Diario de lecturas

Peter Gay: Freud (1989) -capítulos 3 y 4-

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Peter Gay: Freud. Vida y legado de un precursor. Jorge Piatigorsky (tr.). Barcelona: Paidós, 2010 (1989, 1ª ed.)

La publicación de La interpretación de los sueños en 1900 sienta las bases del psicoanálisis.

En los sueños en los que la dinámica libidinal de Freud está implicada nunca se llega hasta el fondo de la cuestión. A pesar de ello, Freud es un detective muy eficiente con el resto de la humanidad. 🙂

La ley general que subyace a La interpretación es que los sueños son realizaciones de deseos. La confirmación más clara de la ley general son las fantasías nocturnas de los niños. Freud cita como ejemplo a su propia hija Anna (futura psicoanalista) de apenas año y medio: tras vomitar una noche la oyó pedir a gritos mientras dormía una retahíla de dulces y fresas silvestres.

Sin embargo, no siempre ocurría así en los adultos. Estos relataban sueños anti-deseo. Freud creía que los pacientes los elaboraban para despistar al analista. Son sueños de resistencia. Así que reformula la ley general del siguiente modo: “Un sueño es la realización (disfrazada) de un deseo (suprimido, reprimido)”. Por ejemplo, una paciente soñó que había colocado una vela en un candelabro pero la vela se había roto y no se sostenía adecuadamente. Los compañeros de la escuela le decían que era torpe y el maestro que la culpa no era suya. La interpretación erótica de esta fantasía era un escándalo para la época pero es evidente que el tema de fondo es la impotencia sexual del marido.

En La interpretación está ya presente la hipótesis del complejo de Edipo aunque sin nombrarla. Esta implica rastrear el significado de los sueños en episodios bloqueados de la infancia. Por ejemplo, para analizar el conocido sueño del “conde Thun”, Freud se ve obligado a sacar a la luz un vergonzoso recuerdo en el que, después de que su padre le hubiese dicho que “nunca llegaría a nada”, acude de noche al dormitorio del matrimonio y orina.

También se recogen en La interpretación numerosos ejemplos en los que puede observarse cómo se disfraza el significado latente de los sueños con “la condensación, el desplazamiento y la preocupación por la representabilidad“.

En 1901 Freud publica el que probablemente es su libro más leído: Psicopatología de la vida cotidiana. El polémico psiquiatra Krafft-Ebing (conocido por ser el primero en publicar una monografía sobre perversiones sexuales) atribuía el “nerviosismo” o la histeria de la era moderna a “la falta de sueño, la dieta insuficiente, los excesos alcohólicos, el carácter antihigiénico de la civilización moderna, con su precipitación, sus excesivas exigencias a la mente, su política democrática, su emancipación de las mujeres…” 🙂

Freud, por el contrario, está convencido de que los orígenes de la neurosis contemporánea residen en la restricción del deseo sexual. En Psicopatología de la vida cotidiana abundan los ejemplos de lapsus o “actos fallidos” donde se puede comprobar esto. Pronunciar mal un nombre, olvidar un poema favorito o extraviar un objeto no son actos inocentes sino que revelan una tensión sexual no resuelta.

Tras superar la fobia a visitar Roma, llega en 1905 Tres ensayos sobre teoría sexual.  En este texto se enfrenta a su hipótesis más polémica: la atribución del origen de la neurosis a conflictos en la etapa sexual infantil. La sola idea de que pudiese existir vida sexual en la infancia era algo que escandalizaba tanto a sus colegas como a la sociedad en general. Esta amnesia universal es un buen ejemplo de lo que Freud llamaba resistencia en la terapia. Ante las acusaciones de pansexualismo y obsesión genital Freud respondía que su hipótesis no se diferencia mucho del respetable Eros platónico.

En 1902 Freud constituye la Sociedad Psicológica de los Viernes en la que destacaba Alfred Adler. A ella se incorporó el autodidacta Otto Rank de profesión mecánico y vida miserable consiguió en poco tiempo redactar monografías relacionando psicoanálisis y literatura. En 1907 el anárquico grupo de los miércoles se constituyó en la Sociedad Psicoanalítica de Viena a la que pertenecieron Carl Gustav Jung (Zurich), Ferenczi (Budapest) y Lou Andreas Salomé.

Categorías:Diario de lecturas, Ensayo

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3 replies »

  1. Hola Eugenio. Creo que no te han llegado mis últimos mensajes o el sistema los interpreta como “spam”. Te había enviado un enlace a un vídeo de los errores de Hollywood sobre Nietzsche:

    Es solamente una cuestión de distraerse un rato.
    Gracias.

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  2. Hola Eugenio.
    Lo que resulta innegable es que hasta la llegada del psicoanálisis la cultura nunca le había dado una importancia relevante a lo sexual, lo que sería decir, en su terminología, que la cultura se asienta sobre la inhibición. (Por otra parte que Freud analice sus propios sueños y experiencias personales es rompedor respecto a esa alienante relación médico-paciente, aplicable a otras instituciones, que es lo que abunda). Ahora nadie cuestionaría que somos seres sexuados, pero es que además la mayoría de las civilizaciones fueron expresión de un solo género, artificiosamente “asexual”, donde lo femenino sigue buscando su identidad entre ser objeto o ser antídoto en ese tipo predominante de sociedad en la que claramente predomina la pulsión de muerte.
    Me gusta saber que tienes cerca buenos amigos y gente que te quiere (¡Qué alegría ver a Manolo en la foto, salúdalo de mi parte!).
    Un abrazo,
    Marisa

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    • Hola Marisa,

      estoy de acuerdo, la civilización se asienta sobre la represión y nos sitúa a un paso de la barbarie. La violencia que uno ejerce sobre sí mismo no tarda en desplazarse también hacia los demás. Además, la audacia de Freud de poner sobre la mesa sus propios sueños es innovadora.

      Pero este libro de Peter Gay va menos de Freud y el psicoanálisis que de la “leyenda Freud”. Le falta muchísima profundidad y está lleno de tópicos que he leído en muchos manuales de Psicología. Por eso me sale a veces la ironía. Porque no es una lectura que disfrute. Me obligo. Ahora mismo, por circunstancias personales que conoces, no puedo leer nada que me “haga sentir”.

      Siempre he tenido la sensación de que el error de Freud fue su espíritu cientificista, positivista, determinista. Entra en el mundo de los sueños buscando claves a lo Sherlock Holmes, obsesionado con la deducción lógica, la teoría abstracta. Por eso, me gusta mucho más Freud cuando habla de su práctica clínica (Dora, el hombre de los lobos) que cuando hace teoría. Creo que el psicoanálisis se salva no como ciencia, como Freud pretendía, sino como práctica terapéutica.

      Un abrazo.

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