Cine

Gone Girl & Nightcrawler: la precesión de los simulacros

Gone Girl (Fincher, 2014)

Gone Girl (Fincher, 2014) ilustra la muerte de lo real a manos del simulacro.

Simulacres et Simulation, publicado por Jean Baudrillard1 en 1981,  es un conjunto de ensayos breves entre los que destaca especialmente el primero, “La précession des simulacres” [“La precesión de los simlacros”]. Léase una y otra vez. Son sólo sesenta páginas. En la segunda dice algo muy sencillo que describe de un modo esencial nuestro mundo presente:

El territorio ya no precede al mapa ni le sobrevive. En adelante será el mapa el que preceda al territorio -precesión de los simulacros- y el que lo engendre.

Tras ver dos películas recientes, Nightcrawler (Dan Gilroy, 2014) y Gone Girl (David Fincher, 2014) la sentencia del autor francés ha vuelto a golpearme como la primera vez.

Nightcrawler cuenta la historia de un reportero gráfico freelance que obtiene el éxito cuando se da cuenta de que en televisión el juego no consiste en reflejar sino en engendrar la realidad. La iluminación le sobrecoge cuando llega antes que la policía al lugar de los hechos y la víctima del accidente de tráfico, tirada en la carreterra, no está en la posición adecuada para que la toma sea perfecta. Así que deviene demiurgo y coloca al muerto donde tiene que estar. La interpretación de Jake Gyllenhaal al borde de un orgasmo cámara en mano es asombrosa.

La respuesta que la directora de informativos da a un colega cuando este le advierte que al emitir las imágenes de su reportero estrella está faltando a la verdad y a la ética profesional es un buen ejemplo de cómo se filosofa a martillazos. La historia que vamos a vender, dice, tiene que ser gente blanca de barrios ricos asesinados por negros o latinos. Eso es lo que hay, eso es lo real, porque la cámara lo dice y, cuando comprendamos esto, subiremos de nivel.

Gone Girl  ha sido una película que me ha reconciliado con el cine de Fincher cuya deriva después de Alien (1992), Seven (1995) y The Fight Club (1999) nunca comprendí demasiado bien. En cualquier caso, volviendo al tema del simulacro, Gone Girl es el relato perfecto para ilustrar la desaparición del “territorio” en favor del “mapa”.   La protagonista es una psicópata que, para vengarse de la infidelidad de su marido y el aburrimiento metafísico del matrimonio, hace pensar al mundo que ha sido asesinada. Los periodistas ríen ante la cámara como hienas ante un festín de carroña cuando hablan de Amazing Amy, asesinada con seis meses de embarazo por un marido brutal e incestuoso. Lo que Fincher pone de relieve es que eso que llamamos “realidad” no tiene nada que ver con el territorio sino con el relato que engendra la cámara. Cuánto más realista parece lo que ocurre ante nuestros ojos más agresivo se vuelve el simulacro. La pornografía es pionera en esto: la obscenidad del zoom apunta al vacío. Los realities  que inundan las pantallas son mera imitación.

Si tuviese elegir una imagen para ilustrar la muerte de lo real, tema al que Baudrillard vuelve una y otra vez, creo que elegiría estos fotogramas finales de Gone Girl.

En La precesión de los simulacros la argumentación continúa buscando las raíces del éxito del simulacro. Toma como ejemplo Disneyland, esa copia al milímetro del universo Disney que años después se expandió por el mundo. Según Baudrillard la recreación Disney, así como la simulación televisiva, tiene como objetivo que apartemos la mirada de algo mucho más grave.

Si fuese alguien de izquierdas diría inmediatamente que el simulacro distrae de la injusticia y las protestas sociales, de la voluntad de cambio político del pueblo. Respuesta incorrecta.

El éxito del simulacro reside en que desvía la atención de un hecho terrorífico: lo real se ha desvanecido, ya sólo nos quedan imitaciones, relatos, ficciones, nada. Para entrar en sintonía con la idea de Baudrillard piénsese en la cantidad de versiones que se hacen de viejas melodías o cómo el cine de Hollywood reciente ha derivado hacia la industria del reciclaje.

¿Por qué  los contenidos que saturan las pantallas de Gone Girl y Nightcrawler son los que triunfan a nivel mundial? Porque son más falsos que lo falso. Tomemos el caso de Nightcrawler. Las historias que aumentan la cuota de audiencia son aquellas en las que una familia rica es asesinada brutalmente por negros o latinos: el crimen urbano asola las áreas residenciales. Son historias para inyectar el miedo en el telespectador de modo que este se sienta confortable y a salvo en su sala de estar. Mientras esté acongojado por esas historias no se dará cuenta de lo verdaderamente preocupante (que no tiene que ver, insisto, con la política), de que las grandes cadenas de televisión no tienen ya realidad que transmitir. De ahí la histeria, la violencia, la hipertrofia de la información deportiva.


 

1 Quede claro que las tesis doctorales y los ensayos sobre Baudrillard me parecen, en general, un aburrimiento soberano. Lo que admiro del filósofo francés es su intuición. Cuando Nietzsche y luego Heidegger advertían de que el desierto crece… él fue el único que viajó a Death Valley para comprobarlo. Sus diarios, Cool Memories y América, son visionarios. En el momento histórico en el que todos estaban enredados con las ideologías de la Guerra Fría, comunismo sí, comunismo no, Baudrillard supo ver con mucha más profundidad que los demás.

13 replies »

  1. Yo fui incapaz de sacarle algo de valor a Gone Girl. Me pareció una comedia absurda narrada como un thriller serio. La historia me incitaba a reír por su inverosimilitud, pero la forma no acompañaba.

    Respecto al comentario del territorio-mapa, me ha recordado a esta frase de Haneke:
    “Nuestro horizonte de experiencias es muy limitado. Lo que sabemos del mundo es poco más que el mundo mediático, la imagen. No tenemos realidad, sino un derivado de la realidad”.

    Saludos.

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  2. Me gustaría escribir sobre Cándido y Voltaire, pero hacerlo bien lleva tiempo y trabajo. No estaría mal que Google pagara un poco a los “blogueros” (y no me refiero a través de las propagandas, pues eso es una miseria). Vemos los millones que presumen ganar estas grandes compañías de la Red y nos gustaría que nos recompensaran un poco por nuestro esfuerzo. El empleo está fatal y la esperanza, INTERNET, no está a la altura de lo que se esperaba. Por defender los derechos de autor se perderá mucha de la cultura audiovisual de nuestra sociedad. El hueco lo llenan estúpidos vídeos de los “youtuberos” más populares. Llevo en esta batalla unos años y agradezco poder estar en ella. El dinero tiene que circular o no habrá esperanza para los que no tenemos un empleo fijo.
    Y lo de WordPress es increíble, ¡hay que pagar para publicar! La de horas que han pasado miles de personas leyendo, por ejemplo, Aula de Filosofía; cuánto hay detrás de tu trabajo; cuántas fueron las conexiones en estos años… Te deberían pagar a ti.
    No sé cómo se las arreglan, pero siempre consiguen que se repita el “Feudalismo”, una y otra vez y con distintas formas, pero las “tierras” nunca son nuestras.
    Un abrazo.

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    • Lee, si no lo has hecho ya, Que no muera la aspidistra, de Orwell. El capital es implacable. Orwell, rememorando a Büchner, llega a decir que sin dinero es imposible el arte y también la moral.

      Si no tuviese un trabajo fijo hace tiempo que habría tenido que cerrar el blog.

      Tus comentarios, desde una perspectiva más realista, me sirven para recordarme cuál es la verdadera realidad.

      Un abrazo.

      Me gusta

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