Giorgio Colli: Platón político (1937)

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Giorgio Colli: Platón político. Jordi Raventós (tr.) México: Sexto piso, 2011.

Giorgio Colli, archiconocido por sus ensayos sobre los presocráticos y Nietzsche, nació en Turín en 1907. Platón político es su tesis doctoral y está escrita cuando Colli tenía apenas veinte años, en pleno auge del fascismo. En este breve texto sienta las bases de la interpretación canónica de la obra de Platón.

No es posible, argumenta Colli, comprender la evolución de la teoría política de Platón si no la ponemos en conexión con su biografía personal. Ni siquiera es posible hacer inteligibles sus vaivenes metafísicos sin el trasfondo de su accidentada vida pues toda la filosofía platónica es en el fondo una política.

La nostalgia y el pesimismo embargan a Platón tras la condena de Sócrates por parte de la democracia ateniense. A partir de ese instante podemos señalar tres momentos esenciales en el desarrollo de sus ideas políticas:

  1.  Las grandes influencias en la gestación de la República, el gobierno del rey-filósofo, serían las siguientes: a) Egipto: la admiración por el sistema de castas y la estabilidad milenaria de las costumbres, las leyes y el arte. b) Italia: la idea de Justicia de la escuela pitagórica según la cual es posible trasladar el orden matemático-musical de las esferas al Estado y sus ciudadanos a través de la educación. El pilar de esta educación es el impulso erótico que lleva al filósofo del mundo sensible hasta las ideas de Belleza, Justicia y Bien. Por desgracia, la manifestación práctica de este Ἔρως no se traduce en la alegría festiva y diversa de El Banquete sino en la comunidad de mujeres y bienes de la que es capaz el rey-filósofo con el objetivo final de amar a todos los miembros de la πόλις por igual.
  2. El doble fracaso de Platón para intentar llevar a cabo en Siracusa los planes políticos trazados en la República son el origen de sus diálogos críticos, Parménides, Teeteto y Sofista, donde por primera vez habla del no-ser o el mal como de realidades imposibles de erradicar del mundo. Y también de un replanteamiento del papel del filósofo en el Estado en Político. Platón se dio cuenta de que  la educación era insuficiente para introducir en los hombres el equilibrio musical de las pasiones que requiere un Estado justo. Ya decía Empédocles que una democracia perfecta sólo podría darse si todos los hombres fuesen ya de hecho filósofos. En Político Platón se conforma con que el gobernante se deje aconsejar por el filósofo, el mismo papel que le atribuirá Kant siglos más tarde en Hacia la paz perpetua.
  3. El tercer viaje a Siracusa termina con la catástrofe de la muerte de Dión, la última esperanza del autor de la República de llevar al poder a un gobernante-filósofo. De vuelta en Atenas redacta Las Leyes, donde renuncia definitivamente a la intención pitagórica de realizar el mundo ideal en el mundo sensible. En este diálogo desaparecen las figuras salvadoras del rey-filósofo o del político y el orden social se hace depender exclusivamente del respeto estricto a la ley. Evidentemente, no a va a ser la educación la que moldee a los hombres para ser someterse a las leyes sino la religión. El culto formal a los dioses del Estado es el encargado de poner límites al desorden irreversible del mundo empírico. Quienes cuestionen a estas divinidades arbitrarias serán juzgados por la Junta Nocturna en un escenario que recuerda mucho a 1984 de Orwell.

A día de hoy, el discurso de Colli no contiene nada nuevo que no podamos hallar en la bibliografía al uso sobre Platón. El texto es excesivamente académico y se echa de menos una confrontación entre las ideas de Platón y el orden fascista de Mussolini. ¿Era el fascismo la realización del ideal del rey-filósofo o la consumación del orden descendente de los sistemas de gobierno?

Creo que las críticas de Platón a la democracia ateniense, una forma política decadente en la que una turba ignorante, un rebaño cobarde, termina eligiendo a un lobo que la someta y la destruya, eran una descripción exacta del ascenso al poder del fascismo y también del nazismo. No olvidemos que ambos tienen en su origen el delirio democrático. Soy consciente de que exigir a Colli el haber puesto de relieve esta realidad es pedir demasiado a un joven de veinte años en su tesis doctoral.

Su experiencia con los hombres enseñó a Platón que la educación era insuficiente para llevar la sensatez a las masas que, al fin y al cabo, lo único a lo que aspiran es a aclamar a un líder. Por eso, cuando en el entorno político que nos rodea, se clama por una democracia real, se llama a «lucha de los de abajo contra los de arriba», mucho me temo que estamos reviviendo una historia que se ha repetido una y otra vez, a la izquierda y a la derecha. Desconfío de los de arriba, de la «casta», pero tampoco me atrevo a atribuir a las masas el juicio suficiente para dirigir un cambio social.

Supongo que este escepticismo platónico es el que me ha llevado a vivir en los márgenes de cualquier tipo de actividad política.

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