Filosofía helenística

Pirrón de Elis (360-270 a. C.)

Petrarca-Meister: Der Philosoph Pyrrhon in stürmischer See (Pirrón en un mar embravecido), s XVI, Alte Pinakothek, Munich. "Mientras sus compañeros de navegación estaban despavoridos por la tempestad, él, muy sereno, reavivó su ánimo, mostrándoles un cerdito que comía a bordo del barco y diciéndoles que el sabio debía erguirse con una imperturbabilidad semejante"

  1. Pirrón de Elide era hijo de Plistarco, según relata Diocles. Según cuenta Apolodoro en su Cronología, fue antes pintor; fue discípulo de Brisón el hijo de Estilpón, como dice Alejandro en sus Tradiciones, y después de Anaxarco, al que acompañó por todas partes, de modo que se relacionó con los gimnosofístas en la India y con los Magos. A partir de estos contactos se cree que filosofó del modo más severo, introduciendo la doctrina de la incomprensibilidad (acatalepsía) y de la suspensión del juicio (epoché), como afirma Ascanio de Abdera. Pues aseguraba que nada es bueno ni malo ni justo ni injusto. Y de igual modo que en todas las cosas nada es de verdad, sino que los hombres actúan en todo por convención y costumbre, pues no es cada cosa más lo uno que lo otro.
  2. Era consecuente con esto en su vida, sin desviarse ni tomar precauciones ante nada, enfrentándose a cualquier cosa, a lo que le saliera al paso, tanto carros como precipicios y perros, con total inadvertencia de sus sensaciones. Sin embargo le ponían a salvo, según dicen los seguidores de Antígono de Caristo, sus amigos que le acompañaban. Enesidemo, en cambio, afirma que mantuvo en su filosofía el principio de la suspensión de juicio, pero que no actuaba en la vida cotidiana desprevenidamente.
  3. Vivió hasta los noventa años.
  4. Antígono de Caristo cuenta en su Acerca de Pirrón a propósito de él que al principio carecía de renombre y era pobre y pintor. Se conservan de él unos portadores de antorchas pintados en el gimnasio de Elide, de factura mediocre. Y que se apartaba en sus paseos y vivía en la soledad, mostrándose raramente alguna vez a sus familiares. Hacía esto porque había oído a un indio reprocharle a Anaxarco que no sería capaz de enseñarle a otro nada bueno él que servía en las cortes reales. Siempre mantenía la misma compostura, de modo que si alguien le abandonaba en mitad de una charla, él concluía la disertación para sí mismo, aunque de joven fue bastante emotivo. Muchas veces, cuenta, salía de viaje, sin advertir a nadie, y vagaba en compañía de los que le apetecía. Incluso una vez que Anaxarco cayó en un pantano, pasó de largo sin socorrerle. Como algunos lo acusaran de esto, el propio Anaxarco lo elogió por su carácter impasible e indiferente.
  5. Al ser sorprendido una vez en conversación consigo mismo y al ser preguntado por el motivo, contestó que se ejercitaba en ser útil. (…) Le honraron tanto en su patria que le nombraron sumo sacerdote y en honor a él concedieron la exención de impuestos a todos los filósofos.
  6. Convivía piadosamente con su hermana, que era comadrona, según dice Eratóstenes en su Acerca de la riqueza y la pobreza, y a veces llevaba cosas a vender al mercado, como pollos, por caso, y cochinillos, e incluso hacía la limpieza casera con indiferencia. Se cuenta que incluso lavaba a su cerdo con total indiferencia. Pero una vez se enfureció, en defensa de su hermana, que se llamaba Filista, y al que se lo echó en cara le replicó que la demostración de indiferencia no la daba en el caso de una pobre mujer. También en una ocasión se sobresaltó al ser atacado por un perro, y, al censurárselo uno, le respondió que era difícil despojarse enteramente del elemento humano. Pero que había que enfrentarse en la medida de lo posible a los acontecimientos, en primer lugar con hechos, y si no, al menos con el razonamiento.
  7. Cuentan también que, cuando le aplicaron unos medicamentos abrasivos, incisiones y cauterizaciones en una herida, ni siquiera contrajo el entrecejo. (…)
  8. Como la generación de las hojas, así va también la de los hombres. Y también a propósito de su comparación de los hombres con las avispas, las moscas y los pájaros. También aducía estos versos: “¡Conque, amigo, muere también tú! ¿Por qué tanto te quejas? Murió también Patroclo, que era mucho mejor que tú”.(Ilíada, XXI, 106 s.) Y todos aquellos que apuntan a lo incierto de la condición humana, a lo inútil del esfuerzo, y a la puerilidad de los humanos.
  9. Posidonio relata acerca de él el suceso siguiente. Mientras sus compañeros de navegación estaban despavoridos por la tempestad, él, muy sereno, reavivó su ánimo, mostrándoles un cerdito que comía a bordo del barco y diciéndoles que el sabio debía erguirse con una imperturbabilidad semejante. (…)
  10. Acostumbraban los escépticos a rebatir los principios básicos de las otras escuelas, mientras que ellos no expresaban nada en forma segura, en tanto que exponían y desarrollaban las teorías de los demás, sin definir ningún aserto, ni siquiera éste (de no definir nada). De modo que incluso negábanse a no definir, porque al decir algo como: «No definimos nada», estarían haciendo una aserción. (…)
  11. Consiste pues la doctrina de Pirrón, según dice Enesidemo en su Introducción a la filosofía de Pirrón, en una denuncia de las apariencias o de las cosas pensadas en cualquier forma, en la que enfrenta todas a todas, y en esa contraposición descubre que presentan una dificultad y confusión enormes. (…) Las aporías respecto a los acordes de las cosas aparentes o pensadas que exponían se ordenan en diez modalidades, según las cuales los fundamentos de la creencia se muestran variables. Éstos son los diez «tropos» que plantean:
