Diario de lecturas

Don DeLillo: Contrapunto (2011)

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Don DeLillo: Contrapunto. Tres películas, un libro y una vieja fotografía. Ramón Buenaventura (tr.) Barcelona: Seix Barral, 2004.

Don DeLillo rastrea parecidos de familia entre tres películas, una novela y una vieja foto. Las películas son Atanarjuat, la leyenda del hombre veloz (Kunuk, 2001), Treinta y dos cortometrajes sobre Glenn Gould (Girard, 1993) y Thelonius Monk: Straight, No Chaser (Zwerin, 1988). La novela es El malogrado (1983) de Thomas Bernhard. La fotografía de 1953 que cuelga de la pared de la habitación donde DeLillo trabaja incluye a Monk al piano, Haynes a la batería, Mingus en el bajo y Charlie Parker al saxo.

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Monk, Haynes, Mingus y Charlie Parker, 1953

Las similitudes que DeLillo encuentra remiten siempre a la relación entre tiempo y arte. El arte se presenta como una fuga, un escape momentáneo respecto al inexorable correr del tiempo de los relojes. Nos desembarazamos del tiempo mecánico en paisajes que parecen afectados por una especie de inmutabilidad parmenídea: el desierto o las llanuras heladas. Allí el tiempo se dilata, se expande. Suena como la música de Monk:

Su obra posee rasgos de independencia, de no necesitar nada de nadie. Compuso casi cien piezas de música, muchas de ellas se convirtieron en clásicos del jazz, y su modo de interpretar es, por momentos, sobrio y distante, oblicuo, libre de influencia híbrida: notas espaciadas, notas desentonadas, notas que faltan, notas en conflicto y, luego, tras una pausa, quizá un saltito vibrante, como un pico en el monitor del corazón. Está haciendo arte moderno, tenso y salpicado, al modo de Pollock o de Kooning.

La quietud perfecta se transforma en locura, éxtasis…

Mucho antes de que se retirara de la vida pública hubo periodos de alteración. En un club de Boston se quedó inmóvil ante el piano, presionando las teclas, sin sonido, durante tantísimo tiempo que, al final, sus adláteres abandonaron el escenario. Estaba oyendo algo que ellos no oían. Tras silencios largos, solía decir: “Monk sabe. Monk sabe”

3 replies »

  1. Parece interesante, en relación con la negación de la voluntad plasmada en el III libro de Schopie tan cercano al genio capaz de entrar en ese éxtasis, siempre caduco por desgracia…

    Saludos.

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    • Sí, en esos momentos de esplendor del jazz la figura de Thelonius Monk brilla por encima de los demás. ‘Straight, no chaser’ (1967) es su album más conocido. Es paradójico observar cómo una música popular devenía vanguardista en tan poco tiempo. A los devaneos de Monk al piano se los puede llamar música clásica sin miedo alguno.

      Saludos.

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