Diario de lecturas

Leonardo Sciascia: El caso Moro


Leonardo Sciascia: El caso Moro. Análisis del secuestro y muerte de Aldo Moro, de los personajes y de la situación. Atilio Pentimalli (tr.) Barcelona: Argos Vergara, 1979.

El 9 de mayo se cumplieron treinta años de la ejecución del Presidente de la Democracia Cristiana Aldo Moro a manos de las Brigadas Rojas. Según éstas el Tribunal del Pueblo había dictado sentencia de pena de muerte contra el representante italiano del EIM (Estado Imperialista de las Multinacionales). Tras asesinar a sus cinco escoltas, las Brigadas Rojas secuestraron a Aldo Moro el 16 de marzo, justo el día en que se dirigía al congreso italiano para ratificar el que fue su mayor logro y su mayor error: la coalición de gobierno formada por la Democracia Cristiana y el Partido Comunista. Su cadáver fue encontrado en el maletero de un coche estacionado a medio camino entre las sedes de ambos partidos.

Leonardo Sciascia fue diputado del Congreso Italiano por el Partido Radical. Gracias a ello pudo participar en la Comisión Parlamentaria que se formó para investigar el Caso Moro. El resultado de sus pesquisas es este libro tan sugerente como inquietante. Es una obra imprescindible dentro de la narrativa de Sciascia. Según él mismo confiesa, la historia del secuestro de Moro fue la realización de la pesadilla política que había entrevisto previamente en Todo modo o El contexto. La muerte de Aldo Moro es trágica en el sentido griego de la palabra, es destino.

Sciascia abre el libro con un cariñoso homenaje a su querido amigo Pier Paolo Pasolini, muerto tres años antes. Decía éste en un artículo de prensa que Aldo Moro era el “menos implicado” en los turbios asuntos de la política italiana. Sciascia aprovecha esta observación para señalar que, justamente por eso, por ser el menos implicado, fue la víctima ideal de un intercambio en el que se utilizó su muerte para reforzar los pilares de un Estado moribundo.

La ternura con la que Sciascia recuerda a Pasolini es muy intensa. Sciascia siempre creyó que Pasolini era su mejor amigo e interlocutor, pero les separaban la homosexualidad y la vida loca del famoso director de cine. Sciascia, lector de Stendhal y enterrado con un rosario en las manos, Pasolini, lector de Sade y asesinado en extrañas circunstancias. Sciascia, siciliano de pies a cabeza, se quejaba del uso excesivo que Pasolini hacía de la palabra adorable para describir todo lo que le rodeaba. Para Pasolini todo era adorable, incluida aquella Italia negra y fascista que terminó por quitarle la vida.

Sciascia relaciona el caso Moro con el universo borgiano. Cree que el caso Moro puede leerse con las mismas claves que Borges utiliza en Pierre Menard. Recuérdese que el Quijote de Pierre Menard es totalmente diferente del de Cervantes aún siendo equivalente letra por letra. Lo mismo ocurre con lo publicado sobre Moro. Los hechos sobre los que podría recaer el fundamento de una lectura definitiva han desaparecido, se han fugado. El caso Moro deviene literatura, y, por tanto, texto infinitamente interpretable.

Sciascia dedica la mayor parte de los capítulos del libro al análisis de las cartas que Moro envió a políticos y familiares durante su encierro en la Cárcel del Pueblo. El método que Sciascia propone para su análisis es el mismo que Poe emplea en La carta robada: ponerse verdaderamente en la piel del sujeto a investigar. El comentario exhaustivo de las cartas de Moro revela que fue un político con una increíble habilidad para la manipulación. Por ejemplo, en la primera de sus cartas, sugiere algunos disparates como solución a su secuestro. En realidad, estaba dando instrucciones a los de afuera sobre cómo liberarle: dilatar al máximo las negociaciones mientras las fuerzas del orden hacen su trabajo. Desgraciadamente, la policía no hizo su trabajo. Según Sciascia, viola las leyes del cálculo de probabilidades el que toda la policía italiana, trabajando durante casi dos meses, fuese incapaz de dar con el paradero de un Moro que estuvo siempre en Roma y cuyo cadáver fue abandonado justo al lado de la sede de la Democracia Cristiana. ¿Por qué esa desidia de las fuerzas del orden? ¿A quién benefició su parálisis o su ineptitud? Este es otro de los hechos que se fugan y dan pie a la literatura.

