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Platón: Crátilo

El Crátilo de Platón es un diálogo de transición, aporético y especialmente interesante para observar cómo el venerable Platón deforma y satiriza las misteriosas y respetables ideas de Heráclito.

La revista digital Narrativas, editada por Magda Díaz y Carlos Manzano, me publicó en su último número un breve artículo sobre el Crátilo que puede resultarte de cierto interés. Mi intención al escribirlo era hacer un resumen divertido del texto de Platón. Si deseas consultarlo sigue el enlace: Sócrates: diálogo frente a escritura. Notas al Crátilo de Platón, por Eugenio Sánchez Bravo

Como siempre, aquí tienes un extenso cuestionario para hacer una lectura lenta y profunda del diálogo más algunos textos fundamentales para comentar.

Bibliografía

Platón: Diálogos II. Gorgias, Menéxeno, Eutidemo, Menón, Crátilo. Calvo, J. L. (trad. Crátilo) Madrid: Editorial Gredos, 1983.

Cuestionario

  1. ¿Cuáles son las posiciones de Hermógenes y Crátilo respecto al lenguaje?
  2. ¿Por qué, según Crátilo, a Hermógenes no le corresponde el nombre de Hermógenes ni aunque se lo llame todo el mundo?
  3. ¿Cómo relaciona Sócrates el convencionalismo de Hermógenes con la filosofía de Protágoras?
  4. Dentro de la teoría naturalista que Sócrates defiende frente a Hermógenes en un principio aparecen los términos el “nominador” y el “dialéctico“. ¿Qué función tienen?
  5. ¿En qué contexto cita Sócrates a Eutifrón?
  6. Relaciona la etimología de la palabra soma (cuerpo) con el pitagorismo.
  7. ¿Qué sentencias famosas atribuye Sócrates a Heráclito?
  8. ¿Cómo describe Sócrates la permanencia del alma en el Hades?
  9. ¿Cuál es la relación entre Apolo y la música de las esferas?
  10. ¿Cuál es el significado del nombre Artemis?
  11. ¿Cuál es la doble naturaleza de Pan, el hijo doble de Hermes?
  12. ¿Qué ideas sobre la Luna se le atribuyen al físico Anaxágoras?
  13. ¿Por qué hombres de épocas remotas, como Heráclito, pueden haber llegado a la conclusión de que todo está en continuo movimiento y devenir?
  14. Al explicar el término Justicia, Sócrates se burla implícitamente de Anaximandro y Heráclito y explícitamente de Anaxágoras. Resume sus argumentos.
  15. ¿Cuál es la etimología de virtud (areté)?
  16. ¿Qué problemas filológicos le plantea a Sócrates el término deón (obligatorio)?
  17. ¿Qué significan epithymía y thymos? Relaciona ambos significados con las partes del alma.
  18. ¿Qué significado atribuye Sócrates al término doxa (opinión)?
  19. ¿Cuál es el significado de aletheia (verdad)?
  20. ¿Cuáles son los significados de ser (on) y no-ser (ouk on)?
  21. ¿Cuáles son los elementos primarios del lenguaje?
  22. Señala un fragmento en el que Sócrates exponga la teoría mimética del lenguaje. ¿Qué objeciones plantea Sócrates a esta teoría? ¿Qué implicaciones tiene para el naturalismo de Crátilo?
  23. En la discusión con Sócrates Crátilo pregunta de un modo retórico “¿Pues cómo es posible, Sócrates, que si uno dice lo que dice no diga lo que es? ¿O hablar falsamente no es acaso decir lo que no es?”. ¿En qué filósofo presocrático se apoya su argumentación?
  24. En la parte final del diálogo Sócrates convence a Crátilo de que los nombres no son “a semejanza” de las cosas. ¿Cómo funciona el núcleo de su argumentación?
  25. La posición de Sócrates respecto al conocimiento, ¿pasa por el lenguaje o por la contemplación de la realidad misma?
  26. ¿Por qué afirma Sócrates que la concepción del mundo de Heráclito en perpetuo cambio es incompatible con el conocimiento?

