Diario de lecturas

Walter Benjamin: Sobre el hachís (1927-1934)

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Walter Benjamin: Sobre el hachís. Protocolos de experiencias con drogas. Fernando Ortega (tr.) José J. de Olañeta: Palma, 2014.

Entre 1927 y 1934 Walter Benjamin, inspirado por los paraísos artificiales de Baudelaire, se atrevió a experimentar con los estados alterados de conciencia usando no sólo hachís, sino también opio y mescalina. Tomó notas de sus sensaciones en unos textos que llamó “Protocolos”. Estos deberían haber sido el paso previo a un libro sobre fenomenología de las drogas al estilo de los Acercamientos de Ernst Jünger, pero ese volumen nunca vio la luz. Por eso, esta selección no pasa de ser una sucesión repetitiva de apuntes desconectados entre sí. En cualquier caso, merece la pena tener en cuenta algunos de los temas que aparecen, especialmente las ideas relativas al “aura”.

  1. La experiencia con hachís de 1927 disuelve la neurosis y la angustia además de expandir los límites de la sensibilidad en el terreno musical o literario. “Sensación de comprender ahora mucho mejor a Poe. Las puertas de un mundo grotesco parecen abrirse. Ahora bien, yo no quiero entrar ahí.” (p. 17) 🙂
  2. El segundo viaje con hachís en 1928 es más profundo pero menos amigable. Se apodera de él una naturaleza satánica. Espacio y tiempo se pliegan hasta el punto de creer que en la habitación contigua está siendo coronado Carlomagno.
    Aparece la primera mención del famoso concepto “aura”. En La obra de arte en la era de la reproductibilidad técnica (1936), Benjamin define el “aura” como aquello que convierte a la obra en única, misteriosa e irrepetible. Los avances técnicos como la fotografía o el cine destruyen ese “aura” y, por un lado, hacen posible la democratización del arte pero, por otro, también abren la puerta a la estetización de la política, es decir, al uso del arte con el fin de manipular a las masas.
    En la experiencia con hachís, Benjamin usa “aura” para describir lo extremadamente desagradable que le resultó el intento de Bloch de tocarle la rodilla. Mucho antes de que este contacto se produjese realmente, Benjamin lo sintió como una “agresión a mi aura”.
    Incapacidad para escuchar: todo lo que los demás dicen le decepciona al instante. Cualquier cosa que desvíe la atención del propio yo es insoportable.
  3. En el cuarto viaje, también en 1928, insiste en la maleabilidad de espacio y tiempo: “Versalles no es demasiado grande para quien ha tomado hachís, y la eternidad no es demasiado larga”. Un espacio ilimitado y una duración absoluta generan un humor distante y sereno.
    Para explicar el placer de la ebriedad Benjamin recurre al mito de Ariadna. Deshacer un ovillo ingeniosamente enredado es una metáfora aproximada de la contemplación y la creación.
    Frente al mundo de la técnica donde todo ha perdido su aura, le parece que es posible la experiencia de transformar las piedras en pan, todos los matices en arte.
  4. En marzo de 1930, amplía sus ideas sobre el “aura” para distinguirla de la imagen convencional de las Iglesias. “En primer lugar, el aura auténtica aparece en todas las cosas… Segundo, el aura se modifica enteramente y de forma radical en cada movimiento que hace el objeto poseedor del aura. Tercero… el aura auténtica es el ornamento, un halo ornamental en que el objeto o el ser se encuentra tan estrictamente encerrado como en un estuche.”
    Es un viaje divertido en el que se entretiene reflexionando sobre la “decadencia del arte de la repostería” y todo lo que tiene en la mano se convierte en cetro de poder 🙂
  5. La experiencia de junio de 1930 es francamente desagradable. Amor y deseo hacia Gert, que elige como pareja a otro. Se acentúan los celos y la paranoia. Para colmo, los efectos del hachís otorgan a los movimientos de Gert el encanto de una odalisca.
  6. De la experiencia con mescalina en 1934 es muy conocida esta ilustración, que es a un tiempo el dibujo de un embarazo y una nana.
Walter Benjamin, Sobre el hachís, p. 113

Walter Benjamin, Sobre el hachís, p. 113

 

 

 

3 replies »

  1. Imagina que alguien te dice que el guión de Prometheus se hizo bajo los efectos de la cocaína. En realidad, el director, el ayudante de cámara, los actores, etc. no estaban drogados cuando rodaron la película. El resultado, pues, ha sufrido un cambio desde que se creó el original.
    Leemos una obra que fue creada bajo los efectos de la droga y no la podemos interpretar de la forma en que lo hizo su autor.
    ¿Dónde quiero llegar con esto? No tengo manera de saber qué interpreta el “otro” de lo que uno hace, drogado o no.
    Un galimatías de comentario, marca ACME.
    Buen artículo.

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    • Hola ente, la interpretación es una obligación del espectador. Muchas veces no coincide con la intención del autor y es un hecho que varía mucho con el tiempo.

      El papel que juega el hachís en Benjamin tiene que ver con la idea de “aura”, que cuando la explican en la facultad no se te ocurre pensar que no es sólo un concepto teórico sino también la forma en que él percibe el mundo.

      Un abrazo.

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  2. Hoy me di cuenta de tu comentario sobre Prometheus, el tipo que sacrifican al principio es un científico que no cumplió con lo que de él se esperaba, él es Prometeo. ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Eureka!
    Si no es así, me da lo mismo, para mí sí lo es.

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