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Alberto José Iglesias Martín: Disertación sobre El Anticristo de F. Nietzsche.

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– Título: Disertación sobre El Anticristo de F. Nietzsche.

– Trabajo de Alberto José Iglesias Martín

 – Profesor: Eugenio Sánchez Bravo.

– I.E.S. Valle del Jerte, Plasencia, Cáceres. Clase: 2º A, 2012-2013.

– Del post Nietzsche: El Anticristo.

El Anticristo comienza con el sujeto colectivo con que Nietzsche se refiere a sí y a sus lectores; los hiperbóreos. Con este concepto se refiere Nietzsche a todos aquellos, los espíritus libres que han logrado romper las cadenas de los valores tradicionales  y han cambiado su manera de ver el mundo, que ha pasado de basarse en verdades absolutas dictadas por la tradición a verse como una de las muchas opiniones que existen en el mundo. Nietzsche confía en que al menos algunos de quienes lean su obra (sin escandalizarse y considerar que estaría mejor engrosando las llamas de una hoguera) sean integrantes de ese grupo de hombres libres del determinismo de los valores tradicionales y así todos sus planteamientos no caigan en saco roto. Desde el primer momento Nietzsche determina qué es lo verdaderamente óptimo y virtuoso, en relación con conceptos propios de su filosofía como son la voluntad de poder, la idea de decir sí a la vida o el superhombre, aquel que no solo sobrepasa los valores tradicionales sino que además crea unos nuevos. La piedra angular de El Anticristo es la crítica al cristianismo. Nietzsche comienza explicando que es precisamente toda la idiosincrasia cristiana la que es verdaderamente opuesta a los verdaderos valores, que dicen sí a la vida y proporcionan la auténtica felicidad. En el momento contemporáneo a la creación de la obra de Nietzsche el movimiento de la ilustración creía enormemente en el poder de la razón y en el progreso y mejora de la humanidad que tiende siempre hacia algo mejor. Nietzsche desmiente rotundamente esto. Si esto fuese verdad, entonces el cristianismo habría sido mejor que lo anterior a él, y en realidad no fue más que una inversión total en los valores. Es por esto que el cristianismo ha supuesto la gran decadencia y perdición de la sociedad, lo ha determinado y le ha restado la capacidad precisamente de dar hombres libres, hiperbóreos. Es por ello que Nietzsche quiere la transmutación radical de los valores cristianos y la creación de unos nuevos; que el hombre libre pase a ser un superhombre.

Dentro de la censura que hace Nietzsche al cristianismo es especialmente remarcable la crítica a la figura del sacerdote y el teólogo. Es el sacerdote, el causante en origen de todos los males causados por el cristianismo, según explica Nietzsche. En el origen la mayor parte de sociedades eran sociedades orgullosas, guerreras, fuertes, voluntariosas, vengativas incluso (reflejo de modelos que van en la línea de la voluntad de poder). Sus divinidades eran reflejos de esto mismo. El problema llega cuando un pueblo alcanza un punto de sumisión y pérdida de esperanza en que se hace necesario un cambio. En este momento aparece la figura de los primeros sacerdotes (judíos, precursores de los cristianos en este caso). La divinidad (que es el reflejo del pueblo) se vuelve bondadosa, pacífica, sin orgullo, humilde, para todo el mundo, compasiva. Es así como estos nuevos valores se afianzan en el carácter de la población. Pero, ¿qué provecho se saca de esta inversión? Es el sacerdote precisamente el que saca el mayor beneficio. Los hombres se vuelven débiles y se someten fácilmente. Así, el sacerdote puede entrar en escena y convertirse en el mediador entre la divinidad y los fieles. Es él el que se encarga de que los fieles sigan con la larga tradición de siglos y de que respeten la revelación divina que se entregó en el mundo terrenal. El sacerdote es una figura indispensable en todas las esferas de la vida: el nacimiento, el crecimiento, la formación personal, el matrimonio, la enfermedad, la muerte, las fiestas importantes… El sacerdote no es más que el reflejo del débil resentido, inferior a los demás pueblos superiores, que se desquita y obtiene su poder y privilegios sometiendo al resto de su propio pueblo. Su posición privilegiada es inmejorable y es así como va chupando la sangre de los demás para nutrirse él, tratando a toda coata de mantener su superioridad (un buen ejemplo de esto último son algunas instituciones medievales como la Inquisición). Los sacerdotes cristianos son a grandes rasgos lo mismo que los sacerdotes judíos, no son más que una especie de evolución de estos. Con el tiempo, apareció un nuevo cambio con respecto al sacerdote cristiano tradicional, católico, una nueva evolución; el sacerdote protestante. La diferencia fundamental es que el sacerdote protestante es aquel que acepta la ciencia, el conocimiento, el saber; aquello que precisamente el sacerdote original hubo de eliminar de raíz de los fieles para evitar que pudiesen llegar a pensar por sí mismos y percatarse del falseamiento a que habían sido sometidos los valores tradicionales. El sacerdote protestante es consciente de la mentira, del falseamiento de los valores; y aún así sigue tratando de mantener su posición de privilegio. Esto es una de las cosas más indignantes para Nietzsche, el sacerdote con plena conciencia de su engaño y totalmente hipócrita e incoherente.

