Diario de lecturas

Chuck Palahnihuk: Pigmeo (2009)

Martin A. La Regina

Chuck Palahniuk: Pigmeo. Javier Calvo (tr.) Barcelona: Mondadori, 2011.

Pigmeo es una sátira cruel e inteligente de la vida en el medio oeste americano y, por extensión, en el conjunto de la civilización occidental. El despliegue de ironía y cinismo típico de Palahniuk es el mérito principal de la novela.

Sin embargo, no deja de ser, en el fondo, una versión retro e infantil del libro que le hizo famoso, El club de la lucha (1996).

Retro, porque el protagonista que diagnostica la decadencia de occidente es un terrorista infiltrado proveniente de una tiranía comunista del estilo de Corea del Norte. Hay momentos en que Pigmeo parece una novela de los tiempos de la Guerra Fría.

Infantil, porque la argucia literaria de un narrador en primera persona venido de “otro mundo” para bromear con los ridículos rituales de nuestra sociedad capitalista parece extraída directamente de la ciencia ficción de serie B. Para colmo, el humor que desprende el texto de Palahniuk se apoya en ocasiones en superéxitos del cine de animación como Kung-Fu Panda.

Citaré ahora algunas de las irreverentes observaciones que el terrorista Pigmeo hace de la vida en los Estados Unidos.

Al describir sus primeras impresiones sobre la familia-huésped, el narrador, bajito y aparentemente desnutrido, cuenta lo siguiente:

Para que conste en acta, el padre-huésped tiene aspecto de enorme vaca jadeante, que expulsa un aliento pútrido de carne sacrificada en el matadero y vocifera soltando tufo a Viagra mientras extiende el brazo para estrechar la mano del agente-yo. A juzgar por la tasa de compresión de su puño, y de la proporción hueso-vaca, el padre-huésped contiene un 31,2 de grasa corporal (…)

La madre está sudando por todos los poros, emitiendo un fuerte olor a estofado mezclado con café helado al moca y la vainilla más combinado de Zoloft y Xanax. Tufo a suplemento de estrógenos. Hedor a lanolina que le sale de cara arrugada por culpa del exceso de pastillas de ácido fólico. A juzgar por la flexión de los tejidos del dedo índice, la resistencia de los tendones y la fricción térmica, calculo que la madre-pollo tiene un 6,3 por ciento de grasa corporal. Presión sanguínea 182/120. 93 pulsaciones en estado de reposo. Edad 42,3 años. Dentro de seis años, presa fácil de derrame cerebral y muerte. (…)

El aliento del perro-puerco apesta a Ritalín. Hedor contaminante de pegamento para aviones de miniatura y masturbación frecuente. Y por debajo… tufo a sangre secreta, látex y sudor de miedo.

COMUNICADO PRIMERO

También resulta impactante la descripción que hace el protagonista del centro comercial, el templo de la sociedad de consumo. Recuerda mucho al primer Baudrillard:

Arca compartimentada con muros construidos a base de objetos, todos teñidos de colores para atraer la vista. Todos objetos van impresos: Quiéreme. Mírame. Millones de objetos que hablan, que suplican. Coronan a consumidor americano con el poder de los reyes para rescatar la cosa elegida y llevarla a casa o bien abandonarla aquí a su muerte por expiración.

COMUNICADO SEGUNDO

La crítica que realiza al sistema educativo occidental tiene una evidente inspiración platónica:

Para que conste en acta, las instalaciones de educación americana están destinadas a humillar a los jóvenes nativos y destruir todo el respeto que puedan tenerse a sí mismos. Conspiran para degradar toda su dignidad. Las tareas se asignan calibradas para destruir toda su autoestima. (…) A fin de obtener adiestramiento en química orgánica o en estadísticas de flujo de partículas nucleares, hay que llevar a cabo multitud de rituales idiotas: pintar cuadro, voleibol, realizar vals, fabricar poesía, participar en partidas de esquivar pelota, gritar canciones idiotas o bien torturar violín o piano usando muchas notas falsas. El total de la mayoría de los días consiste en tareas inútiles. La peor tortura posible, contemplar el desperdicio de la juventud.

COMUNICADO SEXTO.

Resultan inesperadas y curiosamente gnósticas las observaciones teológicas de Pigmeo, el agente-67. Según este hay que desechar la compasión y cometer la mayor cantidad de crímenes posible de modo que la deidad no sienta pena al ejecutarnos. Quien muere inocente comete blasfemia pues aspira a situarse por encima de la deidad:

Incluso mientras un hombre está posicionado de rodillas, farfullando oraciones con las manos juntas, comportándose como si tuviera en sí la amabilidad más benévola, incluso durante esas buenas acciones, la deidad ya le está mandando el cáncer a la próstata, o bien le está mandando a un loco para que asesine a su amada descendencia. La deidad anhela los pecados de los hombres para justificar el dolor monstruoso del destino que disfruta infligiendo. La culpa del hombre mitiga la culpa de la deidad. La crueldad humana permite una práctica de crueldad mayor por parte de la deidad.

COMUNICADO VIGESIMOPRIMERO.

Por último Palahniuk se atreve incluso con una explicación muy didáctica de la dialéctica amo-esclavo elaborada por Hegel.

[La víctima] no es capaz de aceptar la carencia total de posesión de poder, la indefensión, así que su reacción es entablar una alianza con el agresor. Formar una identificación con el opresor (…) todo esclavo torturado tiene romance secreto con su amo.

Pigmeo es, en definitiva, una lectura fácil y divertida que ofrece una imagen caústica y, al mismo tiempo, complaciente, de nuestras democracias occidentales.

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