Diario de lecturas

Luisgé Martín: La mujer de sombra (2012)

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Luisgé Martín: La mujer de sombra. Barcelona: Anagrama, 2012.

Según Alberto Olmos, Lector Mal-Herido, una de las diez mejores novelas de 2012.

“La vida es un cenagal, una emboscada” es el punto de partida y la conclusión final. Luisgé Martín da cuerpo a ese cenagal trasladando a la literatura el repertorio completo de la difusión viral del porno en Internet: sadomaso, zoofilia, incesto, pederastia… El deseo es un abismo, una trampa, es el mal que nos constituye. En mi opinión, mucho Schopenhauer, mucho estereotipo arrancado de los sótanos de la red y muchas ganas de provocar controversia. Aunque la prosa es directa y la lectura engancha creo que es un texto escaso de ideas.

En primer lugar, la verosimilitud de la trama se resiente porque donde se trata de “mostrar” Luisgé Martín se limita a “decir”. Me explico: el argumento gira en torno a Guillermo que tiene una relación extramarital y sadomaso con Marcia. Un día le confiesa sus humillantes aventuras a su amigo Eusebio. Guillermo muere en accidente de tráfico y Eusebio visita a Marcia para comunicárselo. Ese encuentro debería ser el motor de la novela, la epifanía del amor. Sin embargo, el autor lo despacha en una pocas líneas de retórica platónica poco inspirada.

Desde que comenzó su adolescencia ha estado preguntándose qué es el amor: ¿un sentimiento, un engaño, una enfermedad? Ahora, al contemplar a aquella mujer ante sí, se da cuenta de que nunca lo supo. La caverna de Platón: todo lo que ha visto en su vida antes de ese momento son sombras, figuras de humo, tinieblas desvaídas. Ella le mira y espera: sonríe con cortesía. Con la mano derecha sujeta el filo de la puerta. Su cuerpo atravesado ciega el paso. Su cuerpo: dos líneas cruzadas en aspa, unos senos marcados por la cruz de la blusa, unos muslos labrados en curvas. Eusebio la mira a los ojos y siente ganas de besarla. El amor: un sentimiento, un engaño, una infección. (p. 71)

Más afortunada es la descripción del horror, muy afín a la idea de “banalidad del mal” de Hanna Arendt.

Eusebio le escucha fascinado: lo prodigioso, como él imaginaba, no es conocer los secretos de los hombres, sino las rutinas cotidianas de las bestias. La bondad de los vampiros, la ternura de los monstruos. Padrastro no posee racionalidad: ofrece a sus hijos narcotizados para que los violen y habla luego de ellos con cariño. La mente humana produce esos ensueños. (pp. 207-208)

En definitiva, La mujer de sombra es una reflexión desoladora sobre el amor y la condición humana, además de un tour guiado por los paisajes más escabrosos del deseo virtual.

Más información en el blog de Luisgé Martín.

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