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Guadalupe Jiménez Blasco: Gorgias

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– Título: Gorgias

– Trabajo de Guadalupe Jiménez Blasco

 -Profesor: Eugenio Sánchez Bravo.

– I.E.S. Valle del Jerte, Plasencia, Cáceres. Clase: 2º B, 2012-2013.

– Del post Platón: Gorgias.

I. Disertación

A lo largo de la lectura del Gorgias he experimentado una sensación de déjà-vu constante: he podido imaginarme un hemiciclo repleto de “sofistas” que, en lugar de dividirse en dos y lanzarse pullas y reproches recíprocos, se unían para escupir a un hombre, que son todos los hombres, que soy yo, y cada árbol que crece a mi lado en este bosque, todos ciegos buscando en vano alcanzar la luz. Hasta qué punto puede uno sentirse Sócrates.

Es inevitable leernos en el diálogo. Leemos lo que llevamos dentro y, por desgracia, el dominio de la clase política se nos ha enquistado muy dentro.

En primer lugar, encuentro en la idea de la retórica sofista un ejemplo rescatado de una de las salas  del Guggenheim de Bilbao. Encuentro en el arte contemporáneo, pese al antagonismo con la idea de Platón de que una estatua debía ser bella para acercarnos a la idea de Belleza y mostrar además la virtud, una similitud con la denuncia de éste con respecto a la hipertrofia de la democracia ateniense por la demagogia sofista. La obra en cuestión, Movimiento en falso (estabilidad económica y crecimiento) de Damián Ortega (México D.F, 1967), es ilustrativa desde su propio título, una consigna política que utilizó el Gobierno mexicano tras la euforia de haber encontrado pozos de petróleo, sin embargo, poco después derivaría en la crisis de 1982 en el país, potenciada además por la corrupción y el mal manejo del país. La estructura de tres bidones de petróleo sobre una plataforma giratoria creo que es una gran metáfora de la realidad, del engaño disfrazado de pomposa palabrería.

La estabilidad económica que proporcionarían unos pozos de petróleo no es más que una falacia.

La estabilidad económica que proporcionarían unos pozos de petróleo no es más que una falacia.

Del arte contemporáneo me valgo una vez más, esta vez con la obra del dadaísta John Heartfield, que ilustró la revista alemana AIZ (Arbeiter Illustrierter Zeitung) aplicando la técnica del fotomontaje para denunciar el engaño y la decepción con la política nazi de su Alemania natal. Los sofistas de entonces utilizaron la propaganda y Heartfield actuó como tábano (en palabras del propio Sócrates) satirizando la situación en sus 237 fotomontajes entre 1930 y 1938. Pronto se convirtió en el objetivo de los nazis, como le sucedería a Sócrates, aunque no corrió su misma suerte, ya que se exilió y cambió su nombre original, Helmut Herzfeld, manifestando su rechazo hacia la política de Hitler.

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Hurra, die Butter ist alle! (1935) ¡Hurra, se acabó la mantequilla! ¡El hierro siempre hace poderosa a una nación, la mantequilla sólo hace a la gente gorda! En palabras del propio Goering. El miembro más destacado del aparato propagandístico, Goebbels, también protagoniza numerosos fotomontajes.

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Adolf, el Superman: Traga oro y suelta chatarra. Su fotomontaje más famoso, aparece junto a un artículo de la retórica anti-capitalista nazi y la paradoja de sus prácticas pro-capitalistas.

El papel de la masa también me parece interesante. El tirano es el hombre más infeliz, acabará siendo el servidor de sus servidores. Para Sócrates la función del político es satisfacer a los ciudadanos de la mejor manera posible, ofreciendo además la capacidad de “parir sus propias ideas”. Creo que en este punto, el videoclip de Pink Floyd, Another Brick in the wall es bastante ilustrativo. We don’t need no education. Teacher leave them kids alone. El control del “más fuerte” termina con la impactante imagen del sofista empujado por la masa hacia las llamas.

El profesor, ahora con birrete, es conducido por sus alumnos hacia las llamas.

El profesor, ahora con birrete, es conducido por sus alumnos hacia las llamas.

En mi opinión, creo que la vigencia de esta lectura en nuestros días es uno de los aspectos más interesantes. ¡Qué sorpresa para cualquiera descubrir que, lejos de ideas antiguas y abstractas, el Gorgias es tan dinámico y actual en cuanto a contenido! Es inevitable esbozar una sonrisa cuando Calicles pierde los nervios con ese Sócrates que parece un niño insolente. Creo que esto es un acierto, pues incita incluso a la juventud a tomar conciencia de que hasta un niño podría darse cuenta del engaño sofista. Son los jóvenes los que deben empezar a construir una sociedad más justa. Quizá Sócrates fue el primero en potenciarlo y, sin embargo, le condenaron precisamente por eso, por corromperlos. ¿Qué mal sigue viendo la sociedad en dejar alimentar las propias ideas? Lo mismo que Gorgias, Calicles y Polo hace miles de años, supongo.

II. Comentario de dos textos

“(…) Y, por el dios de la amistad, Calicles, no creas que tienes que bromear conmigo ni me contestes contra tu opinión lo que se te ocurra, ni tampoco recibas mis palabras creyendo que bromeo, pues ya ves que nuestra conversación trata de lo que cualquier hombre, aun de poco sentido, tomaría más en serio, a saber, de qué modo hay que vivir: si de este modo al que tú me exhortas, que consiste en hacer lo que, según tú, corresponde a un hombre, es decir, hablar ante el pueblo, ejercitar la retórica y gobernar del modo que vosotros gobernáis ahora, o bien de este otro modo de vida dedicada a la filosofía, sabiendo en qué este modo aventaja a aquél”

En este fragmento,  Sócrates insta a Calicles a debatir y exponer lo que realmente él piensa acerca de una de las preguntas trascendentales de los seres humanos, de qué manera hay que vivir. Cabe recordar el carácter ético de toda la filosofía de Sócrates, y de la búsqueda de esos conceptos universales de una forma clara, directa, que es el tono que se aplica en todo el diálogo. Por ello le plantea la disyuntiva entre practicar la demagogia que los sofistas defienden o por el contrario, la actividad contemplativa y filosofar que Sócrates asegura, que es el modo adecuado de orientar la vida del hombre. Calicles se reiría del empeño de Sócrates en continuar con la actividad filosófica a su edad, considerando que “la filosofía tiene encanto en la juventud, pero si se insiste en ella es la perdición de los hombres”. Se aprecia también el rechazo hacia la forma de ejercer el poder los sofistas dentro del sistema democrático ateniense, que se encontraba totalmente en declive, manejado por la retórica de éstos; incluso se generalizó esta crítica a la democracia en Atenas, tomando parte Aristófanes, Isócrates o Jenofonte. Sócrates lanza por primera vez la cuestión acerca de que la areté, la excelencia del alma, coincide con el saber, lo que más tarde reafirmaría Platón en su división de las virtudes.

“Por tanto, para defender nuestra propia injusticia o la de nuestros padres, amigos e hijos, o la de la patria, cuando la cometa, no nos es de ninguna utilidad la retórica, Polo, a no ser que se tome para lo contrario, a saber, que es necesario acusarse en primer lugar a sí mismo, después a los parientes y amigos, cada vez que alguno de ellos cometa una falta, y no ocultar nada, sino hacer patente la falta para que sufra el castigo y recobre la salud; obligarse a sí mismo y obligar a los demás a no acobardarse, sino presentarse con los ojos cerrados y valientemente al juez, como ante un médico para que opere y cauterice buscando lo bueno y lo bello, sin pensar en el dolor; y si ha cometido una falta que merece golpes, que se presente para que se los den; si merece la prisión, para que le aten; si una multa, para pagarla; si el destierro, para desterrarse, y si la muerte, para morir; que sea el primer acusador de sí mismo y de sus familiares y se sirva de la retórica para este fin, para que, al quedar patentes los delitos, se libren del mayor mal, de la injusticia”

La tarea que debe llevarse a cabo en los tribunales es la de acusarse a uno mismo si se ha cometido una falta, donde sólo sería adecuada la retórica: mas no para adular y librarse de un castigo que al fin y al cabo redunda en el beneficio propio. Para evitar la injusticia en cualquiera de los individuos que forman el Estado, o del propio Estado si este fuese injusto, la retórica debe utilizarse como denuncia del delito que cada uno ha cometido, pues sólo de esta forma se experimentará el segundo mejor de los bienes, a saber, recibir castigo tras haber actuado injustamente, si de todas formas no se ha podido evitar obrar de este modo. Y no sólo la salvación nace de uno mismo: cada persona debe tener la valentía de inculpar a aquellos que le rodean, pues estarán realizando una labor beneficiosa para su alma, ya que el juez sana las almas corrompidas por el mal y la injusticia, al ser esta el peor de los males de un Estado, al igual que el médico sana el cuerpo de las gentes que sufren un mal transitorio. El fin último del político es hacer buenos a los ciudadanos, buscar la excelencia del alma, entendido como ese ideal platónico de que la ciudad debe tener un carácter ético, compuesta de habitantes virtuosos y donde la justicia inunde todo. Lo bueno y lo bello, tras haber quedado ya demostrado que son un ente, debe ser hallado en cada uno de ellos y no importa el castigo ni el dolor, si incluso fuese la muerte misma, con tal de librarse de la carga que supone obrar injustamente y no tener la oportunidad de redimirse de la culpa, tanto a uno mismo como a los demás.

