Diario de lecturas

Ricardo Piglia: La ciudad ausente


Ricardo Piglia: La ciudad ausente. (1992, 1ª ed.) Anagrama: Barcelona, 2003.

Ricardo Piglia (Adrogué, Argentina, 1940) es uno de los autores más respetados dentro la narrativa hispanoamericana actual. Tras su exitosa primera novela, Respiración artificial (1980), publicó en 1992 La ciudad ausente. Novela experimental, de laboratorio, repleta de referencias, guiños, homenajes y alusiones a la vigorosa narrativa argentina del s. XX: Macedonio Fernández, Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges y Roberto Artl. Profesor en Princetown de crítica literaria utiliza con acierto las propuestas estéticas revolucionarias de otro de sus tótems, James Joyce.

Rastrear las influencias de Macedonio y compañía en La ciudad ausente es la primera idea que se me ocurre para afrontar esta novela de Piglia. La propuesta estética de Macedonio está continuamente presente. Podemos resumir las ideas que Piglia toma de Macedonio en los siguientes puntos:

  • La función de la literatura es hacer real lo posible. Abriendo posibilidades al mundo, el relato es capaz de resistir a la uniformización política y de pensamiento en que vivimos. Piglia aspira a que la literatura, entendida como profusión de relatos y perspectivas, se convierta en el peor enemigo de la televisión y sea capaz de desestabilizar la imagen interesada del mundo que el Sistema quiere imponer.
  • La muerte de la esposa de Macedonio, Elena, tuvo como consecuencia su obsesión por construir un mundo de ficción en el que ella pudiese permanecer viva para siempre. Una versión literaria del mundo de las Ideas platónico. Elena se convierte de ese modo en la energía que le impulsa a narrar historias una y otra vez de modo que el ejercicio continuo de contarlas consiga mantenerla siempre viva, tal y como tuvo que hacer Scherezade. Piglia suma fragmentos de relatos, con diferentes estilos y registros, uno tras otro, son las voces que mantienen vivo el mundo al que Elena pertenece.
  • La tesis fundamental de la estética de Macedonio se manifiesta en el título del tomo III de sus Obras Completas, No todo es vigilia la de los ojos abiertos. El ensueño, decía Macedonio, es la verdadera vida cuyos fragmentos quedan unidos por los breves momentos de vigilia. La intensidad del sueño es la intensidad del relato. Así, la ficción debe golpear insistemente la realidad del lector hasta resquebrajarla.

Otra de las grandes influencias de la literatura argentina en la novela de Piglia es La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares. Piglia transforma a la difunta esposa de Macedonio en una máquina capaz de producir historias eternamente, aún sin la presencia de oyentes o lectores. Esta máquina, que el Gobierno quiere a toda costa desactivar, insiste una y otra vez en romper el discurso oficial. Sólo algunos solitarios son capaces de sintonizar e interpretar los mensajes cifrados de la máquina. Es inevitable que se nos presente aquí el recuerdo de la máquina que proyecta una y otra vez una realidad virtual en la isla en la que deambula el protagonista de La invención de Morel. De algún modo, entiendo que Piglia atribuye al lenguaje un poder infinito para generar historias y realidades. Es un poder autónomo, independiente de la voluntad humana. El autor, en este caso, es un simple médium.

La influencia de Borges es, por supuesto, omnipresente. Detrás de la estética de Piglia y de Borges está esa primera verdad filosófica que Nietzsche reconoce como el principio de la filosofía: “Todo es uno”. Todos los relatos son, en el fondo, un único relato originario, todos los tigres, el tigre, todas las rosas, la rosa, todo el universo, un punto: el aleph. Por tanto, la máquina que genera historias funciona aportando infinitas variantes de un único argumento.

El lugar de Artl en la novela es el retrato de los bajos fondos y los personajes perdidos y psicóticos. Allí donde Piglia deja a un lado la literatura que sólo se alimenta de más literatura y adopta la apariencia de la novela negra se siente la evidente influencia de Artl. Allí donde Piglia deja de ser crítico literario y se abandona a la pura diversión del microrrelato entreveo los submundos de Artl.

