Diario de lecturas

Byung-Chul Han: En el enjambre (2014)

Byung-Chul Han: En el enjambre. Raúl Gabás (tr.) Barcelona: Herder, 2018. 8ª reimp.

En el capítulo “En el enjambre” (pp. 25-32) Han advierte que hoy nos encontramos ante un momento de crisis tal y como supuso en su momento la irrupción de las masas. El factor de cambio hoy día es la revolución digital que convierte a la masa en enjambre digital con unas propiedades totalmente nuevas.

El enjambre carece de alma o espíritu. No desarrolla ningún nosotros. Está compuesto de individuos aislados, de Hikikomoris que se sientan absortos ante su monitor. El enjambre no es capaz de cuestionar las relaciones de poder, sólo se precipita sobre personas particulares convirtiéndolas en motivo de escándalo, la shitstorm. Frente al enjambre ya no tienen validez los conceptos de clase y lucha de clase. No existe una clase dominante que explote a la multitud pues hoy “cada uno se explota a sí mismo y se figura que vive en libertad”. (p. 31) El enjambre hace posible una sociedad de explotación sin dominación.

Otra repercusion de la revolución digital es, por ejemplo, la eliminación de la mediación. En el mundo de la información cada uno la produce y la envía dejando así a los periodistas, representantes o sacerdotes de la información, sin función alguna. Esta desmediatización afecta también a la política. Se exige estar presente porque el medio digital lo hace posible y la figura del político como representante se ve amenazada. Esta es una crítica a la democracia de carácter platónico.

Cabe mencionar también el smartphone, tan orientado al “me gusta” que borra toda forma de negatividad y complejidad. Genera una mirada a corto plazo y la mirada del otro es cada vez más débil por la victoria de la pulsión narcisista del smartphone.

Un fenómeno propio de la revolución digital es la huida hacia las imágenes. El miedo a la facticidad, los cuerpos, el tiempo, la muerte, se sana con una cantidad delirante de imágenes domesticadas que nos protegen de lo real. Son imágenes optimizadas, privadas de su verdad, y preparadas para ser consumidas.

Por último, insistir en cómo los habitantes del medio digital no son prisioneros de una caverna. Viven en la ilusión de la libertad. Alimentan a Facebook y Twitter voluntariamente. No es sólo que se autoexploten, cuestión fundamental que garantiza el sentimiento de libertad, sino que se autoiluminan. Nadie les coacciona para que pongan en común su esfera privada, donde no puede distinguirse la libertad y el control.

La biopolítica sería el estudio del modo en que el biopoder vigila, controla y mueve a los hombres desde fuera mientras que la psicopolítica sería el modo en que lo hace desde dentro. La psicopolítica digital ha echado la zarpa al inconsciente digital y desarrolla rasgos totalitarios. (p. 109)

 

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