III. Cuestionario

  1. ¿Qué características posee el personaje de Gorgias tal y como lo presenta Platón?

Gorgias se ve reflejado en la actitud que los demás tienen hacia él. Podemos considerar que en gran arte somos la idea que los demás tienen de nosotros, y en este sentido desde el principio del diálogo a Gorgias se le presenta como un disertador de importancia, dispuesto a contestar a lo que cualquiera le preguntara (con ese punto populista de los políticos al, generosamente, acceder a satisfacer las demandas de la población) y con la seguridad de que resolvería cualquier cuestión, vanagloriándose de que cualquier pregunta ya le habría sido formulada con anterioridad, lo que choca claramente con reconocimiento de la propia ignorancia socrático (“sólo sé que no sé nada”) aunque en el fondo fuese mera prepotencia; Gorgias asegura que le será  sencillo responder, probablemente porque confía en su elocuencia. De igual manera la solícita actitud adoptada por Polo porque Gorgias estaría “fatigado” de tratar numerosos temas, indica la admiración hacia este personaje, que va perdiendo su primera reacción ufana en el momento que Sócrates le insta a explicar claramente “su arte”, darle “un nombre”, es decir, establecer esas definiciones universales que al maestro de Platón tanto interesaban.

  1. ¿Cómo refuta Sócrates la afirmación de Gorgias de que la retórica es el arte de los discursos?

Directamente Sócrates argumenta que si la retórica es el arte de los discursos, así, genéricamente, abarcaría cualquier tipo de discursos, desde un discurso acerca de medicina, hasta otro de gimnasia, y de todas las artes, cada uno en la misma línea: pensar acerca de lo que versan aquéllos. Y creo que esto es clave, pues la retórica “capacita a los hombres para hablar” pero Sócrates, siempre con ironía, deja entrever que, al contrario que el método de la mayéutica que él emplea (ayudar a los demás a” parir sus propias ideas”), con la retórica sofista, los hombres disertan lo impuesto, sobre todo por esa necesidad de ser orador en el ágora, lo que deben decir, aunque no se trate de una conclusión propia.

  1. ¿Cómo refuta Sócrates la afirmación de Gorgias de que la retórica es el arte de los discursos excluyendo cualquier saber manual o práctico?

En primer lugar intenta discernir entre cuáles son las artes que implican una actividad manual en donde la palabra (el medio por el que Gorgias sostiene que se sustenta la retórica) es innecesaria, tales como la escultura y la pintura, y por otro lado, las que precisan de ella, que son la mayoría, como la geometría, el cálculo o la astronomía, donde el lenguaje, verbalizar y establecer esas tesis universales,  es necesario para hacerlas llegar; y de ahí la imperiosa necesidad de Sócrates de que Gorgias concrete para qué elemento es eficaz la retórica, pues de esta manera el espectro de temas que abarcas no permitiría, por ejemplo, diferenciar entre aritmética y retórica, ya que ambas se sirven de la palabra. En este apartado abruma la capacidad de Sócrates para dar explicaciones técnicas y concisas, lo que claramente resalta su búsqueda por las esencias,

  1. ¿Cómo refuta Sócrates la afirmación de Gorgias de que la retórica es el arte de los discursos que versan sobre los temas más importantes?

Parece que, de nuevo, esa nebulosa relativista sofista exaspera a Sócrates, porque es “discutible” y, como consecuencia, entraría en el ámbito que él firmemente rechazaba de la opinión. Establece una situación en la que la disparidad de criterios haría caer por su peso esto que Gorgias llama “los más excelentes temas humanos”: un médico argumenta que es su arte la más necesaria, ya que la salud lo es todo, y precisamente Sócrates inquiere a éste “¿qué eres tú para expresarte así?”, que lleva a relacionarlo con “el hombre es la medida de todas las cosas”, es decir, el relativismo cultural de Protágoras, las leyes se rigen por convención; el maestro de gimnasia, por su parte, defendería la importancia de la belleza, de la fuerza, ambos importantes en Platón, pues para él a la Idea Suprema del Bien se llega mediante, entre otras, las Ideas estéticas, es decir, la Belleza y la necesidad de un alma irascible que tiene como distintivo la fortaleza necesaria para dominar las pasiones innobles y, como consecuencia, el surgimiento de una armonía en el alma virtuosa, ese men sana in corpore sano latino; por último, y desde mi punto de vista, algo que asombra por su atemporalidad, la introducción de la posición del banquero, que retrata como prepotente y altivo, despreciando a todos los demás, y que esgrime que la riqueza es, sin duda, la más preciada de las posesiones. Ante tales argumentos, es difícil concluir cuáles son esos temas más importantes sin especificar y sin razonar y defender nuestras opiniones, lo que paradójicamente, se suponía que un ateniense debía hacer cuando estaba en el ágora y para lo que pagaba a los sofistas.

  1. ¿Qué relación tiene con los pitagóricos las referencias a lo par, lo impar y lo uno?

Se aprecia una clara influencia dentro del ámbito pitagórico de las matemáticas, pues estos tres términos citados se engloban dentro del objeto sobre el que la aritmética versa, y que al ser una rama de las matemáticas se fundamenta en unas leyes o principios. Hablamos de los números, que tienen su explicación en un origen dual: existen parejas de opuestos que al hallar su equilibrio, dan lugar a la Armonía (que ellos aplican a la Música, de igual manera). La primera pareja es lo par (“lo malo”, lo femenino, lo ilimitado, lo oblongo) y lo impar (“lo bueno”, lo masculino, lo limitado, lo cuadrado); en la misma línea de los números, aparece la unidad, que está por encima de estos dos últimos términos, ya que las cosas están compuestas de unidades (hay que tener en cuenta la concepción física de la geometría, en forma de guijarros).

  1. ¿Cuáles son los tres bienes humanos que todos los hombres persigue según se canta en los banquetes griegos? Es la versión griega de nuestro: salud, dinero y amor.

En la Grecia Antigua nuestro tópico ve alterado su orden sutilmente: la salud sigue predominando sobre las otras dos, evidentemente es sensato considerar que Platón, que apoyaba la clase de medicina que valía para salvar vidas, por ejemplo, en el campo de batalla (defensa de la ciudad) y cualquier persona a lo largo de la historia reconocería que, estar sano es fundamental, al igual que el motivo del nacimiento de la propia Filosofía: la contemplación del Universo se inicia una vez las necesidades básicas estén cubiertas.

En segundo lugar, sin embargo, es la Belleza, que podríamos establecerla en analogía con el amor, el de hoy en día; no obstante, su unión es más cierta si se encuadra dentro del amor platónico, ya que la visión de un bello efebo, por ejemplo, es el reflejo de la Idea de Belleza (la reminiscencia, “conocer es recordar [lo que se vio en el Mundo de las Ideas]”) y es de ella de quien nos “enamoramos”, y concentrándonos, como expresa Sócrates, podemos llegar al conocimiento, a lo que es la Filosofía, en griego, AMOR por la Sabiduría.

Por último, “adquirir riquezas sin fraude”, que hoy lo traduciríamos como dinero, el “vil metal”, pero, sin embargo, con una interesante connotación que implica ya un aperitivo al plato principal de la obra, pues ese “sin fraude” es un alusión a una manera justa de conseguirlo. Esta permutación de valores, no es simple metáfora: hemos degenerado hacia una sociedad  mucho más materialista donde los principios brillan más aún por su ausencia y nos vemos sometidos al yugo económico, utilizando este parámetro para cualquier sociedad y cualquier faceta de la vida. Atrás quedó el estado de ataraxia de los epicúreos donde vestir bien y comer bien eran considerados placeres naturales no necesarios; cabe añadir, además que Sócrates, sin ir más lejos, era pobre.