    1. El primero se refiere a las diferencias de los seres vivos en cuanto al placer, el dolor, lo dañino y lo beneficioso. Se deduce de él que no todos tienen las mismas representaciones sobre las mismas cosas y que de semejante conflicto se concluye el abstenerse de juzgar. Porque de los animales los unos nacen sin unión corporal, como los que viven en el fuego y el fénix de Arabia y los gusanos. Y otros nacen de un mutuo contacto, como los humanos y otros muchos. Así que los unos están constituidos de un modo y los otros de otro. Por eso también se diferencian en su capacidad de percepción, de forma que los halcones son de vista agudísima, mientras que los perros tienen desarrolladísimo el olfato. Conque es muy razonable que quienes tienen ojos diferentes reciban también representaciones diferentes. Así, por ejemplo, para las cabras el follaje de la vid es comestible, para el hombre es amargo; la cicuta es nutritiva para la codorniz, mientras para el hombre es mortal; el estiércol es comestible para el cerdo, pero no para el caballo.
    2. El segundo se refiere a los naturales e idiosincrasias de los hombres. Por ejemplo, Demofonte, el mayordomo de Alejandro, se calentaba a la sombra y se helaba al sol. Andrón de Argos, según cuenta Aristóteles, a través de la desértica Libia marchaba sin beber. Además el uno se siente atraído por la medicina, el otro por la agricultura y otro por el comercio. Y unas mismas cosas dañan a unos y benefician a otros. Por eso hay que abstenerse de juzgar.
    3. El tercero se refiere a las diferencias de los poros de los sentidos. Por ejemplo, una manzana se ofrece a la vista amarilla, al gusto dulce, y al olfato aromática. Incluso una misma forma se ve diferente según las diferencias de los espejos. De ahí se sigue que lo aparente no es más de un modo que de otro.
    4. El cuarto se refiere a las disposiciones individuales y a los cambios de perspectiva, en general, como salud y enfermedad, sueño y vigilia, alegría y tristeza, juventud y vejez, osadía y temor, necesidad y saciedad, odio y amistad, calor y frío, además de respirar o tener obturados los poros. Pues las percepciones parecen diferentes según el cómo de las disposiciones individuales. Ni siquiera los locos están en contra de la naturaleza. ¿Por qué lo iban a estar más ellos que nosotros? Pues también nosotros vemos el sol como fijo. Teón el de Titorea el estoico, mientras dormía, paseaba en sueños, y también el esclavo de Pericles en lo alto del tejado.
    5. El quinto se refiere a la educación, las costumbres y leyes, las creencias míticas, los acuerdos entre pueblos y las convicciones dogmáticas. En eso están incluidos los juicios sobre lo hermoso y lo feo, sobre lo verdadero y lo falso, sobre lo bueno y lo malo, sobre los dioses y sobre la producción y destrucción de todos los fenómenos. Lo mismo es para unos justo, y para otros, injusto. Y entre los unos es bueno, y entre los otros es malo. Así, por ejemplo, los persas no consideran extraño tener trato sexual con la propia hija; para los griegos es ilícito. Los maságetas, según cuenta Eudoxo en el primer libro de su Viaje alrededor de la tierra, tienen sus mujeres en común, los griegos no. Los de Cilicia se divierten con el bandidaje, los griegos en cambio no.  Unos y otros creen en dioses diferentes. Y los unos creen en la providencia de éstos, y otros no. Al enterrar a sus muertos, los egipcios los embalsaman, los romanos los incineran, los peonios los arrojan a unos lagos. De ahí la abstención de juicio en cuanto a lo que es lo verdadero.
    6. El sexto se refiere a las mezclas y combinaciones, en el sentido de que nada se presenta de un modo puro por sí mismo, sino junto con el aire, la luz, la humedad, la solidez, el calor, el frío, el movimiento, las exhalaciones y otras influencias. Así la púrpura ofrece un color distinto al sol, a la luna y a la luz de una lámpara. Incluso nuestro color aparece diferente al mediodía y cuando el sol se pone. Y la piedra que en el aire es alzada entre dos, en el agua se levanta fácilmente, ya sea porque aunque es pesada de suyo el agua la aligera, o ya porque siendo ligera la hace pesada el aire. Desconocemos en efecto lo que es cada cosa por sí misma, como el aceite en el perfume.
    7. El séptimo se refiere a las distancias, tipo de posiciones, lugares y situación en los lugares. Según esta modalidad, los objetos considerados grandes parecen pequeños, los cuadrados redondos, los planos como con volumen, los rectos quebrados, los pálidos de otro color. Así el sol, a causa de la distancia, parece pequeño. Y los montes, desde lejos, nebulosos y lisos, pero, de cerca, abruptos. Además el sol parece diferente al levantarse y otro cuando está en el medio del cielo. Y el mismo cuerpo se ve diverso en medio de un bosque y en una llanura abierta. Y la imagen depende de cuál sea su posición, como el cuello de la paloma según hacia adonde se vuelva. Puesto que no es posible observar estas cosas fuera de todo lugar y posición, su naturaleza es ignorada.
    8. El octavo se refiere a las condiciones de cantidad, calor, frío, rapidez, lentitud, palidez y otras coloraciones de las cosas. Así el vino, tomado con moderación, vigoriza, pero en mayor cantidad, debilita. De igual modo pasa con la alimentación y lo demás por el estilo.
    9. El noveno se refiere a lo frecuente y a lo extraño y raro. Así, por ejemplo, los terremotos no suscitan asombro entre aquellos a quienes les ocurren de continuo; ni el sol lo suscita, porque se ve cada día. A este noveno modo Favorino lo considera octavo, y Sexto y Enesidemo, décimo. A su vez al décimo lo llama Sexto octavo, y Favorino noveno.
    10. El décimo se refiere a la interrelación de unas cosas con otras, como lo ligero con lo pesado, lo fuerte con lo débil, lo mayor con lo menor, lo de arriba con lo de abajo. Así pues, lo que está a la derecha no está a la derecha por naturaleza, sino que se concibe como tal por su posición frente a lo demás. Si se cambia esto, ya no estará a la derecha. De igual manera «padre» y «hermano» son correlativos, y el día está en relación con el sol, y todo lo existente, en relación a la inteligencia. Desde luego los objetos en relación son incognoscibles en sí mismos. Y éstos son los diez «tropos».
Diógenes Laercio: Vidas de los filósofos ilustres. Carlos García Gual (int., tr. y not.) Madrid: Alianza, 2011.