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Reverendo Lovejoy, personaje de la serie Los Simpson que representa la figura del sacerdote (en este caso del sacerdote protestante, al cual va dirigida la crítica más dura de Nietzsche)

La moral es otro de los puntos básicos de la crítica de Nietzsche. Él establece sus propuestas filosóficas en un punto más allá del bien y del mal, amoralmente. El fortísimo moralismo judeocristiano establece imperativos cuyo no cumplimiento lleva a la comisión de pecado (este útil término introducido por la moral exclusivamente cristiana). La moralización es una excelente forma de control que se relaciona con lo anteriormente dicho sobre el intento por parte de los sacerdotes de mantener sus prerrogativas. Es sin duda la creación de la idea de que las cosas están tajantemente bien o mal, sin opción de valoración y sin que las circunstancias influyan lo que lleva al establecimiento de una férrea moral que hace infeliz al hombre y le resta libertad.

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Alegoría del bien y del mal.

Otro de los elementos que critica tajantemente Nietzsche es la supuesta existencia del “mundo verdadero” que se identifica con las religiones judía y cristiana (así como muchos otros sistemas religiosos y filosóficos). Este mundo verdadero (el cielo o paraíso cristiano, o el mundo de las Ideas de Platón) se opone al mundo sensible, aparente, que puede percibirse mediante los sentidos. Para Nietzsche este “mundo verdadero” no es más que una invención, un mundo paralelo irreal, inexistente; que sirve para someter al mundo sensible, para restarle la importancia que tiene (la única importancia, pues es el único). A lo largo de la historia el descontento general que se ha dado entre el mundo exterior y los deseos individuales han llevado a la creación de mundos imaginarios, irreales, no verdaderos, que han terminado por convertirse en los “verdaderos”. No se tiene que dejar la felicidad ni el disfrute para después de la muerte o buscarlos en lugares inexistentes: se ha de vivir la vida del mundo real, no “verdadero”, es decir, verdadero.

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Detalle del cuadro La escuela de Atenas de Rafael Sanzio.
Platón, en cuya metafísica es esencial el “Mundo de las Ideas” señala hacia arriba en referencia al “mundo verdadero” opuesto al mundo sensible, terrenal.