Para poder comprender varios capítulos de la novela es necesario tener unas nociones mínimas sobre la estética y la narrativa de James Joyce. El irlandés está presente en La ciudad ausente de múltiples modos. En primer lugar, los cambios de estilo que Joyce utiliza en cada uno de los capítulos del Ulises son también una característica de la novela de Piglia. Oscila desde la novela negra a la ciencia ficción, del cuento para niños a la teoría lingüística.

Otro de los elementos de la novela relacionado con Joyce es el drama que padeció este con su hija Lucy. Cuenta Piglia en Formas breves (uno de sus textos claves de crítica literaria junto a El último lector) que Joyce visitó al psicoanalista Carl Jung para pedirle consejo sobre su hija psicótica Lucía. Joyce le explicó que los escritos delirantes de Lucía le inspiraron el Finnegans Wake. Jung, inteligentemente, le replicó: “Allí donde usted nada, ella se ahoga”.

Piglia adopta la metafísica de Heráclito: el universo es un devenir perpetuo que ni siquiera nuestros sentidos están habilitados para captar. El lenguaje que se adapte a esa realidad proteica, corriente enfurecida que nos arrastra hasta la muerte, habrá de ser un lenguaje en permanente cambio, carente de significados precisos, tan confuso e ininteligible como la realidad misma. Este es el lenguaje que Joyce buscó en esa obra, ilegible para tantos, que es el Finnegans Wake. De este libro Piglia muestra especial simpatía por el fragmento protagonizado por Anna Livia Plurabelle. En cualquier caso Piglia sitúa en este lenguaje originario e incomprensible la matriz de todas las lenguas y relatos, el lugar al que una y otra vez debe retornar el autor para renovar su escritura.

Dejando a un lado esta lista interminable de referencias literarias (que debería incluir también el William Wilson de Poe y la Eva futura de Villiers De L’Isle-Adam) qué queda de la novela de Piglia. Siendo breves el mensaje fundamental es que la literatura es un arma de resistencia contra el fascismo uniformizador que el sistema planetario nos impone a través de la televisión. Uniformización en un plano ontológico, epistemológico y político. Se nos dice qué es, qué es verdad y quiénes son los buenos. La literatura, semillero de historias y perspectivas, debe servir para abrir nuestra mente cercada por esos límites tan estrechos. Piglia pone como ejemplo de esa distorsión del ser y de la historia el discurso oficial sobre las teorías marxistas o anarquistas tras la caída del muro de Berlín. La máquina que genera los relatos en La ciudad ausente es, por el mero hecho de pronunciarse con libertad, una amenaza para el gobierno y, por ello, condenada a una lenta extinción en un museo.

Esta máquina capaz de producir sin parar argumentos, relatos, novelas, cuya invención Piglia atribuye a Macedonio, ocupa también varios capítulos de la novela de Italo Calvino Si una noche de invierno un viajero. Resulta interesante comparar ambos textos para observar ciertas diferencias interesantes:

  • Según Macedonio, uno de los objetivos de la literatura habría de ser la desestabilización de la identidad del lector hasta el punto de que abandonando su yo fuese capaz de incorporarse a la novela como un personaje más. En mi opinión, la novela de Calvino cumple este objetivo de modo magistral desde su primera frase: “Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Italo Calvino”. A continuación, la introducción de los personajes del Lector y la Lectora nos implican de modo incomparable en la narración.
  • La máquina productora de relatos de la que hablan Macedonio y Piglia tiene características diferentes en ambos. Mientras que para Piglia esa máquina, capaz de funcionar de un modo completamente autónomo como una nave no tripulada en el espacio, tiene connotaciones positivas pues es revolucionaria y es perseguida, para Calvino ocurre lo contrario, la máquina resulta ser un gigantesco fracaso del poder establecido para uniformizar la literatura produciendo best-sellers a diestro y siniestro. Creo que esta alegoría de la máquina literaria funciona mejor en la novela de Calvino que en la de Piglia.