  1. ¿Cómo refuta Sócrates por insuficiente la afirmación de Gorgias de que la retórica es el arte de la persuasión?

Aunque Sócrates empieza a admitir que Gorgias se acerca en este punto ya bastante a la respuesta final que busca, objeta que, aunque realmente persuadir sea la clave, debe ser más explícito: ironiza en 453b “si hay alguien que al dialogar quiera conocer exactamente el objeto sobre el que se discute, yo estoy persuadido de que soy uno de ellos”. Claramente, el diálogo con el método de la mayeútica distaba de los extensos parlamentos sofistas.

Sócrates le expone su razonamiento, donde deja claro que no hay para él espacio para cualquier tipo de relativismo, que aunque pueda “suponer”, donde la respuesta estaría condicionada por su criterio personal, debe cuestionarle a él, a Gorgias, exactamente qué tipo de persuasión produce, a su juicio,la retórica, dejando claro las diferencias que existen entre ambos.  Una vez más, Sócrates recurre a los ejemplos de la vida de la polis, lo que es un medio para contextualizar su época: así como Zeuxis es pintor de animales, es necesario saber qué clases de animales pinta y de qué forma lo hace, porque esto es lo que le diferencia del resto. No sólo la retórica tiene exclusividad, también el maestro nos convence con sus explicaciones acerca de la aritmética y el número y, por tanto, sería también “el arte de la persuasión”.

  1. Sócrates establece dos tipos de persuasión. ¿A qué tipo pertenece la retórica según Gorgias?

Esta división de los dos modelos de persuasión corresponde al problema filosófico del conocimiento, ya presente desde Parménides, entre verdad y creencia; la aspiración interior socrático-platónica era hallar la verdad, donde el filósofo tiene su papel y no contemplar la posibilidad de considerar la moral un fenómeno social por el cual se podía permitir modificar las normas atendiendo a una discusión subjetiva, es decir, del criterio de cualquiera. En este caso, y tras haber admitido que saber y creer son términos diferentes, y que ambos persuaden, por un lado obtendríamos la creencia sin el saber, puesto que es evidente que existen creencias falsas y verdaderas, y otra que da lugar a la ciencia, porque ésta es la que origina el saber, ya que no existe una ciencia falsa y otra verdadera. Llevado por los razonamientos de Sócrates, Gorgias indica que es la retórica parte del primer tipo de persuasión.

  1. ¿Hasta donde alcanza el poder de la retórica?

Según Gorgias, el poder de la retórica abarca todas las artes, las tiene sometida de alguna manera. Para ello ejemplifica con el tema de los médicos, que como ya sabemos, es junto a los abogados, dos figuras que en el Estado ideal para Platón serían la confirmación de su decadencia; en este caso el sofista sostiene que el orador goza de mayor prestigio y apoyo popular que el médico, y que si se lo propusiera, aquel podría salir elegido antes que éste. De igual manera, realmente podríamos afirmar que el sofista al tener el poder de la retórica, tiene el poder sobre los demás en la democracia: según su propio criterio, podría incluso ser él mismo artesano, lo que para Platón sería inconcebible: en su ciudad ideal el equilibrio residiría en que cada persona debe realizar la tarea que le corresponde (el filósofo-rey gobernando, quién, ayudado por el guerrero, moderarían el alma del artesano y se produciría así un equilibrio, la armonía en el Estado). También Gorgias, como maestro o instructor en retórica se escuda en que no es el maestro el que enseña sus artes de una manera incorrecta, sino que son los discípulos lo que, en una mala interpretación, pueden utilizarlas hacia el mal; Platón criticará después la idea de los sofistas de lo que es posible enseñar (comerciar con el saber), y además, argumentará que existe una facultad de comprender innata, muy desarrollada en los criminales, por ejemplo, aunque esté mal orientada. Finalmente Gorgias mantiene la idea de que, el don de la retórica debe emplearse justamente, y no abusar del poder que este te otorga, así como punir al alumno díscolo, que interpreta erróneamente, y no al maestro.

  1. ¿Cómo utiliza Sócrates el intelectualismo ético para demostrarle a Gorgias que la retórica no implica conocimiento de lo justo y lo injusto sino precisamente la ignorancia respecto a esos temas?

La doctrina del individualismo ético, que establece que el saber y la virtud se hallan intrínsecamente unidos, es uno de los puntos socráticos más resaltados, ya que la ética y la moralidad abarcan un importante segmento en su obra. A través de su método predilecto, con preguntas y respuestas claras y concisas, que de alguna forma establecieran esos enunciados universales que tanto interesaban a Sócrates, cuestiona a Gorgias que, si la retórica, como previamente había expuesto que trataba sobre lo justo y lo injusto, y aquel que conoce lo justo obra como tal (“el que obra mal es porque no conoce el bien”), existe una incongruencia entre su afirmación anterior de que existían oradores que usaban su arte para obrar injustamente (ya que, pese a no tener conocimientos en otras artes, a través de su retórica, hacen creer que podrían desempeñar mejor el papel del médico, aunque sean ignorantes en la materia) y la afirmación de que la retórica trate la justicia, ya que existen maestros que la imparten que obran de manera injusta, y eso, según dicho intelectualismo ético, no podría ser posible. Sócrates, además, establece este método con elegancia, apuntando que es más beneficioso para uno ser refutado que refutar, pero que ambas cosas son necesarias y beneficiosas, lo conocido como utilitarismo moral, donde lo bueno es lo moralmente útil y, además, puede ser enseñado.

  1. Según Polo ¿por qué ha vencido Sócrates en el diálogo con Gorgias?

Polo afirma que Sócrates se ha valido únicamente de una concesión que Gorgias le ha otorgado, esto es, decir que el orador no conoce lo justo, lo bello y lo bueno al evidenciarse que es ignorante frente al resto de las artes, pero que no deja de ser una incoherencia, ya que cualquiera conoce la justicia, e incluso podría enseñarla.

  1. ¿Cuáles son las desviaciones de la medicina, la gimnasia, la justicia y la legislación?

Entre el cuerpo y el alma, se establece una división: la política abarca lo que hace referencia al alma y la gimnasia y la medicina al cuerpo. En la parte del alma, la política, la legislación sería el equivalente a la gimnasia y la justicia a la medicina. La adulación que es toda creencia, conjetura, se fragmenta de alguna manera en cuatro partes y va a invadir a cada una de estas cuatro artes, podríamos decir que de alguna manera “infectándolas”, haciéndose pasar por arte ella misma, adaptándose a cada situación y produciendo una sensación agradable, se llega a creer incluso que posee valor.

De nuevo establece otras analogías: la gimnasia con la cosmética, donde la segunda, innoble, disfraza con apariencias la verdadera belleza, que es noble y bella, ya que participa de la Idea de Belleza (amor platónico); la medicina iría con el arte culinaria, ya que ésta es la parte de adulación que corrompe el arte de la medicina; la legislación con la sofística, pues esto último no busca la Idea de Justicia, sino que se basa en cierto relativismo y convención; y la justicia con la retórica, que como se ha encargado de desmontar Sócrates previamente, no es más que falsedad, pues admite Gorgias que existen oradores que obran injustamente y el que es justo debe obrar justamente (intelectualismo ético): la retórica es para el alma lo que la culinaria para el cuerpo.

  1. ¿Cuál es la diferencia entre arte y práctica?

Para Sócrates el arte de la retórica no es tal, sino más bien una práctica. Tomando este ejemplo nace para él la distinción entre ambos términos, ya que la práctica indica convención, “algo que tú afirmas haber hecho arte en un escrito”, ese relativismo sofista que Platón critica, y que asociamos a un acuerdo entre unas partes determinadas. El término téchne alude a esa habilidad manual, aunque más tarde también técnicas o prácticas intelectuales, en este caso la oratoria. Sin embargo, “la técnica de descubrir verdades” era lo que se consideraba arte y lo que Sócrates al fin y al cabo busca, enunciados universales. Lo irracional no es considerado arte por Sócrates, la práctica, al contrario del arte, no conoce la naturaleza de las cosas que dispone y por tanto, no conoce la causa de ellas.

  1. ¿Cuál es el parecido entre la práctica culinaria y la retórica? ¿Por qué las considera Sócrates feas?

