Ética

Ken Loach: Es un mundo libre (It’s a free world, 2007)

Ken Loach y sus dos actrices, Juliet Ellis y Kierston Wareing

Director: Ken Loach

Guionista: Paul Laverty

Fotografía: Nigel Willoughby

Música: George Fenton

Estreno: 2007

Sinopsis: Angie trabaja en un empresa de trabajo temporal. La despiden por no dejar que sus superiores le manoseen el trasero. Decide, junto a su amiga Rose, montar su propia empresa de recursos humanos. Al principio intenta evitar el camino del dinero fácil, respetando la poca dignidad que les queda a los trabajadores inmigrantes en esta época libre y globalizadora. Sin embargo, termina cediendo a las presiones del sistema y aprovechando las oportunidades económicas que ofrece el infinito mar de los sinpapeles.

Intérpretes: Kierston Wareing (Angie), Juliet Ellis (Rose), Leslaw Zurek (Karol), Joe Siffleet (Jamie), Colin Coughlin (Geoff), Maggie Hussey (Cathy), Raymond Mearns (Andy), Davoud Rastgou (Mahmud), Mahin Aminnia (mujer de Mahmud), David Doyle (Tony)

Duración: 98 min.

Nacionalidad: Reino Unido, Italia, Alemania y España.

Premios: Premio al mejor guión del Festival Internacional de Cine de Venecia

Actividades

Antes de sugerirte un comentario de texto de Galeano como actividad complementaria a la película querría hacerte notar dos ideas clave de la misma:

  1. Loach presenta el sistema capitalista como un lugar donde la libertad o la ética individual apenas tienen opciones. Observa cómo los sentimientos de la protagonista son en principio buenos: es compasiva, solidaria, rebelde. Conoce lo que es la explotación (alienación): el producto de su trabajo pertenece a la empresa que, a su vez, puede despedirla en cualquier momento, es mujer y tiene que soportar en el trabajo las groserías de los jefes. Sin embargo, a pesar de toda su buena disposición el sistema la obliga a comerciar con seres humanos, a convertirse en una moderna y eficiente tratante de esclavos. ¿Por qué ocurre así? Porque, y esta me parece que es la idea central de la película y el núcleo del mensaje que Loach quiere transmitir, la explotación, al igual que la violencia, es un virus contagioso. Algo así como el “beso del vampiro”. Una vez que estás infectado no puedes evitar transmitirlo. Si vives en un mundo alienante no puedes evitar convertirte en una rueda más de esta máquina preparada para triturar a los más débiles del planeta.
  2. La ironía del título It’s a free world hace hincapié sobre un tema del que el escritor uruguayo Eduardo Galeano tiene unos textos muy interesantes. Hoy día se ha igualado la palabra libertad a libre comercio. Y libre comercio se identifica con la ley de la selva de las multinacionales: salario libre, despido libre y el medioambiente que lo cuiden los gobiernos. La devaluación del significado de la palabra libertad puede asociarse con otras maniobras ideológicas despreciables llevadas a cabo últimamente: por ejemplo, la sustitución de los términos capitalismo e imperialismo por el término más neutro de globalización (Carlos Taibo: Rapiña global. Madrid: Punto de lectura, 2006), la identificación del colapso de la Unión Soviética con la derrota de cualquier punto de vista crítico sobre la economía política, la sustitución de la idea de justicia social por el concepto de ayuda…

Sobre estos temas te dejo un texto de Eduardo Galeano para que lo comentes. Léelo despacio y no dejes nada sin asimilar.

El mundo al revés premia al revés: desprecia la honestidad, castiga el trabajo, recompensa la falta de escrúpulos y alimenta el canibalismo. Sus maestros calumnian la naturaleza: la injusticia, dicen, es la ley natural. Milton Friedman, uno de los miembros más prestigiosos del cuerpo docente, habla de «la tasa natural de desempleo». Por ley natural, comprueban Richard Herrstein y Charles Murray, los negros están en los más bajos peldaños de la escala social. Para explicar el éxito de sus negocios, John D. Rockefeller solía decir que la naturaleza recompensa a los más aptos y castiga a los inútiles; y más de un siglo después, muchos dueños del mundo siguen creyendo que Charles Darwin escribió sus libros para anunciarles la gloria.