Por último, quisiera señalar que las páginas de la novela que más me han gustado son las más próximas a la crítica literaria tal y como la ejerció Piglia en Formas breves. Por ejemplo, las páginas finales dedicadas a Macedonio Fernández y Leopoldo Lugones.

Bibliografía de R. Piglia extraída de Wikipedia:

  • La invasión (relatos, 1967)
  • Nombre falso (relatos, 1975)
  • Respiración artificial (novela, 1980)
  • Crítica y ficción (ensayos, 1986)
  • Prisión perpetua (dos novelas cortas, 1988)
  • La ciudad ausente (novela, 1992)
  • La Argentina en pedazos (ensayos, 1993)
  • Plata quemada (novela, 1997)
  • Formas breves (ensayos, 1999)
  • Cuentos morales (relatos, 1995)
  • Diccionario de la novela de Macedonio Fernández (ensayos, 2000)
  • El último lector (ensayos, 2005)

La mayor parte de su obra está publicada en España por Anagrama

Categorías:Diario de lecturas, Novela

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6 replies »

  1. Estimado compañero, una disculpa antetodo por acudir un poco tarde a ver este post, que por más es interesantísimo y muy ilustrativo para mí.. como te llegué a comentar en una pasada ocación estoy trabajando para mi tesis presisamente esta novela. Mi enfoque principal es la intertextualidad (aunque dejame te digo que con esto me has dado más material para checar) sobre todo con el ciber punk (ciencia ficción) y la forma de manipulación por parte del estado hacia la sociedad recíen salida de crisis y con resagos de ella.Me encantaría seguir este contacto contigo, pues mira que apenas voy comenzando con esto de la tesis y sobre todo el escoger a Piglia fue un mero azar (muy afortunado) de la vida, por lo que te confesaré carezco de mucha bibliografía, pero te agradezco que puedas recomendarme algunas lecturas para ampliar conocimientos.. Un saludo!

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  2. No me gusta demasiado la escritura de Ricardo Piglia. Lo encuentro un escritor a destiempo. Veo en sus páginas una literatura experimental que tiene poco de novedoso. Algo así como si un físico de nuestros días se pusiera a experimentar cómo funcionan los rayos X.En cualquier caso, opino que <>Respiración artificial<> es una creación mucho más elaborada que <>La ciudad ausente<>.

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  3. También tengo la sensación de que en ocasiones la literatura de Piglia chirría. Pero no tengo claro el motivo. Me ocurre lo mismo que con Vila-Matas. En mi opinión existe un curioso parecido entre ambos que resumiría en las siguientes características: distanciamiento estético, ironía, metaliteratura, vocación experimental… Algunas páginas de Piglia y algunas de Vila-Matas me han gustado. En momentos puntuales rozan la buena literatura. Pienso en <>Prisión perpetua<>, <>Formas breves<>, <>Bartleby y compañía<> o <>París no se acaba nunca<>.

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  4. me encanta esta literatura y no e que sea a destiempo al contrario es contemporaneo es el mejor escrito de este tiempo solo que no se puede tener una lectura lineal estas novelas se tienen que leer de una manera paranoica desconfiando hasta de loq ue el autor mismo nos dice porque el nos quier mostrar la realidad a traves de su ficcion.

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  5. Es una maravilla acceder a la escritura de Ricardo Piglia.
    La probable incomodidad que puede generarnos la intertextualidad, su estilo a veces laberíntico y otros matices de su talento los tomo como un desafío y trato de volver productivos esa profundidad argumental y su audaz propuesta tratando de abrir mi cabeza y ampliar mi percepción, por ejemplo.

    Excelente post.
    Abrazo y felicitaciones.

    Daniel, desde Mataderos,Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.

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  6. Hola Daniel, releo este viejo post y me trae buenos recuerdos de la lectura de La ciudad ausente. Últimamente he disfrutado mucho con Blanco nocturno. No tiene la complejidad de esta pero también me gustó. En España le han dado este año el Premio de la Crítica a Blanco Nocturno.

    Un saludo.

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