Diario de lecturas

Piergiorgio Odifreddi: Por qué no podemos ser cristianos y menos aún católicos

Piergiorgio Odifreddi: Por qué no podemos ser cristianos y menos aún católicos. Juan Carlos Gentile Vitale (tr.) Barcelona: RBA, 2008.

Piergiogio Odifreddi (1950), matemático y profesor de lógica en la Universidad de Turín, reúne en este libro una amplia variedad de argumentos anticlericales para buen uso de ateos o agnósticos. Escrito desde la ironía y el sarcasmo, Odifreddi pone de relieve la hipocresía, la desvergüenza, la falsedad y la barbarie que han caracterizado al cristianismo a lo largo de su historia.

Por qué no podemos ser cristianos se divide en dos partes, una dedicada al Antiguo Testamento y otra al Nuevo Testamento y la historia del cristianismo. Odifreddi hace una lectura del Antiguo Testamento heredada del hereje Spinoza: las Sagradas Escrituras no son obra de Dios sino del hombre, son una recopilación más o menos afortunada de relatos míticos procedentes de fuentes diversas y contradictorias, sin garantía alguna de veracidad. Entre las observaciones más llamativas que Odifreddi hace del Antiguo Testamento podríamos citar:

  1. El Génesis es el producto de la unión de dos relatos absolutamente hetorogéneos. En uno de ellos se llama a Dios Elohim, que es plural, los dioses. Y en el otro se le llama Yahvé, que es singular. Elohim no crea de la nada sino que cuando él aparece ya están allí la tierra y los mares. Es más parecido a un demiurgo platónico que al todopoderoso Yahvé. La disparidad de fuentes también afecta a la creación del hombre: en una llega al principio y solo, y en otra al final y acompañado. Elohim desaparece a lo largo del Génesis para dejar su lugar definitivamente a Yahvé. Este se convertirá en el dios celoso y sediento de sangre de todos conocido.
  2. Yahvé está dispuesto a arrasar Sodoma por la orientación homosexual de sus habitantes pero disculpa el incesto y la poligamia entre los suyos. Así, por ejemplo, a Abraham cuando tiene un hijo con una esclava (Génesis, 16, 3-16) y lo echa de casa por los celos de su mujer (Génesis, 21, 9-21), a Lot que procrea con sus propias hijas (Génesis, 19, 30-38), a Jacob que tiene dos mujeres hermanas entre sí (Génesis, 29, 16-30), a Rubén que se va a la cama con la concubina de su padre (Génesis, 35, 22), a Judá que tiene dos hijos con su nuera (Génesis, 38, 12-30). “Y así sucesivamente, con alegría”, dice Odifreddi.
  3. La afición de Yahvé por los sacrificios humanos. Es conocido el reto que Yahvé plantea a Abraham al ordenarle sacrificar a su hijo, reto que tiene un final feliz cuando un ángel detiene el brazo de Abraham (Génesis, 22). Sin embargo, el final no es siempre feliz, Jefté sacrifica a su propia hija para procurarse la victoria en la batalla (Jueces 11, 30-40), David sacrifica a dos hijos y cinco nietos de Saúl (Segundo Libro de Samuel, 21, 1-14), Josías liquidó a todos los sacerdotes de las divinidades locales de Samaria (Segundo Libro de Samuel, 23, 19-20).
  4. Son también muy interesantes las matanzas que perpetran los hebreos, con autorización y ayuda de Yahvé, para conseguir el dominio sobre la tierra prometida. Un ejemplo, cuando hebreos y heveos habían acordado un pacto de cohabitación que legalizaba los matrimonios mixtos y la compra de tierras por parte de los judíos, estos exigieron la circuncisión de todos los heveos. Pero mientras los hombres se someten a la operación son asesinados y las mujeres y niños raptados (Génesis, 34). Otro ejemplo, tras la victoria de Jericó pasaron a cuchillo a hombres, mujeres, jóvenes, viejos, bueyes, ovejas y asnos. Haciendo un cálculo aproximado, la aventura de la tierra prometida da un saldo de 770.359 enemigos muertos.
  5. La obsesión de Yahvé por mantener la pureza de la raza del pueblo elegido es aberrante. Una y otra vez se prohíben los matrimonios mixtos y el castigo para quien se salta la regla es ejemplar.
  6. Es reseñable también la crueldad y la saña con que Yahvé golpea al pueblo egipcio. Recuérdese que la última de las plagas es una limpieza étnica en toda regla: Yahvé extermina a todos los primogénitos, incluidos animales. Además, mantuvo endurecido el corazón del faraón de modo que se negase a otorgar la libertad al pueblo judío y poder hacer ostentación de su poder destructivo.
  7. La incoherencia del cristianismo respecto a las imágenes religiosas. El propio Yahvé las prohíbe en uno de sus mandamientos (Éxodo 20, 4 y Deuteronomio 6,15) mientras que el Segundo Concilio de Nicea (767) le rectifica y las ensalza.
  8. La misoginia visceral del texto bíblico suele degenerar en normas estrafalarias como el que si una virgen es violada en la ciudad debe ser lapidada junto al agresor pues, al no haber gritado para llamar la atención, es culpable de haber consentido. Si, por el contrario, la violación sucede en el campo y el violador es capturado, será obligado a casarse con ella.
  9. La legitimidad que el cristianismo ha otorgado a la lacra de la esclavitud a lo largo de la historia es una auténtica vergüenza. En Levítico 25 Yahvé dice “Si quieres tener esclavos o esclavas, cómpralos de las otras naciones que te rodean…” y en 1866 Pío IX afirma que “la esclavitud en cuanto tal no es del todo contraria a la ley natural y divina… No es contrario a la ley divina que un esclavo pueda ser vendido, adquirido, intercambiado o regalado.”