7 replies »

  1. Hola profesor. Es un artículo apasionante; me ha encantado este toque de literatura filosófica, la mezcla de belleza en el lenguaje con la exposición de ideas. Tiene usted mucho acierto en descubrir textos como este para la serenidad del alma. Sí, su lectura es placentera.
    Gracias.

    • Hola ente, Diógenes Laercio, el historiador de la filosofía al que corresponde el texto de arriba, pertenece al s. III d. C. Algunos lo acusan de falta de rigor histórico, de superficial, de reducir la filosofía a un conjunto de anécdotas y olvidar lo realmente importante. Personalmente creo que se equivocan.

      Para mí la mejor imagen para explicar el escepticismo es esta: “Era consecuente con esto en su vida, sin desviarse ni tomar precauciones ante nada, enfrentándose a cualquier cosa, a lo que le saliera al paso, tanto carros como precipicios y perros, con total inadvertencia de sus sensaciones. Sin embargo le ponían a salvo, según dicen los seguidores de Antígono de Caristo, sus amigos que le acompañaban” Esa mezcla de filosofía y vida es verdadera filosofía aunque al academicismo le pese.

      Hay varias ediciones de las Vidas de los filósofos ilustres de Diógenes Laercio, pero sólo merece la pena comprar la edición de Carlos García Gual, el traductor del fragmento de arriba. Está disponible en Alianza editorial desde 2007.

      Me he limitado a numerar las ideas, poner las negritas y cortar cuando se liaba demasiado…

      Me gusta Pirrón de Elis mucho más que el escepticismo enrevesado y dialéctico de las tres tesis de Gorgias. Gorgias buscaba hacer dinero en los tribunales suprimiendo la verdad y envolviendo a todos en un teatro de sombras y apariencias. Pirrón, en cambio, creía realmente que nada puede ser conocido y vivió de acuerdo a esa idea. Limpiaba a su cerdo con indiferencia, dice, fregaba la casa con indiferencia, enfrentaba las tempestadas con indiferencia, iba al mercado a vender animales y era un pintor mediocre. Es por esta mezcla de pensamiento y literatura, verdad e ironía, seriedad y humor, por la que uno se decide a estudiar Filosofía.

      Un saludo. Mucho ánimo y mucha suerte.

      • Gracias por la explicación. Comparto su idea sobre esta preciosa ciencia. La filosofía así me apasiona. Es un artículo muy bonito, muy estimulante.

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