Diario de lecturas

Huxley, Un mundo feliz

Aldous Huxley

Aldous Huxley (1894-1963)

Aldous nació en Godalming, Inglaterra, en 1894. Su abuelo, T. H. Huxley, fue el célebre naturalista editor de Charles Darwin, y su hermano, el biólogo J. Huxley, fue Premio Nobel en 1963.

Su primera novela importante es Contrapunto (1928). En ella retrata el nihilismo propio de la época de entreguerras y pone en marcha el que será su estilo personal: el contrapunto. Inspirado por la forma musical homónima, Huxley rompe la unidad de tiempo y espacio en la narración del mismo modo que puede hacerlo el montaje cinematográfico.

En 1932 publica Un mundo feliz, una utopía negativa donde, gracias al progreso científico en el control social, se plantea un mundo futuro que cumple las expectativas de la República de Platón para un mundo perfecto. El protagonista se suicida al comprobar que no tiene más opciones que la pesadilla de “un mundo perfecto” o la barbarie de “un mundo salvaje”.

En novelas posteriores como Viejo muere el cisne (1939) o La isla (1962), Huxley busca una solución política al dilema planteado en Un mundo feliz. Cree que la solución reside en una mezcla de misticismo religioso, anarquismo político y progreso científico.

Además Huxley dedicó varias obras a divulgar los beneficios espirituales del consumo de sustancias visionarias como el LSD. La más famosa de ellas es Las puertas de la percepción (1954).

Aquí tienes un test del Blog El club de los filósofos muertos que te puede ayudar a hacer una lectura atenta y reflexiva.

Cuestionario para Psicología

  1. Ejemplos de la utilización del condicionamiento clásico en la novela.
  2. ¿Qué tipo de condicionamiento reciben los habitantes de Un mundo feliz mediante la hipnopedia?
  3. ¿Crees que habitantes de Un mundo feliz desean ser libres? ¿Qué significa para ellos la libertad?
  4. La familia ha desaparecido de Un mundo feliz. ¿Qué relación tiene este hecho con las teorías del psicoanálisis acerca de las relaciones familiares?
  5. Cita un ejemplo de la novela en que puede observarse el funcionamiento del Complejo de Edipo.
  6. ¿Cuál es la función de las drogas en la sociedad de Un mundo feliz? ¿En qué se diferencia de la nuestra?
  7. El arte es enemigo de la sociedad feliz. ¿Por qué?
  8. ¿Por qué crees que el protagonista se suicida al final de la novela?
  9. ¿Qué opinas de la eutanasia tal y como aparece en la novela?
  10. ¿Qué función cumple Dios en el equilibrio psicológico humano? ¿Cuándo le necesitamos y cuándo no?

Cuestionario para Historia de la Filosofía

  1. Descubre los rasgos del organicismo social presentes en la sociedad de Un mundo feliz.
  2. Platón describe en el mito de la caverna lo que le ocurre al prisionero que intenta volver a la caverna para ayudar a los demás. ¿Qué episodio similar ocurre en la novela?
  3. Tanto para Platón como para los dirigentes de la sociedad feliz el objetivo de la política debe ser la estabilidad. ¿Qué herramientas utilizan los políticos de la República y de Un mundo feliz para conseguirla?
  4. ¿Qué relación hay entre la supresión de la familia en la sociedad de Huxley y la que propone Platón en la República?
  5. ¿Qué relación hay entre la postura ante el arte que mantienen Platón y los dirigentes de Un mundo feliz?
  6. ¿Cómo aprovecha Huxley las teorías psicoanalíticas de Freud para la novela?
  7. ¿Qué semejanzas observas entre la sociedad descrita por Huxley y la nuestra en la actualidad?
  8. ¿Qué relación observas entre Un mundo feliz y la descripción del nihilismo que hace Nietzsche?
  9. La sociedad feliz se rige por la idea “todo el mundo trabaja para todo el mundo“. ¿Qué relación ves entre esta idea y la utopía de Platón?
  10. ¿Qué relación se establece entre la política y la verdad tanto en Platón como en Huxley?

Textos para comentar

Aldous Huxley: Un mundo feliz. Barcelona: Plaza & Janés, 1980.

  1. Clonación

  2. Condicionamiento

  3. Consumo

  4. Libertad

  5. Utopía

  6. Organicismo político

  7. Psicoanálisis

  8. Vejez

  9. Drogas

  10. Televisión

  11. Arte

  12. Ocio

  13. Ciencia

  14. Dios

1. Clonación

El Método Bokanovsky es uno de los mayores instrumentos de la estabilidad social.

