Diario de lecturas

Rafael Reig: Sangre a borbotones

Rafael Reig: Sangre a borbotones. 3ª ed. Madrid: Lengua de trapo, 2003.

Mientras leía la novela de Reig mi mente se iba llenando de algunas imágenes muy queridas: Los Angeles 2019, la demoníaca pirámide de la Tyrrell Corporation, Deckard llenando su vaso, la pregunta de Roy ¿cuánto tiempo me queda?, su lamento final …todos esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia. Hora de morir… Leer la novela de Reig es como tener la oportunidad de volver a ver Blade Runner por primera vez. Pero mejor. Porque hay más vida y más literatura y más sabiduría y más proximidad en los personajes de Reig que en el mito de los replicantes.

¿Qué más se puede pedir? ¿Qué se puede hacer, aparte de leerla despacio y desear que no termine?

Para concluir, algunas ideas de Reig que no dudo en incorporar a mi materia gris:

La atracción por las camareras debe de tener causas psiquiátricas, o bien se trata de una reacción involuntaria del córtex cerebral profundo o, si no, pues será otra cosa. Creo que les sucede a todos los vertebrados, reptiles incluidos. Para mí que el busilis o quid de la cuestión está en que el mostrador las divide en dos mitades: expuestas a la vista de cintura para arriba, pero inaccesibles de cintura para abajo, como las sirenas o la mujer cortada en dos por la sierra de Boldonni: no digo más. (p. 58)

Hay historias que siempre empiezan y terminan igual: las historias de amor. El primer día hay dos personas frente a frente que de pronto se preguntan: ¿Qué hago aquí con este desconocido? ¿Por qué estoy a su lado? ¿Acaso sé quién es en realidad? ¿Estoy de verdad enamorada? Así empieza una historia. Hasta que un día vuelve a haber dos desconocidos frente a frente que se hacen otra vez las mismas preguntas: ¿Qué hago aquí con esta desconocida? ¿Por qué estoy a su lado? ¿Acaso sé quién es en realidad? ¿Estoy de verdad enamorado? Fin de la historia. Se cierra el paréntesis. Lo que quiera que haya en medio, entre esos dos espejos enfrentados, debe de ser el amor, un sentimiento grandioso, si no mienten determinados poetas, pero muy semejante al golpe en la espinilla contra el pico de un mueble: el dolor siempre es mucho más intenso de lo que uno esperaba, casi cuesta creerlo, porque es totalmente desproporcionado con la fuerza del golpe. (p. 138)

 

Categorías:Diario de lecturas, Novela

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