que nos sirva de paradigma para decir “x es conforme a la Forma del Bien, es decir, x es bueno o justo”, no es posible la adecuación, no es posible el error. Por ello, en el caso específico de Gorgias lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo bello y lo feo son creaciones del lenguaje, creación de un discurso que esta dado en las leyes, en la religión, en cierta postura ética: la eutanacia, el aborto, etc. no son buenos o malos por sí mismos, sino que los ponderamos a partir de la valoración que nos trasmite la sociedad en que vivimos y, finalmente, podemos opinar distinto sin equivocarnos.

    En fin, pienso que es un tema apasionante y que hay muchas cosas que decir al respecto, quizá en otro momento. Hace algún tiempo escribí un breve ensayo sobre el “Sofista” de Platón, y aunque no manejaba gran parte de esta información, igualmente dejo la dirección por si acaso a alguien le interesa:

    http://filosofaaquyahora.blogspot.com/2010/12/enunciados-falsos-en-el-sofista-de.html

    Saludos profesor, y gracias por este maravilloso espacio para el pensamiento y la reflexión.

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  2. Hola Carlos, la distinción que haces sobre la educación tiene mucho sentido hoy día. El aprendizaje que perdura es bidireccional. Las pocas cosas inteligentes que haya dicho en este blog son producto de la insistente curiosidad de mis alumnos. Del diálogo. Desgraciadamente, en muchas ocasiones, en la educación secundaria, ni el sistema educativo ni el alumnado busca conocer sino obtener un título, y te coloca en la triste posición del “profesor positivista”.

    Tras haber leído a Platón a lo largo de los años tengo la sensación de que en la exposición académica de su filosofía se minusvalora su capacidad autocrítica. En más de una ocasión, la crítica de Aristóteles se limita a copiar la argumentación de su maestro. Parménides o El sofista, por ejemplo.

    Gracias por la referencia del profesor Alexander Mourelatos (University of Texas) y su libro The Route of Parmenides (1970). No hay traducción pero esta disponible en las librerías virtuales.

    Sobre el último punto, la aplicación a la ética o la política de las ideas metafísicas creo que un buen punto de partida para exponer las debilidades de la argumentación de Platón sería un reciente best-seller Las dos muertes de Sócrates de Ignacio García Valiño. Por un lado, está la muerte de Sócrates vista por Platón como un martirio y por otro, la misma muerte vista por el sofista Pródico, como un episodio más de la guerra entre Atenas y Esparta. No es el tipo de literatura que me gusta pero el planteamiento es interesante.

    Un saludo.

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  3. Frente a lo dicho anteriormente, creo que es importante detenerse en un punto: la quinta definición de sofista que se ofrece en el diálogo (227b-c), el “sofista de noble linaje”, apunta directamente a Sócrates. No es poco lo que esto implica, pues, se le estaría diciendo sofista (de “noble linaje” y todo lo que se quiera pero al fin y al cabo el diálogo aclara que sofista=falso filósofo) a alguien que históricamente ha sido símbolo de la verdadera filosofía; y más grave el hecho por cuanto quien dice esto es su propio discípulo. Esto da mucho para reflexionar.

    A mi juicio, lo que Platón afirma es que el escepticismo del que hace gala Sócrates (con frases como “yo sólo sé que nada sé”) no puede ser en ningún modo filosofía porque un filósofo es el que construye conocimiento y no el que lo destruye. El papel del escepticismo es benéfico porque prepara el terreno para la revelación de la verdad; así, Platón pasa de diálogos juveniles, que son socráticos y por tanto con cierto aire escéptico, a diálogos de madurez donde construye una doctrina. Lo terriblemente irónico para Platón es que, luego de su muerte, su doctrina y su Academia desemboquen en el escepticismo bajo la dirección de Arcesilao y Carnéades.

    Esa vuelta atrás en la Academia, a mi entender, no se da sin razón sino que es propiciada por el mismo maestro: en su etapa tardía, en el diálogo “Sofista” (248e-249a), ya se deja asomar la posibilidad de que esas Formas Absolutas, que brindarían fundamento para la construcción del conocimiento verdadero, no puedan ser cognoscibles para el alma humana; lo que hicieron los continuadores de la obra platónica fue simplemente comprobar esa posibilidad. Por otra parte, esa vuelta atrás no implica decadencia, como muchas veces se dice en los manuales, sino todo lo contrario: significa darse cuenta de las limitaciones del conocimiento humano para asumir que no hay nada definitivo en ninguna doctrina.

    En conclusión, yo creo que Platón reconoce en el fondo que, a pesar de querer superar a su maestro para salir del escepticismo, no lo logra y por eso critica sus intentos previos de construir una doctrina. Creo que Gorgias es el primer escéptico y que Sócrates recibe practicamente toda su formación de la sofística (Diógenes Laercio afirma que el inventor de el estilo de diálogo que usó Sócrates es Protágoras), por lo que es un sofista (“noble” dice Platón entre otras cosas porque no cobraba, pero sofista al fin y al cabo). Y creo, por tanto, que la sofística no puede ser tan mala si su núcleo es el escepticismo, porque con ella se reconoce que los sistemas filosóficos son sólo opiniones sistematizadas y no verdades reveladas por los dioses, como quiso hacer creer Parménides y de algún modo en cierto momento también Platón.

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  4. Muy bueno tu artículo, la apropiación que pueden hacer los alumnos de los contenidos por medio de hechos significativos de la realidad , es mucho mejor que hacerlos estudiar de memoria, que como memoria hoy se recuerda y mañana no si no se utiliza lo aprendido.
    Con esto es seguro que sabrán a que se refiere Platón cuando habla en el Sofista.

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