En cuanto al Nuevo Testamento Odifreddi comienza atacando la falta de fundamentación histórica que afecta a los cuatro evangelios sinópticos. Escritos mucho después de la muerte de Jesús, se copian y contradicen unos a otros. Más dudas surgen cuando caemos en la cuenta de que apenas hay mención alguna a Jesús entre los historiadores romanos y de que las leyendas sobre su origen están fabricadas ad hoc para coincidir con las profecías del Antiguo Testamento o mitologías paganas de adoración al Sol.

Entre los que se acercaron más a la verdad histórica está el hereje Marción. Según éste había que suprimir en los evangelios todas las leyendas relativas al nacimiento, la muerte y la resurrección de Jesús, y atender sólo a las máximas morales que enseñó, situándolo al mismo nivel que Lao-Tse o Confucio. Tertuliano, padre de la Iglesia, dijo de Marción que fue el enemigo más peligroso que quizá haya tenido nunca el cristianismo.

Odifreddi es especialmente crítico con los logros paranormales, también llamados milagros, que se atribuyen a Jesús. Multiplicar panes y peces, convertir el agua en vino y resucitar a los muertos, sólo son posibles en una sociedad extremadamente ignorante y supersticiosa. La resurrección es tristemente frecuente en los libros sagrados y no deja de ser un tema recurrente en la mitología egipcia y griega (Osiris y Dionisos).

Las piruetas teológicas que el cristianismo ha desarrollado a partir del material mínimo de los Evangelios son criticadas duramente por Odifreddi. Sinsentidos como el misterio de la Trinidad, la virginidad de María, la Transubstanciación en la Eucaristía, la infalibilidad del Papa o la naturaleza del Espíritu Santo han sido causa de absurdos enfrentamientos, barbarie inquisitorial y abundantes guerras.

El comportamiento de la Iglesia cristiana con la ciencia y otras religiones ha sido desde un principio propio de bárbaros . En el siglo IV, gracias a Constantino y Teodosio, el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio. Las consecuencias fueron inmediatas: muerte a los herejes, destrucción de la Biblioteca de Alejandría, tortura y asesinato de Hipatía… A partir de entonces la Iglesia no ha dudado en apoyar a gobernantes como Mussolini, Hitler, Pinochet, Videla o Franco a cambio de favores terrenales.

El libro de Odifreddi es asequible, bien fundamentado, irónico y ameno. Es muy recomendable su uso en la asignatura de Historia de la religiones de ESO y Bachillerato.