Ambas buscan producir cierto agrado y placer, no por esto significar que es bello y bueno. Sócrates define esto como adulación, dentro de la cual también incluye directamente la retórica, la sofística, es decir, “llenar” casi literalmente la cabeza de conocimientos huecos, y la cosmética, el adorno. La parte de adulación correspondiente a la retórica es para Sócrates “un simulacro de una parte de la política” y que es feo por el hecho de ser malo (la concepción platónica era que lo bueno es igual a lo bello e igual a lo verdadero). Las apariencias engañan, los sentidos nos hacen percibir un cuerpo saludable (bello) y no tener una buena condición; extrapolado a la cuestión de Polo de si es bella la retórica podríamos entender que, aunque produce “cierto agrado y placer” estéticamente, debido a su elocuencia y pomposidad, no deja de ser una práctica de algo que Platón considera despreciable, la política, principalmente a raíz de la muerte de Sócrates, y que no puede compararse con la vida de contemplación del filosófo.

El arte culinaria es el engaño de la medicina, ya que es perjudicial fiarnos del que menos conoce (para Platón lo ideal sería que un sabio, el filósofo, que conoce debe tomar las decisiones y gobernar), de un cocinero que nos asegura conocer los alimentos en lugar del médico; por tanto, esto es feo porque, si observamos incluso ejemplos cotidianos, presenta “el placer sin el bien”, es decir, poseer en paraísos fiscales mi dinero sin pensar la ilegalidad de ese acto, por ejemplo, ya que redunda en mi propio bienestar.

  1. ¿Por qué afirma Polo que Sócrates está diciendo “cosas sorprendentes y absurdas“?

Porque Sócrates sostiene que los oradores no hacen lo que quieren, sino lo que les parece mejor, es decir, de alguna manera ellos son conscientes de que no pueden hacer lo que quieren, sino lo que les parece bueno, que redundará en el poder que pueden conseguir, y saben que de la otra forma, como también concede Polo, hacer lo que uno le parece sin razón es un mal que no les beneficia. Sócrates opina que no hacen lo que quieren al hacer lo que les parece bien, de todas formas, porque ellos son injustos, no buscan la justicia en sí, sino los medios por los que pueden beneficiarse indirectamente de esa justicia que dicen que aplican; un navegante no quiere correr peligros navegado, quiere el fin por el que navega, enriquecerse, por lo que Polo concluye que está diciendo cosas sorprendentes y absurdas, ya que para él lo que quieren y lo que les parece mejor es lo mismo.

  1. ¿Qué ejemplo utiliza Polo para demostrar que “muchos hombres injustos son felices“?

Utiliza lo que el denomina “un ejemplo de ayer”, es decir, los recientes y no antiguos, en particular el del rey de Macedonia,  Arquelao, hijo de Perdicas. Arquelao es hijo de una esclava de Alcetas, el hermano de su padre Perdicas, por lo que no podría gobernar y lo que es más, sería esclavo, por derecho, de Alcetas, su tío. Cierto día reunió a su tío y a su hijo Alejandro, primo de Arquelao de aproximadamente su edad  y, tras embriagarlos, los degolló; poco después hizo lo mismo con el hijo legítimo de su padre Perdicas, un niño de siete años al que tiró a un pozo, y que posteriormente aseguró a la madre de éste, Cleopatra, que persiguiendo un ganso había caído casualmente en dicho pozo.  En efecto, Polo afirma que ha cometido los mayores crímenes y que nadie desearía ser tan injusto, pero que sin embargo había conseguido ser feliz, ya que no había recibido castigo alguno.

  1. ¿Qué ejemplo utiliza Polo para demostrar que es más feliz aquel que no recibe castigo por haber cometido injusticias que el que lo recibe?

El de aquel hombre que es descubierto obrando injustamente en su camino de convertirse en un tirano, el cual será hecho preso, castigado, torturando tanto a él como a su esposa e hijos, sufriendo multitud de vejaciones hasta el punto de ser condenado a la peor de las muertes; es mucho más feliz, sin embargo, si evita todos estos agravios, se convierte a la tiranía y pasa durante el resto de su vida gobernando, según Polo, siendo la envidia de todos los ciudadanos y extranjeros, al ser feliz pudiendo hacer lo que él quiere.

  1. ¿Por qué crees que Polo se ríe cuando Sócrates le dice que “es más desgraciado el que escapa al castigo y consigue ser tirano“?

Porque, en la misma dinámica que sostiene que el injusto es el más feliz, Polo considera de nuevo absurda esta afirmación de Sócrates, ya que, en analogía con nuestros propios días, el político que no es castigado por tomar dinero de los fondos públicos y consigue incluso, pasado poco tiempo, reincorporarse a la vida pública, pese a que actualmente quizá no sería digno de admiración, sí que concluiríamos que no ha sido desgraciado: ha burlado la justicia y su consecuente castigo, incluso si se ha valido de esos “testigos” de los que habla Sócrates, y no de la verdad, lo único imposible de refutar, como el propio maestro de Platón asegura firmemente.

  1. Explica cómo Polo es fácilmente refutado por Sócrates tras admitir aquel que “es más feo cometer injusticia que recibirla“.

Polo afirma que, en efecto, es más feo cometer injusticia que recibirla, por lo que Sócrates deduce que si es más feo, es peor: la idea del Bien para Platón debía también ser bella, es el ideal de lo bello, lo bueno y lo verdadero, que sin embargo, no comparte Polo. Sócrates ejemplifica con la belleza de un cuerpo, los cuales son bellos si cumplen o bien utilidad, o bien deleite. En el Banquete este mismo cuerpo bello será lo que permita la reminiscencia del mundo de las Ideas, en este caso de la Idea de Belleza, de la cual participa un cuerpo bello en la Tierra. Por tanto, los colores, figuras, costumbres y leyes y, como no podría ser de otra forma, la música (la tan acusada influencia pitagórica) y los conocimientos. Polo admite que el placer y el bien definen lo bello. Pues bien, lo feo, sería lo contrario, el dolor y el mal y al comparar dos cosas entre sí y siendo una de ellas, o bien más bella, o bien más fea, también conllevarán ser más útiles o placenteras o bien más dañinas o dolorosas respectivamente.

Luego, si previamente habían llegado ambos a la idea de que era más feo cometer injusticia que recibirla, ahora se añade el hecho de que sería más feo y más dañino lo primero que lo segundo. Pero llegan al punto del dolor, donde los que cometen injusticia no lo sienten tanto como quienes la reciben: como consecuencia cabe afirmar que el daño es mayor por los que cometen injusticia y esto es peor.

Concluye la refutación con la síntesis de la idea: ni Polo ni ningún otro hombre preferiría cometer injusticia a recibirla, ya que es más dañino.

  1. ¿Cómo persuade Sócrates a Polo de que es preferible recibir castigo por la injusticia que no recibirlo?

Con la idea de que si alguien golpea, siempre existe algo que no soy yo que lo recibe, y que si además lo hace de una forma violenta o dolorosa, el otro también lo percibe como tal, como si de una quemadura o de un corte profundo se tratase. Es decir, una especie de acción-reacción: yo obro de esta manera y el otro lo sufre con la misma intensidad que yo he obrado. Extrapolando esto al que castiga y al castigado, y considerando que el primero obra con razón y, por tanto, de manera justa y el segundo merece el castigo porque es justo e introduciendo el concepto “lo justo es lo bello” obtenemos lo siguiente: si se ha ejecutado una acción bella y justa, y además buena (agradable o útil; se vuelve a resaltar el utilitarismo moral socrático) que es castigar, el castigado obtiene un beneficio, que es librarse de su culpa. Se ha “curado” de las “enfermedades del alma”: la ignorancia, la cobardía, las injusticias, los peores males para Platón. De este punto podemos extraer también la idea de que los jueces son aquellos que matan el alma enferma de los condenados, y por lo que los médicos debían hacer lo mismo. Y entre la pobreza, la enfermedad y la injusticia, tres males, ¿no sería este último que de continuo destacamos, la injusticia, que es el mal del alma (no hay que olvidar lo significativo de este concepto para Platón) el peor, el más “feo”, peor que ser pobre o estar enfermo? Estos dos últimos tienen el arte de los negocios y a la medicina como medio para poner fin a sus males, pero, ¿qué hay de la injusticia? Evidentemente, los jueces, que imparten justicia, son el remedio. Y entre dos que poseen un mal, el que no se somete a curación y aún lo tiene, lo cual se ve más claramente en la Medicina, es más desgraciado que el que sí lo hace. Por tanto, el castigo, será más o menos lo mismo: te libera del gran daño, que hemos deducido que es la maldad en el alma (el cuerpo tiene un sentido peyorativo para Platón, por eso para él el médico debía en cierto modo ayudar a morir en lugar de alargar innecesariamente las enfermedades). No hay que tratar de evitar el castigo por ser este doloroso, sino aceptar su utilidad, liberar un alma corrompida, una persistencia del mal, la de no pagar nuestra pena, aún peor que haber cometido injusticia.

