Diario de lecturas

Massimo Recalcati: La hora de clase (2016)

Massimo Recalcati: La hora de clase. Por una erótica de la enseñanza. Carlos Gumpert (tr.) Barcelona: Anagrama, 2016.

La reivindicación que hace Recalcati de la hora de clase es el único discurso pedagógico interesante que he leído en mi vida. En esa hora en la que a muchos les parece que no ocurre nada o sólo transmisión de información puede ocurrir que una vida cambie de destino. ¿Cómo es eso posible?

En el capítulo 1, “La escuela perdida“, distingue Recalcati tres modelos de escuela:

a) Escuela-Edipo. La autoridad del docente y del saber están garantizadas por el poder de la tradición. La relación entre profesor y alumno está fuertemente jerarquizada. El alumno es cera a la que se da forma o una vid torcida a la que hay que enderezar. Existe una alianza entre padres y profesores. Tiene la forma del panóptico. A pesar de que, por un lado, genera obediencia sin crítica, por otro, da lugar al conflicto entre la vieja generación y la nueva. De ahí surgieron las protestas del 68 y del 77: “los hijos contra los padres, los alumnos contra los profesores, el deseo contra la Ley”.

b) Escuela-Narciso. Después de las protestas del 68 y el 77 la Escuela-Edipo dio lugar a la Escuela-Narciso. Esta se caracteriza por potenciar el principio del rendimiento, preparar a los hijos para la implacable competición de la vida. No se tolera el fracaso ni tampoco el pensamiento crítico. El modelo al que mira la Escuela-Narciso no es la cárcel o el hospital sino la empresa. Se rompe la alianza entre padres y profesores ya que los primeros prefieren confundirse con sus hijos y reivindicar menos deberes, menos libros, menos textos, menos exámenes. Se menosprecia el libro en favor de la informática corriéndose el riesgo de “convertir la pantalla del PC o del iPad en un espejo vacío que, en vez de abrir mundos, los encierrre en una autorreferencialidad mortífera”. El modelo educativo al que mira la Escuela-Empresa es hipercognitivista: rellenar cabezas del modo más eficiente posible. Eso conlleva el peligro de que la máxima expresión de aprendizaje sea el plagio, la repetición de lo Mismo.

c) Escuela-Telémaco. Este modelo de escuela busca un modelo de docente capaz de abrir mundos usando el poder erótico de la palabra. Los conceptos clave son cultura, sublimación, abrir mundos, humanización de la vida.

En el capítulo 2, “El gesto de Sócrates“, Recalcati recuerda cómo Agatón en El banquete quiere que Sócrates se siente a su lado para aprovecharse del saber que ha adquirido como si este se transmitiese por proximidad física. El gesto de Sócrates es situarse él mismo como un vacío de saber. Este vaciado de saber tiene que impulsar a Agatón a buscar su propio saber. El trabajo esencial del docente es abrir vacíos en las cabezas de los que escuchan. Este vacío se traduce en amor al saber.

Lo que ocurre es que el maestro es aquel que sabe cómo desplazar la transferencia amorosa movilizada por el discípulo de su persona hacia el objeto del saber. (p. 58)

El alumno ya no es más un recipiente vacío que ha de ser llenado sino un sujeto que desea saber, enamorado del saber. Es un proceso análogo a la transferencia en el psicoanálisis. El movimiento de la transferencia no introduce el saber en el sujeto sino que impulsa al sujeto hacia el saber.

En el capítulo 3, “La ley de la escuela“, el autor observa cómo la obligatoriedad de la Escuela es un trauma positivo que marca la fractura del seno familiar y la apertura a otros mundos, la transición de la lengua madre a otras lenguas. Hoy día esa misión de la escuela de engendrar el deseo de saber es más difícil que nunca debido a los variados objetos tecnológicos. La conexión es constante y no es posible la oscilación entre presencia y ausencia que es necesaria para que el deseo sea posible.

El capítulo 4, “La hora de clase“, profundiza en ese momento en el que puede cambiar un destino. Donde hay auténtica enseñanza se convierten los objetos del saber en cuerpos eróticos. Así ocurre con los libros que son elevados a la dignidad de un cuerpo erótico pero también con los cuerpos que se convierten en libros para ser leídos. La hora de clase es el momento del despertar en el que el impacto con el cuerpo de la palabra es un encuentro erótico siempre y cuando quien habla esté tan raptado por el ansia de saber como quien escucha. Esto no convierte a profesor y alumno en iguales. Están separados como lo están padre e hijo.

Para terminar, el aprendizaje es siempre un misterio:

Nadie puede enseñar a enseñar, al igual que nadie, en el fondo, puede enseñar a aprender. No se sabe cómo se aprende, no existe una técnica para el aprendizaje: sólo se sabe que sucede. Es difícil describir el movimiento subjetivo de aprendizaje, pero lo cierto es que no hay una relación directa entre lo que hace el profesor y cómo se aprende. Al contrario, como puntualiza Deleuze: «No aprendemos nada con el que nos dice: haz como yo.» El aprendizaje no es la reproducción de lo Mismo como cuando -prosigue Deleuze- intentamos reproducir el movimiento del instructor de natación en la arena. (p. 126)

2 replies »

  1. Sí que es interesante, Eugenio! Tengo que leerlo. Añadiría al modelo “b”, que abunda el profesorado colaboracionista, que trata a los alumnos como si fueran pequeños adultos a someter a lo que se espera socialmente de ellos: competitividad y sumisión. Imposible que piensen por ellos mismos en esta carrera de obstáculos que se les impone; además se censura su adicción a lo virtual mientras el negocio de las nuevas tecnologías está cada vez más implantado, también en el sistema educativo, como un signo de excelencia y de progreso.
    Hay una cita socrática que me gusta mucho: la educación es el encendido de una llama, no el llenado de un recipiente.
    En fin, tengo muchas cosas que decir sobre esto…
    Es un placer leer tus entradas, siento no haber tenido tiempo de comentar alguna de las anteriores. (El otro día busqué en tu página información sobre la película The Square. Ya me darás tu opinión, a veces parece que los “ámbitos de confianza y afecto” son sólo marketing estético)
    Abrazos,
    Marisa

    • Hola Marisa, me alegra mucho que te haya gustado. Es una fusión muy personal de Platón, Freud y Lacan. Leyéndolo he tenido una sensación permanente de reminiscencia. Me recordaba diciendo algunas frases del libro. Está bien escrito y es claro aunque con alguna errata.
      Me ha gustado tanto leer cómo relaciona educación, libros, erotismo, abrir mundos, complicar la vida…
      Abrazos.

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