Arte

Paul Virilio y Enrico Baj: Discurso sobre el horror en el arte (2007)

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En el arte la democratización es la cultura pop,
que es el supermercado del arte.
La cultura pop es una mierda.

 

Paul Virilio y Enrico Baj: Discurso sobre el horror en el arte. Giulio Scafa (tr.) Madrid: Casimiro libros, 2010.

El filósofo Paul Virilio y el pintor satírico italiano Enrico Baj dialogan sobre el fenómeno de la muerte del arte. Se agradece mucho el contrapunto de Baj, que obliga a Virilio a expresarse de un modo inteligible para el común de los mortales.

Comienza el diagnóstico del arte contemporáneo de Enrico Baj certificando cómo se ha impuesto a través los medios de comunicación de masas no sólo un pensamiento único sino también una forma de sentir única que hace imposible el asombro, la indignación, la confrontación, la polémica, pues están siempre dentro de lo ya previsto. Virilio asiente, el arte de las bienales es un arte oficial que presume de transgresor pero que impone sus modas exigiendo obediencia y silencio.

El único mérito del arte contemporáneo, desde la exposición del urinario de Duchamp en adelante, ha sido anticipar cómo el capital terminaría apoderándose de todos los ámbitos de la vida social. El capital ha exterminado cualquier otro valor imaginable ya sea estético, religioso o familiar.  Marx lo profetiza a la perfección en el primer capítulo del Manifiesto Comunista.

El mercado del arte es una burbuja delirante de las que produce el capital cuando se le deja a su libre albedrío. Se ha convertido en el mercado propicio para “blanquear” las plusvalías de la corrupción o el narcotráfico. Naturalmente, dentro de su política de abaratar costes la producción de la mercancía artística ha sido otorgada a publicistas como Warhol o Saatchi. Mínimo esfuerzo, mínimo talento y mucha provocación en la puesta en escena. Ese es el elemento natural de Hirst, Koons, Emin, Creed…

Walter Benjamin se equivocó al predecir la desaparición del aura de la obra de arte en la era de la reproductiblidad técnica. Ha ocurrido justo lo contrario: de cualquier objeto (perfume, detergente, partido político o conflicto internacional) emana un halo de fascinación propagandística capaz de seducir a las masas en un instante.  Tras un proceso de selección darwinista han sobrevivido las imágenes extremadamente eficaces, productivas, espectaculares. Su difusión masiva en forma de píxeles que viajan a la velocidad de la luz anulan las posibilidades de florecimiento de una sensibilidad óptica más atenta al símbolo o a la pausa. Piénsese en los grupos de turistas armados con cámara de fotos que visitan a paso ligero los museos. “Ver y sacar fotos se convierte así en un sustituto del trabajo, como sostiene Susan Sontag en su ensayo sobre la fotografía”.

Definitivamente, la tecnología en el arte se ha convertido en el nuevo academicismo. Sus orígenes se remontan al éxito del cine sonoro, paradigma del “arte motorizado”, que prácticamente ha condenado a la extinción a otras técnicas de representación como la pintura o el grabado.

En el fondo, el hombre está siendo sometido a las máquinas, especialmente a través de aquellos artefactos ópticos encargados de convertirlo en transparente: satélites, cámaras, móviles, tarjetas, redes… Cuando el ser se traslada en tiempo real a la pantalla comienza la estética de la desaparición que es, al mismo tiempo, una desaparición de la estética. Comienza el imperio de lo “ópticamente correcto” que deja a las demás representaciones de la realidad en la cuneta de lo antiguo o ineficaz. Es el reino de la publicidad, el imperio Saatchi.

El medio en el que la publicidad reina es el de la pornografía electrónica: Internet. Un logro tecnológico que recuerda la confusión de Babel y la extinción del Diluvio universal.

– Paul Virilio. En efecto, la Torre de Babel y el Arca de Noé están estrechamente ligadas. La modernidad ilustra perfectamente Babel con la idea del museo global, con ese Guggenheim que, desde Las Vegas, expondrá de todo: momias, armaduras, monedas, obras rusas, centroeuropeas, vascas, conceptuales, vestidos de Armani, vasijas incas, cubismo, minimalismo, divisionismo alpino y macdonaldismo, etc.