  1. Sócrates concluye su refutación de Polo atribuyendo a la retórica una función absurda. ¿Cuál es?

Si hay que defender la justicia, debe salir de uno mismo, sin temor de ningún tipo, como el que tiene el valor de ir al médico a ser operado por el hecho de saber que este es el único medio para sanar; no es necesario la retórica para encubrir nuestra falta, ya que, por el contrario ,lo bueno, lo valiente, es acusarse a sí mismo, a tus parientes, a todo aquel que necesite de esta “cura”, ya que esta beneficia al que ha cometido un delito. La retórica, en último término, servirá para asegurarnos de poder expresar nuestra acusación sobre nosotros mismos o cualquiera, manifestando los delitos y librándonos de lo injusto, de no poder acceder a esa “cura” beneficiosa.

  1. ¿Cuál sería según Sócrates la forma ideal de causar daño a alguien?

Poder hacer que nuestros enemigos, que han cometido injusticias, no puedan ser nunca castigados, por lo que vivirán una vida infeliz, a ser posible en un estado de perversidad eterno. Si la retórica tiene alguna utilidad (y cabe decir que a lo largo del diálogo Platón se encarga de desmontarla) sería para Sócrates ésta: para el que no tiene intención alguna de cometer injusticia pueda condenar y “salvar” al injusto, precisamente condenado a un castigo peor: la posesión de un alma corrupta eternamente, sin salvación.

  1. Resume las acusaciones de Calicles a Sócrates sobre cómo ha logrado vencer a Gorgias y a Polo en la discusión.

Estas razones de Calicles constituyen la principal esencia de la filosofía sofista de la época de Platón, con Calicles y Trasímaco a la cabeza en cuanto a la idea del “derecho del más fuerte”. En primer lugar sostiene que Sócrates lleva siempre a la enojosa situación de la incongruencia o la contradicción a sus interlocutores, en su búsqueda por la verdad (enunciados universales a través de la mayéutica) y que esto de alguna manera lo utiliza a “mala fe” a sabiendas de que existe una clara distinción entre la ley (impuesta por los más débiles para controlar a los fuertes) y la Naturaleza, y que, por tanto, en el caso de Polo, al que hace admitir que es más feo cometer injusticia que sufrirla, estaríamos hablando de dos ámbitos completamente diferentes, de los cuales no se debería cuestionar sobre un mismo asunto indistintamente. Nombra también la figura del esclavo, que no es un hombre, y por tanto, son los únicos que reciben injusticia y desean castigo, por su carácter inferior. Podríamos pensar, pues, que este comportamiento de los esclavos para Sócrates debía ser aplicado a todo el mundo, no que, a través de los tribunales cualquiera pudiese “librarse” de una condena que, además, es beneficiosa para “curar o matar” el alma, que es la labor del juez. Abarca ahora, la esencia del “derecho del más fuerte”, utilizada por la multitud, por los débiles para controlar a los más fuertes, que por naturaleza, como se ha visto tradicionalmente en los animales, costumbres, a lo largo de la Historia, es la verdadera justicia, por la que deberíamos regirnos, y no por esa idea de la multitud de que lo injusto es tratar de poseer más que los otros, al ser conscientes de que no podrán albergar ni el poder ni los bienes de los más fuertes.

  1. ¿Cómo demuestra Calicles “que es justo que el fuerte tenga más que el débil y el poderoso más que el que no lo es“?

Se basa en el su “derecho del más fuerte”, en el que, por Naturaleza, los más fuertes y mejores tienen derecho a las posesiones de los débiles, que sostienen que poseer lo mismo que los demás es justo y bello, e intentan establecer esto por ley, para dominar a los que, como en el mundo animal, son superiores. Nombra también los trabajos de Heracles, donde algunos de ellos, consiste en robar el ganado de Gerión, un hecho que no hace más que reforzar la idea del sofista.

  1. ¿Qué opinión tiene Calicles sobre la filosofía?

Calicles recomienda a Sócrates, también, que la filosofía en la juventud “tiene su encanto” en cuanto colabora en la educación y despierta la curiosidad, pero que a cierta edad no supone más que la perdición de los hombres, ya que le deja fuera de la estructura de la sociedad (y la capacidad para defenderse, como luego se verá en su propia muerte) y de las costumbres, siendo ridículos (que luego criticará Platón en el Mito de la Caverna: “y si se quiere reír de ella, su risa será menos absurda que si se descarga sobre el alma que desciende desde la luz”). Concluye, precisamente con una especie de clarividencia al ejemplificar con lo que, como ya se ha expuesto, más tarde sucedería: la incapacidad de defenderse de Sócrates le vuelven vulnerable en los tribunales y lo conducen a su muerte. Por eso Calicles le aconseja que mire en pro del arte de los negocios y en labrarse una buena reputación.

  1. ¿Cómo refuta Sócrates la tesis de Calicles según la cual lo justo por naturaleza es que el fuerte, el mejor, el más poderoso, se imponga a los débiles?

Sócrates establece una diferenciación entre “lo mejor” y lo “más poderoso”, aparte de exponer que la multitud, por naturaleza, tiene más poder que un individuo solo, porque es ésta la que pone las leyes (de alguna manera, ese organicismo social -Estado anterior al individuo- de Platón y Aristóteles). Éstas son más poderosas, por tanto, según el planteamiento de Calicles, las mejores. Si según la naturaleza lo más poderoso es lo más bello, éstas leyes también lo serán, por tanto, Sócrates no se equivoca con Polo al unir lo que expresa tanto relacionado con la Ley como con la Naturaleza, se puede establecer una relación directa. Para conservar esta belleza, es lógico pensar que la multitud quiere una justicia que esté basada en la igualdad de bienes, y rechazará cometer injusticia alguna, que se traduce como una violación de la igualdad, bella y adecuada por naturaleza.

  1. ¿Por qué le dice Sócrates a Calicles “enséñame con dulzura“?

Porque previamente Calicles se desespera y arremete contra la lógica argumentación de Sócrates, aludiendo de nuevo a que éste utiliza la confusión de su interlocutor en algún término como victoria personal en sus interrogaciones. También podríamos estar acerca de la idea de Platón de la dulzura, que la otorgaba en cierto modo la música, y previamente Calicles había comentado que no sabía de canto, y esta dulzura, equivaldría también a ese primer contacto con la filosofía y los mitos homéricos, esencial en la vida de cualquier griego. Podría establecer cierta analogía con la idea de que Platón se burlaba en cierto modo de la ignorancia de Agamenón sobre matemáticas, pues éstas también eran necesarias para el campo de batalla. Además, también Platón podría resaltar su idea peyorativa acerca de la falta de moderación, equiparándolo al carácter de cualquier labrador o artesano,

  1. Una vez que Sócrates demuestra que los mejores no son los más fuertes y poderosos Calicles opta por definirlos como los de “mejor juicio“. ¿Cómo lo refuta Sócrates?

Pone numerosos ejemplos todos relacionados con los diferentes trabajos desempeñados en la ciudad, desde el médico, que es el que tiene el “mejor juicio” y será el mejor y el más poderoso en lo suyo, la medicina, al zapatero o el agricultor, que por ser éste el mejor en su tarea, merecerá, por tanto, mayores semillas con las que sembrar su campo, que le dará mayor beneficio, ya que sería lo justo. Calicles cree que sólo los de “mejor juicio” son los más capaces del gobierno de la polis, sólo en ese ámbito, despreciando a todas las clases trabajadoras (que deben ser moderadas para Sócrates y Platón), denominándolas “idiotas”.

  1. ¿Cómo define Calicles el “vivir rectamente“?