“Uno de los mayores instrumentos de la estabilidad social”.

Hombres y mujeres estandardizados, en grupos uniformes. Todo el personal de una fábrica podía ser el producto de un solo óvulo bokanovskificado.

- ¡Noventa y seis mellizos trabajando en noventa y seis máquinas idénticas! – La voz del director casi temblaba de entusiasmo -. Sabemos muy bien adónde vamos. Por primera vez en la historia. – Citó la divisa planetaria -: Comunidad, Identidad, Estabilidad. – Grandes palabras -. Si pudiéramos bokanovskificar indefinidamente, el problema estaría resuelto.

Aldous Huxley: Un mundo feliz, p. 28.

2. Condicionamiento

El frío se aliaba a la incomodidad en la forma de intensos rayos X. En el momento de su decantación, los embriones sentían horror por el frío. Estaban predestinados a emigrar a los trópicos, a ser mineros, tejedores de seda al acetato o metalúrgicos. Más adelante, enseñarían a sus mentes a apoyar el criterio de su cuerpo.

- Nosotros los condicionamos de modo que tiendan hacia el calor – concluyo Mr. Foster -. Y nuestros colegas de arriba les enseñarán a amarlo.

- Y éste – intervino el director sentenciosamente -, éste es el secreto de la felicidad y la virtud: amar lo que uno tiene que hacer. Todo condicionamiento tiende a esto: a lograr que la gente ame su inevitable destino social.

Aldous Huxley: Un mundo feliz, p. 35 .

Guardería infantil. Sala de Condicionamiento Neo-Pavloviano, anunciaba el rótulo de la entrada.El director abrió una puerta. Entraron en una vasta estancia vacía, muy brillante y soleada, porque toda la pared orientada hacia el Sur era un cristal de parte a parte. Media docena de enfermeras, con pantalones y chaqueta de uniforme, de viscosilla blanca, los cabellos asépticamente ocultos bajo cofias blancas, se hallaban atareadas disponiendo jarrones con rosas en una larga hilera, en el suelo. Grandes jarrones llenos de flores. Millares de pétalos, suaves y sedosos como las mejillas de innumerables querubes, pero de querubes, bajo aquella luz brillante, no exclusivamente rosados y arios, sino también luminosamente chinos y también mejicanos y hasta apopléticos a fuerza de soplar en celestiales trompetas, o pálidos como la muerte, pálidos con la blancura póstuma del mármol.Cuando el D.I.C. entró, las enfermeras se cuadraron rígidamente.- Coloquen los libros – ordenó el director.En silencio, las enfermeras obedecieron la orden. Entre los jarrones de rosas, los libros fueron debidamente dispuestos: una hilera de libros infantiles se abrieron invitadoramente mostrando alguna imagen alegremente coloreada de animales, peces o pájaros.- Y ahora traigan a los niños.

Las enfermeras se apresuraron a salir de la sala y volvieron al cabo de uno o dos minutos; cada una de ellas empujaba una especie de carrito de té muy alto, con cuatro estantes de tela metálica, en cada uno de los cuales había un crío de ocho meses. Todos eran exactamente iguales (un grupo Bokanovsky, evidentemente) y todos vestían de color caqui, porque pertenecían a la casta Delta.

- Pónganlos en el suelo.

Los carritos fueron descargados.

- Y ahora sitúenlos de modo que puedan ver las flores y los libros.

Los chiquillos inmediatamente guardaron silencio, y empezaron a arrastrarse hacia aquellas masas de colores vivos, aquellas formas alegres y brillantes que aparecían en las páginas blancas. Cuando ya se acercaban, el sol palideció un momento, eclipsándose tras una nube. Las rosas llamearon, como a impulsos de una pasión interior; un nuevo y profundo significado pareció brotar de las brillantes páginas de los libros. De las filas de críos que gateaban llegaron pequeños chillidos de excitación, gorjeos y ronroneos de placer.

El director se frotó las manos.

- ¡Estupendo! – exclamó -. Ni hecho a propósito.

Los más rápidos ya habían alcanzado su meta. Sus manecitas se tendían, inseguras, palpaban, agarraban, deshojaban las rosas transfiguradas, arrugaban las páginas iluminadas de los libros. El director esperó verles a todos alegremente atareados. Entonces dijo:

- Fíjense bien.