8 replies »

  1. Estupendo artículo. Gracias por elaborar esta reseña con tanto detalle. Creo firmemente en lo perverso del hombre dominante, tanto si es cristiano como musulmán, o cualquier otro. Tal vez ya es vinculante la primera condición: ser un humano; tras de ella suele venir la miseria más absoluta. Lo siento mucho por las personas que han tenido buenos sentimientos, son y fueron de otro mundo.En cualquier caso, el primer timbre de prestigio lo da siempre la Iglesia Católica, a Hitler, al que sea…Pero esto es repetir lo que usted ya ha dicho.

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  2. Gracias anónimo por tu estimable participación.Me alegra mucho que el blog te haya resultado útil, asimov.Por cierto, le he echado un vistazo a tu blog y veo que tienes una máxima de Holbach: “Que esté permitido a cada uno pensar como quiera; pero que nunca le esté permitido perjudicar por su manera de pensar.” Acabo de comprar en la librería su Sistema de la naturaleza, editado por Laetoli. Hacía mucha falta una traducción así.

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  3. El cristianismo, y concretamente el catolicismo, se puede contemplar -criticar y hasta condenar- desde la perspectiva de la religión, teologia, filosofía, historia, ciencia, mitología…y hasta del humor; pero pretender hacerlo desde todas las perspectivas parece, en el mejor de los casos, una insensatez. Este libro que Vd. presenta recuerda mucho a las exégesis de santos y milagrerías que abundan en las bibliotecas desde el siglo XVII -pero al revés-. ¿Es esa publicación la conclusión de unas hipótesis bien contrastadas, del resultado de un riguroso trabajo de investigación…? ¿O es más bien producto de un interés comercial, como la basura que diariamente nos ofrecen los medios de comunicación? ¿Y por qué –como el Papa– el autor “pluraliza” en el título unas reflexiones que deberían ser personales? Al pensamiento y la ciencia –realmente, a cualquier actividad intelectual– se le deben exigir, como mínimo, rigor y honradez.Créame, Sr. Sánchez, que no habría empleado un átomo de mi tiempo en criticar esa publicación si no hubiese sido porque Vd. ha cometido el imperdonable error de publicar, junto a extraordinarias obras de Jung y Jünger, ese bodrio de un tal Odifreddi.CordialmenteJosé Del Moral De la Vega

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  4. Muchas gracias por su inteligente comentario. Me ha hecho pensar y eso es siempre bueno. El libro de Odifreddi no es un exhaustivo trabajo de investigación. Es un best-seller, es decir, algo más parecido a un panfleto o a un pasquín. De todos modos, creo que el objeto del libro no requiere de la erudición y rigor que sí necesitan otros temas. Me explico. Este, como Italia, es un país católico y eso significa un país donde la Biblia no se lee. Los protestantes conocen la Biblia, los católicos mucho menos. Odifreddi se limita a divulgar lo que debería ser evidente para cualquiera que hubiese leído el Antiguo Testamento: ¿dónde está dios aquí? ¿dónde está la moral? Creo que dentro de estas limitadas pretensiones es un libro digno y a ratos entretenido. Como decía Finkelkraut, y aunque el mercado intente imponer lo contrario, estoy deacuerdo en que no todos los libros valen lo mismo. Odifreddi no vale ni de lejos lo que otros autores que usted menciona. Pero creo que hay que entrar en la librería y probar de todo. A veces, donde uno menos se lo espera, es posible llevarse una sorpresa.Un saludo y gracias otra vez. Intervenciones como la suya hacen que me merezca la pena este blog.

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  5. Debo reconocer que el libro es muy bueno en general. La crítica a la biblia, a la verosimilitud evangélica (o a su falta de verosimilitud) y a la hipocresía y falta de credibilidad eclesiástica me parecen impecables. Sin embargo, he encontrado un fallo histórico garrafal que me hace dudar de algunas afirmaciones. Al tratar la esclavitud y la aceptación de la misma por la Iglesia, Odifreddi dice que los españoles hicieron esclavos a los indios durante la conquista de América, omitiendo cualquier referencia al papel de Bartolomé de las Casas y a la conocida “Controversia de Valladolid”, donde se discutió si los indios tenían alma y por tanto no podían hacerse esclavos. Las Casas consiguió que la Monarquía española aceptase la no esclavitud de los indios. Bien es verdad que ello llevó a la “trata negrera”, lo que no es menos cruel ni criticable. Pero lo cierto es que no hubo esclavitud institucionalizada de los indios y que muchas de las muertes fueron provacadas por las enfermedades (lo que no justifica los horrores de la conquista, pero relativiza el horror de las cifras de víctimas). Si algo que conocemos, como la conquista de América, es tratado con brocha gorda por Odifreddi, no sabemos el tipo de trato que da a lo que no conocemos. El rigor en estos casos es fundamental, pues cualquier desliz pone en duda la veracidad del texto.