Al contrario que ese autocontrol sobre las pasiones y la templanza propuesta por Platón (Sócrates), Calicles entiende que vivir rectamente significa satisfacer sus deseos, es decir, el goce y placer (hedonista) en lo que acabó derivando el subjetivismo-relativismo (no hay conocimiento seguro ni verdades objetivas) y el utilitarismo (lo útil es la única norma de conducta humana) en la última etapa de la democracia ateniense, dominada por los sofistas. Dichos deseos deben ser saciados apropiadamente, cuando cada ocasión lo requiere. La sutileza y la sensatez en este aspecto no son posibles para todos, por eso los débiles consiguen hacer creer a los más fuertes que la falta de templanza o moderación es vergonzosa, cuando para alguien que es capaz de ser poderoso lo justo es disfrutar y aprovechar los bienes, sin que persona alguna se lo impida. Como parte de ese relativismo sofista, Calicles sostiene que las convenciones de la multitud no son naturales, y que sin embargo, la pereza o el libertinaje pueden constituir la verdadera excelencia y la felicidad, y por tanto, de ahí su famosa afirmación de que el tirano es el más feliz.

  1. ¿Qué influencia órfico-pitagórica muestra Sócrates en 493a aludiendo a la relación cuerpo-alma?

La influencia pitagórica en Sócrates (Platón) y de la religión órfica oriental alude en este fragmento a la idea de que el cuerpo es una cárcel para el alma, lo que los griegos, utilizando un juego de palabras entendieron como soma (cuerpo) es igual a la sema (cárcel). Sócrates, en efecto, alude a un sabio, que podría ser Filolao, pitagórico, que sostiene que el que nuestro cuerpo es una tumba, donde el alma está obligado a expiar sus culpas. De ahí la idea de que nosotros estamos muertos, y que es difícil saber si eso es así, o por otra parte estamos vivos. Platón tomaría esta idea posteriormente en el mito del carro alado en su obra Fedro, ya que si la parte del alma de la que aquí habla Sócrates desciende a la Tierra, ésta queda encerrada en una prisión, es decir, la sema.

  1. ¿Cómo intenta Sócrates persuadir a Calicles de que la vida moderada es mejor que la disoluta utilizando la comparación del alma con un tonel?

Sócrates intenta explicarle una metáfora en la que la parte del alma correspondiente a las pasiones innobles era como un tonel agujereado: por más que se llene de agua, esta jamás se llegaría a saciar, y que, más aún, en el inframundo, no solo sería un tonel con agujero, sino que el agua que se llevara a él sería en un cedazo, es decir, una especie de red incapaz por tanto de retener agua. Lo mismo ocurre con el alma de los insensatos, que no son capaces de retener nada, ya que han olvidado completamente lo visto en el mundo de las Ideas (teoría de la reminiscencia o anamnesis  y piensan que lo que ven, pura creencia, el mundo de las sombras en el Mito de la Caverna,  es la realidad (por eso dice: ”no es capaz de retener nada por incredulidad y olvido”).

  1. Calicles identifica el placer y el bien. ¿Cuál es la primera objeción que se le ocurre a Sócrates?

Sócrates, con su habitual sorna le plantea lo siguiente: si según Calicles al tener todos los deseos, como comer y beber cuando se tiene hambre, lo que se debe hacer es gozar y vivir felizmente, de la misma manera si se tiene sarna, y rascarse produce placer, hacerlo toda la vida sería gozar eternamente.

  1. ¿Por qué acusa Calicles a Sócrates de “decir sofismas”, de “orador demagógico“? ¿Te parece que Calicles tiene razón?

De nuevo vuelve a escudarse el sofista en el hecho de que Sócrates desvía y lleva a unos extremos que no se corresponden con la conversación. El maestro de Platón ha conseguido que tanto Polo como Gorgias rectifiquen, o al menos se avergüencen; sin embargo, Calicles sigue manteniendo que de alguna forma Sócrates es un demagogo, ya que podría considerar que “se va por las ramas”. Desde mi punto de vista, Sócrates une puntos diversos que va a converger en un mismo punto, por muy incongruentes que parezcan a simple vista, por lo que esto no hace más que, desde mi punto de vista, hace que Calicles se ataque a sí mismo: haciendo gala de su sofística, tacha de demagogo al otro, y en este caso el otro es él.

  1. ¿Cuál es el segundo argumento que utiliza Sócrates para desmontar la tesis de Calicles de que el placer es idéntico al bien?

Establece una idea que sugiere en cierto modo a la lucha de contrarios de Heráclito (“La enfermedad hace a la salud agradable y buena, el hambre a la hartura, el cansancio al descanso”). El bien y el mal son contrarios, y se pierde algo no se puede tener al mismo tiempo. Si estás enfermo y has perdido la salud, no puedes tener salud estando enfermo. Dolor y placer tampoco se pueden sentir al mismo tiempo, hay placer en beber, pero bebes si tienes sed, y esto es satisfacer una satisfacción penosa. No se puede, en última instancia, ser feliz y desgraciado al mismo tiempo, por tanto, por eso el placer, beber si se tiene sed, no es idéntico al bien, porque bebes movido por una necesidad “dolorosa”.

  1. ¿Cuál es el tercer argumento que utiliza Sócrates para desmontar la tesis de Calicles de que el placer es idéntico al bien?

Continuando con el ejemplo de beber, cuando cesa la sed, que consideramos un dolor, cesa las ganas de beber, que consideramos un placer. Si termina uno, termina el otro, pero no sucede lo mismo con el bien y el mal, siguen ahí, en sí mismos. Por eso, además, independientemente de si las personas son valientes y sensatas o cobardes e insensatas, todas sufren y disfrutan; pero aquellos que sufren son a causa de los males y, por tanto, ellos mismos serán considerados malos, y los que disfrutan a causa de los bienes, serán considerados buenos. Pero dentro de los cuatro anteriormente nombrados no cabe duda de que los “buenos” son los valientes y sensatos, y los “malos” los cobardes e insensatos, pero Sócrates y Calicles ya habían decidido que todos ellos sufrían y gozaban indistintamente, y si tenemos en cuenta esto, es evidente que el placer y el bien no es lo mismo, ya que el malo puede ser malo y bueno a la misma vez, ya que goza y sufre.

  1. ¿Por qué acusa Calicles a Sócrates de comportarse como un niño?

A su modo de ver, Calicles opina que todas las conclusiones a las que llega Sócrates no son más que evidencias a las que hasta un niño podría llegar, y con esto, utilizar otro de sus reiterados y contradictorios argumentos para no aceptar las rotundas afirmaciones que su interlocutor, Sócrates, le brinda, lógicamente fundadas a partir del método de la mayéutica, que, pese a parecer pueril, logra hallar enunciados universales, demostrando su eficiencia. Basta con pensar, de igual manera, en el modelo del psicólogo Piaget acerca de la formación y el desarrollo de la inteligencia, donde en la tercera infancia se manifiesta ese deseo de saber, “¿y por qué?”, la curiosidad que busca Platón a través de la música.

  1. Calicles se defiende del tercer argumento de Sócrates distinguiendo entre placeres buenos y malos. ¿Cómo le responde Sócrates?

Sócrates le refuta con el argumento de que, si hay placeres buenos y malos, también hay dolores buenos y malos, y que en cualquiera de los dos casos hay que elegir siempre los primeros, que desembocan en el verdadero fin, que es el bien, y el resto de cosas, como en este caso el placer, deben ser secundarias, no se debe utilizar el bien para alcanzarlas, sino al revés. Recuerda que como ejemplificó con Polo y Gorgias, distinguió entre prácticas, como la culinaria, que sólo conducen al placer y otras, como la medicina, que conducen al bien. Volvemos al inicio, Sócrates ha expuesto la claridad de sus pensamientos a Calicles, resumiendo, por otra parte el verdadero sentido del diálogo, ¿de qué modo debemos vivir?

  1. Sócrates distingue entre un modo de vida filosófico y el modo de vida propio de la retórica. ¿Cuáles son las características de uno y otro?

Por una parte existe el modelo de Calicles y los sofistas, que se basa en la retórica y el relativismo, y es de alguna manera la auténtica forma de gobierno de la democracia ateniense de la juventud de Platón. Su alma buscará el placer, y no el bien en sí, además de tratarse de ciencias que, como la culinaria, no se sustentan en la razón sino en la opinión y en los placeres individuales. La adulación es clave para contentar a las almas con las que convivimos en la caverna (todos buscan el reconocimiento en ser “especialistas” en el mundo de las sombras) aunque esto no sea lo verdaderamente bueno para ellas. Sócrates se vale de la comparación de la actividad poética y el teatro como forma de oratoria popular (adulación, agrada a todos sin importar su bien) con la oratoria que se dirige a la polis, a los hombres libres, la que es practicada en la los tribunales y en la Asamblea, que igualmente busca poner la ciencia en el alma,  “como si se pusiera la vista en ojos ciegos”, llenarla de “mercancías”, es decir, satisfacer al ciudadano que podrá defenderse, pero no buscando su bien, lo que debería ser el verdadero fin de un gobernante.