Otro de los puntos a destacar del libro es el tratamiento que Nietzsche hace al budismo. Puede resultar en un primer momento llamativo para cualquiera que conozca someramente los preceptos e ideas del budismo que Nietzsche lo alabe teniendo en cuenta su previa crítica a la compasión del cristianismo, ya que es precisamente esta, la compasión uno de los preceptos principales de la religión budista; pero sin duda la crítica de Nietzsche va en la línea de las tendencias antivitales de la compasión cristiana, pues compasión son conceptos diferentes en el cristianismo y el budismo. En el budismo la compasión tiene como objetivo la conservación de la vida. Tiene un sentido mayormente de “vivir en paz con los semejantes”, una especie de solidaridad y paz espiritual con el conjunto de seres del universo. El objetivo de esta compasión budista es el de autoconservación y sustentación de la propia vida (como defiende Nietzsche) y confirma así esa tendencia de afirmación vital. En relación con esto alaba Nietzsche esa búsqueda por parte del budista de una vida alejada de los valores negativos propios del cristianismo. El budismo, en su ámbito de gran espiritualidad y pacifismo, busca la liberación de cargas, de toda necesidad innecesaria, prima la vida, el valor del presente (destaca el valor que se otorga a la meditación). En el budismo prima el ego en armonía con el universo (entendido este como un cosmos y no como un caos, al contrario que la idea nietzscheana de la voluntad de poder). Todos estos aspectos del budismo, unidos a su ateísmo (rechaza de plano la existencia de cualquier “mundo verdadero” más allá de este, sensible) y a que ubica la felicidad en la existencia en este mundo y no en otro más allá (no la posterga a un plus ultra tras la muerte, como hacen muchas otras religiones como el cristianismo, el judaísmo o el Islam) acercan esta religión al pensamiento de Nietzsche. El budismo se halla más allá del bien y del mal, no posee esa moralina que critica Nietzsche. Es en síntesis una religión que más parece una filosofía de vida y que se relaciona enormemente con la mayoría de las ideas de Nietzsche. Es por tanto normal que este lo alabe y lo considere como la mejor de las religiones. En la sociedad occidental actual, consumista y capitalista, el budismo pasa muy desapercibido. La mayoría de la gente no lo tiene muy presente (quizás precisamente por esa absoluta falta de voluntad del budismo de crear adeptos, al contrario que ocurre con el cristianismo o sobre todo con el Islam). Suele tenerse en mente quizás en la sociedad occidental la figura de los monjes tibetanos meditando en sus monasterios o de la figura del Dalai Lama, líder espiritual del budismo tibetano así como líder pacífico de las reivindicaciones soberanistas del Tíbet hacia China. El budismo es una religión que en mi opinión tiene mucho de positivo y recoge los aspectos más beneficiosos de las propuestas filosóficas de Nietzsche, desde una perspectiva quizás más meditativa, calmada y sosegada. Es difícil imaginar que los preceptos budistas pudiesen llegar a malinterpretarse y dar lugar a ideologías de tipo fascista o nazi. El budismo presenta muchas, podríamos llamarlo, soluciones para los grandes problemas de la humanidad: reivindica la vida, la vida plena, en unión con el resto de seres, con la idea de que se puede ser feliz con lo mínimo. Quizás el aspecto negativo del budismo sea precisamente que una posible radicalización de los preceptos budistas, de su egoísmo individual, podrían incurrir en una inactividad casi total de los sistemas sociales, lo cual quizás pueda ser valorado por algunos como algo beneficioso o como algo totalmente perjudicial por otros.

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Mantra budista om.
La religión budista que defiende Nietzsche más que una religión es una filosofía de vida que defiende el disfrute del momento presente, de la vida, que no posterga la vida eterna para después de la muerte.

El estudio al que somete Nietzsche a la figura de Jesucristo es otro de los pilares del libro. Viene a decirnos que todo lo que dispuso Jesús fue terriblemente malinterpretado (o directamente cambiado y falseado) llevando a una continuación directa del sistema judío. Él nos cuenta que Jesucristo fue más bien una especie de gurú, predicador de la paz y el amor, casi al estilo de un hippie sesentero. Todas sus enseñanzas tienen como base el respeto, la libertad, la tolerancia, la no violencia y el amor por los demás. Otro de los planteamientos principales de Jesús era el llamado reino de Dios (que tras el paso de las manos de Pablo se convertiría en la promesa de un mundo de felicidad en el más allá), entendido este como un estado mental que cada uno puede hallar en el interior de sí mismo en cualquier momento. Esto podría bien identificarse también con la meditación al estilo budista, relacionando así esta religión con el cristianismo original, el de Jesús. En definitiva Jesús de Nazaret no fue más que un hombre que se plantó frente a lo establecido y decidió romper con los valores judíos y predicar con las ideas del pacifismo, el amor entre personas, la tolerancia, así como la no resistencia. Precisamente esto último fue lo que hizo de su muerte algo singular. Se sometió a sus asesinos y murió predicando con esa paz que enseñaba al mundo. Él no resucitó ni hacía milagros, ni se cumplieron en él todas las promesas que habían hecho los profetas sobre el Mesías que salvaría al pueblo de Israel en el Antiguo Testamento. Solamente fue el blanco de un uso indebido de su persona y sus enseñanzas para lograr unos fines poco honestos.

