Diario de lecturas

Emile Cioran: Cuadernos 1957-1972

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Emile Cioran

Emile Cioran: Cuadernos 1957-1972. Barcelona: Tusquets, 2004

Emile Cioran (1911-1995), pensador rumano que emigró a Francia y terminó escribiendo el resto de su obra en francés. Maestro del pesimismo y la derrota. Entre sus libros más conocidos, publicados todos en Tusquets, se hallan: Silogismos de la amargura (1952), La tentación de existir (1956), La caída en el tiempo (1965) y Del inconveniente de haber nacido (1973).

Estos Cuadernos son una especie de diario intelectual o blog. Aunque el pesimismo radical de Cioran no es demasiado saludable, este libro es uno de los rarísimos casos en que uno se alegra de contagiarse de una enfermedad crónica. En mi opinión, el valor de Cioran estriba en que extrae una cordura amarga e irrefutable del riesgo de vivir en los límites de la locura.

Yo podría, si acaso, mantener relaciones verdaderas con el Ser; con los seres, jamás. (p. 21)

Todas las imposibilidades se resumen en una: la de amar, la de salir de la tristeza propia (p. 21)

París: insectos comprimidos en una caja. Ser un insecto célebre. Toda gloria es ridícula; quien a ella aspira ha de tener en verdad el gusto de la decadencia. (p. 23)

¡Qué horror tengo a la carne! Una suma infinita de caídas, el modo como se realiza nuestra decadencia cotidiana. Si hubiera un dios, nos habría dispensado de la carga que entraña almacenar podredumbre, arrastrar un cuerpo. (p. 24)

He leído demasiado… La lectura ha devorado mi pensamiento. Cuando leo, tengo la impresión de hacer algo, de justificarme ante la sociedad, de tener un empleo, de escapar a la vergüenza de ser un ocioso… un hombre inútil e inutilizable. (p. 26)

El Mal es en la misma medida que el Bien una fuerza creadora. Ahora bien, es el más activo de los dos. Pues con demasiada frecuencia el Bien haraganea. (p. 27)

Sólo me entiendo a fondo con quienes, sin ser creyentes, han pasado por una crisis religiosa que los ha dejado marcados para el resto de sus días. La religión -en cuanto debate interior- es el único medio para horadar, perforar, la capa de las apariencias que nos separa de lo esencial. (p. 31)

Emitir un juicio moral sobre los demás constituye casi siempre una señal de bajeza. Sólo los dioses -¡y con reparos!- tienen derecho a sopesar nuestros actos. (p. 45)

Leo en los Tagebücher 1914-1916 de Wittgenstein: “El miedo a la muerte es el mejor indicio de una vida falsa, es decir, mala”. (p. 51)

Lo que temo no es la muerte, sino la vida. Por mucho que me remonte en la memoria, siempre me ha parecido insondable y aterradora. Mi incapacidad para insertarme en ella. Miedo, además, de los hombres, como si pertenecieran a otra especie. Siempre el sentimiento de que en ningún punto coincidían mis intereses con los suyos (p. 59)

Contar nuestras penas o simplemente nuestros fastidios a otro, incluso a un amigo, es una crueldad, es un gesto de verdugo. Hay que ser de un temple excepcional para poder dejarse devorar por el dolor… en silencio. (p. 61)

Los pesimistas no tienen razón: vista desde lejos, la vida nada tiene de trágica, sólo lo es de cerca, observada en detalle. La vista de conjunto la vuelve inútil y cómica. Y eso es aplicable a nuestra experiencia íntima. (p. 73)

Anoche, en una cena, me enteré de que habían internado a P. Celan en una casa de salud, después de que intentara degollar a su mujer. (p. 90)

Todos esos profesores -con Heidegger a la cabeza- que viven como parásitos de Nietzsche y se imaginan que filosofar es hablar de filosofía… (p. 104)

Me juzgarán por lo que haya escrito y no por lo que haya leído. Con demasiada frecuencia pierdo de vista esa verdad de perogrullo. Siempre, después de haber devorado un libro, me atribuyo algún mérito. (p. 119)

Un libro sobre tal coloquio, sobre tal otro, todo el mundo escribe sobre todo el mundo. El circo de la esterilidad. Siglo de críticos. Sincretismo funesto. La inteligencia que se agota consigo misma. (p. 126)

Tomo partido por los cátaros y por cualquier herejía perseguida por la Iglesia. Pero, si una de esas sectas hubiera triunfado, habría sido tan intolerante como el cristianismo oficial. Los cátaros, algunos puntos de cuya doctrina tanto me gustan, habrían superado, de haber vencido, a los inquisodores (p. 152)

La lectura es enemiga del pensamiento. Vale más aburrirse que leer, pues el aburrimiento es pensamiento en germen (o vicio o lo que sea)… mientras que las ideas de los demás sólo serán obstáculos para nosotros: en el mejor de los casos, remordimientos. (p. 163)

Sólo hay un problema: el de la muerte. Debatir sobre otra cosa es perder el tiempo, es dar muestras de una futilidad increíble. …Eso es lo que las religiones han comprendido perfectamente. A eso se debe su superioridad sobre la filosofía. (p. 186)

Paul Celan se ha tirado al Sena. El lunes pasado encontraron su cadáver. Ese hombre encantador e insoportable, feroz y con accesos de dulzura, al que yo estimaba y rehuía, por miedo a herirlo, pues todo le hería. Siempre me lo encontraba, me ponía en guardia y me controlaba, hasta el punto de que al cabo de media hora estaba extenuado (p. 211)

Desde hace años, mi único propósito se reduce a esto: no agitarme más. Vivir sin agitación y casi sin acto. Para Heráclito el mundo estaba “eternamente vivo”.

Mi designio: existir al margen de ese “fuego eternamente vivo”. Fuera de esa ebullición cósmica. El imperativo de enfriarse.

Categorías:Diario de lecturas, Ensayo

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5 replies »

  1. Gracias por tu interes de difundir estos extractos

    Me parecen de los aforismos mas personales e intimos del gran Cioran, eh extraido, para no olvidarlos, aquellos que mejor describen algunas de mis partes.
    Hace falta coraje para escribir asi, seguro que para El fue una nesecidad, la de botar su alimaña, para su beneficio y tambien para el de otros, que como Yó, no encontramos aun las palabras y las formas para expresarese el enjambre interno, que nos tiene aun en esta vida.
    Quizas la literatura deba servir tambien para esto, para desnudarnos ante todos y para desnudar tambien al literato y al sistema de roles sociales, fundado en el auto-halago, en la simulación, en la busqueda de reconocimiento y apapacho emocional y monetario.

    abrazos.

    jaime Alejandro Trujillo
    Chiapas, México

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    • Hola Anónimo, si tienes interés en Cioran te recomiendo El aciago demiurgo, La caída en el tiempo y La tentación de existir. Uno de los temas favoritos de los pesimistas es reflexionar sobre por qué Dios no hizo las cosas del todo bien en la Creación. A mí esto de la teodicea me encanta y Cioran es, en este aspecto, muy recomendable.

      Un abrazo.

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