Diario de lecturas

Iglesias, A. , Zein, M.: Lo que esconde el agujero (2018)

Analía Iglesias, Martha Zein: Lo que esconde el agujero. El porno en tiempos obscenos. Madrid: Catarata, 2018.

The Deuce es una serie de televisión sobre los orígenes de la pornografía en los años setenta en Nueva York. Es una serie proporno, es decir, muestra por un lado el ambiente catastrófico de mafia, chulos y polis corruptos que rodea la prostitución y por otro el modo en que el porno es para algunas una liberación: Candy pasa de hacer la calle a ponerse tras la cámara y Lori se gana la admiración del público con sus interpretaciones.

A las autoras de Lo que esconde el agujero, del porno, se sobreentiende, no les convence la mutación: mejoran las condiciones de esclavitud pero sigue sin resolverse la deshumanización que implica reducir el cuerpo a carne fresca para su consumo visual.

Aunque ha habido intentos de blanquear el porno (abbywinters, porno ético), hacerlo más del gusto femenino con actrices voluntarias y orgasmos reales, el resultado sigue siendo desolador, alienante.

Incluso cuando se ha intentado una reapropiación estética del porno con fines paródicos o críticos, el posporno, el aspecto subversivo de la cuestión tiene muy corto recorrido porque el porno es un concepto tóxico que mata el aura de los cuerpos.

Hay mucho sadismo en el porno. El sadismo elimina la libertad y la gracia del cuerpo. Como su empeño es imposible de alcanzar totalmente, la lista de horrores que imagina no tiene límites en su fealdad aproximándose al snuff. En su Historia de la fealdad Umberto Eco decía parafraseando a San Agustín que esta fealdad conviene al orden público. La obscenidad de prostitutas y proxenetas debe estar ahí del mismo modo que la naturaleza ofrece en ocasiones espectáculos poco edificantes.

Para terminar, las autoras sugieren no construir el relato porno desde el nihilismo. Las autoras defienden el lema menos porno y más deseo, definiendo el deseo de este modo: “el deseo anhela proteger al cuerpo amado de la tragedia que encarna…, de la herida incurable de la que es depositaria la carne”.

Me ha parecido un libro excelente porque toma partido de un modo sabio y no se queda en el gesto irónico de la postmodernidad. Es un libro bien armado y escrito con estilo. En ocasiones, un poco triste, casi todas sus páginas revelando el horror que esconde el agujero y sólo página y media para hablar del deseo amoroso 🙂

CAPITULO 5 PORNONATIVOS
PORNO, PASTILLAS, POKER: LAS TRES PES DE LA EDUCACIÓN SENTIMENTAL
Todos, mercenarios, torturadores, violadores, jóvenes en autobús o en los Sanfermines, se comportaban como puede verse en cualquier gangbang: ellos corriéndose, ellas sometidas. Durante el juicio a La Manada, el abogado llegó a argumentar que sus clientes eran unos imbéciles, simples y primarios que grababan “su propia película porno” mientras ella cumplía una “fantasía sexual”. Se grababan, se sentían estrellas del porno, ¿qué hay de malo en cumplir esa fantasía sexual, una más? Esta reducción al absurdo no se enseña en los colegios ni en el seno de los hogares; no es necesario: en los códigos no escritos de nuestra cultura, el cuerpo de las mujeres es una suma de agujeros penetrables, por mucho que madres y padres digan lo contrario a sus hijas e hijos. Conozco a decenas de hombres no violadores, respetuosos con las mujeres e incluso capaces de declararse feministas que creen que las actrices de esas escenas de gangbang que han visto disfrutan y que la sumisión rubricada por su sonrisa no es más que una afirmación de su complacencia. Ciegos, conquistados, con la imaginación domada y la empatia disminuida, forman parte pasiva de esos consumidores que defienden el derecho no escrito a tener fantasías sexuales. Educamos y constituimos nuestras identidades en parámetros pervertidos y luego nos escandalizamos ante nuestros propios actos.  (pp. 101-102)

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