Textos para comentar

1.- Cuerpo (sôma)

SÓC. -¿Te refieres al «cuerpo» (sôma)?HERM. – Sí.

SÓC. – Éste, desde luego, me parece complicado; y mucho, aunque se le varíe poco. En efecto, hay quienes dicen que es la «tumba» (sêma) del alma, como si ésta estuviera enterrada en la actualidad. Y, dado que, a su vez, el alma manifiesta lo que manifiesta a través de éste, también se la llama justamente «signo» (sêma).

Sin embargo, creo que fueron Orfeo y los suyos quienes pusieron este nombre, sobre todo en la idea de que el alma expía las culpas que expía y de que tiene al cuerpo como recinto en el que «resguardarse» (soizetai) bajo la forma de prisión. Así pues, éste es el sôma (prisión) del alma, tal como se le nombra, mientras ésta expía sus culpas; y no hay que cambiar ni una letra. 400 c

2.- Arjé: Heráclito (logos-fuego), Anaximandro (ananké, dikaiosyne, apeiron), Anaxágoras (nous)

En cuanto a la «Justicia» (dikaiosyne), es fácil comprender que este nombre se aplica a la «comprensión de lo justo» (dikaíou synesis). Pero díkaion (lo justo) mismo es difícil. Claro que, hasta cierto punto, parece que hay acuerdo por parte de muchos, pero en seguida vienen las disputas. Cuantos consideran que el universo está en movimiento suponen que su mayor parte no tiene otro carácter que el de moverse y que hay algo que atraviesa este universo en virtud de lo cual se originan todas las cosas; y que ello es lo más rápido y sutil. Pues de otro modo no podría atravesar todo el universo, si no fuera lo más sutil como para que nada pueda contenerlo, ni lo más rápido como para relacionarse con los demás seres como si éstos estuvieran en reposo. Así pues, dado que gobierna todo lo demás «atravesándolo»(diaïón) se le dio ajustadamente el nombre de díkaion añadiendo la fuerza de la k por mor de la eufonía. (…)Pero cuando tras oírlos, vuelvo a preguntarles tranquilamente: «amigo, ¿qué es, pues, lo justo si ello es así?», parece que ya pregunto más de lo conveniente y que me paso de raya. Dicen que ya tengo suficiente información y, deseando atiborrarme, tratan de decirme cada uno una cosa y no están más de acuerdo. Pues uno afirma que lo justo es el sol: sólo él «atravesando» (diaíonta) y quemando gobierna los seres. Así pues, cuando, satisfecho por haber oído algo bello, se lo comunico a alguien, éste se burla de mí después de oírme y me pregunta si creo que no hay nada justo entre los hombres una vez que se pone el sol.

Ahora bien, como yo persisto en preguntarle qué explicación ofrece él, afirma que el fuego. Pero no es fácil de entender. Otro sostiene que no es el fuego, sino el calor que reside en el fuego. Otro dice burlarse de todo esto y que lo justo es lo que dice Anaxágoras, el noûs (la razón), pues ésta es autónoma y, sin mezclarse con nada, gobierna todas las cosas atravesándolas. En este punto, amigo mío, ya me encuentro en mayores apuros que antes de tratar de saber qué cosa es lo justo. Ahora bien, al menos el nombre, cosa por la que andábamos investigando, es claro que lo tiene por estas razones. 413a

3.- Insuficiencia de la teoría de Heráclito. Sugerencias acerca de las Ideas.

SÓC. – Por consiguiente, si es posible conocer las cosas principalmente a través de los nombres, pero también por sí mismas, ¿cuál será el más bello y claro conocimiento: conocer a partir de la imagen si ella misma tiene un cierto parecido con la realidad de la que sería imagen, o partiendo de la realidad, conocer la realidad misma y si su imagen está convenientemente lograda? CRÁT. – Me parece forzoso que a partir de la realidad.