La enfermera jefe, que estaba de pie junto a un cuadro de mandos, al otro extremo de la sala, bajó una pequeña palanca. Se produjo una violenta explosión. Cada vez más aguda, empezó a sonar una sirena. Timbres de alarma se dispararon, locamente.

Los chiquillos se sobresaltaron y rompieron en chillidos; sus rostros aparecían convulsos de terror.

- Y ahora – gritó el director (porque el estruendo era ensordecedor) -, ahora pasaremos a reforzar la lección con un pequeño shock eléctrico.

Volvió a hacer una señal con la mano, y la enfermera jefe pulsó otra palanca. Los chillidos de los pequeños cambiaron súbitamente de tono. Había algo desesperado, algo casi demencial, en los gritos agudos, espasmódicos, que brotaban de sus labios. Sus cuerpecitos se retorcían y cobraban rigidez; sus miembros se agitaban bruscamente, como obedeciendo a los tirones de alambres invisibles.

- Podemos electrificar toda esta zona del suelo – gritó el director, como explicación -. Pero ya basta.

E hizo otra señal a la enfermera.

Las explosiones cesaron, los timbres enmudecieron, y el chillido de la sirena fue bajando de tono hasta reducirse al silencio. Los cuerpecillos rígidos y retorcidos se relajaron, y lo que había sido el sollozo y el aullido de unos niños desatinados volvió a convertirse en el llanto normal del terror ordinario.

- Vuelvan a ofrecerles las flores y los libros.

Las enfermeras obedecieron; pero ante la proximidad de las rosas, a la sola vista de las alegres y coloreadas imágenes de los gatitos, los gallos y las ovejas, los niños se apartaron con horror, y el volumen de su llanto aumentó súbitamente.

- Observen – dijo el director, en tono triunfal -. Observen.

Los libros y ruidos fuertes, flores y descargas eléctricas; en la mente de aquellos niños ambas cosas se hallaban ya fuertemente relacionadas entre sí; y al cabo de doscientas repeticiones de la misma o parecida lección formarían ya una unión indisoluble. Lo que el hombre ha unido, la Naturaleza no puede separarlo.

- Crecerán con lo que los psicólogos solían llamar un odio instintivo hacia los libros y las flores. Reflejos condicionados definitivamente. Estarán a salvo de los libros y de la botánica para toda su vida. -

El director se volvió hacia las enfermeras -. Llévenselos.

Llorando todavía, los niños vestidos de caqui fueron cargados de nuevo en los carritos y retirados de la sala, dejando tras de sí un olor a leche agria y un agradable silencio.

Aldous Huxley: Un mundo feliz, p. 43-46

El condicionamiento ante la muerte empieza a los dieciocho meses. Todo crío pasa dos mañanas cada semana en un Hospital de Moribundos. En estos hospitales encuentran los mejores juguetes, y se les obsequia con helado de chocolate los días que hay defunción. Así aprenden a aceptar la muerte como algo completamente corriente.

Aldous Huxley: Un mundo feliz, p.212 .

3. Consumo

Imaginen la locura que representa permitir que la gente se entregue a juegos complicados que en nada aumentan el consumo. Pura locura. Actualmente los Interventores no aprueban ningún nuevo juego, a menos que pueda demostrarse que exige cuando menos tantos aparatos como el más complicado de los juegos ya existentes. -

Aldous Huxley: Un mundo feliz, p. 58 .

4. Libertad

A medida que la libertad política y económica disminuye, la libertad sexual tiende, en compensación, a aumentar. Y el dictador (a menos que necesite carne de cañón o familias con las cuales colonizar territorios desiertos o conquistados) hará bien en favorecer esta libertad. En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es, su destino.

Sopesándolo todo bien, parece como si la Utopía se hallara más cerca de nosotros de lo que nadie hubiese podido imaginar hace sólo quince años. Entonces, la situé para dentro de seiscientos años en el futuro. Hoy parece posible que tal horror se implante entre nosotros en el plazo de un solo siglo.

Aldous Huxley: Un mundo feliz, prólogo p. 19 .

¿No deseáis ser libres y ser hombres? ¿Acaso no entendéis siquiera lo que son la humanidad y la libertad? – El furor le prestaba elocuencia; las palabras acudían fácilmente a sus labios -. ¿No lo entendéis? – repitió; pero nadie contestó a su pregunta -. Bien, pues entonces – prosiguió, sonriendo – yo os lo enseñaré; y os liberaré tanto si queréis como si no.