Otro ejemplo de la lucidez de Moro. Hasta el momento de su secuestro la idea de Estado en Italia está moribunda. Entre las Brigadas Rojas, la Mafia y las Logias, nadie cree que el Estado sea el fundamento del orden social tal y como dice ser. Un Estado debilitado y cuestionado que, según Sciascia, no es más que la continuación de la Italia fascista por otros medios. Los políticos democristianos aprovechan el secuestro de Moro para, negándose a negociar, dar una sensación de fuerza y de firmeza ante la opinión pública. Moro aprovecha una de sus cartas para sugerir que esa no es su firmeza sino, probablemente, la de los servicios de inteligencia estadounidenses, que preferirían no ver al Partido Comunista en el gobierno de Italia. Sin embargo, la carta tiene un objetivo oculto, una carga de profundidad contra las Brigadas Rojas. Su fanatismo las ha conducido a cumplir los planes de sus enemigos. Asesinando a Moro estarán haciendo el trabajo sucio de la CIA. Aunque las Brigadas Rojas insistieron en vender la ejecución de Moro como una gran victoria, en realidad supuso una verdadera decepción verse en el papel de sicarios de los Estados Unidos.

La Democracia Cristiana se negó en rotundo a negociar con los terroristas de las Brigadas Rojas. Argumentaban que el Moro que pedía la liberación de presos (primero trece, finalmente sólo uno) como la mejor vía para salvar su vida no era el verdadero Aldo Moro, el “gran estadista”, sino otro sometido a torturas y coacciones. Sciascia se desmarca rápidamente de esta teoría del verdadero Moro. Aldo Moro, dice, fue siempre el mismo, un “político maniobrero”, antes y durante su secuestro, como puede observarse en sus cartas. Detrás de la negativa de la Democracia Cristiana a negociar, Sciascia ve el rostro del poder (“feroz, sucio y estúpido”) que, por fin, ha encontrado una víctima sacrificial en la que fundamentar su autoridad.

Las analogías del caso Moro y el 11/S son, en mi opinión, muy significativas. El aprovechamiento de un atentado terrorista para el reforzamiento de los poderes del Estado. Fanáticos comunistas, fanáticos islamistas, haciendo el trabajo sucio de los servicios de inteligencia. En ambos casos los hechos están desaparecidos y los Estados implicados, más o menos directamente (eso nunca lo sabremos). Son, en definitiva, magníficos ejemplos de cómo los modernos Estados democráticos necesitan la violencia terrorista para reforzar sus mecanismos de control. Ya Orwell lo advertía: el mejor modo que tiene un tirano de mantenerse en el poder es vivir en permanente estado de guerra. Si bien el caso Aldo Moro tuvo una repercusión limitada, el 11/S modificó el orden mundial, pues significó la excusa perfecta para establecer sine die bases militares en los países con mayores reservas petrolíferas del mundo.

P.D.: Es una pena que Destino no haya reeditado este clásico de Sciascia para el aniversario del asesinato de Moro. La última edición tiene ya casi diez años y resulta algo complicado acceder a ella.

Enlaces:

  1. Aldo Moro en Wikipedia
  2. La verdad sobre el caso Aldo Moro en publico.es
  3. El caso Moro, película de 1986

7 replies »

  1. Aunque siempre paso, hacía tiempo que no dejaba constancia por aquí.Muy, pero que muy interesante reseña. A decir verdad, Sciascia me atrae desde que leo tus reseñas sobre él, aunque me sigue dando algo de pereza ponerme delante de él. El hecho de que hable del asesinato de Aldo Moro -tema que me interesa sobremanera- creo que me va a animar a hacerme con una copia de este huidizo título.¡Un saludo!

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  2. Bienvenido situacionista. Me alegra haber despertado tu curiosidad por Sciascia. Permíteme que te recomiende dos de sus libros: <>El caballero y la muerte<> (Tusquets) y <>El caso Moro<> (Destino). Creo que no te decepcionarán. Hasta otra.

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