El Guggenheim representa la principal realización del actual arte oficial, de lo que llamo lo “optically correct”; y sabe hacerse una publicidad increíble, mundial. Es el arte oficial de la tecno-ciencia, que abarca incluso una dimensión genética. La expresión artística pasará a manifestarse en los cuerpos de los individuos y acabará en hibridación transgénica (como en el pollo de cuatro patas del que sacar cuatro muslos). Es más: el arte oficial no sólo es el arte plástico, es también el arte de la plasticidad de las formas a través de la genética. El nuevo expresionismo es el expresionismo genético. Más exactamente, la genética quiere convertirse en arte.

La única escapatoria es el accidente. No hay técnica sin accidente. El éxito de Trinity nos llevó hasta Chernobyl, la bomba informática a la crisis económica de 2008 y la experimentación con el genoma ¿quién sabe?. Por el contrario, el accidente en el arte es positivo, es la diversidad de la representación. La obsesión por suprimir el riesgo del accidente en la técnica se ha exportado al arte. En este caso, se trata de imponer lo “ópticamente correcto” y enterrar para siempre la diferencia en la representación. Si bien en el mundo técnico el últimísimo modelo de iphone es la perfección técnica que envía al vertedero a los modelos más antiguos, no ocurre así en el mundo del arte, donde los cuerpos de Francis Bacon o Lucien Freud no anulan el punto de vista de Miguel Ángel o Leonardo.

– Paul Virilio. Hoy en día, lo ópticamente correcto es un intento de eliminar la percepción de imágenes antiguas, de hacerlas caer en el descrédito; de ahí esa especie de prohibición de pintar: ¡está prohibido pintar! Sólo se admiten las imágenes técnicas. Lo mismo ocurre con el “genismo”, que se propone inventar al superhombre: un hombre mejor, que eliminará a los hombres anteriores, normales. Lo grave de intentar crear genios no es tanto la idea de mejorar la especie humana como la de suprimir a los otros seres humanos, considerados como desechos humanos, como sub-hombres. Puedo aceptar el superhombre, siempre que no se proponga eliminar a los otros hombres. Junto al “genismo” del hombre está el del arte. Se anteponen, eliminando las otras, las imágenes más eficaces, las que producen más efecto, las más performing, las que concitan mayor audiencia y aseguran un efecto ganador. La imagen técnica es ganadora y sólo pretende ganar: sólo importan los campeones.

La ciencia, creando al super-hombre, se convierte en magia y alquimia y no en faro de Ilustración. Ante este nuevo absolutismo de la razón sólo cabe recuperar el cuerpo: “hay que volver a bailar”, como decía Nietzsche. Hay que recuperar la Naturaleza. La figura humana y la Naturaleza son los pilares del arte y la estética. El body-art del accionismo vienés y demás automutilaciones son un buen ejemplo de cómo se quiere poner fin definitivamente al hombre.

Es  necesario, según Virilio, la creación de un museo del accidente que muestre la hiperproducción de catástrofes que acompaña a la Genética o la Física. Y no sólo para unas pocas personas como ocurre en el asumido accidente de tráfico, sino para toda la humanidad. Monstruos y mutantes nos acechan detrás de una investigación científica al servicio del capital, que ha convertido en mercancía la fisión del átomo y la manipulación del genoma. Esta es la temática de la colección sobre el Apocalipsis de Enrico Baj.

Se cierra el libro con un texto de Enrico Baj que es una sátira de la Bienal de Venecia de 2001, esa Bienal, “metáfora de toda cortedad, exterioridad, banalidad, desperdicio y devastación mental, que es el arte oficial up to date, a la última.” Baj no deja títere con cabeza: la frivolidad absurda de Santiago Sierra, Richard Serra, Germano Celant, Maurizio Cattelan financiada por Gucci, Sotheby’s y Guggenheim.

Tras las críticas de Baj al arte contemporáneo hay una clara intención política (que se refleja en la sátira de su arte), cierta nostalgia del entusiasmo de la Internacional Situacionista y Mayo del 68, cuando todavía había esferas de la vida privada y la imaginación que no eran convertidas en mercancía y comercializadas. Las críticas de Virilio tienen connotaciones más religiosas: por momentos parece una réplica de Leon Bloy o del profeta Ezequiel.:)

 

13 replies »

  1. El tuyo es un tremendo fluir de ideas. Gracias.
    Recuerdo una frase de un crítico de cine de los años 30, hace casi un siglo, decía más o menos así: El cine es la ecuación sin resolver entre arte y negocio. Esto vale para la pintura.
    Un abrazo.