Y abriendo de par en par la ventana que daba al patio interior del Hospital empezó a arrojar a puñados las cajitas de tabletas de soma.

Aldous Huxley: Un mundo feliz, p. 265.

5. Utopía

Pero volviendo al futuro… Si ahora tuviera que volver a escribir este libro, ofrecería al Salvaje una tercera alternativa. Entre los cuernos utópico y primitivo de este dilema, yacería la posibilidad de la cordura, una posibilidad ya realizada, hasta cierto punto, en una comunidad de desterrados o refugiados del MUNDO FELIZ, que viviría en una especie de Reserva. En esta comunidad, la economía sería descentralista y al estilo de Henry George, y la política kropotkiniana y cooperativista. La ciencia y la tecnología serian empleadas como si, lo mismo que el Sabbath, hubiesen sido creadas para el hombre, y no (como en la actualidad) el hombre debiera adaptarse y esclavizarse a ellas. La religión sería la búsqueda consciente e inteligente del Fin Ultimo del hombre, el conocimiento unitivo del Tao o Logos inmanente, la trascendente Divinidad de Brahma. Y la filosofía de la vida que prevalecería sería una especie de Alto Utilitarismo, en el cual el principio de la Máxima Felicidad seria supeditado al principio del Fin Ultimo, de modo que la primera pregunta a formular y contestar en toda contingencia de la vida sería: ¿Hasta qué punto este pensamiento o esta acción contribuye o se interfiere con el logro, por mi parte y por parte del mayor número posible de otros individuos, del Fin Último del hombre?

Aldous Huxley: Un mundo feliz, prólogo p 12-13 .

6. Organicismo político

Un Estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre. Inducirles a amarla es la tarea asignada en los actuales estados totalitarios a los Ministerios de Propaganda, los directores de los periódicos y los maestros de escuela. Pero sus métodos todavía son toscos y acientificos.

[…]

Los más importantes Proyectos Manhattan del futuro serán vastas encuestas patrocinadas por los gobiernos sobre lo que los políticos y los científicos que intervendrán en ellas llamarán «el problema de la felicidad»; en otras palabras, el problema de lograr que la gente ame su servidumbre.

Aldous Huxley: Un mundo feliz, prólogo p. 16-17 .

Todo el mundo trabaja para todo el mundo. No podemos prescindir de nadie. Hasta los Epsilones son útiles. No podíamos pasar sin los Epsilones. Todo el mundo trabaja para todo el mundo. No podemos prescindir de nadie… Lenina recordaba su primera impresión de temor y de sorpresa; sus reflexiones durante media hora de desvelo; y después, bajo la influencia de aquellas repeticiones interminables, la gradual sedación de la mente, la suave aproximación del sueño…

- Supongo que a los Epsilones no les importa ser Epsilones – dijo en voz alta.

- Claro que no. Es imposible. Ellos no saben en qué consiste ser otra cosa. A nosotros sí nos importaría, naturalmente. Pero nosotros fuimos condicionados de otra manera. Además, partimos de una herencia diferente.

- Me alegro de no ser una Epsilon – dijo Lenina, con acento de gran convicción.

- Y si fueses una Epsilon – dijo Henry – tu condicionamiento te induciría a alegrarte igualmente de no ser una Beta o una Alfa.

Aldous Huxley: Un mundo feliz, p.105 .

7. Psicoanálisis

Hogar, hogar… Unos pocos cuartitos, superpoblados por un hombre, una mujer periódicamente embarazada, y una turbamulta de niños y niñas de todas las edades. Sin aire, sin espacio; una prisión no esterilizada; oscuridad, enfermedades y malos olores.

Y el hogar era tan mezquino psíquicamente como físicamente. Psíquicamente, era una conejera, un estercolero, lleno de fricciones a causa de la vida en común, hediondo a fuerza de emociones. ¡Cuántas intimidades asfixiantes, cuán peligrosas, insanas y obscenas relaciones entre los miembros del grupo familiar! Como una maniática, la madre se preocupaba constantemente por los hijos (sus hijos)…, se preocupaba por ellos como una gata por sus pequeños; pero como una gata que supiera hablar, una gata que supiera decir: “Nene mío, nene mío una y otra vez. Nene mío, y, oh, en mi pecho, sus manitas, su hambre, y ese placer mortal e indecible! Hasta que al fin mi niño se duerme, mi niño se ha dormido con una gota de blanca leche en la comisura de su boca. Mi hijito duerme… “

Aldous Huxley: Un mundo feliz, p. 65 .