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Fotograma de la película La naranja mecánica (1971), famosa película de Stanley Kubrick basada en la novela homónima de Anthony Burgess.
Esta imagen se usó en la portada de una de las ediciones de El Anticristo.

San Pablo es una de las figuras más importantes en el conjunto de El Anticristo. Nietzsche lo acusa claramente de ser el gran falsificador de las enseñanzas de Jesús, el creador de la ideología e idiosincrasia cristianas. Pablo de Tarso era ciudadano romano, judío y perseguidor acérrimo de los “infieles y malvados” cristianos. Un buen día su odio se tornó amor, se convirtió al cristianismo y acabó siendo el gran defensor y expansor de esta religión (muchas veces se le representa con una espada, símbolo de su incansable defensa de la fe). Pero, ¿cómo un hombre radicalmente enemigo de los cristianos puede acabar convirtiéndose en el mayor defensor de sus ideales? Sugirarmos una hipótesis: supongamos que en efecto las enseñanzas de Jesús tuviesen más que ver con el budismo y el movimiento hippie que con lo que hoy en día es en realidad el cristianismo. Entonces sería lógico entender la persecución que se realizó contra los cristianos en los primeros tiempos. Eran unos antisistema, pacifistas y extraños. Es normal que San Pablo los persiguiese y no tuviese demasiado problema para lapidar a alguno de ellos, al fin y al cabo su defensa no sería muy acusada. Probablemente si Pablo no hubiese intervenido el cristianismo no habría continuado hasta nuestros días, pues todos estos “paleohippies” habrían perecido sin más en poco tiempo. Fue San Pablo el que consiguió cambiar por completo los planteamientos de la ideología que propuso Jesús para lograr no solo salvaguardarla, sino acabar expandiéndola por todo el planeta. Aprovechó una oportunidad de oro; utilizó la figura de un hombre que había sido asesinado en unas determinadas circunstancias para falsear todas sus enseñanzas y obtener beneficio al modo de un sacerdote. Hizo lo mismo que hicieron los primeros sacerdotes en el origen del judaísmo: adulterar y engañar. Pablo no es más que uno de los más grandes engañabobos de la historia: para su propio beneficio y el de los que le sucediesen consiguió hacer creer que un hombre que promovía un movimiento pacífico era en realidad el Mesías del pueblo de Israel en que se cumplió todo lo dispuesto en el Antiguo Testamento y que murió y resucitó para eliminar el pecado original y salvar a la humanidad.

Detalle del cuadro de Caravaggio La conversión de San Pablo.Momento crucial en que Pablo se percató de las ventajas que podía suponer el tergiversar lo dispuesto por Jesús de Nazaret.

Detalle del cuadro de Caravaggio La conversión de San Pablo.
Momento crucial en que Pablo se percató de las ventajas que podía suponer el tergiversar lo dispuesto por Jesús de Nazaret.

Hacia el final del libro Nietzsche llega a una conclusión bastante interesante; la aparición del cristianismo acabó con la tradición cultural y de valores naturales que recogía el Imperio Romano como herencia de la tradición grecorromana; la cultura de la Antigüedad. Según Nietzsche un poder tan fuerte como el Imperio Romano podría haber extendido por el mundo unos valores de sí a la vida como los propuestos por él, pero el cristianismo acabó desde dentro con esta potencia y lo suplantó, extendiendo su nefasta influencia. También alaba Nietzsche la herencia cultural que se recogió en Córdoba durante el dominio musulmán de la ciudad. En este sentido Nietzsche es un poco incongruente pues alaba la tradición islámica, cuya religión es bastante similar al cristianismo y el judaísmo en los aspectos que él critica, pero lo que admira se refiere más a esa moral no de resentimiento sino fuerte y aristocrática y tradición cultural (sobre todo en el período medieval al que se refiere). El Renacimiento es otro de los períodos históricos que trata Nietzsche. Este supuso la vuelta a los valores e ideas de la Antigüedad y a la vuelta a los valores naturales, no invertidos. Se estuvo a punto de alcanzar una nueva inversión de valores y eliminación del cristianismo, pero las circunstancias (entre ellas las injerencias de Martín Lutero) acabaron por terminar con el período renacentista y su tentativa de erradicación del cristianismo.

