Diario de lecturas

James Rhodes: Instrumental (2014)

James Rhodes: Instrumental. Memorias de música, medicina y locura. Ismael Attrache (tr.). Barcelona: Blackie Books, 2015.

Puedes escuchar toda la música de la que habla Rhodes en http://bit.do/instrumental que te llevará, cómo no, a una lista de Spotify. Éstate atento para evitar la maldita publicidad y todo irá bien.

En realidad, Rhodes no empieza a hablar de por qué la “música clásica” se ha convertido en un mero signo de distinción para la clase social dominante hasta la página 191. La música que puede salvarte la vida (no la otra, la que es bailona, sentimental o política) ha sido secuestrada por los “gilipollas ampulosos y anticuados” que dirigen la industria. Beethoven es suyo.

Cuando su profesor de gimnasia empezó a violarlo a los seis años, fue la música de Bach la que le permitió enviar su mente al país de nunca jamás para poder seguir cuerdo. Por eso, y porque después le salvó del suicidio en más de una ocasión, Rhodes, como un peculiar Prometeo, quiere regalar esa música, propiedad de una élite perversa, a todo el que quiera escucharla.

La piratería musical en Internet no es el enemigo. Al contrario, es el aliado. En mi caso, gracias a ella mi sensibilidad se ha expandido de un modo que jamás imaginé: Bach, Dowland, Purcell, Brahms, Ives… La piratería se ha impuesto porque la industria sólo vende basura.

Las cuatro grandes causas que han convertido a la “música clásica” en un zombi son a) los intérpretes “que se niegan a relacionarse con los fans y el público” porque son auténticos genios gilipollas, b) los que dirigen las salas de conciertos y las agencias lamiendo el culo de políticos y ricachones, c) las discográficas empeñadas en vender discos con portadas de acuarelas francesas, y d) los críticos capaces de matar de aburrimiento a cualquiera que los lea.

Schubert, Schumann, Beethoven o Bach tuvieron las vidas más desdichadas que se pueda imaginar y, a pesar de ello, crearon una belleza capaz de hacerte partícipe de aquello que los pitagóricos llamaban la música de las esferas. Internet abre las puertas a cualquiera que desee experimentar ese viaje astral.

Rhodes tiene la solución para la música, la de verdad, y pasa por rescatar una vieja frase de Bukowski, y algún consejo más:

¿Mi solución? Que les den a todos por culo. Toca lo que quieras, donde quieras, como quieras y para quien quieras. Hazlo en pelotas, con vaqueros, travestido. De madrugada o a las tres de la tarde. En bares y pubs, salas y teatros. Hazlo gratis. Hazlo para organizaciones benéficas. Hazlo en colegios. Hazlo incluyente, accesible, respetuoso, auténtico. Devuélveselo a quien le pertenece. No dejes que unos pocos imbéciles vetustos y endogámicos impongan cómo debe presentarse esta música inmortal, increíblemente maravillosa, divina. Nosotros somos mejores que eso. Y la música también, qué duda cabe. (p. 141)

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5 replies »

  1. Me ha gustado mucho ..y me he pasado un rato fenómeno al leerlo, que nunca había ido tan deprisa al leerlo el mismo libro me hacía correr o parar al son de la musica?…….. a sido una experiencia maravillosa …gracias …

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