Brooker: Black Mirror, The Waldo Moment (2012)

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El último episodio de la segunda temporada de Black Mirror, la serie británica que relaciona distopía y tecnologías de la información, concluye con una crítica a la democracia heredada del discurso de Platón. Las tecnologías de la información han resucitado el peligroso fantasma de la democracia directa. En el futuro, piensan algunos ingenuos, se podría contar con el total de la ciudadanía para aprobar o rechazar las leyes  aprovechando las posibilidades de las redes sociales.

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Platón advertía en el libro III de Las Leyes que el primer paso en la degeneración de la democracia era que el gobernante se dejase llevar por el tumulto de las masas. Los culpables de esta caída, cuenta Platón, son los poetas, que traicionan las leyes de su arte y hacen creer al público que es capaz de juzgar sobre lo que es bello o feo. Según Platón el relativismo del juicio estético se contagia inevitablemente a lo político. Por eso es tan importante, tanto en República como en Las Leyes, someter el arte al Estado y la virtud de los ciudadanos.

La multitud de los ciudadanos quería que se la gobernara en estos asuntos con ese orden y no osaba juzgar por medio del tumulto. Más tarde, cuando pasó el tiempo los poetas, aunque naturalmente dotados para la poesía, se convirtieron en los iniciadores de la ilegalidad contra el arte. Ignorantes de la justicia y la legalidad de la Musa, en éxtasis y presas del placer más de lo debido, mezclaron trenos con himnos, peanes con ditirambos e imitaron las canciones para flautas con las que eran para cítara, uniendo todo con todo, porque sin querer, por necedad musical, pretendieron falsamente que la música no tiene ningún tipo de corrección, sino que la forma más correcta de juzgar es el placer del que la goza sea éste alguien mejor o peor. Al hacer composiciones de este jaez y proclamar al mismo tiempo teorías por el estilo, instauraron en la plebe la ilegalidad respecto de la música y la osadía de creerse capaces de juzgar. De donde los teatros de silenciosos se volvieron clamorosos, como si conocieran lo bello y lo que no lo es en las artes y una teatrocracia malvada suplantó en la música a la aristocracia. 700d-e

Del mismo modo, en The Waldo Moment, se sugiere la hipótesis de un gobierno en manos del tumulto de las masas a través del potencial de las redes sociales. La crítica es contundente y va en el mismo sentido que la de Platón. Igualar juicio estético y juicio político es un argumento capcioso, el camino más rápido hacia la demagogia. Basta con observar cuál es el vídeo más valorado en Youtube: un caballo tarareando Happy Days con sonoras ventosidades.

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Como dice Andrés en los comentarios a las entradas de Black Mirror este capítulo supone un buen argumento contra la sugerencia del filósofo italiano Toni Negri de distribuir armas entre la multitud para luchar contra el Imperio.

En cualquier caso, buena televisión para iniciarse en el pensamiento filosófico.

5 comentarios en “Brooker: Black Mirror, The Waldo Moment (2012)

  1. ¡Anda! No recordaba esa burrada en concreto de Negri pero vamos, que no me sorprende: No es más que el paso “lógico” dentro del disparate elaborado por el profesor jubilado italiano.

    Todos sus vaticinios sobre la sociedad europea de las multitudes son sesgados y obvian a propósito los factores de la construcción social de esas muchedumbres. Con toda la cara sigue hablando de comunidades integradas en un espacio supralegal (imperio) en la que éstas siguen ocupando un papel de antes de los sesenta. ¡Vamos, hombre, y qué más! Solo así puede entenderse que hable de armarse para defender comunidades. De risa y pena.

    En mi intrascendente opinión, la crítica que hace Booker en este episodio hacia la “neomasa” es más acertada, honesta y elocuente que toda la obra de Negri.

    Creo que le tengo algo de tiña porque es un escritor que siempre se ha preocupado de autores que han supuesto mucho en mi educación: Spinoza, Marx, Lenin…Pero sus observaciones farragosas y sofistas, sus actos descontrolados y absurdos y su completo desatino lo han marcado a mis ojos.

    Así que a Platón no le gustaban ni el free jazz ni los (malditos) beatniks. No me extraña. 😀

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