Nuestro Ford – o nuestro Freud, como, por alguna razón inescrutable, decidió llamarse él mismo cuando hablaba de temas psicológicos -. Nuestro Freud fue el primero en revelar los terribles peligros de la vida familiar. El mundo estaba lleno de padres, y, por consiguiente, estaba lleno de miseria; lleno de madres, y, por consiguiente, de todas las formas de perversión, desde el sadismo hasta la castidad; lleno de hermanos, hermanas, tíos, tías, y, por ende, lleno de locura y de suicidios.

Aldous Huxley: Un mundo feliz, p. 66.

John sintió una leve presión de la mano en respuesta a la suya. Las lágrimas asomaron a sus ojos. Se inclinó y la besó. Los labios de Linda se movieron.

- ¡Popé! – susurró de nuevo.

Y John sintió como si le hubiese arrojado a la cara una paleta de basura.

Aldous Huxley: Un mundo feliz, p.254 .

8. Vejez

En la actualidad el progreso es tal que los ancianos trabajan, los ancianos cooperan, los ancianos no tienen tiempo ni ocios que no puedan llenar con el placer, ni un solo momento para sentarse y pensar; y si por desgracia se abriera alguna rendija de tiempo en la sólida sustancia de sus distracciones, siempre queda el soma, el delicioso soma, medio gramo para una tarde de asueto, un gramo para un fin de semana, dos gramos para un viaje al bello Oriente, tres para una oscura eternidad en la luna; y vuelven cuando se sienten ya al otro lado de la grieta, a salvo en la tierra firme del trabajo y la distracción cotidianos, pasando de sensorama a sensorama, de muchacha a muchacha neumática, de Campo de Golf Electromagnético a…

Aldous Huxley: Un mundo feliz, p. 83.

9. Drogas

- El soma puede hacernos perder algunos años de vida temporal – explicó el doctor -. Pero piense en la duración inmensa, enorme, de la vida que nos concede fuera del tiempo. Cada una de vuestras vacaciones de soma es un poco lo que nuestros antepasados llamaban eternidad.

John empezaba a comprender.

- La eternidad estaba en nuestros labios y nuestros ojos – murmuró.

- ¿Cómo?

- Nada.

- Desde luego – prosiguió el doctor Shaw -, no podemos permitir que la gente se nos marche a la eternidad a cada momento si tiene algún trabajo serio que hacer. Pero como Linda no tiene ningún trabajo serio…

- Sin embargo – insistió John -, no me parece justo.

El doctor se encogió de hombros.

- Bueno, si usted prefiere que esté chillando como una loca todo el tiempo…

Al fin, John se vio obligado a ceder. Linda consiguió el soma que deseaba. A partir de entonces permaneció en su cuartito de la planta treinta y siete de la casa de apartamentos de Bernard, en cama, con la radio y la televisión constantemente en marcha, el grifo de pachulí goteando, y las tabletas de soma al alcance de la mano; allá permaneció, y, sin embargo, no estaba allá, en absoluto; estaba siempre fuera, infinitamente lejos, de vacaciones; de vacaciones en algún otro mundo, donde la música de la radio era un laberinto de colores sonoros, un laberinto deslizante, palpitante, que conducía (a través de unos recodos inevitables, hermosos) a un centro brillante de convicción absoluta; un mundo en el cual las imágenes danzantes de la televisión eran los actores de un sensorama cantado, indescriptiblemente delicioso; donde el pachulí que goteaba era algo más que un perfume: era el sol, era un millón de saxofones, era Popé haciendo el amor, y mucho más aún, incomparablemente más, y sin fin…

Aldous Huxley: Un mundo feliz, p. 202 .

10. Televisión

La televisión funcionaba, como un grifo abierto, desde la mañana a la noche. Cada cuarto de hora, por un procedimiento automático se variaba el perfume de la sala.

Aldous Huxley: Un mundo feliz, p.250 .

