
Marta Sanz: Vintage. Bartleby editores: Madrid, 2013.
No sé nada de Marta Sanz.
A veces uno compra libros por motivos arbitrarios. Bartleby siempre me cayó bien, me gusta la portada, hace un par de años leí en el blog de Mal-herido una reseña elogiosa que olvidé enseguida.
A veces uno termina leyendo esos libros que parecen destinados a perderse en las estanterías. Contra todo pronóstico en esta tarde de julio, Vintage me atrae por su lenguaje preciso y afilado como navaja de Fontana, porque dice que ni el sexo, ni la poesía, ni la memoria nos salvarán de nada, que los aviones se caen y sí, a veces son cuarenta sesiones de radioterapia y «la doctora es casi una niña». Son poemas sobre límites, debilidades y pequeñas catástrofes.
Cito algunos versos:
El poema es un espacio.
Mide cinco por tres centímetros.
Es un piso de protección oficial. (p. 14)
La memoria
es
un hilo
frío.
El borde
de una hoja
de papel
que me rasga
las yemas
de los dedos (p. 17)
TENEMOS
ya más
de cuarenta años
y podríamos
decir
una vulgaridad
portentosa:
aún ignoramos
quién
nos espera
al fondo del espejo. (p. 25)
Y estos, que también gustaron a Alberto Olmos.
CIERTOS hombres de mi vida
tienen un día de suerte
que siempre coincide
con mi gusto
por hacerme daño. (p. 46)
