Diario de lecturas

Terry Eagleton: Los extranjeros.

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Terry Eagleton: Los extranjeros. Por una ética de la solidaridad. Madrid: Paidós, 2010.

Tanto en Terry Eagleton como en Slavoj Žižek es fácil detectar una reacción virulenta contra el pensamiento débil o posmoderno. Aunque Eagleton está más vinculado al campo de la crítica literaria, ambos toman como punto de partida el psicoanálisis de Lacan.

La superación de la posmodernidad viene en Žižek de repetir a Lenin, hasta el punto de colgar retratos del defenestrado Stalin en su domicilio. La renovación de la ética y la política tiene en el caso de Eagleton raíces de inspiración cristiana.

En este libro Eagleton plantea una historia de la ética a partir de la tríada lacaniana imaginario, simbólico y real.

Imaginario es el momento en la evolución de la personalidad individual correspondiente al estadio del espejo: el niño cree que, al igual que su reflejo en el cristal, el mundo entero obedece a su voluntad por una misteriosa y mágica conexión. El niño en el estado imaginario tiende a pensar que si él desapareciera el mundo entero se desvanecería.

Del mismo modo, los teóricos anglosajones del sentimentalismo ético, entre ellos Shafesbury, Hutcheson o Hume, consideraban que a la hora de evaluar la bondad de una acción dada era posible apelar a un sentido moral universal. Del mismo modo, decían, solemos coincidir en lo que consideramos bello gracias a un mismo sentimiento estético. A pesar de ser teorías muy intuitivas caen en el relativismo. La gravedad de la norma “No matarás” no puede estar fundamentada en la ligereza del sentimiento individual: tu aversión a las coles no puede estar a la misma altura que el desprecio del asesinato. Así, el sentimentalismo ético funciona bien dentro del contexto limitado de un clan o una sociedad particular pero difícilmente puede generar un conjunto de normas universales. Eagleton comparte el ideal del amor como ágape o caridad universal propuesto por el cristianismo. Este se aleja del mero sentimiento para instituirse como deber e incluir a todos “los extranjeros“.

Una interesante apreciación final de Eagleton acerca de los teóricos del sentimentalismo ético es que en su mayoría procedían de Escocia o Irlanda, sociedades basadas en clanes y, por tanto, obligaciones no escritas y pactos tácitos.

El paso de lo imaginario a lo simbólico implica la apertura del yo a la intersubjetividad, al Otro. La transición tiene lugar como superación del hecho traumático del Edipo: el niño aprende que el mundo no está dispuesto exclusivamente para proporcionarle goce y placer y que, por tanto, su madre no lo pertenece. Habrá de adaptarse a una estructura de roles y relaciones sociales que implica obligaciones y deberes. Surge el superyó, el Otro, que le impone la verdad de su identidad.

A lo simbólico pertenecen las teorías éticas de Spinoza o Kant. En ambos casos se concibe la ética desde una diferencia de clases, tal y como ocurre en Aristóteles. Es decir, están las apreciaciones morales del vulgo, inspiradas por el falso conocimiento de los sentidos, por lo imaginario, y está el verdadero bien que tiene su origen en la razón. En el caso de Spinoza este se resume en el amor intelectual a Dios, cadena implacable de causas y efectos en la que reside el misterio de la libertad humana. En Kant el bien viene determinado por la fórmula vacía del imperativo categórico. No se trata de hacer el bien porque sea útil, nos resulte agradable o nos asusten las consecuencias de hacer lo contrario, sino por simple respeto a un deber vacío. Por eso Sade es una consecuencia directa de Kant.

El salto de lo simbólico a lo Real se da cuando caemos en la cuenta de que “la moralidad está más allá del bien, de lo útil, lo virtuoso o lo placentero”. Un ejemplo, a menudo usado por Lacan, para explicar lo Real es el caso de la obsesión autodestructiva de Antígona contra la sensatez de la norma representada por Creonte. Lo Real es la fidelidad absoluta a nuestro propio ser, al deseo en su estado más puro. El mismo gesto irracional presente en Antígona es la clave para comprender las teorías éticas de Schopenhauer, Kierkegaard, Nietzsche o Levinas.