11. Arte

- Porque nuestro mundo no es el mundo de Otelo. No se pueden fabricar coches sin acero; y no se pueden crear tragedias sin inestabilidad social. Actualmente el mundo es estable. La gente es feliz; tiene lo que desea, y nunca desea lo que no puede obtener. Está a gusto; está a salvo; nunca está enferma; no teme la muerte; ignora la pasión y la vejez; no hay padres ni madres que estorben; no hay esposas, ni hijos, ni amores excesivamente fuertes. Nuestros hombres están condicionados de modo que apenas pueden obrar de otro modo que como deben obrar. Y si algo marcha mal, siempre queda el soma. El soma que usted arroja por la ventana en nombre de la libertad, Mr. Salvaje. ¡La libertad! – El Interventor soltó una carcajada -. ¡Suponer que los Deltas pueden saber lo que es la libertad! ¡Y que puedan entender Otelo! Pero, ¡muchacho!

El Salvaje guardó silencio un momento.

- Sin embargo – insistió obstinadamente -, Otelo es bueno, Otelo es mejor que esos filmes del sensorama.

- Claro que sí – convino el Interventor -. Pero éste es el precio que debemos pagar por la estabilidad. Hay que elegir entre la felicidad y lo que la gente llamaba arte puro. Nosotros hemos sacrificado el arte puro. Y en su lugar hemos puesto el sensorama y el órgano de perfumes.

- Pero no tienen ningún mensaje.

- El mensaje de lo que son; el mensaje de una gran cantidad de sensaciones agradables para el público.

- Los argumentos han sido escritos por algún idiota.

Aldous Huxley: Un mundo feliz, p. .

12. Ocio

- ¿Horrible? A ellos no se lo parece. Al contrario, les gusta. Es ligero, sencillo, infantil. Siete horas y media de trabajo suave, que no agota, y después la ración de soma, los juegos, la copulación sin restricciones y el sensorama. ¿Qué más pueden pedir? Sí, ciertamente – agregó -, pueden pedir menos horas de trabajo. Y, desde luego, podríamos concedérselo. Técnicamente, sería muy fácil reducir la jornada de los trabajadores de castas inferiores a tres o cuatro horas. Pero ¿serían más felices así? No, no lo serían. El experimento se llevó a cabo hace más de siglo y medio. En toda Irlanda se implantó la jornada de cuatro horas. ¿Cuál fue el resultado? Inquietud y un gran aumento en el consumo de soma; nada más. Aquellas tres horas y media extras de ocio no resultaron, ni mucho menos, una fuente de felicidad; la gente se sentía inducida a tomarse vacaciones para librarse de ellas. La Oficina de Inventos está atestada de planes para implantar métodos de reducción y ahorro de trabajo. Miles de ellos. – Mustafá hizo un amplio ademán -. ¿Por qué no los ponemos en obra? Por el bien de los trabajadores; sería una crueldad atormentarles con más horas de asueto. Lo mismo ocurre con la agricultura. Si quisiéramos, podríamos producir sintéticamente todos los comestibles. Pero no queremos. Preferimos mantener a un tercio de la población a base de lo que producen los campos. Por su propio bien, porque ocupa más tiempo extraer productos comestibles del campo que de una fábrica. Además, debemos pensar en nuestra estabilidad. No deseamos cambios. Todo cambio constituye una amenaza para la estabilidad. Ésta es otra razón por la cual somos tan remisos en aplicar nuevos inventos. Todo descubrimiento de las ciencias puras es potencialmente subversivo; incluso hasta a la ciencia debemos tratar a veces como un enemigo. Sí, hasta a la ciencia.

Aldous Huxley: Un mundo feliz, p. 280.