Por otra parte, Socrátes defiende un modo de vida filosófico, el cual a través de la contemplación, sea capaz de discernir qué es lo adecuado, que es lo bueno para los ciudadanos, y en su favor, ser capaz este filósofo de guiar y satisfacer el fin último, que no es más que el propio bien. El que ha contemplado lo bueno, sabrá que toda esa adulación es absurda, que sólo el conocimiento a través de la razón es lo que conducirá a la verdad, y todas las patrañas sofistas, los cuales “comerciaban con el saber” no serían necesarios.

  1. Según Sócrates el orden y la proporción en el cuerpo definen lo “saludable” mientras que el orden y la proporción en el alma son “justicia”. ¿Encuentras en estas definiciones alguna resonancia pitagórica?

La “medida justa” de los pitagóricos es probablemente lo que más engloba estos enunciados, ya que es inevitable relacionarla con “el bien es la medida de todas las cosas”. Por esta razón, lo bueno, lo justo sigue un orden, ya que responde al conjunto de las virtudes de la prudencia, la valentía y la moderación, presentes en todas las clases de una ciudad. La música, también con cierta resonancia pitagórica, se relaciona directamente, un alma “sonará mejor” si se  entiende que corresponden al orden de los tres términos de una armonía: el de la cuerda grave, el de la alta y el de la media. Además, también cabe señalar que la para Platón una estatua debía ser bella, respetar las medidas (matemáticas, por supuesto, de inspiración pitagórica) de la sección áurea para que fuese también buena. El arte o la literatura naturalista, que muestra los aspectos más sórdidos de la sociedad, no serían para el filósofo, de ninguna manera, considerados como arte.

  1. ¿Qué relación establece Sócrates entre el orden personal y el orden del “cosmos“?

La esfera del individuo, para que sea armoniosa o siga un orden, forzosamente debe hacer de éste un individuo moderado, que es lo mismo que un individuo bueno, que al contrario que el perverso o injusto, será feliz. Esa moderación parte de controlar las pasiones, así pues el argumento de vivir los placeres y el desenfreno que sostenía Calicles queda finalmente refutado. Construir una ciudad justa, el ideal de Platón, es el fin de la esfera del individuo, que en este punto se extrapola a lo que determina a éste: la sociedad y la convivencia. La convivencia es el conjunto de relaciones ordenadas que hacen al individuo, todo aquello que tiene cierta repercusión en él, desde los astros, a los dioses, o incluso los gobernantes. Por esta razón, este conjunto, denominado cosmos, en griego “orden”, engloba la esfera individual y forma un ente propio.

  1. Comenta el texto: “No adviertes que la igualdad geométrica tiene mucha importancia entre los dioses y entre los hombres; piensas, por el contrario, que es preciso fomentar la ambición, porque descuidas la geometría.” (Gorgias, 508a)

Este fragmento nos expone claramente la importancia que Platón da a las matemáticas, no hay que olvidar que el ya archiconocido lema de su Academia ateniense: “Que no entre nadie que no sepa geometría”. Sócrates en este texto achaca a Calicles su ignorancia frente a algo tan importante como es la simetría en el estudio de los cuerpos geométricos, de hecho, cabe mencionar que su famoso “pasaje de la línea” Platón pone en relación los grados del conocimiento y los grados del ser sobre una recta segmentada, asegurando así su empeño en seguir la geometría, como ya hicieran los pitagóricos con su sección áurea. Alude a dioses y hombres, ya que las matemáticas es uno de los escalones necesarios para despojarnos de la simple contemplación de las “cosas” y comenzar la ascensión hacia el mundo de las Ideas, que tiene un carácter divino; de ahí su vital importancia. La última sentencia es la consideración que Sócrates (Platón) tiene hacia los sofistas, ya que éstos desconocen el verdadero conocimiento del “mundo de arriba”, son especialistas en la demagogia de la Asamblea y los tribunales, que no conducen a la realidad. Incluso, podemos comparar de alguna manera, como ya hemos mencionado, que Platón se burlaba de Agamenón, que sólo ansiaba poder, al contrario que el valeroso Aquiles, y no sabía de matemáticas, necesarias también en el campo de batalla.

  1. ¿Qué opinión les merece a Sócrates y Calicles la profesión de “constructor de máquinas“?

Sócrates sostiene que cada uno tiene que de alguna manera defender y hacer lo que le es propio, que tan útil e importante es el trabajo de constructor de máquinas como Calicles sostiene e intenta imponer al maestro de Platón, que ser orador es la mejor profesión. Sin embargo, no es cuestión de ensalzar solamente una ocupación u otra, pues todas tienen sus razones admirables para ser defendidas y nos encontraríamos continuamente en una situación cíclica: cada uno defiende su trabajo. Sin embargo, Calicles, en palabras de Sócrates, en vez de aceptar que no hay profesiones mejores que otras, sino diferentes y acordes a la virtud de cada uno, consideraría que un constructor de máquinas es poco más que un insulto, algo indigno si se compara con la retórica que defiende, de vital importancia. La intolerancia de Calicles se le antoja absurda a Sócrates, ya que un constructor de máquinas intenta salvar a los demás y a sí mismo, que es precisamente lo bueno, a diferencia de la labor que desempeñan los sofistas.

  1. ¿Cuál es, según Sócrates, la función del político? ¿Cumple Calicles con esa función?

Para Sócrates la función del político es satisfacer a los ciudadanos lo mejor posible, de una manera siempre honrada, por ello ejemplifica que es necesario que sea aquel que verdaderamente sabe el que debe ocupar el puesto, y no aquellos llamados por la acumulación de riquezas y poder, ya que no obrarán a favor del propio bien de la polis sino por el suyo mismo. Ejemplifica con el arte de los constructores de murallas y edificaciones, ya que éstos deben tener reconocidos algún mérito que demuestre que son los más apropiados para el puesto, para poder elegir cuando tenemos dos opciones; también toma el ejemplo de los médicos, si uno u otro ha sido capaz de curar a algún paciente podría ser elegido para desempeñar la importante tarea, pero jamás si sucede lo contrario. Sócrates, por tanto, extrapola estos ejemplos también a los cargos públicos, y cuestiona a Calicles si ha beneficiado a algún ciudadano, es decir, si le ha hecho bueno, que es el deber del político. Esta es una especie de pregunta retórica cuya respuesta es que no, si tenemos en cuenta la opinión que tiene Sócrates de los sofistas y las evidencias patentes a lo largo del diálogo, además de la respuesta, una vez más, esquiva de Calicles.

  1. Explica la comparación socrática de Pericles con un guardián de animales.

Sócrates razona que si un guardián de animales es considerado nefasto al recibir en un primer momento fieras mansas y convertirlas progresivamente en toscas y agresivas, el ser humano, también especie animal y bajo el cuidado de un gobernante (Pericles, en este caso) debían ser mejores, ya que es el fin último de éstos, y no más perezosos, vagos y avariciosos,  como escucha Sócrates opinar al pueblo acerca de él en su última etapa de mandato. También los hizo menos pacíficos y, como consecuencia, más injustos, que como se viene diciendo, es el peor de los males. Pericles no fue, por tanto, un buen gobernante.

  1. ¿Por qué, según Sócrates, ni Temístocles, ni Cimón fueron buenos políticos?

Porque, según Sócrates (Platón) aquel que mejor fuera capaz de mantener y controlar a la población, evitando que esta se descontrolara (de ahí también la preferencia de éste a que la ciudad no debería superar los 20.000 habitantes), sería el perfecto gobernante. Sin embargo, estos dos ejemplos, Temístocles y Cimón, habían evidenciado que no fueron buenos políticos ya que ambos fueron dominados por el propio pueblo, insatisfecho con ellos, y condenados a castigos como el destierro.

  1. ¿Cuál es la diferencia, según Sócrates, entre los políticos “de antes” y los “de ahora”?