En Schopenhauer lo Real aparece al final, en la autodisolución del sujeto, que de este modo da muerte a la pérfida voluntad irracional que domina el mundo. En Kierkegaard la categoría de lo religioso, superior a la estética y la ética, está intrínsecamente relacionada con lo Real. Lo religioso trasciende los sentimientos y la norma. En realidad, tiene que ver con el crimen atroz que Dios ordena cometer a Abraham. En Nietzsche el superhombre alcanza la iluminación cuando “transforma la falta de fundamento de la realidad en una ocasión para el placer estético y en una fuente para una incesante autoinvención” (p. 322). Sin embargo, el resultado final de la revolución nietzscheana es, según Eagleton, “decepcionante”: una mezcla de virtudes convencionales como valor, jovialidad, afabilidad, magnanimidad y otras.

Lo Real también está presente en la escena literaria. Uno de los ejemplos que cita Eagleton es Moby Dick de Melville. La ballena blanca representa para Acab “la pura maldad de la pulsión de muerte, la carcajada de sinsentido demoníaco que resuena por todo el universo”. (p. 387)

Otro filósofo en el que es fácilmente detectable la presencia de lo Real es Levinas. Según éste el encuentro con el Otro es el imperativo ético anterior a todo discurso especulativo. “Debo considerar que soy infinitamente responsable de todos los Otros, responsable aun por su propia responsabilidad, responsable de sus muertes (…) así como responsable por los crímenes que los malhechores perpetren. Soy incluso responsable de que me persigan. (…) Debo estar preparado para sustituir a todos los demás hasta el punto de morir por ellos. De hecho, ocupar el lugar de los otros constituye el nacimiento del sujeto. Llego a ser quien soy al ponerme en el lugar de otro.”(pp. 405, 412) Desgraciadamente, estas ideas maximalistas de Levinas no se concretan del modo adecuado. Levinas, campeón del sionismo, no consideraba desposeídos a los palestinos y hablaba de modo preocupante del “peligro amarillo“.

Para Eagleton el problema de las éticas de lo Real es que caen en un evidente elitismo. Eagleton propone enfrentar el problema de lo Real en la ética y la política desde única óptica cristiana. “Dios es un terrorista del amor. El mensaje de la crucifixión es que aquellos que invoquen la tradición de los profestas del Antiguo Testamento para conseguir que los pobres conquisten el poder, recibirán la muerte por parte del Estado. La resurrección sugiere que esta victoria no es la última palabra. ” (p. 509)

Dejando a un lado su más que cuestionable recuperación del cristianismo para la filosofía contemporánea creo que el libro de Eagleton merece la pena por lo siguiente: en ningún otro sitio he encontrado mejor explicadas las ideas básicas del psicoanálisis de Lacan. Ni siquiera en Žižek.

2 replies »

  1. Un artículo muy interesante.
    De pequeño leí el cómic El cosmopitufo, donde los pitufos hacían creer al pitufo astrónomo que llegaba a otro planeta tras un viaje en un cohete espacial. Eso me hizo pensar que en la vida todo podía ser simulado, o una percepción manipulada, y sí, de alguna manera, fabulaba con la idea de que si yo muriera, por ejemplo, yendo en una guagua hacia la capital de la isla toda ella desaparecería, pues este escenario y sus gentes sólo eran una fantasía mía. El asombro mayor fue al llegar a otro país, después de un viaje de avión, y descubrir que existen miles de almas distintas… Creo que desde niños sale a relucir nuestra vocación de filósofos, algo tan humano como necesario, estoy convencido.
    Un saludo.
    Me duele un ojo y no puedo leer de la pantalla del ordenador; a ver si puedo juntar unos euros para comprar un e-book y pasar los artículos de su blog para leerlos mejor (esto me llevará unos meses).

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