Diario de lecturas

Juan Martín Prada: Prácticas artísticas e internet en la época de las redes sociales (2012)

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En la portada, Christopher Baker, Hello World or How I learned to Stop Listening and Love the Noise, 2008.

Juan Martín Prada: Prácticas artísticas e internet en la época de las redes sociales. Madrid: Akal, 2012.

I. ¿En qué debería consistir el arte en la época de las redes sociales?

Lo que de forma más apropiada podríamos calificar como «arte» en el contexto de la Web 2.0 es, en definitiva, lo que más nos haría creer en la multitud interconectada, en sus posibilidades para el ejercicio de esa disensión frente al mundo tal cual es y que siempre ha sido la base motivacional de todo acto artístico: se hace arte porque el mundo no nos es suficiente. Por todo ello, el arte, esa óptima forma de resistencia en el contexto del sistema-red, sería una anticipación, en el ámbito de lo poético, de lo posible que subyace aún latente en el poder constituyente de la multitud. Es decir, el mundo que la multitud interconectada podría construir en un momento de «libertad liberada» (frente a la libertad como mera estrategia de actuación empresarial, que, en realidad, es a la que se somete la mayor parte de la producción creativa amateur), se anticipa en el que conforman las creaciones artísticas de mayor interés, manifiestos siempre de la exigencia del pensar interpretativo, de la comunicación crítica y significativa, de una forma más creativa, consciente y sensible de habitar en la red. Propuestas artísticas a través de las que también se operará, cuando menos, un conato de reconfiguración poética de las interacciones sociales protagonizadas por la multitud conectada.
De manera que uno de los aspectos esenciales en la valoración del interés mayor o menor de las producciones creativas en el contexto de la Web 2.0 sería el grado de intensidad con el que esas creaciones expresan y anticipan una forma de esa «libertad liberada» antes mencionada. El interés de una determinada experimentación artística en torno al mundo de la Web 2.0 dependería, a nuestro juicio, primordialmente de su capacidad para evocar, en el interior de la singularidad de esa producción concreta que es la obra artística, no sólo lo abstracto de la vida de un espacio global sino, sobre todo, las tensiones de renovación y transformación, de crítica, de goce, de más libertad y de más singularidad que son inherentes a la multitud en línea. (p. 47)

II. Los obstáculos para la consolidación del arte como expresión de “libertad liberada”:

1. La espectacularización de la intimidad.

Muchos de los detractores del modelo Web 2.0 ven en el interés por las imágenes, vídeos, experiencias narradas, opiniones o vida privada de los otros lo mismo que ya sucedía con el fenómeno Gran hermano televisivo: una pasión por aquello que no vale la pena que sea leído, visto o escuchado, y que estaría llevando a la red a llenarse del registro de los acontecimientos más personales, bajo la lógica aplastante del eslogan «You are the information» («Tú eres la información»). Hoy infinidad de usuarios de las grandes plataformas y redes sociales colocan sus vídeos o fotografías de los acontecimientos más personales haciéndolos públicos, sin hallar ningún inconveniente, sino, más bien, un evidente disfrute, en permitir el acceso a las imágenes de su vida privada a cualquiera que se las encuentre o las busque. Se alcanzaría así un momento extremo de aquel vaticinado por Walter Benjamin, en el que la Humanidad, «que antaño, en Homero, era objeto de espectáculo para los dioses olímpicos, se ha convertido ahora en un espectáculo de sí misma».
Nos hallaríamos hoy en una evidente crisis de lo introspectivo, en un permanente intercambio de intimidades o en la espectacularización de la intimidad… (p. 48)

2. La anulación de la diferencia en la biolítica o producción de subjetividad.

Parece inevitable dar en nuestros días por válida aquella afirmación de Giorgio Agamben de que el concepto de «vida» debe constituir el objeto de la filosofía que viene. También el diagnóstico planteado por Michel Foucault en los años setenta en torno al concepto de «biopoder» resulta hoy una obviedad. Es evidente que el poder se ha hecho cargo intensamente de la vida, se ejerce ya en el nivel de la vida, perdiendo casi toda su autonomía y trascendencia, aquella exterioridad con la que contaba respecto a su campo de aplicación, actuando ahora desde dentro de la vida, regulándola desde su interior, formando parte integral de ella. Más que a través del ejercicio de la tradicional soberanía política, el poder actúa produciendo y extendiendo formas de vivir, formas de disfrutar y de experimentar la vida. Con lo que por «biopoder» debemos entender mucho más que el poder sobre los cuerpos, mucho más que las tecnologías para controlar la vida biológica o física de la población. Hoy casi toda la política es ya biopolítica, pues prácticamente todas las estrategias políticas y económicas se centran ahora en la vida y en lo viviente (referido este término no sólo a lo biológico sino, insistamos en ello, a lo más ampliamente vital).
Las nuevas formas del poder económico, y muy especialmente las que operan en Internet, habrían ido extendiendo su control mucho más allá de las instituciones sociales para actuar desde dentro de la vida, y sobre ella misma, haciendo de ésta el verdadero «objeto de poder». Porque producción biopolítica es, fundamentalmente, producción de subjetividad; porque el objetivo de la producción de las grandes corporaciones multinacionales del entretenimiento y de la comunicación hace ya mucho tiempo que no son sólo mercancías o productos tecnológicos sino, sobre todo, formas de subjetivación, actuando a través de la generación de nuevas dependencias, necesidades y filiaciones de muy diverso tipo que incluyen asimismo, formas de relación social e interpersonal específicas. Lo que aquí hemos denominado “sistema-red” sería la más clara muestra de cómo vida y producción económica se hallan hoy en una interrelación tan intensa que se hacen ya indistinguibles e, incluso, intercambiables. En ese sistema, una es en cuanto que vale para la otra y viceversa, produciéndose así mutuamente. (p. 51)

III. Una de las variantes del arte en la época de las redes sociales la constituyen las indagaciones en torno al tiempo: “el corte, la pausa, la ralentización”. Así, por ejemplo,

Steve McQueen: Static, 2009.

Un libro imprescindible para los interesados en estos temas.

Recomendado por José Luis Molinuevo en su blog pensamiento en imágenes.

Categorías:Diario de lecturas, Ensayo

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8 replies »

    • Hola Marta qué susto me he llevado también al darme cuenta de cómo traiciona el subconsciente. Llevaba meses sin leer el libro de Juan Martín Prada porque el apellido me recordaba al infausto Juan Manuel de Prada, el de “Yo no soy de derechas. Soy premoderno”. Y, al final, se las ha arreglado para colarse en el post. Maldita sea. Ha sido más que un lapsus, ha sido un instante de pesadilla.

      Saludos.

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      • Pues tiene su gracia, de hecho, al ver en mi correo el título de la entrada he ido rápidamente a tu blog porque no daba crédito. Ha sido puro morbo!
        Saludos a ti también!

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