Con estos ejemplos, de los políticos antiguos se concluye que no eran expertos en el arte de la retórica, pues de ser así, ninguno de ellos habría recibido esos castigos, sino que hubiesen sido capaces de defenderse, como lo hacen lo sofistas, con su demagogia. El “fallo” en ellos reside en que, pese a su clara intención de servir a la población, construyendo grandes obras públicas, habían errado en la tarea de moderar las pasiones innobles de los ciudadanos, que es uno de los pilares en los que se sustenta la justicia en la polis, y por tanto, la armonía en ella, al ponerse las tres virtudes de las clases sociales en consonancia. “Los de ahora”, sin embargo, no consideran siquiera beneficiar al ciudadano, es decir, hacerlo mejor, más moderado, sino que emplean la adulación para contentarlos, y conseguir sus propio bien personal.

  1. En 519c Sócrates compara a los políticos con los sofistas. Explícalo.

Se presenta de una forma tan clara nuestra actualidad que es inevitable pensar en ese falso progreso de la sociedad. Sócrates, contundente, afirma que “la ciudad está hinchada y emponzoñada”, llena de un veneno amargo que sustituye a aquella ambrosía, aquel néctar de los dioses que los políticos de antes nos dieron a probar. La ostentación y la opulencia llenaban cada rincón de la ciudad, como comprobamos en nuestros propios días en esas construcciones megalíticas soñadas e improvisadas en una servilleta, con la promesa de albergar un futuro brillante tras ellas. Pero las “vacas flacas” llegaron entonces, y nos han llegado ahora, y toda la demagogia se ha escurrido por el alcantarillado, todas las paternalistas palmaditas en la espalda, ese “somos los dueños del mundo”, sonrisillas condescendientes en una carrera contrarreloj a ver quién construye más, mejor, a tiempo para las elecciones a ser posible. No importando apenas la utilidad, aunque Sócrates ya aseguró que todo el mundo busca la felicidad y que era necesario discernir que era lo más útil en cada caso. Pero tras ese “tiempo de hartazgo”, los sofistas, esos complacientes consejeros, serán precisamente la cabeza de turco, los cómplices directos de este atolondrado plan, de esa tiranía que de la extrema libertad surge la mayor esclavitud, haciéndolo el más infeliz; aunque siempre existe un responsable final, que contradictoriamente, será alabado por todos. O aplicándolo a una situación actual: “Qué bueno es este alcalde, mira el puente que nos ha construido” ¿Que nos ha construido?, ¿Él? En tal caso su cuñado…

  1. ¿Por qué dice Sócrates que él es el único en Atenas que se dedica al verdadero arte de la política?

Simplemente porque él no se dedica a la adulación, no desea caer en gracia ni complacer, sino buscar los medios necesarios para mejorar al ciudadano, aunque a veces es necesario tomar una amarga medicina para poder sanar. Pero nadie apreciaría en un tribunal las buenas intenciones que, a través de, por ejemplo, hacer dudar para llegar al verdadero conocimiento, sino que se verían obcecados por lo molesto de sus acciones. El único consuelo para este hombre justo es ser consciente de que no ha cometido injusticia alguna, y por tanto, recibirá el castigo que se le adjudique, en pro de su propio bien.

  1. Comenta el texto:”Porque nadie teme la muerte en sí misma, excepto el que es totalmente irracional y cobarde; lo que sí teme es cometer injusticia. ”(Gorgias, 522e)

Posteriormente esta idea que se expone aquí tendrá gran influencia en la religión cristiana, pues de alguna forma equivale a la confesión necesaria para expiar las culpas y subir al cielo limpio de todo pecado. La muerte, para Sócrates (Platón) no es el fin, ya que “filosofar es aprender a morir” por lo que esto es lo mejor que le puede pasar, ya que la vida del cuerpo y las pasiones siempre tiene un carácter peyorativo para él (soma=sema). Es totalmente ilógico tener miedo a la muerte, pues el que aspira al mundo de las Ideas tiene claro que es el mayor bien. Pero esta ascensión sólo se puede llevar a cabo tras una vida virtuosa, de ahí el temor a ser injusto, cuya alma deambulará errante por el Hades.

  1. Resume el mito final que cuenta Sócrates y su interpretación.

En el mito que relata Sócrates explica que aquellos que han vivido justamente tendrán el derecho de residir eternamente en las Islas de los Bienaventurados, y los injustos, por el contrario, estarán condenados al Tártaro. Existen, además jueces que en un principio emitían sentencias sobre los hombres el día que iban a morir, pues éstos tenían conocimiento acerca de cuándo les llegaría su hora, y tomando ventaja de esto, muchos disfrazaban su alma corrupta y llena de injusticia con el fin de no ser enviados al Tártaro, por lo que llegaron de igual manera al acuerdo de que debían ser juzgados también después de la muerte, libres de todo adorno, alma contra alma. Existen distintos jueces, dos para Asia, uno para Europa, y el juicio se llevará a cabo en una pradera a caballo entre las Islas de los Aventurados y el Tártaro.

A continuación, como en el mito de la caverna, el autor lleva a cabo una interpretación de este mito. Sócrates concluye que la muerte separa el cuerpo, que permanecerá como en vida con las peculiaridades de cada persona, y el alma, a la que también se adivinará cómo se ha comportado durante su vida, si de una manera justa o injusta. Ésta última ha dejado señales y cicatrices, por lo que será juzgada y condenada, a saber, a un castigo mayor en función de la gravedad de sus delitos. Además, Sócrates sostiene que los hombres más poderosos serán los más perversos, porque es muy difícil que, pudiendo obrar injustamente, se tenga la firmeza de mantenerse justo toda la vida, lo cual tendría un gran mérito para aquellas pocas excepciones, que, asegura, siempre existen. No importará la procedencia, pues estaremos desnudos ante nuestro destino, despojados de todo vestido o del lastre de ser “hijo de tal o de cual”. Y será el filósofo, el que por seguro ha vivido una vida recta, dedicada a la contemplación y sin dejarse embriagar por los bienes que otorga el poder, debido a que él goza del mayor Bien, que es precisamente la contemplación de esta Idea Suprema, el que irá directamente a las Islas de los Aventurados, mientras aquellos que han gozado de los placeres en vida estarán condenados a sufrir eternamente. Por eso, y como síntesis y constatación final acerca de lo que se lleva debatiendo durante toda la obra, el injusto será el más infeliz, por eso es necesario ser justo y bueno (no parecerlo, porque eso sería adulación a uno mismo), tanto en lo público como en lo privado, hallando felicidad tanto en la vida como en la muerte.

4 replies »

  1. El trabajo está muy bien de verdad, y los vínculos que se establecen con situaciones históricas y con obras de arte, a mi juicio, le otorgan mucha fuerza y solidez al discurso.

    Lo único que, para mí, es una lástima es que no se deja ni siquiera asomar esa posibilidad que cada vez más estudiosos y especialistas en el tema defienden con más convicción y con más evidencias: que el tratamiento hostil de Platón hacia la sofística (sobre todo a los iniciadores de la sofística) no es un retrato históricamente fiel, sino una desacreditación malintencionada.

    En ese sentido, es importante distinguir hasta donde sea posible a Sócrates de Platón, pues, la actitud del primero es un escepticismo (recordad la famosa frase: “sólo sé que no sé nada”) tan cercano a la sofística que incluso el mismo Platón llega a considerar a su maestro un sofista en el diálogo “Sofista”. Por el contrario, Platón, a pesar de su grandeza, sostuvo tesis incluso tan dogmáticamente como un fanático religioso, por ello Karl Popper lo considera más bien un “pseudorracionalista”, alguien que se cierra al verdadero diálogo cuando cree que sus ideas son verdades irrefutables.

    Si le damos crédito a la opinión de Popper sobre Platón, ¡imagínad la amenaza que representaron unos librepensadores como los sofistas para alguien así! Serían juzgados como la Iglesia juzgó a Galileo y a cualquiera que les contradijera (tened en cuenta, por cierto, que los sofistas dudaban de la existencia de los dioses), y se les consideraría malhechores y corruptores de almas, como en efecto los considera Platón.

    Por último, recordad que sofistas como Protágoras creían en la libre determinación de los pueblos pues, para bien o para mal, cada cual tenía razones válidas para opinar; y, en cambio, era Platón el que proponía “la dictadura del filósofo”, que a fin de cuentas es una dictadura, porque consideraba que la verdad era accesible sólo unas pocas almas superiores. Con esto quiero decir que las cosas no son tan claras, y que hay buenas razones para dudar del retrato platónico de la sofística.

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    • Hola Alfredo, agradezco mucho las críticas constructivas como la tuya. Aportan muchísimo al blog. Estoy de acuerdo en que un convencionalismo moderado al estilo de Protágoras es una postura políticamente más sensata que los excesos del esc escepticismo y el idealismo.

      Saludos.
      Eugenio.

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