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  6. Tienes razón en que Odifreddi trata el tema de la conquista de América de un modo algo superficial. Podría haber mencionado la lucha de fray Bartolomé de las Casas (Junta de Valladolid, 1550) por el reconocimiento de que los indios poseían alma racional y eran, por tanto, humanos. Pero mi impresión es que es tan atroz la historia que su gesto apenas introduce diferencias en tamaña catástrofe moral. Sobre lo de que muchos murieron por enfermades y no por las malas prácticas de los españoles dejo un par de citas de la Breve destrucción de las Indias:Entraban en los pueblos, ni dejaban niños ni viejos, ni mujeres preñadas ni paridas que no desbarrigaban y hacían pedazos, como si dieran en unos corderos metidos en sus apriscos. Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría el hombre por medio, o le cortaba la cabeza de un piquete, o le descubría las entrañas. Tomaban las criaturas de las tetas de las madres por las piernas, y daban de cabeza con ellas en las peñas. Otros daban con ellas en ríos por las espaldas, riendo y burlando, y cayendo en el agua decían: «bullís23, cuerpo de tal»; otras criaturas metían a espada con las madres juntamente, y todos cuantos delante de sí hallaban. Hacían unas horcas largas que juntasen casi los pies a la tierra, y de trece en trece, a honor y reverencia de Nuestro Redemptor y de los doce apóstoles, poniéndoles leña y fuego los quemaban vivos. Otros ataban o liaban todo el cuerpo de paja seca: pegándoles fuego, así los quemaban. Otros, y todos los que querían tomar a vida, cortábanles ambas manos y dellas llevaban colgando, y decíanles: «Andad con cartas», conviene a saber, lleva las nuevas a las gentes que estaban huidas por los montes. Comúnmente mataban a los señores y nobles desta manera: que hacían unas parrillas de varas sobre horquetas y atábanlos en ellas y poníanles por debajo fuego manso, para que poco a poco, dando alaridos en aquellos tormentos, desesperados, se les salían las ánimas.Una vez vide que teniendo en las parrillas quemándose cuatro o cinco principales y señores (y aun pienso que había dos o tres pares de parrillas donde quemaban otros), y porque daban muy grandes gritos y daban pena al capitán o le impedían el sueño, mandó que los ahogasen; y el alguazil, que era peor que verdugo, que los quemaba (y sé cómo se llamaba y aun sus parientes conocí en Sevilla), no quiso ahogarlos, antes les metió con sus manos palos en las bocas para que no sonasen, y atizóles el fuego hasta que se asaron de[e]spacio como el quería. Yo vide todas las cosas arriba dichas y muchas otras infinitas. Y porque toda la gente que huir podía se encerraba en los montes y subía a las sierras huyendo de hombres tan inhumanos, tan sin piedad y tan feroces bestias, extirpadores y capitales enemigos del linaje humano, enseñaron y amaestraron lebreles, perros bravísimos que en viendo un indio lo hacían pedazos en un credo, y mejor arremetían a él y lo comían que si fuera un puerco. Estos perros hicieron grandes estragos y carnecerías. Y porque algunas veces, raras y pocas, mataban los indios algunos cristianos con justa razón y santa justicia, hicieron ley entre sí que por un cristiano que los indios matasen habían los cristianos de matar cien indios.Bartolomé de las Casas: Brevísima relación de la destrucción de las Indias

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  7. Lo leì en italiano antes de huirme da Vat-Italia pare quedarme en espanaQue gusto saber que es conocido tambien aqui, entonces no solo los Italianos idiotas como berlusconi o carla bruni son famosos nel extranero.

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