Diario de lecturas

Rafael Sánchez Ferlosio: Sobre la guerra


Rafael Sánchez Ferlosio: Sobre la guerra. Barcelona: Destino, 2007.

Recopilación de artículos de prensa y algunos ensayos breves sobre el tema de la guerra publicados por Ferlosio en los últimos veinticinco años. Libro irregular, pues no todos los artículos tienen la misma calidad, y en el que, como es natural, abundan las repeticiones. Por eso es recomendable acercarse a él como lector salteado, practicando un poco la rayuela.

Aunque de cuando en cuando se vuelve bastante farragoso, da en el clavo en sus advertencias contra el peligro de esa mezcla explosiva que forman guerra y religión o de la demagogia construida alrededor de conceptos como “guerra justa”, “patria”, “deber”, “Historia”, etc.

Los textos están organizados temáticamente. Destacan, por su actualidad, las secciones dedicadas a la primera y la segunda guerra de Iraq.

Un libro para lectores cómplices y pacientes.

3 replies »

  1. Desconocía por completo la existencia de este tomo de Sánchez Ferlosio sobre la guerra. Por lo que cuentas, de todos modos, deduzco que no me he perdido gran cosa. De Ferlosio sólo he leído un par de libros de ensayos y un decepcionante libro de aforismos à la Cioran. No es mucho material, desde luego, aunque sí suficiente para confirmar que se trata de un gran prosista y, además, exigente.Supongo que en los artículos que integran este tomo habrá más de una referencia a su admirado Max Weber y a los estudios de Raymond Aron -y de Foucault- sobre Carl von Clausewitz. (Foucault dio en el clavo cuando invirtió a Clausewitz, pues en realidad la guerra no es la continuación de la política por otros medios; es justo a la inversa).Por lo que a mí respecta, creo que el estudio de la guerra está forzosamente relacionado con uno de tus (nuestros) temas de estudio favoritos: la naturaleza del mal. Por ello hago mías estas palabras del filósofo italiano Massimo Cacciari, llenas de sabiduría y de realismo político:“El gran pecado de la izquierda es el de la utopía, el de la irrealidad. La izquierda surge de una antropología positiva, rousseauniana. Yo en lo único que creo es en el pecado original. No creo que el hombre sea bueno por naturaleza, en absoluto. Creo, como Kant, que tiene un mal arraigado, y la política tiene que vérselas con ese hombre. La política puede utilizar esa maldad para hacer aún más mal o puede intentar, partiendo de que el hombre es un conjunto de intereses y deseos, hacer que los individuos se relacionen y se reconozcan. En eso consiste la política. Ahora bien, la posibilidad de la guerra está siempre ahí, y eso es algo que hay que aprender. Ninguna política podrá excluir la posibilidad de la guerra. La paz perpetua es una mala utopía. De nuevo nos encontramos con el realismo cristiano: la paz perpetua, la paz profunda, como decían en la Edad Media, no es del hombre. Paz es pacto. Si no eres realista, no te hagas político: hazte místico, poeta o artista”.

  2. Hola Crates. No era mi intención desanimarte respecto a este libro de Ferlosio. Incluye cosas que me ha gustado aprender como las teorías medievales sobre la guerra justa, o sobre cómo el soldado dejó de estar obligado a reflexionar sobre la justicia de la causa por la que mata, o reflexiones en torno a Weber y Veblen. Pero es cierto que de ninguna manera se lee de un tirón.En la línea de las ideas políticas de Cacciari está Spinoza. Los filósofos no están para ridiculizar al hombre señalando sus defectos. Spinoza busca una sociedad en la que, partiendo del hombre real, sea posible una existencia libre y feliz. Me extenderé sobre esto en el próximo post, que irá sobre el libro de Alain sobre Spinoza.Encantado de verte por aquí. Buen verano.

  3. Buenos días. Andaba por aquí, buscando entradas de Agustín García Calvo y Ferlosio y aquí he encontrado un par de cada, lo que agradezco al anfitrión.Me mueve a escribir la cita del señor italiano pegada por Crates de Tebas. Me voy a permitir aplicarle un poco del método aprendido en García Calvo a eso de “la política que parte del hombre real” (parafraseo de memoria). Y consiste en lo siguiente: qué clase de hombre real es el que nos presenta el señor Cacciari? y no sólo él, sino que puede decirse tranquilamente: qué es el hombre real? Soy incapaz de ver que ese hombre real pueda ser otra cosa que una idea (la más afamada de ellas, a la vez culta y vulgar, reconocida como natural por los apologistas del orden necesario -los realistas- sería la de que es un lobo para los otros hombres). Por eso, parece que una política que parte de una idea tiene que estar destinada a un destino conocido, implícito en la idea de la que partimos. Nunca nada nuevo, por tanto.Si hay una política capaz de hacer algo, esa política debe ser precisamente la que nos desengaña de las ideas. Política negativa, a la contra. Aquí, Ferlosio.

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