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Hombre de Vitruvio (Leonardo da Vinci) En el Renacimiento se produjo una vuelta a los valores e ideas del período clásico, ejemplo de esto fueron los tratados de arquitectura como el del arquitecto Marco Vitruvio que causaron gran admiración entre los artistas e ingenieros del período renacentista.

El libro finaliza con la maldición sobre el cristianismo que formula Nietzsche acusando al cristianismo de haber corrompido a la humanidad y haberla llevado a su decadencia y perdición, maldiciéndolo para que este perezca y se pueda llevar a cabo una nueva vuelta a los valores anteriores. Nietzsche repite este punto implícitamente a lo largo de toda la obra por su gran odio y resentimiento así como voluntad de terminar con el cristianismo. La ley contra el cristianismo del final también refleja my bien esto. En mi opinión Nietzsche es bastante coherente y acertado en sus argumentos e ideas aunque quizás llega a ser demasiado contundente, radical y hasta fanático en este ataque frontal contra la religión cristiana. Sea como sea la inversión de valores o al menos la revisión y reorganización de ellos se hace necesaria en la sociedad actual.

Como conclusión, creo que la crítica de Nietzsche al cristianismo es muy acertada y consecuente. La obra quizás no haya tenido la repercusión que podría (puede que debido precisamente a las armas de defensa de los sacerdotes) pero sin duda resume de manera bastante entendible un montón de argumentos e ideas que quizás sean inalcanzables a la mayoría si están sometidos precisamente al control ideológico de la iglesia. Son posiblemente aquellos más libres de prejuicios y de más amplitud de miras los que saben sacar conclusiones de verdad de esta obra. Está claro que la obra incita a la destrucción radical del cristianismo, pero hay que saber leer, no creo que fuese necesario ir por ahí quemando iglesias (como sí se ha hecho en determinados momentos históricos) o asesinando a fieles cristianos. Se trata más de hacer una guerra ideológica, un combate contra la influencia del cristianismo. Habría que reducir el poder y peso de la Iglesia en la sociedad e ir logrando una paulatina reducción de conceptos e ideas tan arraigados por la tradición cristiana como pecado, culpa, redención, etc. En definitiva, desde un punto de vista crítico y razonable hay que replantearse el papel de la Iglesia en la sociedad y buscar alternativas a los viejos valores que ha dejado plantados y ha ido regando a lo largo de los siglos.

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13 replies »

  1. Artículos como este alegran el espíritu. Una vez entendidas con claridad todas las propuestas de Nietzsche: las respaldo con aplausos. Sí es cierto que soy medio budista, pero temo algo esa inactividad del espíritu mío (y de los budistas). De los protestantes: ¡qué pesados a machamartillo! Del Papa: toma lo que le da la gana de Cristo, ¡ayer le lavó los pies a los presos! Que empiece por darle lo que tiene a los pobres, que es más fácil que entre un camello por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos (¿es que esto no vale para los cardenales?). Bueno, y para los cinéfilos: que recuerden Jesucristo Superstar (1973), si Cristo era un hippie antisistema, ¿no recuerdan cuando entró en el mercado y lo tiró todo por los suelos? Bueno, si apoyaba el trabajo en sábado, el sabbat tan sagrado por los cabezacuadradas de los judíos. Pero Cristo y algo de su mensaje me caen bien: no le gustaba trabajar mucho con su padre en la carpintería (ver Ben-hur, 1959), pero ayudaba a otros necesitados que se lo pedían.

    Saludos y gracias por explicar a Nietzsche.
    (Veo un limón en la frente de Nietzsche, qué ácido 😉

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    • Creo que, en general, Alberto ha resumido bien las ideas de El Anticristo. Especialmente las críticas a la religión cristiana, la antítesis Pablo-Jesús… No estoy muy de acuerdo con el análisis del budismo. En realidad, es una religión con mucho éxito en Occidente desde Schopenhauer. Y mucho más belicoso de lo que parece a simple vista. El detalle del coro de Cristos danzantes de La naranja mecánica es magnífico.

      Saludos.