    • Hola ente, la presión económica sobre el cine es un obstáculo importante para su desarrollo como forma artística, eso está claro. No hay más que ver la cartelera cada fin de semana. Menos mal que hay salas más pequeñas que financian los Ayuntamientos y donde todavía se puede ver algo diferente.

      Pero Virilio va más allá. El cine es arte motorizado (dicen ¡motor! ¡acción!), arte dependiente de la velocidad y eso lo aleja del ser y las ideas profundas. Por lo tanto, la queja de Virilio no es sólo económica sino también y, viene la palabra, ontológica. El cine es un arte ontológicamente incapacitado para determinadas tareas.

      Un abrazo.

  2. En verano fui a ver la 18 Bienal de Vilanova de Cerveira. Fueron premiadas las obras “Mujeres del frente micro revolucionario” y “The globalizing wall”, las autoras eran Iria Cortizo y Danae Stratou respectivamente; en los periódicos a la primera sólo la nombraban y de la segunda puntualizaban, no sólo su representación de Grecia en la 48 Bienal de Venecia, sino que era la mujer de Varoufakis, como si esos matices dieran más importancia al arte, una especie de ecuación retorcida entre una connotación política de izquierda y una elitista de grandes eventos, esa desaparición del artista tras las cartas de presentación de los padrinos.
    Pero no es eso lo que quiero en realidad contarte. Al salir de la sede, si paseas hacia el río Miño, un paisaje suave y mecido por las ramas de los árboles y los niños en bicicleta, te encuentras una escultura al aire libre de la Bienal anterior, es una jaula grande llena de maniquíes “rotos y ensangrentados” a los cuales el paso de las estaciones les ha dado un aspecto envejecido y desgastado, muy lejano a la obra inicial que bajo el título “No más sangre inocente” tenía la intención de hacer una crítica a la moda. Ahora más bien parece una alusión a uno de tantos genocidios de la Historia. Al principio esos maniquíes contrastaban con el entorno pero después se mimetizan, se convierten en algo habitual para los ojos oriundos que los ven, pierden su fuerza transgresora y simplemente sirven para darle enjundia cultural, ante los turistas, al lugar que les acoge, un parque, una sala, una galería sin salida.
    Eso tampoco era todo lo que quería decirte. Si tuviera que buscar un lugar para encontrarle sentido creo que sería en la situación donde vivió un artista, lejos del discurso y el patrocinio, sin arreglos que separen su ser de su obra, lejos de la combinatoria general que hace del arte lo que hacía Mendel en su tratado de la vida, olvidar la singularidad de cada descendiente, controlar las mutaciones. Esa Naturaleza imperfecta que amo a pesar de todo.
    Un abrazo.

    • Una pena que estando relativamente cerca no me haya enterado del evento. La verdad es que me pasaría con gusto la vida de bienal en bienal no sé si para ir a las exposiciones o irme de cañas o las dos cosas.

      El chismorreo y el espectáculo colaboran mucho al entretenimiento que es de lo que se trata, de no aburrirse, que es verano. Así que “ser mujer de Varoufakis” te habilita como estrella del circo mediático.

      El mundo del capital está jerarquizado, como el mundo de las Ideas. El arte participa del turismo que participa del capital que es la idea del bien fuente del ser y el conocer. Si fuesen las Enéadas de Plotino el arte estaría tan lejos de la luz del Uno… a oscuras deberían estar todos los Museos del mundo.

      Relaciono arte y lo que se desvanece, las lágrimas en la lluvia de Roy. Las ruinas, lo que está a punto de ser olvidado…

      Un abrazo.

  3. Ese desenlace fue catártico, la lluvia cayendo sobre Roy, la verdad velada pero sincera…mejor que el de Los tres estigmas de Palmer Eldritch, debatiéndose entre la realidad y la ficción. Me gusta el arte que resuelve esa especie de conflicto de lealtades.
    Sabía que, ni yéndote de cañas después del museo, eres de los que harían un brindis al sol. Gracias por tu respeto y empatía.
    Abrazos

  4. A mí me hubiese gustado que alguien me explicase que la flecha del tiempo es irreversible.

    Dejando aparte malas rachas, antes tenía muchos días buenos donde era capaz de sentir, leer y pensar. Estaba en el mundo al cien por cien. Ahora esos días escasean y abundan otros en los que hay que agradecer caer lejos del dolor y que las cosas en general no empeoren.