Supervivencia de los más aptos? La aptitud más útil para abrirse paso y sobrevivir, el killing instinct, el instinto asesino, es virtud humana cuando sirve para que las empresas grandes hagan la digestión de las empresas chicas y para que los países fuertes devoren a los países débiles, pero es prueba de bestialidad cuando cualquier pobre tipo sin trabajo sale a buscar comida con un cuchillo en la mano. Los enfermos de la patología antisocial, locura y peligro que cada pobre contiene, se inspiran en los modelos de buena salud del éxito social. Los delincuentes de morondanga aprenden lo que saben elevando la mirada, desde abajo, hacia las cumbres; estudian el ejemplo de los triunfadores y, mal que bien, hacen lo que pueden para imitarles los méritos. Pero los «jodidos siempre estarán jodidos», como solía decir don Emilio Azcárraga, que fue amo y señor de la televisión mexicana. Las posibilidades de que un banquero que vacía un banco pueda disfrutar, en paz, del fruto de sus afanes son directamente proporcionales a las posibilidades de que un ladrón que roba un banco vaya a parar a la cárcel o al cementerio.

Cuando un delincuente mata por alguna deuda impaga, la ejecución se llama ajuste de cuentas; y se llama plan de ajuste la ejecución de un país endeudado, cuando la tecnocracia internacional decide liquidarlo. El malevaje financiero secuestra países y los cocina si no pagan el rescate: si se compara, cualquier hampón resulta más inofensivo que Drácula bajo el sol. La economía mundial es la más eficiente expresión del crimen organizado. Los organismos internacionales que controlan la moneda, el comercio y el crédito practican el terrorismo contra los países pobres, y contra los pobres de todos los países, con una frialdad profesional y una impunidad que humillan al mejor de los tirabombas.

El arte de engañar al prójimo, que los estafadores practican cazando incautos por las calles, llega a lo sublime cuando algunos políticos de éxito ejercitan su talento. En los suburbios del mundo, los jefes de estado venden los saldos y retazos de sus países, a precio de liquidación por fin de temporada, como en los suburbios de las ciudades los delincuentes venden, a precio vil, el botín de sus asaltos.

Los pistoleros que se alquilan para matar realizan, en plan minorista, la misma tarea que cumplen, en gran escala, los generales condecorados por crímenes que se elevan a la categoría de glorias militares. Los asaltantes, al acecho en las esquinas, pegan zarpazos que son la versión artesanal de los golpes de fortuna asestados por los grandes especuladores que desvalijan multitudes por computadora. Los violadores que más ferozmente violan la naturaleza y los derechos humanos, jamás van presos. Ellos tienen las llaves de las cárceles. En el mundo tal cual es, mundo al revés, los países que custodian la paz universal son los que más armas fabrican y los que más armas venden a los demás países; los bancos más prestigiosos son los que más narcodólares lavan y los que más dinero robado guardan; las industrias más exitosas son las que más envenenan el planeta; y la salvación del medio ambiente es el más brillante negocio de las empresas que lo aniquilan. Son dignos de impunidad y felicitación quienes matan la mayor cantidad de gente en el menor tiempo, quienes ganan la mayor cantidad de dinero con el menor trabajo y quienes exterminan la mayor cantidad de naturaleza al menor costo.

Caminar es un peligro y respirar es una hazaña en las grandes ciudades del mundo al revés. Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen. El mundo al revés nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y con amigos cibernéticos. Estamos condenados a morirnos de hambre, a morirnos de miedo o a morirnos de aburrimiento, si es que alguna bala perdida no nos abrevia la existencia.

¿Será esta libertad, la libertad de elegir entre esas desdichas amenazadas, nuestra única libertad posible? El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda. En su escuela, escuela del crimen son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. Pero está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contraescuela.

Eduardo Galeano: Patas arriba. La escual del mundo al revés. Madrid: Siglo XXI, 1998

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