SÓC. – En verdad, puede que sea superior a mis fuerzas y a las tuyas dilucidar de qué forma hay que conocer o descubrir los seres. Y habrá que contentarse con llegar a este acuerdo: que no es a partir de los nombres, sino que hay que conocer y buscar los seres en sí mismos más que a partir de los nombres.

CRÁT. – Parece claro, Sócrates.

SÓC. – Pues bien, examinemos todavía -a fin de que esos muchos nombres que tienden a lo mismo no nos engañen-, si, en realidad, quienes los impusieron lo hicieron en la idea de que todo se mueve y fluye (así opino yo personalmente que pensaban); o bien, si acaso esto no es así, son ellos mismos los que se agitan como si se hubieran precipitado en un remolino y tratan de arrastrarnos en su caída. Porque considera, admirable Crátilo, lo que yo sueño a veces: ¿diremos que hay algo bello y bueno en sí, y lo mismo con cada uno de los seres, o no?.

CRÁT. – Creo yo que sí, Sócrates.

SÓC. – Consideremos, entonces, la cosa en sí. No si hay un rostro hermoso o algo por el estilo -y parece que todo fluye-, sino si vamos a sostener que lo bello en sí es siempre tal cual es.

CRÁT. – Por fuerza.

SÓC. – ¿Acaso, pues, será posible calificarlo con exactitud afirmando, primero, que existe y, después, que es tal cosa, si no deja de evadirse? ¿O, al tiempo que hablamos, se convierte forzosamente en otra cosa, se evade y ya no es así?

CRÁT. – Por fuerza.

SÓC. – ¿Cómo, entonces, podría tener alguna existencia aquello que nunca se mantiene igual? Pues si un momento se mantiene igual, es evidente que, durante ese tiempo, no cambia en absoluto. Y si siempre se mantiene igual y es lo mismo, ¿cómo podría ello cambiar o moverse, si no abandona su propia forma?

CRÁT. – De ninguna manera.

SÓC. – Pero es más, tampoco podría ser conocido por nadie. Pues en el instante mismo en que se acercara quien va a conocerlo, se convertiría en otra cosa distinta, de forma que no podría conocerse qué cosa es o cómo es. Ninguna clase de conocimiento, en verdad, conoce cuando su objeto no es de ninguna manera.

CRÁT. – Es como tú dices.

SÓC. – Pero es razonable sostener que ni siquiera existe el conocimiento, Crátilo, si todas las cosas cambian y nada permanece. Pues si esto mismo, el conocimiento, no. dejara de ser conocimiento, permanecería siempre y sería conocimiento. Pero si, incluso, la forma misma de conocimiento cambia, simultáneamente cambiaría a otra forma de conocimiento y ya no sería conocimiento.

Si siempre está cambiando, no podría haber siempre conocimiento y, conforme a este razonamiento, no habría ni sujeto ni objeto de conocimiento. En cambio, si hay siempre sujeto, si hay objeto de conocimiento; si existe lo bello, lo bueno y cada uno de los seres, es evidente, para mí, que lo que ahora decimos nosotros no se parece en absoluto al flujo ni al movimiento.

Por consiguiente, puede que no sea fácil dilucidar si ello es así, o es como afirman los partidarios de Heráclito y muchos otros. Pero puede que tampoco sea propio de un hombre sensato encomendarse a los nombres engatusando a su propia alma y, con fe ciega en ellos y en quienes los pusieron, sostener con firmeza -como quien sabe algo- y juzgar contra sí mismo y contra los seres que sano no hay nada de nada, sino que todo rezuma como las vasijas de barro. En una palabra, lo mismo que quienes padecen de catarro, pensar que también las cosas tienen esta condición, que todas están sometidas a flujo y catarro. En definitiva, Crátilo, quizá las cosas sean así, o quizá no. Así pues, debes considerarlo bien y con valentía y no aceptarlo fácilmente (pues aún eres joven y tienes la edad); y, una vez que lo hayas considerado, comunícamelo también a mí, si es que lo descubres. 439-440

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