    No sé cuántos días de los buenos me quedan y creo que ahora comprendo mucho mejor a Roy que antes.

    Estoy organizando una excursión con los alumnos a ARCO. Tengo tantas ganas de contarles lo que sé. Ese tiene que ser uno de los días buenos.

    Abrazos.
    Eugenio.

  5. Al hilo de lo que citabas en esta entrada sobre el Guggenheim como representación del arte oficial, pienso en lo importante que sería analizar a los “captadores” del “verdadero arte”, no me refiero a hacer psicoanálisis sino a establecer la diferencia entre sensibilidad y mecenazgo, la primera hace que algo te emocione aunque no sea valorado oficialmente, y lo segundo hace que sólo tenga valor lo que otros ya dijeron que “vale”. Por ejemplo, a Peggy Guggenheim no le gustó inicialmente la obra de Pollock, le parecía indisciplinada, antes de que fuera reconocida y, cuando lo fue, hablaba de él como si ella misma lo hubiera descubierto. Cuentan que ella accedió a exponerlo en su galería por consejo de Mondrian, que sí era capaz de ver arte independientemente del espacio y el estatus de las obras. Lo que es evidente es que el arte contemporáneo consistió en categorizar en vanguardias lo que en su origen se salía de la norma y no cabía en ningún sitio, y, el horror del arte se produce cuando, a gusto del acreditado esnobista, se convierte en seña de identidad ese “salirse de la norma” pero sólo como pose, como sublime arruga tras intervención estética, frivolizando sobre aquel escritor, ese pintor, siluetas borrosas a las que admira tanto como desprecia.
    ¿Fuiste a ver Arco?
    Un abrazo,
    Marisa

    • Hola Marisa, me gusta la distinción sensibilidad y mecenazgo, pero hemos avanzado tanto en la conversión de los seres (personas y cosas) en mercancía que a veces me pregunto dónde se esconde la sensibilidad. Sé que está ahí pero yo estoy más viejo 🙂

      La grandeza del arte contemporáneo es haber visto antes que ningún otro fenómeno la conversión de todo valor (incluidos los más sagrados como la belleza) en mercancía. La miseria del arte contemporáneo es que el suyo es un viaje sin retorno, un viaje suicida. Pero confío en que son procesos complejos en los que como que se muda la piel y surge algo nuevo.

      Afortunadamente tenemos una buena librería-cafetería en Plasencia. (https://www.facebook.com/LibreriaCafePuertadeTannhauserPlasencia/). Cuando puedo ir disfruto mirando todos esos libros que no podré comprar ni leer y que por eso mismo tienen todavía algo de desconocido-maravilloso. Esa experiencia, si le añades un par de cervezas, no se puede comparar a entrar en amazon.

      El fin de semana de ARCO me pilló con una gripe tremebunda. Otro año será. Me dio mucha pena. En esos sitios me transformo en esponja.

      Un abrazo.

  6. Llevo días con la intención de decirte algo aquí, me gustaría seguir la conversación de lo que dices en el segundo párrafo, me sugiere muchas cosas…Pero ya sabes que son momentos de mucho trabajo. ¡Qué buena idea esa cafetería-biblioteca!, seguro que por allí habrá libros raros, no sólo descatalogados sino de esas cosas escritas para no ser leídas y que se descubren como secretos tesoros. Me gusta mucho las formas alternativas de hacer y transmitir vivencias y pensamientos; también por eso valoro tanto lo que haces.
    Si pudiera te pondría aquí “digital reconstruction: Mondrian´s Evolution” (si quieres está en you tube ) Y te citaría unos versos, por ejemplo, de Carlos Oroza: La estación es blanca/Y la luz un lugar marginal en la memoria./Una pupila ardiente y una luz que se cambia./…/Una expectante espera de innominadas formas y de aves por venir. (del poemario Cabalum)
    Ánimo y abrazos,
    Marisa

  7. (Para que fueran “tres” iba a escribirte otros versos pero mejor otro día…)
    Estaré pendiente de ese artículo. Escuché a ese grupo cuando lo pusiste en tu página, me trajo un emotivo recuerdo de una obra con trovador y duende. Me gusta esa manera de hacer arte.
    Abrazos,
    Marisa

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