13. Ciencia

De vez en cuando echo mucho de menos la ciencia. La felicidad es un patrón muy duro, especialmente la felicidad de los demás. Un patrón mucho más severo, si uno no ha sido condicionado para aceptarla, que la verdad. – Suspiró, recayó en el silencio y después prosiguió, en tono más vivaz -: Bueno, el deber es el deber. No cabe prestar oído a las propias preferencias. Me interesa la verdad. Amo la ciencia. Pero la verdad es una amenaza, y la ciencia un peligro público. Tan peligroso como benéfico ha sido. Nos ha proporcionado el equilibrio más estable de la historia. El equilibrio de China fue ridículamente inseguro en comparación con el nuestro; ni siquiera el de los antiguos matriarcados fue tan firme como el nuestro. Gracias, repito, a la ciencia. Pero no podemos permitir que la ciencia destruya su propia obra. Por esto limitamos tan escrupulosamente el alcance de sus investigaciones; por esto estuve a punto de ser enviado a una isla. Sólo le permitimos tratar de los problemas más inmediatos del momento. Todas las demás investigaciones son condenadas a morir en ciernes. Es curioso – prosiguió tras breve pausa – leer lo que la gente que vivía en los tiempos de Nuestro Ford escribía acerca del progreso científico. Al parecer, creían que se podía permitir que siguiera desarrollándose indefinidamente, sin tener en cuenta nada más. El conocimiento era el bien supremo, la verdad el máximo valor; todo lo demás era secundario y subordinado. Cierto que las ideas ya empezaban a cambiar aun entonces. Nuestro Ford mismo hizo mucho por trasladar el énfasis de la verdad y la belleza a la comodidad y la felicidad. La producción en masa exigía este cambio fundamental de ideas. La felicidad universal mantiene en marcha constante las ruedas, los engranajes; la verdad y la belleza, no. Y, desde luego, siempre que las masas alcanzaban el poder político, lo que importaba era más la felicidad que la verdad y la belleza. A pesar de todo, todavía se permitía la investigación científica sin restricciones. La gente seguía hablando de la verdad y la belleza como si fueran los bienes supremos. Hasta que llegó la Guerra de los Nueve Años. Esto les hizo cambiar de estribillo. ¿De qué sirven la verdad, la belleza o el conocimiento cuando las bombas de ántrax llueven del cielo? Después de la Guerra de los Nueve Años se empezó a poner coto a la ciencia. A la sazón, la gente ya estaba dispuesta hasta a que pusieran coto y regularan sus apetitos. Cualquier cosa con tal de tener paz. Y desde entonces no ha cesado el control. La verdad ha salido perjudicada, desde luego. Pero no la felicidad. Las cosas hay que pagarlas. La felicidad tenía su precio. Y usted tendrá que pagarlo, Mr. Watson; tendrá que pagar porque le interesaba demasiado la belleza. A mí me interesaba demasiado la verdad; y tuve que pagar también.

Aldous Huxley: Un mundo feliz, p.284 .

14. Dios

Una de tantas cosas del cielo y de la tierra en las que esos filósofos no soñaron fue esto – e hizo un amplio ademán con la mano -: nosotros, el mundo moderno. Sólo podéis ser independientes de Dios mientras conservéis la juventud y la prosperidad; la independencia no os llevará a salvo hasta el final. Bien, el caso es que actualmente podemos conservar y conservarnos la juventud y la prosperidad hasta el final. ¿Qué se sigue de ello? Evidentemente, que podemos ser independientes de Dios. El sentimiento religioso nos compensa de todas las demás pérdidas. Pero es que nosotros no sufrimos pérdida alguna que debamos compensar; por tanto, el sentimiento religioso resulta superfluo. ¿Por qué deberíamos correr en busca de un sucedáneo para los deseos juveniles, si los deseos juveniles nunca cejan? ¿Para qué un sucedáneo para las diversiones, si seguimos gozando de las viejas tonterías hasta el último momento? ¿Qué necesidad tenemos de reposo cuando nuestras mentes y nuestros cuerpos siguen deleitándose en la actividad? ¿Qué consuelo necesitamos, puesto que tenemos soma? ¿Para qué buscar algo inamovible, si ya tenemos el orden social?

- Entonces, ¿usted cree que Dios no existe? – preguntó el Salvaje.

- No, yo creo que probablemente existe un dios.

- Entonces, ¿por qué…?

Mustafá Mond le interrumpió.

- Pero un Dios que se manifiesta de manera diferente a hombres diferentes. En los tiempos premodernos se manifestó como el ser descrito en estos libros. Actualmente…

- ¿Cómo se manifiesta actualmente? – preguntó el Salvaje.

- Bueno, se manifiesta como una ausencia; como si no existiera en absoluto.

- Esto es culpa de ustedes.

- Llámelo culpa de la civilización. Dios no es compatible con el maquinismo, la medicina científica y la felicidad universal. Es preciso elegir. Nuestra civilización ha elegido el maquinismo, la medicina y la felicidad. Por esto tengo que guardar estos libros encerrados en el arca de seguridad. Resultan indecentes. La gente quedaría asqueada si…

Aldous Huxley: Un mundo feliz, p. 292-93 .

Categorías:Diario de lecturas, Novela

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