Diario de lecturas

Byung Chul-Han: La agonía del Eros (2014)

Byung-Chul Han: La agonía del Eros. Raúl Gabás (tr.) Barcelona: Herder, 2017.

Comienza con un capítulo en el que Han analiza el prólogo lleno de referencias a la historia del arte de Melancolía (Lars von Trier, 2011). Todos recordamos a Kirsten Dunst en el papel de Claire a quien libera de la depresión el eros, mezcla perversa de amor y muerte, que experimenta hacia ese nuevo astro que aparece en los cielos.

El capitalismo ha hecho presa en los afectos humanos y, especialmente, en el amor. Eso significa que tiene que poder contarse, medirse, exhibirse, venderse. Por eso, dentro del capitalismo, el amor se positiva como sexualidad sometida al “dictado del rendimiento”, es decir, obligada a arrojar un balance positivo. La sensualidad es un capital que hay que aumentar y el cuerpo una mercancía que exhibir. Para que el balance sea siempre positivo se busca un amor que sólo engendre sentimientos agradables. El amor ha sido despojado de su negatividad. No se está herido de amor ni se cae en el amor. Así ocurre en Cincuenta sombras de Grey donde la autora blanquea hasta el sado-maso.

Al hilo del relato que lleva a cabo Hegel de la dialéctica del amo y el esclavo Han ofrece una nueva perspectiva sobre el amor en tiempos del capitalismo. Contaba Hegel que el amo no teme a la muerte, su deseo de libertad y reconocimiento son superiores a su preocupación por la mera vida. El esclavo, por el contrario, aterrorizado por la amenaza de la muerte acepta la  esclavitud y trabaja. Son tiempos de esclavos los que corren. Lo común es la defensa a ultranza de la mera vida. Se puede comprobar en la fetichización de la salud, elevada a la condición de gran diosa. El eros es exceso y transgresión así que está fuera de la órbita del esclavo cuyo único objetivo es conservar la mera vida. La diferencia entre el esclavo de Hegel y el sujeto de las actuales sociedades del rendimiento es que el esclavo trabajaba para otro mientras que el sujeto moderno se explota voluntariamente a sí mismo.

La sexualidad padece una amenaza peor que la moral represiva que es el porno. En el porno, en lo más sexual que el sexo, se esconde un secreto: allí no hay sexo. El porno, que está por todas partes, es la antípoda de Eros. El capitalismo lo convierte todo en mercancía para ser expuesta, para ser vendida. Ni Eros se libra de ser profanado.

La agonía de Eros afecta también a la política. Han muestra cómo las virtudes platónicas se degradan si carecen del impulso de eros. Epithymia queda reducida a mero deseo, Logos a simple manejo de datos y Thymos a puro trabajo alejado de la valentía, de la rebelión del nosotros capaz de romper con lo establecido y dar comienzo a algo nuevo.

Tampoco la Filosofía puede prescindir de Eros. Ni Heidegger, ni Platón se olvidan de él. Eros es quien conduce al pensamiento a través de lo “no transitado”.

 

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