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  2. Bueno, sí, parece que una cosa es lo que vemos en los libros (como en la filosofía de Schopenhauer) y las películas (del tipo Al filo de la navaja, 1946, no he leído la novela; tengo que ver la versión con Bill Murray, de 1984, a ver qué tal) e idealizamos sobre el hinduismo y el budismo, y otra es la realidad. Recuerdo que un año trabajé con hindúes y aquellos eran unos capullos de campeonato, no barrían ni fregaban porque son cosas de mujeres, y las de ellos las tenían allá en la India, encerradas con sus familias (las de ellos) para que las vigilaran; no tenían ni idea del Bhagavad-Gita.
    A pesar de todo, me gusta un poco del budismo, del hinduismo y del cristianismo.
    Pues no había caído en lo del coro de Cristos que baila alegremente. Todo amor chispeante.
    Saludos.

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    • Hombre, en todas partes cuecen habas, como se dice. Una crítica al budismo desde el feminismo es razonable. Tampoco el cristianismo se libra y mucho menos el Islam. Antes me refería a que el budismo es una religión de Estado y eso ha sido incompatible a lo largo de la historia con el pacifismo y la no-violencia. Pero, como decía, la historia del cristianismo y el Islam no es diferente. Las grandes religiones son patriarcales y, en ocasiones, belicosas.

      Saludos.

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  3. Sí, sí, es así, donde hay humanos hay riñas e injusticias. Y ya no creo que sea una cosa sólo de humanos, veo a los perros, que llegan a enamorarse del amo, pero con uno de la calle, oye, a comérselo. Lo mismo que los gatos, que como no seas de su grupo (y no seas hembra) no te libras de una media paliza.
    Estos diálogos son buenos, a ver si entra más gente. 😉

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  4. En el fondo, inventamos un Dios para vivir con esperanzas. Ya encontraba Dante en su Comedia a los poetas, filósofos y otros a los que faltó el bautismo (como cualquier religión, a saber), con deseos y sin esperanza en el Limbo (Canto IV del Infierno).
    ¿Te estoy quitando mucho tiempo? Me había olvidado que se terminó la Semana Santa y estás trabajando más.
    Saludos.

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  5. Jesús ante la muerte se libera de toda voluntad, opta por la inanición con respecto a su propia persona. Yo no concibo una separación total del instinto de supervivencia inherente a la propia idiosincrasia del ser humano.
    En su actitud ante la muerte existe una voluntad, la de servir de ejemplo ante el resto de iguales, es una muerte con una intención de enseñanza, y aquí me pregunto como puede un hombre anteponer un hipotético modelo de convivencia o actitud ante la vida y ante el resto de los iguales, a su propia vida. Es suficiente la convicción sobre unas ideas para que transciendan de la propia voluntad de vivir.

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  6. A mi personalmente, en ocasiones me gustaría transcender de mi propia persona, de mi ego, de mi imagen, en fin de toda preocupación acarreada por mi mismo y para conmigo en relación con aquello que me rodea, que me incumbe. Sin embargo en esa misma intención de olvidarme de mi persona existe aparejada una clara intención o voluntad activada conscientemente para encontrar ese supuesto bienestar que produce la despreocupación de uno mismo y por ende de todo. Esa misma voluntad movilizada intencionadamente impide en la misma medida de su intensidad, la inanición con respecto a nuestro yo.

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  7. Hola José Carlos, inspirándose en el budismo la muerte de la voluntad es el objetivo ético del santo según Schopenhauer. Hay en Cristo una vena gimnosofista indudable (las tentaciones del desierto). El cristianismo nace en un cruce de culturas. Es lo propio. Observa que es el camino opuesto al que señala Nietzsche. No hablo del despliegue de la voluntad de poder del tirano platónico, sino del poder de la voluntad. del artista trágico. La redención del instante, de la vida, a través del arte.

    Saludos.

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  8. Esto se volvió un laberinto. Agradezco que hayan traído a colación este tema tan importante, pero que como toda lectura abarcante inevitablemente simplifica en notables puntos la idea primordial de Nietzsche, por ejemplo, no es cierto que Nietzsche se dirija en contra del cristianismo de un modo reactivo, así como tampoco es posible un devenir activo de fuerzas reactivas, no deja de ser indispensable cierto desprecio hacia las pasiones que disminuyen la voluntad de poder. Por favor, no dejen de leer a Nietzsche en complementariedad con Spinoza, pues por sí sólo es un laberinto indescifrable e incompatible con nuestra tarea de hacer un uso práctico de su filosofía.

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